Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

miércoles, 24 de abril de 2013

1653.- ANTONIO GARCÍA COPADO




ANTONIO GARCÍA COPADO (Villanueva de Córdoba, 1914- Nueva York, 1991), sufrió el destierro desde 1956, pasando en su recorrido por Venezuela, Puerto Rico y Nueva York, donde se instaló definitivamente. Además de sus habituales contribuciones en revistas literarias, publicó numerosos libros de poesía de tono social y pacifista, en los que no falta la evocación de su tierra natal desde la distancia: Héroes de España (1946), Dolor en la muerte del Califa. Sonetos a Manolete (1947), La roca cautiva (1952), Canción de amor imposible (1959), Canción de la ausencia irremediable (1962), Ofrenda lírica a Villanueva de Córdoba (1965), Recóndito llanto (1972) y Amor a Puerto Rico (1977). También publicó la novela corta El desconocido, el libro de cuentos El enemigo, las obras teatrales La voz de la sangre y Sangre gitana y la opereta Caritina. Recibió los premios Gibraltar de poesía (1950), el del Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos de Nueva York (1959) y la medalla de oro con motivo de la Fiesta de la Hispanidad en varias ocasiones, también en Nueva York. Fue miembro de la Real Academia de Córdoba.






CANTO A PRIEGO DE CÓRDOBA Y OTROS POEMAS

¡Oh,  Priego, te recuerdo como un hijo lejano,
un hijo solitario que se meció en tu altura,
que ha bebido en tu piedra el agua de la ausencia
y ha sentido tu beso al volver al regazo!

No sé qué embrujo tienen tus callejas dormidas,
cuando la plata fría de la luna las baña
y vamos recorriendo rincones donde afloran
los niños de otro entonces, con sus canciones blancas.

Dulce escenografía, sierpe que va reptando
la calle del Comercio que me lleva a tu fuente,
esa Fuente del Rey cuyas aguas reflejan
rostros de otras edades, grabados en la piedra.

Se oye el repique quedo de los pies como alondras
de tus bellas mujeres, donde el jazmín se crece;
el nardo de sus dientes aparece dormido
entre pétalos rojos, hecho fuego en sus bocas.

¿Es música sentida, ensueño o espejismo,
ese coro que avanza y nos desgarra el alma,
 ese canto que rezan Hermanos de la Aurora,
cuando se abre, de pronto, la sombra como un nardo?

¡Cómo pesan las alas de Ícaro, si trata
de remontar el cielo que en el Adarve ríe,
lugar de poetas soñadores, y almena
para un Abderramán de oro y cimitarras... !

Allí estará algún día el nido, la casona
en que poder aislarse y crear la hermosura;
lo quiere una prieguense, María Jesús, su anhelo
nos reunirá con ella, en ese Adarve único.

Yo no he nacido en Priego y, sin embargo, siento
esa sed insaciable de un volver no lejano:
he recibido en esta ciudad hospitalaria
el abrazo y el pan y la mano entrañable.

¡Hace ya, tantos años que le canté a su Fuente,
que al regresar me nace un temblor en las venas,
y me siento un muchacho ilusionado y loco
al que espera el. regazo que abandonara un día!

¿Como podría expresarte este amor que yo siento
por ti, Priego del agua, hecho de luz y altura,
con tus ojos de azul y tu brazo de miel,
alta ciudad del viento, la rosa y las campanas?

Gaviota mi alma, vuela por esos valles
feraces que circundan tu enhiesta geografía,
donde el fruto se ofrece a los labios sedientos
del viajero que arriba de lejanas orillas.

¡Oh, el hablar melodioso donde tus campesinos
brindan el oro viejo que hay en el Romancero,
desmigajando el tierno corazón donde el pan
se entrega, generoso, y mitiga la ausencia!

Ilustre encrucijada que en Granada y Córdoba
unen su brazo fuerte y repican su pena,
cuando el vino derrama áurea catarata
v la guitarra llora y el baile se agiganta.

¿Qué podría yo decir para explicar siquiera
el mundo de saudades que le traen tus calzadas
a aquel joven poeta que le cantó a tu Fuente
del Rey, en un romance donde latía su alma...?

¡Oh, Priego, tu recuerdo, y tu almena y tu cielo,
y tu arrayán y el canto quejumbroso del agua,
son el bálsamo ahora, en esta orilla fría,
para un hijo que vuelve, de nuevo a tu regazo...!







EVOCACIÓN DE PRIEGO

Ya eres tu mediodía: yo, mañana.
Entre los dos, el pájaro sin nido
Un océano de sal; delfín herido
Un sístole de alondra y de campana.

Lo que fue ya no es: ilusión vana.
Lo que fue y no será: surco partido.
Saeta del recuerdo estremecido
que no muerde el tambor de la diana

Priego del Agua para un pez de espuma
que en el recuerdo late y se agiganta,
y dice adiós a un mundo dolorido.

ADARVE: alta baranda hecha de bruma,
donde la evocación llora y te canta
desde la negra orilla del olvido...[1]







PIROPO A LA FUENTE DEL REY

Fuente del Rey. Guitarra
y caderas de mujer.
Agua fresca del querer
que, al que te visita, amarra.

Plata que cae rumorosa
como la estrella del cielo,
y pénsil donde el anhelo
tiene perfume de rosa.

Tañido de la campana
que, por la calle del Río,
busca el pensamiento mío
cuando nace la mañana.

Líquidas venas sonoras
de la tranquila heredad
donde la tercera Edad
ve pasar, lentas, las horas.

Cita del amor florido
que, a tu orilla, dulce espera.
Paloma de primavera
que vuelve siempre a su nido.

Recibe en mi triste canto
el amor que a ti se aferra,
como la roca a la tierra
con su telúrico llanto.

Fuente del Rey: querer
que te evoca y que te canta,
sollozo de mi garganta
a tus curvas de mujer.

Yo lanzo hasta tu altivez
el dolor de mi taranta;
mi voz, la amargura tanta
que muere como el clavel.

Mi sombrero cordobés
pone círculo a tu planta,
y la copla se agiganta
para cantarte otra vez...

¡Fuente del Rey, agua santa,
cuándo te volveré a ver...![2]









ROMANCE A LA FUENTE DEL REY DE PRIEGO

(Al pueblo de Priego, con todo mi cariño)

Ciento veintinueve caños
sonoros de plata nueva...

Ciento veintinueve risas
en el agua de la alberca.

Te llaman Fuente del Rey,
y estás en Priego, la bella.
                 …  …  …

Eres la fuente de mármol
con que sueñan los poetas,
al componer sus romances
en noches de luna nueva.

Te modelaron artistas
que quisieron que tú fueras
madre de las otras fuentes,
y más hermosa que ellas …

Unas escaleras anchas
hasta tus caños me llevan,
y gusto la plata fina
que me calma y me refresca.

¡Ay, de tus gotas de agua,
que se mueren en la arena...!
                …  …  …

Al suave sol de la tarde
los corros de niños juegan,
cantando lindas canciones
de  amores  y de leyendas

Les acompañan los sones
de tus caños de agua fresca,
y te duermes escuchando
sus voces cascabeleras.

La emoción de tus cantares
por los caños se te entra
hasta tu alma de mármol
y tu corazón de piedra.

¿Cómo no va a emocionarte
la risa de plata nueva
de los niños, s i tu alma
es de mujer, dulce y tierna...?

Tus curvas forman guitarras
que, en las madrugadas bellas,
desgarran falsetas tristes
a las lejanas estrellas.

                …  …  ….

En las tardes otoñales
tienen tus blancos de piedra
temblores de blancas barbas,
que hablan de edades pretéritas.

La emoción de tus relatos
al corazón se te entra
por el hueco de tus caños
y tus venas de agua fresca.

A ti van lo extranjeros
que en silencio te contemplan,
y luego cantan tu fama
por las más remotas tierras.

Del verdemar de tu fondo
el dios del agua se eleva,
con un tridente de hierro
y una cuadriga de piedra.

             …   …   …   …

Ciento veintinueve caños
sonoros de plata nueva...

Ciento veintinueve risas
en el agua de la alberca...

Fama tienes en el mundo,
y te cantan los poetas ...

¡Te llaman Fuente del  Rey,
y estás en  Priego, la bella…![3]








SONETO A LOS HERMANOS DE LA AURORA

Vino hasta mí, de pronto, en la callada
entraña de la luz, como un vagido;
un vago rezo musical, nacido
del misterioso vientre de la nada.

Era una tropa en haz, una ordenada
cohorte musical, un rayo urgido;
un no saber si fue sueño mentido,
o fue una dulce realidad esperada.

Cantaban los Hermanos de la Aurora,
v el ritmo era un martillo que moría
en los yunques gitanos de la fragua.

…¡Sentí llorar la soledad sonora
de la Fuente del Rey, en la agonía
de su alma de piedra, hecha de agua![4]



[1] Nueva York, 1981. Adarve, 1-12-1981. II Época. Año VI. Nº 134. Página 9.
[2] Adarve, II Época. Año VIII, número 171. 15-junio-1983. Página 7.
[3] Adarve, 1-4-1977. II Época. Número 21 y 22.
[4] Adarve, 24-8-1976. II Época. Números 7 y 8.








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