Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

domingo, 1 de abril de 2012

1165.- ANTONIO MILLA RUIZ



ANTONIO MILLA RUIZ. (SEVILLA)
Otra distinguida figura de la poesía andaluza, colaborador de ‘Solera Jerezana’, fue el sevillano Antonio Milla Ruiz, residente en Jerez, durante muchos años, donde ejercía el puesto de interventor de fondos del Excmo. Ayuntamiento. Licenciado en Derecho, había cursado también Filosofía y Letras en la Universidad Hispalense.  Conferenciante en centros culturales y universitarios y colaborador de importantes revistas poéticas, ingresó en la Academia de San Dionisio el 10 de diciembre de 1949, contestando a su discurso el académico don Sixto de la Calle.

Gerardo Diego, de quien era gran amigo, escribió de Antonio: "Milla Ruiz es un poeta sevillano que hace honor a la gran tradición clásica de la Bética,. Poeta de finísima calidad y de sobreabundancia expresiva, de una luminosidad y centelleo muy meridionales. Sevillano con honores de gaditano y jerezano, promiscua entre ambas partes y canta indistintamente y sin confundirlas nunca, las gracias, las sales y las parcas que hilan o devoran el hilo vital de las criaturas de su paisanaje".

Obra:
-Trasmundo del héroe,  (1941)
-Talla en esplendor, (1945)
-Dyonisos. Poemas al vino de Jerez. Jerez Industrial. Jerez. 1951
-¡Aglaé!: poemas de salvación (1946-1950); Antonio Milla Ruiz, San Sebastián, 1952.




Sevilla


Como rosas, Sevilla, llevas besos
En cestillos de pléita y luz dorada,
con tu velo del aire que por nada
de un narcicsismo azul nos deja ilesos.


Por siglos llevas hálitos impresos
De Itálica, en su piedra devastada;
de Tartessos, sepulta e inhallada,
en clausura de torsos y aderezos.


¡Qué tumba en ti, Sevilla, en ese suelo
que efluvios guarda de mujer, arcanos,
romanos los recintos entre aromas!


Sepulcro hasta el que traigan en desvelo
Abriendo en el azul sus juegos vanos
Con un blanco descenso las palomas …












Arribada del río


Tu arribada nostálgica de sales
A una Sevilla blanca, diluía
En qasidas tu lenta melodía,
En mentas y naranjas tus cristales.


Cuando asumes azahar, reflejas cales;
Puentes ensartas en tu daga fría;
Justificas y evocas la poesía
Que iluminas el primir de tus modales.


Desde la torre en que te admiro, rio
principe de las aguas y reflejos,
qué dulce por el campo tu albedrío,


y qué dulce la tarde y enjoyada
con tu cinta solar, que lleva lejos
Sevillas mil de menta anaranjada.










Gracia
(a la Giralda)


Erguido mástil, evasión tallada
Que en alas con bisel y por la altura,
lanzas tu piedra ardida a esa aventura
de amianto que es la estrella delicada.


Sin embargo, Giralda, tan atada
va a la andaluza tierra tu estructura,
que un injerto de sal es tu figura
y un brote de la gracia ilimitada …


De cobre, si unge amor y melodía
a ese cantar que en sures se desata;
bajo la luna mágica, de plata.


Hálito del cantar y la poesía;
¡Yunque para los cobre de la copla!
¡Flauta del aire que una Gracia sopla!












Torre del Oro


Azafata color ante,
de Sevilla, frente al agua,
Tu pie de piedra, tu enagua,
las toca el río fragante.
Y aunque en duro guardainfante
varada, te cubre, inquieta,
tu pamela de luz prieta
que al sol seduciendo, briza
la ciudad, le pulveriza
su aire de mujer coqueta …


¡Oh torre! Ese juglar río
de olivas, puentes y famas,
rinde a tu piedra de damas
prisión, su cauce de frío.
¡Temblor, miedo, escalofrío,
que en fiel memoria de oro
se te escapa poro a poro
el fantasma redivivo
de Don Pedro, rey cautivo
del amor a tu tesoro!


¿Dónde la torre vigía
del Betis, príncipe río?
¿Dónde tu flor, señorío
de la virgen agua fría?
La centuria trece erguía
tu alerta, que al corso arredra.
Pétrea tu doblez, qué yedra,
Qué inicial cifra de empeños
A Indias … ¡Oh fábula y sueños
Y nautas desde tu piedra!










Puente de Triana


Te recordaré siempre, alado puente,
Al amor sosteniendo su afán mozo,
cuando llevaba a mi costado el gozo
de un rubor de muchacha adolescente.


Toda Trianas de gracias, esplendente …
Sevillas de aderezos … sobre el trozo
de temblor y de espejo que era el pozo
del agua en un resol iridiscente …


Hoy, en la tarde, puente, que te veo
por el taller de ajorcas tan ceñida,
de pulseras que celan tus pilares …


Recuerdo aquel amor y lo recreo,
que al otorgarse en labios a mi vida,
¡llevó el agua rubor hasta los mares! …










SANTA ANA


Toda celeste
deja Santa Ana,
la fina orilla
que da a Triana.


¡Al río en fiestas,
cómo son fieles
barcas, cantares,
velas, claveles!


De amor, candelas
y desafío:
¡De fuego cruza
nocturno el río!


Refleja el Betis
en sus anillos:
novios, gitanas
y torerillos.


Son primavera:
Río, luz, rosa,
torre y talente
de cada cosa.


¡De sombra y agua
queda en la orilla,
de luz y de “angel”,
toda Sevilla!










Milla 01.jpg








LA DANZARINA


Sobre el color, radiante, en la ribera
no; en la altura del aire y de su gloria,
escapada te llevo en la memoria
de un cartel germinal de primavera.


Danzarina gentil, tonadillera;
en tu talle y tu voz, toda la historia
triunfal del ritmo expresa su victoria:
¡un duende alegre te alza por bandera!


¡Oh, hechicera eres, diosa, venus, reina
del ángel tú, que sí, que no... Triana
te cala del tobillo hasta la peina!


Porque del Betis te nació ya el pie
mojado de salero y de gitana
gracia repajolera... ¡Olé... y... olé!






TRIANA


Un lujo de geranios se atesora en los aires
entre constelaciones de albahacas penetrantes,
y una lluvia de encajes y claveles
se deshoja en el río, de pájaros de hechizo.
Un trenzado ligero de estrellas se presiente
al fondo de la tarde,
tejido de sonatas, de fugas, de triunfos,
donde sonoras yérguense musicales Trianas.
Latidos, ecos, sones...
a la noche, conmovida
la dejan de crótalos dulcísimos.
¡Qué vibración de cuerdas es tu nombre: Triana!
¡Qué guzla armonizando
un laberinto faústico de fuentes y canciones!
Bien lo sabéis muchachos y doncellas del Betis,
pescadores del río fresco en la amanecida;
los barqueros, los izadores de la vela blanca
que el agua la estiliza en su reflejo;
las mozas que, calzando una breve sandalia,
como Gracias gentiles del asfalto,
hacen crecer las danzas más ágiles de escorzos
cuando el nardo y la rosa se prestigian
del ébano profundo que alienta en sus cabellos...
Triana, ¡ay!, Triana...
con tu dulce corazón de guitarra,
de guitarra tejiendo sus ecos a la noche,
que el alma nos impregnan de una vibración tenue
entre triste y alegre; de un temblor dionisíaco.
¡Qué voz aguardas que en los siglos surja
y como a Gracia, salada de alegría te cante,
de claridad te deje!
Por tí gozo y el beso y la angustia se expresan:
vosotros lo sabéis muchachos, doncellas del amor,
que en un canto emotivo que el corazón conforma
vuestra pasión comienza, vuestro barrio se exhala.
¡Triana, otórganos un poco de tu esencia,
de esas minas de plumas irisadas,
que si se dilapidan, cuaja el aire en sonrisas!
¡Gozar, gozar un poco de tus sales agudas;
de ese quiebro tan grácil donde mueven boleros
la lenta muerte de su estilo;
de aquella filigrana
que toreros quisieran ante el toro inventada;
de esa malicia grana de unos labios salados;
de aquel cielo de fina alfarería
que los cantos anhelan para ser luminosos!
Los hálitos, Triana,
que navegan airosos a Sevilla,
sobre el río de amantios y de rosas,
en la tarde de púrpuras espléndida!















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