Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013
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sábado, 3 de octubre de 2015

IBN ABD RABBIHI [2.130]


Ibn Abd Rabbihi

Abu ˁUmar Ahmad ibn Muhammad ibn ˁAbd Rabbihi o al-Rabbihi (Córdoba, 860-940) fue un poeta hispanoárabe, conocido fundamentalmente por su enciclopedia didáctica y poética ˁIqd al-farīd (El collar único).

Descendiente de un esclavo liberto del emir de Córdoba Hisham I, ejerció como reconocido maestro de retórica. Aunque no se conserva diwan alguno de Al-Rabbihi, en el Ud-Dahr de Yatimat (Damasco, 1887), se pueden leer sus poemas.

Más que por su poesía, es relevante por su antología en verso y prosa ˁIqd al-farīd (El collar único), obra enciclopédica dividida en veinticinco secciones que incluye más de mil trescientos versos propios que establecen una comparación con la poesía oriental cuyo propósito es mostrar que la calidad de la poesía de al-Ándalus era equiparable al del resto de la cultura árabe.

El ˁIqd al-farīd es una antología de adab (manual misceláneo didáctico) que funciona como epítome del Bayān wa at-tabwīn, el tratado de retórica y poética del erudito polígrafo basorí del siglo IX Al-Ğājiż. Esta importante poliantea ha sido editada modernamente varias veces desde fines del siglo XIX en El Cairo.

En su vejez compuso un conjunto de (mumaḥḥiṣāt), un tipo de casida que imitaba las de su juventud pero dando a su asunto un sentido contrario.

En general su poesía es de estilo modernista. Siguiendo los pasos del maestro del modernismo poético árabe Abū Nuwās, cultivó los géneros floral (waṣf) o báquico (jamriyyāt).

Fue, asimismo, autor de lírica genuinamente andalusí, ya que fue uno de los primeros creadores de moaxajas junto con Muqadam de Cabra.

Fue elogiado por el compilador persa de poesía Azzaˁlibī en su Yatimat ad-dahr y por el célebre Al-Mutanabbi, paradigma de la poesía clásica árabe, en los términos: «¡Oh, Ibn ˁAbd Rabbihi! ¡El ˁIrāq habrá de ir, sin duda, arrastrándose hacia ti!».



LA TEZ BLANCA

Jamás vi ni oí cosa como ésta: una perla que por pudor se
transforma en cornalina.

Tan blanca es su cara, que, cuando contemplas sus perfecciones, 
ves tu propio rostro sumergido en la claridad.




Ibn ‘Abd Rabbih y El collar único

[Por M.ª Jesús Rubiera Mata  /  Literatura hispanoárabe 

En al-Andalus se va escribir un importante libro de ádab, obra de Ibn ‘Abd Rabbih (860-940), que fue uno de los kuttāb del califa ‘Abd al-RaGrafíamān III y su poeta oficial. No es casualidad que Ibn ‘Abd Rabbih escriba esta obra al comienzo del califato, es decir, en la época en que la arabización e islamización de al-Andalus es plena, por lo que, en palabras de Emilio García Gómez, la Hispania musulmana se puede doctorar en cultura árabe.

El libro de Ibn ‘Abd Rabbih se titula Al-‘iqd (El collar), por lo que sus admiradores añadieron el apelativo de El collar único y alguno de sus cordiales enemigos, como el poeta El Calafate, le llamó La ristra de ajos. El título, nos referimos al de El collar, no es gratuito, porque su estructura simula metafóricamente un collar de veinticinco piedras preciosas: los doce primeros capítulos tienen cada uno el nombre de una piedra preciosa con el ordinal primero: perla primera, esmeralda primera; el capítulo número trece es una piedra única, como si fuera el centro del collar, y los doce siguientes repiten el nombre de los doce primeros con el ordinal segundo: perla segunda, esmeralda segunda, etc. El contenido de estos veinticinco capítulos es el siguiente: el primero trata sobre el gobierno de los pueblos, el segundo sobre la guerra, el tercero sobre la generosidad, el cuarto habla de las embajadas, el quinto de cómo hay que dirigirse a los soberanos. El número seis está dedicado completamente a la paremiología, siguiendo a continuación dos capítulos con modelos literarios orientales: sermones y temas ascéticos, pésames y oraciones fúnebres. A continuación hay otros dos dedicados a la Arabia pre-islámica: uno sobre las genealogías y virtudes de los árabes pre-islámicos y otro sobre el lenguaje de los beduinos. El siguiente trata sobre respuestas ingeniosas y los que vienen a continuación están dedicados a la oratoria y al arte epistolar. El capítulo siguiente cuenta una serie de anécdotas de los califas de Oriente -hay algunas noticias sobre los de al-Andalus- y a continuación les toca a los ministros y gobernadores. El siguiente capítulo recoge los Ayyām al-‘Arab, o hazañas de los árabes pre-islámicos, con lo que El collar se convierte en una de las fuentes más antiguas del texto de estas narraciones épicas pre-islámicas. Los capítulos siguientes hablan de la poesía, de la métrica -a pesar de ser autor de moaxajas Ibn ‘Abd Rabbih no nos habla de este género poético-, de la música y el canto. A continuación hay un capítulo o piedra preciosa dedicado a las mujeres, en donde hay un intento de equilibrar la feroz misoginia medieval. A continuación, un capítulo dedicado a los avaros y, curiosamente, a los niños. El siguiente habla de la naturaleza del hombre y de los animales. El penúltimo está dedicado a la dietética y el último cuenta una serie de anécdotas chistosas.

Curiosamente, esta importante obra apenas ha sido estudiada desde el punto de vista de la cultura andalusí por el hecho de no hablar explícitamente de la misma cuando presenta algo más importante que una serie de hechos históricos: el modelo literario y moral donde los andalusíes aprendían la arabicidad, la enciclopedia andalusí del humanismo árabe.
La prueba es el interés del estudio del capítulo paremiológico realizado por Emilio García Gómez. Ibn ‘Abd Rabbih inicia el capítulo con los proverbios o refranes atribuidos a Mahoma, para después seguir con unos apólogos de origen indio seguramente, ya que al menos dos de ellos se encuentran en la versión árabe de Barlaam y Josafat: el del asceta que cazó una avecilla y el del hombre que cazó y soltó una alondra, relatos explicativos de los dos proverbios «No te aflijas por el pasado» y «No creas lo que no es», cuento que pasó a la literatura española en el Libro de los Eixemplos, a través de Pedro Alfonso. Otro de los apólogos (un hombre que se descuelga en un pozo con una rama que roían dos ratas, con cuatro serpientes y un dragón en el fondo; a pesar de su situación, el hombre se distrae comiendo la miel de un panal que también está en el pozo) es también de origen indio y se encuentra en el Barlaam y en el Calila.

Luego hay toda una serie de refranes atribuidos a AkGrafíaam ibn Sayfī -poeta longevo pre-islámico como Luqmān- y a Buruŷmihr, personaje mitificado persa, al que se atribuyen toda clase de conocimientos.

Siguen otros refranes transmitidos por el coleccionista Abū ‘Ubayd y algunos refranes con forma poética que García Gómez prometió estudiar algún día.

Hay muchos refranes muy interesantes como «Es más necio que una verdolaga», que Emilio García Gómez pone en relación con el refrán español «Más tonto que una mata de habas», posible calco del árabe, pues el origen de la tontería de las verdolagas es crecer en las torrenteras o ramblas, de forma que se las llevan las aguas.

La importancia del libro de Ibn ‘Abd Rabbih es también grande respecto a la transmisión de textos literarios orientales. Ya hemos hablado de su edición de los Ayyām al-‘arab o hemos reproducido su versión de la ocasión en la que Imru-l-Qays compuso su más famosa casida el día en que su amada y sus amigas se bañaron en una laguna. Pero la obra de Ibn ‘Abd Rabbih tiene una gran cantidad de facetas. Como ejemplo, reproducimos una parte de su capítulo dedicado a la dietética, es decir, «La gema segunda sobre la alimentación», donde aparecen las características generales de este libro de ádab: utilización de autoridades que van desde la Arabia pre-islámica (los judíos de Jaybar), a Roma (César), pasando por el mítico persa Buruŷmihr. El uso de axiomas, especialmente de estructura tripartita y cuatripartita (tres cosas hay, cuatro cosas hay...), y la transmisión de una sabiduría ajena tanto a la tradición religiosa como científica. Así es el ádab.

«Política de los cuerpos con lo que les conviene»

Dijo al-Grafíaaŷŷāŷ ibn Yūsuf a Bādūn su médico: «¡Dime qué cosas me van bien y que no me hagan daño!». Y le dijo: «No te cases con   —180→   mujer que no sea joven; no comas carne que no sea de animal joven; no comas hasta que la cocción no la haya ablandado; no bebas medicina si no es por enfermedad; no comas fruta que no esté madura; no tragues sin masticar; come lo que quieras y bebe después; cuando bebas, no comas; no retengas las defecaciones, ni la orina. Cuando comas de día, duerme, y cuando comas de noche, camina, antes de dormir, por lo menos cien pasos».

Preguntaron a los judíos de Jaybar: «¿Con qué curáis las enfermedades, los de Jaybar?». Contestaron: «Comiendo ajo, bebiendo vino y descansando ligeros como nubes. Evitamos el fondo de los valles y salir de Jaybar cuando las estrellas salen y se ponen».

César preguntó a Quss ibn Sa‘īda: «¡Dime la medida de la alimentación!». 

«Llenarse al máximo o quedarse con apetito», contestó. «¿Y el mejor axioma?», volvió a preguntarle, y le respondió: «El conocimiento del hombre es su poder». «¿Qué es entonces lo más inteligente?». «Buscar la ciencia», respondió.

‘Abd al-Malik ibn Marwān preguntó a Abū-l-Mufawwiz: «¿Te has empachado alguna vez?», y le respondió que no. «¿Cómo es eso?», le volvió a preguntar, y respondió: «Nosotros cocinamos cociendo las cosas, y luego, cuando masticamos, las deshacemos finamente; no llenamos el estómago, ni lo dejamos vacío».

Preguntaron a Buruŷmihr: «¿Cuál es el mejor tiempo para comer?», y respondió: «Cuando se tiene hambre, si es posible, y si no es posible, cuando lo sea», y añadió: «Hay cuatro cosas que matan: el baño tras el hartazgo, la cópula tras la panzada, comer cecina seca y beber agua helada cuando se está sudando».

Ibrāhīm el poeta dijo: «Tres cosas estropean la inteligencia: mirarse mucho en el espejo, reírse exageradamente y permanecer mucho tiempo en el mar».

Al-Asma‘ī contó que Hārūn reunió a cuatro médicos: un babilonio, un bizantino, un indio y un griego, y les dijo: «Decidme cada uno la medicina que no hace daño». El babilonio dijo: «El grano de berro blanco no hace ningún daño»; el indio dijo: «El mirobálano negro»; el bizantino dijo: «El agua caliente», y el griego, que era el que más sabía de medicina, dijo: «El berro blanco produce humores; el mirobálano negro afina el estómago y el agua caliente lo ablanda. La mejor medicina es la que se asienta sobre la comida, cuanto tú quieres, y que se aparta de ella, si tú lo deseas».203



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miércoles, 10 de septiembre de 2014

IBN HANI IBN SA'DUN [2.045]


Ibn Hani ibn Sa'dun

Muḥammad ibn Hānī ibn Saˁdūn (c. Sevilla, 927 - 972) fue un poeta andalusí, posteriormente panegirista oficial del califa fatimí, conquistador de Egipto y fundador de El Cairo Almuˁizz.

Su formación fue dirigida por su padre, y tuvo como maestro a Ibn Masarrah. Más tarde estudió Filología y Filosofía en Sevilla, en la renombrada Casa de la Ciencia (dār al-ˁilm). Predicó el chiismo (facción del islam perseguida en ese tiempo por los omeyas en al-Ándalus) en la cora de Elvira (actual provincia de Granada).

Destacó como lírico en el Califato de Córdoba por el atrevimiento de su poesía, pues practicaba sobre todo el género del autoelogio o jactancia (fajr), enorgulleciéndose de su homosexualidad y su adscripción a la rama chií, lo que le valió la animadversión de los alfaquíes (o jurisperitos de la ley islámica) de Sevilla.

Pero además de ser conocido por su osadía, su poesía contiene una gran calidad intrínseca, pues conjugó las corrientes clásicas de la tradición beduina (siguiendo fundamentalmente a Al-Mutanabbī, de quien heredó una dicción trascendente, de gran brillantez léxica y arraigada en la tradición) con las modernistas de Abū Tammām, Ibn Al-Rūmī y Al-Buḥturī, quienes influyeron decisivamente en su estilo.

Debido a que los califas omeyas de al-Ándalus temían al poderoso califato chií fatimí de Ifrīqiyāh (que ocupó todo el norte de África con la reciente conquista de Egipto, a cuya cabeza fundaron El Cairo como capital), consideraban el chiismo como una gran amenaza, y los chiíes andalusíes, entre ellos Ibn Saˁdūn, tuvieron que marchar al exilio.






Sin embargo, su carrera como poeta fue recompensada, pues sus versos gozaron del aprecio del califa fatimí Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah, que lo nombró su poeta oficial. Allí cultivó el panegírico de exaltación de Almuˁizz y la sátira despiadada dirigida tanto contra los omeyas de occidente como contra los abasíes de oriente.


Ibn Hānī al-Andalusí, el primer poeta que exporta al-Andalus, pues se convierte en poeta oficial de los fatimíes, enemigos de los omeyas de al-Andalus, describe así la flota de los califas siíes de El Cairo:



Los navíos enarbolados, que han partido durante la noche,
son auxiliados por innumerables fuerzas, soldados y armas;
llevan baldaquinos que se parecen a los que llevan a las jóvenes
semejantes a gacelas, pero ellos llevan leones;
el rey bizantino se aterró al verlos surgir,
con las banderas y estandartes desplegados;
los estandartes se destacaban sobre los barcos,
que eran como edificios, aunque su base no fuese sólida;
si no fuera por su movimiento, se les tomaría
por montañas majestuosas, ya que tienen cimas y picos;
son aves, pero aves rapaces, que no tienen otra presa
que la vida de los hombres.

Ibn Hānī, editado por M. Talaoui, Un poète chiite d'occident au vème/xème siécle: Ibn Hānī al-Andalousi, Túnez, 1976, pp. 163-164.



En el mismo estilo satiriza a los omeyas de Córdoba:



Los Omeyas no han conocido las cargas de la caballería,
ni han llevado lanzas puntiagudas;
no han desenvainado sables de filo temible,
pues se vuelven en sus manos plomo;
la sangre de sus lorigas no es de batalla,
sino porque son esclavas menstruantes.

Ibn Hānī, Ibidem, p. 298.






SA'ID ID IBN YUDI DE ELVIRA [2.044]



Sa' īd ibn Ŷūdī de Elvira 

Elvira, Granada (m. 897)



El poeta Saīd ibn Ŷūdī de Elvira, prototipo del caballero árabe, donjuán empedernido, que se describe a sí mismo con los siguientes versos:





No hay cosas más agradables que:
beber del cuello de la botella,
dejando la copa en la bandeja;
la reconciliación tras los reproches
y enviar recados de amor con la mirada.
He recorrido, como corcel en carrera libre, el amor,
sin que los cambios de la suerte,
hayan frenado mi cabalgada.
No me ha doblegado la amenaza de la muerte en el combate,
como me ha doblegado el yugo del amor sobre mi cuello.

(Ibn al-Abbār, Hulla, I, 163.)




Y, sin embargo, es capaz de expresar también el amor cortés en su tópico del amado desconocido y adorado de forma «beckeriana» «como a Dios ante el altar»:




Al oírte, el alma se me escapa del cuerpo
y mi corazón se consume de dolorosa tristeza.
He dado mi espíritu a YaGrafíahān y a su recuerdo,
aunque nunca la vi, ni me vio ella a mí tampoco.
Yo me considero ante su nombre, con los ojos en lágrimas,
como un monje que reza ante una imagen.


[Traducción de E. Terés].
 «E. Terés = Préstamos poéticos en al-Andalus», Al-Andalus, 20 (1965), p. 416.












ALHAKÉN I [2.043]


                                                                   DIRHEM DE EMIRATO AL-HAKAM I



Alhakén I

Abū al-‘Āṣ al-Hakam b. Hišām (Árabe: أبو العاص الحكم بن هشام), llamado al-Murtazî (المرتضى), más conocido como Alhakén I, Al-Hakam I o Alhaquén I (Córdoba, 770 - Ibidem, 21 de mayo de 822), tercer emir independiente de Córdoba, desde el 17 de abril de 796 hasta su muerte. Era además buen orador e inspirado poeta.

Para el cronista Ibn Hazm, fue el más sanguinario y déspota de los emires omeyas.

Hijo de Hisham I, lo sucedió a los 26 años de edad. Su reinado fue uno de los más agitados de la dinastía omeya, pues tuvo que hacer frente a las aspiraciones de sus tíos Sulaimán y Abd Allah (Abdalá). El más activo fue Abd Allah quien, desde la región valenciana donde había desembarcado, intentó atraer a su causa a los jefes árabes del valle del Ebro e incluso vino a pedir ayuda a la corte de Carlomagno en el año 797, contra su sobrino. En el 802 o 803, Abd Allah terminó estableciendo contactos con su sobrino, al-Hakam, que le autorizó a residir en Valencia, a cambio de una pensión anual. Su hermano Sulayman, siempre desde la costa oriental donde se había instalado a su vez en el año 798, intentó atacar Córdoba pero fue vencido y asesinado en el 800 o el 801.

Asimismo tuvo que enfrentarse a las sublevaciones de los muladíes de Toledo, Mérida y Córdoba, brutalmente sofocadas. Su política de mano dura y el incremento de la aplastante presión fiscal sobre los cristianos provocaron el levantamiento de los cordobeses del Arrabal de Córdoba. Los amotinados estuvieron a punto de asaltar el Alcázar, pero una maniobra hábil y rápida de la guardia palatina salvó la situación. Tres días duró la matanza y saqueo en el Arrabal y el enérgico emir ordenó la crucifixión de trescientos notables. Todos los habitantes del Arrabal, que fue arrasado, fueron deportados. Unas veinte mil familias emigraron de la Península y parte de ellas se establecieron en el norte de África, donde fundaron el barrio y mezquita de los andalusíes en la ciudad de Fez, mientras que otras se dedicaron algún tiempo a la piratería, desembarcando en Sicilia, ocupando Alejandría durante diez años y estableciéndose finalmente en la isla de Creta, donde fundaron el Emirato de Creta, bajo dinastía cordobesa, que se mantuvo independiente hasta el año 961, en que la isla fue reconquistada por el Imperio bizantino.

La situación interna permitió la conquista franca de Barcelona en el año 801 y, aunque por poco tiempo, los asturianos llegaron a ocupar Lisboa. Carlomagno firmó un tratado de paz con al-Hakam por el que se comprometía a no extender sus fronteras más allá del río Llobregat.

Su ejército fue fortalecido por un elevado número de bereberes, también reclutó mercenarios cristianos de diversas procedencias. Contó con una guardia palatina de más de dos mil hombres de origen eslavo, denominados «los mudos», porque no sabían el árabe ni el romance. Estuvieron en dos cuarteles contiguos al Alcázar y bajo las órdenes del conde cristiano Rabí, hijo de Teodulfo.[cita requerida]

Dejó al morir, a los 52 ó 53 años, diecinueve hijos varones y veintiún mujeres. Le sucedió su hijo Abderramán II.


Los cronistas retratan así al tercer emir de Córdoba:

Al-Hakam I fue de color trigueño, alto y delgado, de nariz bien formada, aunque ligeramente respingona y no se teñía el pelo. Se preocupaba personalmente de todos los asuntos, fueran importantes o no; no se fiaba de nadie, aunque fueran hombres de confianza y no admitía que éstos cometieran actos injustos, pero en caso de que esto ocurriera, rápidamente reparaba la injusticia; era valiente, atrevido y temible en sus enfados; resuelto y decidido, pero también era espléndido en sus regalos y muy generoso. Era además buen orador e inspirado poeta. Allanó el camino a sus sucesores y se atrajo a los alfaquíes y hombres de saber.

De él se decía que era tan dado a la bebida como poco adicto a las costumbres piadosas, y en la mezquita mayor, durante la oración de los viernes, se levantaban voces anónimas que le gritaban: ¡Borracho, ven a rezar!





Bagdad: el amor cortés

El Islam permite la realización plena de sexualidad masculina a través de la poligamia al mismo tiempo que establece una rígida separación   —58→   de los sexos.33 Como consecuencia, el musulmán no tendrá apenas trabas para practicar el sexo, pero le será muy difícil enamorarse, porque no conocerá seguramente a su futura esposa hasta el día de su boda y ésta se realiza por factores de linaje o de dinero. La mujer se convierte en un ser inasequible e inalcanzable en un personaje de la imaginación, más que en un ser real, y el amor, en deseo no satisfecho. Existen las esclavas, con las que es posible tratar fácilmente, pero la relación comercial que ello entraña, el mismo hecho de la obligada obediencia entre sierva y amo, tampoco satisface a los nuevos árabes, ya no hijos del desierto, sino de la civitas, y transfieren la sublimación del amor hacia la dama inasequible a la esclava, a la que confieren la libertad de aceptar, o no, la opción de aceptar o rechazar el amor. En este juego, el amo será siervo del amor, y la esclava, ama, como sucede en el verso atribuido al califa de Bagdad Hārūn al-Rašīd, en su juego erótico con tres esclavas que motivará el villancico de Las tres morillas de Jaén:

Tres mujeres me domeñan
y acampan en mi corazón.
¿Por qué todas las criaturas me obedecen
y yo las obedezco a ellas que se me rebelan?
¿Será acaso que el poder del amor que poseen
es más fuerte que mi poder?




Idea que ya había expresado el emir de al-Andalus, Al-Hakam I



Ramas de sauce que se balancean entre las dunas,
al huir de mí, decididas a rechazar la unión conmigo.
Reinan en mí, aunque yo soy rey, pero mis fuerzas,
por el amor, se han debilitado
con la languidez del cautivo.
¿Quién me ayudará contra las tiranías de mi cuerpo?
Ellas doblegan, con el amor, mi fuerza y poder.

M. J. Rubiera Mata, Ibidem.










ABU I-HASAN "ZIRYAB" [2.042]


El jardín de Ziryab: el Emir y sus invitados escuchan al trovador.
original andalusi del Periodo Almohade siglo XIII


Ziryab

Abu l-Hasan Ali ibn Nafi` (en árabe, أبو الحسن علي ابن نافع), conocido como Ziryab (زرياب, «Mirlo») debido a su tez oscura y hermosa voz, fue un poeta, gastrónomo, músico y cantante de posible origen kurdo, aunque según otras fuentes era un liberto de ascendencia negra (Irak, 789 - Córdoba, c. 857). Fue famoso por las refinadas costumbres orientales que introdujo en la corte cordobesa.

Fue discípulo del gran músico Ishaq al-Mawsili (767-850) durante su infancia en Bagdad. Presentado al Califa Harún al-Rashid, éste quedó muy impresionado por el joven músico. Sin embargo, los celos de su mentor le obligaron a abandonar la capital del Califato, poco después de la muerte de al-Amin en 813. Vagó por Sham (Siria) e Ifriquiya (el norte de África), viviendo por un tiempo en la corte aglabí de Kairuán, hasta que escribió al emir de Córdoba, Alhakén I para ofrecerle sus servicios, que éste aceptó inmediatamente.

A su llegada a Córdoba Alhakén había muerto. Sin embargo, Abderramán II, su sucesor, le ofreció un palacio, una renta mensual de doscientos dinares y otras prebendas, sin siquiera haberlo oído cantar. En la corte cordobesa, Ziryab se convirtió en un personaje muy conocido y fue considerado el árbitro de la elegancia de los dominadores árabes. Influyó en el vestido, la cocina o el mobiliario de los que le rodeaban e introdujo novedades tanto de uso social como musicales.

Sus innovaciones musicales tuvieron también una fuerte influencia. Según el arabista Emilio García Gómez, con Ziryab entraron en Hispania las melodías orientales de origen grecopersa que serían la base de buena parte de las músicas tradicionales posteriores de al menos una parte de la Península Ibérica. Añadió al laúd una quinta cuerda y sustituyó el plectro de madera (pieza que se agarra con la mano y que pulsa las cuerdas) por otro fabricado bien con uñas, pico o los cañones de las plumas de águila. También fundó el primer conservatorio del mundo islámico e introdujo los cantos árabes conocidos como nubas.

Con Ziryab, la alta sociedad cordobesa aprendió además las más exquisitas novedades de Oriente: peinarse con flequillo, recetas de la cocina bagdadí (una de las recetas se conserva hoy en día con su nombre: el ziriabí1 ), el consumo de espárragos y el uso de copas de cristal, en lugar de las de oro y plata, así como manteles de cuero fino.





El músico más famoso de la corte de ‘Abd al-Rahmān II es Ziryāb, de la escuela de Bagdad, personaje de moda en la Córdoba de mediados del siglo, no sólo por las innovaciones musicales que aportó, añadiendo un quinta cuerda al laúd por ejemplo, sino introduciendo las modas de Bagdad en vestidos, peinados, gastronomía, etc., de forma que él simboliza la «bagdadización» cultural de Córdoba. Todavía un siglo más tarde Ibn ‘Abd Rabbih (860-940) recuerda a Ziryāb cuando escucha cantar a una muchacha en el interior de un palacio y escribe a su dueño:



¡Oh, quién atesora la voz del pájaro canoro!
No creería capaz de esta avaricia a nadie,
pues aunque todos los oídos del mundo escucharan,
la voz no sufriría menoscabo o aumento.
No me escatimes el escucharla, encerrando una voz
que ocupa lo que el alma en el cuerpo.
si Ziryāb estuviese vivo, luego de escucharla,
moriría de envidia o de pena.

(Ibn ‘Abd Rabbih, Dīwān, p. 110.)







Ziryâb. El Mágico Cantor de Oriente. 
Poemas de Sergio Macías Brevis.


Las aguas del Tigris deslumbran  de luz.
 Un aroma de azahares cubre el antiguo paisaje iluminado
de mariposas que se equilibran  sobre las flores.

Entre higueras y naranjos un músico tañe las cuerdas que desatan.
la alegría de los pájaros sobre el alféizar del horizonte.

Los sonidos del laúd y la dulzura de su voz silencian el ritmo
de los arroyos que hacen danzar a hojas y nubes.





Se llama Abu I-Hasan el que esculpe la música en el corazón.
Mientras los rayos del sol atraviesan las soledades de las uvas.

Se silencian las cigarras. Las alas de la luz disipan las sombras de la muerte.
Y las almas se embriagan con sus canciones cristalinas.

Con la llamada del muecín queda absorto en la oración.
Escucha la voz profunda de Allah: -Premio tu fe y perseverancia.
tus melodías trascenderán y darán armonía al mundo.-





Pensó que había sido un sueño y guardó el mágico secreto en su alma,
dejando caer conmovido lágrimas que volaron hacia el infinito,
en medio de la algarabía de los pájaros del jardín.

Hassan vive conmovido bajo el fuego del cielo y de sus colores
que se derraman sobre la hermosa Bagdad.
Ella fue llamada Darus-Salam: Ciudad de la paz labrada en honor a Allah,
por los escultores de la transparencia y los artesanos de cúpulas de oro.






El joven músico seduce a los corazones con su armonía,
que es como el ritmo de las aguas que cubre a los peces
dorados y a las raíces de los palmerales de Babilonia.

Todos se dejan llevar por los tañidos que son como arrullos
de los ríos milenarios.
Resonancia de flores mecidas por el aire. Frágiles golpes
del rocío sobre la hierba. 







Sus cantos conmueven como las plegarias de las alondras
hacia un cielo de esperanzas.
Como las aguas biblicas que susurran al oído del herbaje.

En el huerto las ramas se balancean como bailarinas
entre surtidores.

Los sones del laúd hechizan a la vieja tierra bajo una lluvia de luz.

la música desata los corazones que se ahogan emocionados
al oír su lenguaje cristalino,
que es como la voz de las vertientes.







Las gentes que sólo buscan la paz para curar sus tristezas,
se abandonan a la inmortalidad que les lleva las melodías
de Abu I-Hasan.

El maestro Ishaq al-Mawsilí pasea entre los árboles. Oye
los suaves arpegios que pregona el viento.
Las nubes se desvanecen y las flores irradian juventud.

Lo que en un momento le alegra se desmorona martirizándole.
Como si la luz muriera en una habitación sombría del alma.





Rojo de ira increpa al joven compositor haciendo huir
a los súbditos del reino.
-¡Esta es una melodía extraña! Yo no la he enseñado
¡Cómo te atreves a tocar lo que entorpece los sentidos!-

Abu I-Hasan Ali ibn Nafi, a quien todos llaman Ziryâb,
responde: -Lo aprendí de la naturaleza.
Sólo con la música soy libre, como el poeta con la palabra.-






El maestro insiste: -Rompes con la tradición. ¡Prohíbo tus
composiciones !-
El discípulo tímidamente replica: -Siento que mis
(inspiraciones turben tu generoso corazón.
Mis dedos no se contienen, tañen con júbilo las cuerdas de mi laúd.-

- Ya llegará tu hora, Abu I-Hasan. Antes debes saber más
(de ti mismo, del mundo y de sus misterios.
No te dejes llevar por la pasión. Aprende de nuestros
(eruditos para que un día nos entregues tu sabiduría.






Desvelarás la hermosura que aparece sin esfuerzo
desde los mas puros sentimientos.
Tu talento te hará llegar a lo más alto. Te elegirán como un eximio músico.
No te apures. Acumula el fuego del
conocimiento y la destreza que da la técnica.
Las estrellas se forman a través del tiempo
para brillar en el espacio.






Zyryâb sólo se atrevió a argumentar:
- La razón de mis composiciones está en el rumor de las hojas.
En la melodía del agua y en el viaje de las nubes-

Se produce un silencio en el jardín donde crecen las adelfas.
Los brotes se multiplican y las libélulas hacen ondulaciones.
En medio de la hojarasca los caracoles arrastran su pereza.






Te ofrezco mis conocimientos basados en los de nuestros
antepasados. No puedo permitir tus innovaciones.
¡La vanidad insulta a la sabiduría!
El arte se labra pulcramente con la perseverancia
del mar sobre las rocas del silencio.
Con la paciencia del aire que deja sus huellas
sobre la playa del espacio.





El discípulo responde consternado:
- Me maravillo con la naturaleza.
Con los arroyos del rocío que desbordan las corolas.

Me gusta descubrir los misterios. El universo en cada semilla.
Acariciar las túnicas de las flores
Aspirar los aromas de la tierra.

Ahora estoy bajo tu enseñanza que es como la puerta del
alba que me lleva hacia la claridad.






-Tus palabras te hacen humilde
 Irás al Palacio de las Delicias.
El sublime y poderoso Califa Harún al-Rachid,
amante del arte y llamado también el justo,
oirá lo que te he enseñado.

Pero no expreses tus inspiraciones que descubres en las flores.
Tus interpretaciones del viento.
Ni el rumor de los bosques, de los arenales
o de los arrullos de los pájaros.
Recuerda que mi ira no perdona la traición.

Soy el gran maestro de la corte. Mis melodías son las preferidas,
porque endulzan la breve vida y dan gozo al corazón...



               

Sergio Macías Brevis

Poeta, narrador y ensayista chileno. Tiene también la nacionalidad española desde 1979 que se radicó en Madrid. Autor de más de una veintena de obras. Fue Asesor Cultural de la Embajada de Chile en España.

En el caso de Sergio Macias, poeta que se convirtió en un errante por el mundo a causa de la dictadura, sin otro hogar que la memoria y la palabra.
  
Además, el exilio en España puso a Macías en contacto con la lírica arábigo-andaluza, la cual le mostró un mundo nuevo de expresividad y belleza que supo hacer suyo, impregnando sus poemas de la luz, el color y aun el olor de la tierra exótica, mas no extraña a su sensibilidad(alguien le llamó con fortuna "el poeta andino de Al-Ándalus"). Macías asimiló el legado árabe por afinidad sensorial, no por mera imitación, y esto es lo que le confiere un puesto dentro de la poesía hispanoamericana contemporánea.




Hay además una similitud entre el poeta chileno y los árabes Al Mutamid e Ibn Zaydun: los tres son líricos desterrados, que cantan con nostalgia a sus países , y esta añoranza, así como la celebración que hacen del amor, dan a su poesía un tono plenamente personal.







ABBAS IBN NASIH [2.041]


Abbas ibn Nasih

ˁAbbās ibn Nāṣih (Algeciras - m. hacia 852) fue un poeta andalusí cuya obra supone la transición entre la poesía clásica árabe y la introducción del modernismo en la lírica de al-Ándalus. Llegó a ostentar el cargo de cadí de la Cora de Algeciras.

Bereber de la tribu Maṣmūdah, fue hijo del esclavo de una familia aristócrata de Al-Yazira Al-Jadra (Algeciras). Se educó en Egipto y viajó largamente por Arabia —llegando incluso a dominar el dialecto de los beduinos— y el actual Irak, donde entró en contacto con los círculos literarios de Basora y Kufa y tuvo relevantes maestros, como Al-Aṣmaˁī.

Regresó al Ándalus y volvió a marchar a Oriente y a su regreso al emirato cordobés entró al servicio de Alhakén I, como su panegirista favorito.

Ibn Nāṣih fue un poeta de aliento clásico y su conocimiento de la cultura y lengua beduina le proporcionó un alto dominio del léxico arcaizante y exquistito de la antigua poesía árabe. Sin embargo, su aprendizaje en Iraq al lado de los poetas modernistas, entre los que figuró el gran Abū Nuwās, le llevó a ser el introductor de la corriente modernista en la poesía andalusí.

El propio Ibn Nāṣih cuenta en una de las anécdotas a que tan aficionada es la historiografía literaria árabe, que él mismo buscó conocer a Abū Nuwās, a quien encontró en su palacio rodeado de discípulos y hombres de letras. Según este relato, Nuwās, finalizada la tertulia preguntó por aquel desconocido que había estado callado durante todo el conciliábulo por su identidad, a lo que Ibn Nāṣih respondió que era un aspirante a literato de Extremo Occidente, del emirato de Córdoba. Entonces el gran maestro persa de la poesía báquica y homoerótica le pidió (demostrando un buen conocimiento de la literatura provinciana occidental) que recitara algún poema de Abū-l-Majšī, el más célebre de los líricos andalusíes del siglo VIII, a lo que el algecireño respondió con la célebre composición en la que Majšī describe su ceguera, originada por un castigo en el transcurso de las revueltas fratricidas en tiempo de Abderramán I. Nuwās, elogiando la poesía de Majšī, le preguntó si era ˁAbbās ibn Nāṣih el mejor poeta de al-Ándalus, a lo que respondió que sí, y seguidamente Nuwās le pidió que recitara alguna de sus obras. Al oír la declamación de la casida que incluye los versos «¡Yo acerté a dar en el blanco de la poesía! / ¿Cuántos son los que han logrado dar en ese blanco?», el maestro reconoció la voz sincera de ˁAbbās ibn Nāṣih y descubrió su identidad, proclamando a ese poema como el mejor de Occidente y prolongando durante un año una amistad mutua.

Sus últimos años los pasó como cadí de Algeciras y cultivando una poesía ascética (zuhd), retirado de los cenáculos cortesanos del emirato, siguiendo la tendencia oriental que practicó incluso el hedonista Abū Nuwās.

También se cuenta otra facecia en la que un Ibn Nāṣih ya ejerciendo el magisterio de la poesía andalusí en tiempo de Alhakén I, comenzó a recitar una casida que fue corregida por un joven Yaḥyà al-Ġazāl con gran acierto. Yaḥyà ibn Al-Ḥakam Al-Bakrī, apodado «al-Ġazāl» (gacela), jienense nacido en 772 y fallecido en 866, sería el más legendario poeta andalusí del siglo IX a la muerte de ˁAbbās ibn Nāṣih.





POETAS AMIRÍES 

Bajo el sabio gobierno de los últimos omeyas, florecerá en Algeciras una escuela poética que, aunque alcanzará su momento de esplendor en los siglos XI y XII, producirá algunos creadores de notable calidad en los siglos IX y X, especialmente durante el mandato de Almanzor, el cual se convertirá en mecenas de poetas nacidos en la ciudad de donde él era originario. En tiempos del emir Al-Hakam I vivió el poeta algecireño Abbas Ibn Nasih, del que sólo sabemos que además de destacado literato fue cadí de su ciudad””. 





En este ambiente, el poeta Abbas ibn Nasih de Algeciras, compone ya un verso del nuevo estilo, con el tema del amor a una esclava, que pertenece a otro amo:




Di a ‘Abd al-Rahīm que sea benigno con su siervo,
que no mate su corazón con la angustia de tu desvío,
con el rigor de la pasión, con el insomnio de tus ojos,
con la rosa de las amapolas de tus mejillas.
¡Sé suave conmigo con una suavidad semejante a tus caderas
y no tengas otra dureza que la de tus senos!

(Ibn al-Kattānī, Tašbihāt, núm. 305.)