Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

domingo, 29 de abril de 2012

1257.- URIEL GARRÁN




URIEL GARRÁN LÓPEZ. Nacido un otoño, sobre el mil novecientos ochenta y tantos. A la edad de dieciocho años ni siquiera había terminado el Bachillerato. Panteísta, cliente semanal de la taberna de Platón, estudiante fatídico y devorador de libros existenciales, no llegó aún a completar algún Ciclo formativo de interés o mérito académico alguno. Jamás ha publicado ninguno de sus cuentos, poemas, reflexiones, ensayos o exposiciones, más allá de diversos fotologs, esflogs o myspaces y otros lugares de Internet sin importancia. Actualmente, imparte clases de moralidad, ética, mitología, autocompasión y filosofía (entre otras), de forma gratuita, a sus amigos y compañeros, mientras, probablemente, esté trabajando en algún ensayo, poema, cuento o algo que merezca la pena escribir (como todos los días) o buscando material para los mismos.
POÉTICA: ¿Poesía? ¿Por qué me pides que te hable de poesía? Podría decirte muchas cosas, pero en esencia, si de verdad quieres saber lo que es, te diré que la auténtica poesía se escribe en el viento y lo que queda en el papel es sólo su sombra.





Ay, Diosa de pequeño Corazón,
¿aún juegas con tus listas de hombres perdidos?
Me digno Yo a contarte que la marea que me mandas
se pierde antes de llegar a mis ojos,
¡los que no te atreves a mirar!

¿Acaso tienes algo que negarme?

Quizás sea por mis historias de amor,
de las que siempre supe recordar sonrisas,
menos cuando me acuerdo y te descubro
entre maleza, a las que doy demasiadas vueltas,
creo yo...

Pero desde el momento en que me levanto
se me olvida el caparazón, salgo volando
y, casi sin darme cuenta, veo mis pies en el suelo.

¡Los tuyos en el cielo! Y casi de raso, beso el suelo.
Pierdo el Honor y dos costillas, cuando veo que ya no brillas.
Entonces me quito el sombrero...

Para verte caer.






En el abismo

A todos aquellos juzgaba, a tantos como rostros recordaba,
y estaba yo en lo más profundo, en las cavernas del abismo,
ante los pilares de arena que sostienen el infierno,
cuando tembló un poco el techo y se quebraron las cornisas.

Cayeron gotas. ¿Que demonio, leviatán o dios infernal
podría estar provocando tal catástrofe? Huí corriendo,
temía que todo de repente se fuera a derrumbar,
éste no era mi pacto; yo había pedido paz, tiempo para pensar,
soledad en lo inmenso para cuidar lo que quedaba de mi alma.

¿Quién se atrevía?
¿Qué, tan osado como para perturbar mi trato con la propia muerte?

Encontré refugio en otra sala, sellé las puertas de piedra
y volvió el silencio,
pero un suspiro agradecido me trajo un mal recuerdo;
estaba solo ¡y el cofre de mi espíritu había quedado allí!
Tenía miedo,
era posible que la sala contigua se derrumbara de un instante a otro,
pero no podía dejarla allí, no podía perder lo único que me quedaba.
Intenté mover las puertas, pero no tenía fuerzas. Una y otra vez,
pero no era suficiente, ¡no cedían, no se movían!

La desesperación comenzó a invadirme y, junto a las puertas, lloré,
hasta que caí, exhausto, al suelo.





Para Bea

Cruza el cielo
con sus pies descalzos
y no quiere ver la tierra
y no quiere ver el suelo
ni sus flores
ni sus aguas
ni sus pisadas...

El viento le va clareando
el rostro en la mañana,
por la que siempre anda
por no perder la ilusión.

Y, mientras camina,
siembra sueños de amor
entre las nubes que la cubren,
por no caerse de gravidez,
que le esconde el corazón.

Es mi ángel que gotea
desde su frente hasta mí
la más fría de las mareas,
que despierte mi sentir
como a las flores el rocío
o al pájaro la brisa.

http://sindromepoesia.blogspot.com.es/2007/11/blog-post_2915.html



Fernando Sabido Sánchez, Inma Calderón,
Uriel Garrán López, Isabel de Rueda
y Ana Patricia Santaella en un recital poético en Madrid




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