Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

sábado, 30 de julio de 2011

652.- JUAN RODRÍGUEZ MATEOS


JUAN RODRIGUEZ MATEO

Artículo de D. Daniel Pineda Novo

Juan Rodríguez Mateo, nació el 31 de Diciembre de 1888 bajo el honrado techo de una casita aldeana de un pueblo blanco, por la cal de sus casas, recostado en la ribera del Guadalquivir: en Coria del Río, la antigua Caura fenicia. Siete años antes Juan Ramón Jiménez había nacido en Moguer, otro poeta lírico cantor de Andalucía, al que Rodríguez Mateo siguió muy de cerca en la consecución de una poseía perfecta.

El panorama político vigente en España, en estas fechas, lo constituía la triste regencia de Doña María Cristina de Hasburgo (1885-1902).

La corriente literaria predominante en España y casi toda Europa era el ocaso del Romanticismo y el refulgente despertar del Modernismo acaudillado por el nicaragüense Rubén Darío.

No fue el poeta un niño prodigioso: solo cuando ya estaba entrado en mocedad, fue cuando el mismo, sin la ayuda de nadie, se descubrió poeta.

El sentía en su ser ese geniecillo que despierta al hombre para ser un "genio" en el campo de la Poesía.

El aprendió a componer sus versos sintiendo en su alma y en su corazón esa espontaneidad musical propia que después llevaría como nadie supo hacerlo, al ritmo del verso andaluz.

Rodríguez Mateo se inicia en la literatura como un auténtico juglar, cantor y recitador, pues en lugares públicos de Coria del Río, declamaba temas populares o bien composiciones surgidas de su pluma.

El medio familiar en que viene al mundo, su padre era un hombre dedicado a los negocios en los puertos fluviales, apartado de las más elementales sugestiones de la cultura, no permite prever una formación intelectual para quien tan bellas creaciones de la inteligencia había luego de regalarnos y así con su borriquillo iba a vender frutas a Sevilla; esto le permite calar muy hondo en el alma del pueblo y expresar sus íntimos anhelos, sus tristezas y sus alegrías, cantando al mismo tiempo el paisaje que baña el Guadalquivir...

Sin embargo en Juan Rodríguez Mateo se obra el milagro, que nos consuela y edifica. Trabaja abnegado, lucha sin encono, se esfuerza con amor y optimismo, abriéndose camino con esa virtud mágica de la simpatía cordial y confianza en Dios.

Cursa el niño sus estudios de Bachillerato, dando muestras de buen estudiante como lo acredita el diploma concedido por el Director del Instituto General y Técnico de Sevilla, que dice textualmente: "En cuanto a don Juan Rodríguez Mateo ha obtenido en la Asignatura de Geometría la calificación de Sobresaliente y tiene derecho a Matrícula de Honor".

El 27 de Septiembre de 1907, contaba nuestro poeta 20 años de edad, recibió de manos de Rector de la Universidad Literaria de Sevilla el título de Bachiller Superior.

Su primer galardón literario lo alcanzó a los 21 años en unos Juegos Florales de Constantina, bajo el seudónimo de Rodrigo de Caura, concediéndosele de premio una plama de ave, toda de plata.

Llegó la época de servir a la Patria, y nuestro poeta, como todo ciudadano capacitado para ello, entró al servicio del Rey Alfonso XIII.

En el cuartel, el conocido médico militar D. Juan Conradi, que después llegó a ser gran amigo del poeta, le aconsejó que estudiase Medicina.

Empezó el poeta el Preparatorio de la Carrera, pero su vocación no era esa; a él le gustaban las Letras, la Filosofía y, sobre todo, las Ciencias Naturales en su parte Botánica.

Finalmente, a los 22 años de edad, le fue concedido por orden del Rey Alfonso XIII y en su nombre el ministro correspondiente de Enseñanza, la suficiencia en la Escuela Normal del Magisterio de Sevilla para ejercer como maestro de Primera Enseñanza; desarrolló su carrera durante diez años en la Academia de Nuestra Señora de la Estrella, de Coria.

Abandonó el Magisterio para entrar en la carrera Administrativa, llegando a ser en 1921 secretario de Primera Categoría de la Administración Local, en donde gozó de un sólido prestigio de competencia y probidad intachable hasta 1958, en que alcanzó la jubilación.

Casó el poeta en primeras nupcias con Dª. Jacinta Quintero, mezclándose su alma de tristeza a la muerte de su esposa.

Unió a Rodríguez Mateo una fuerte y entrañable amistad con los famosos hermanos, naturales de Utrera, Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, almas de la verdadera poseía andaluza. Ellos sostenían sus charlas y reuniones en el Ateneo, en los cafés sevillanos, o en la Sociedad Económica de Amigos del País. Pero una vez, en el año 1930, la velada se celebró en Coria. Y aquí, a nuestra población, se trasladaron los admirados poetas utreranos para ver, en la calle Cervantes, donde vivía Rodríguez Mateo, el hermoso plantel de geranios rojos y de múltiples colores que cultivaba en su jardín el poeta amante de las flores. El jardín, maravilla hecha flor, era admiración de todos, especialmente por los geranios, muchos de ellos importados de Francia.

La velada transcurrió alegre y animada, sobre todo por el gracejo, la simpatía y el donaire de los concurrentes; se acompañaba la charla de unas copas de manzanilla, los cantes de la tierra y las notas quebradas de la guitarra.

Mantuvo además Rodríguez Mateo correspondencia con los más afamados poetas y literatos de la época. Digna de mención es la carta que D. Luis Montoto, insigne poeta sevillano, remitió enjuiciando su libro "Poemas del Rocío". La carta textualmente dice así:


"Sevilla, 22 de abril de 1922

Mi admirado poeta: Pídole mil perdones por no haberle acusado recibo hasta hoy de su precioso libro "Poemas del Rocío". Mis dolencias me retuvieron en cama, dejándome sin aliento para manejar la pluma.

Mas de verdad le digo que su nuevo poema del Aljarafe me ha hechizado como el primero -quizás más- es una filigrana poética por la delicadeza de los sentimientos que lo inspiran y por lo galano de su expresión. Leyéndolo, la tradicional romería se nos entra en el corazón, nos envuelve el ambiente del Santuario, aspiramos el incienso del campo y del altar, y nos deslumbra el sol que refulge en la divina faz de la Santísima Virgen.

Mi enhorabuena, que nada vale, y muchas gracias por el ejemplar con que me ha favorecido.

Es de usted, admirador y servidor humilde, q.e.s.m. -Luis Montoto.- Rubricado"


De extraordinaria importancia e interés literario es la correspondencia de Rodríguez Mateo con D. Manuel Machado. Nuestro idílico poeta envió al ilustre sevillano su libro "Plegarias a la Virgen del Rocío" publicado en 1940, para que Manuel Machado hiciese un juicio crítico sobre su obra, que la encontró perfecta; y además de ensalzarlo y alabarlo, le ruega le tenga por "amigo y sincero admirador".

La carta dice así:

"Sr. D. Juan Rodríguez Mateo -Amigo mío- Recibí su libro y lo leí encantado. Es fuerte y dulce al mismo tiempo. Viste un lenguaje jugoso y justo al par que le da una rara perfección. El que esas "Plegarias" escribe es un maestro poeta al que no hay nada que decir si no es reconocerle cordialmente.

Trato en vano de discernir cuáles de sus plegarias prefiero.

La del Peregrino, la del Penitente, la del Mendigo, la del Niño, la de la Espadaña, la del Cortijo de la Novia, la de la Golondrina, la del Jaramago, la de la Paloma Blanca!...

Y ¡todas las demás! Todas me gustan -no sin distinción- pero todas, porque en todas encuentro aciertos de expresión deliciosos...

Quisiera decir a usted algo más concreto que este elogio crepidante y tulibulario... Algo que tal vez revelase a usted.

Así no dejé de buscar lo que podía faltar, o sobrar a su libro.

No lo hallé. Perdió esta vez su latín el "Abogado del diablo" y el resultado es un nuevo pláceme; ha realizado usted la sorprendente hazaña de ser humilde y tierno ¡en décimas!.

Reciba, pues, mi enhorabuena completa y cordial y mientras me pongo a releer sus "Plegarias" y le ruego me tenga por muy amigo y sincero admirador. -Manuel Machado.- Rubricado.

Madrid y Agosto de 1941."


A finales de 1934 conoció a la joven e inteligente maestra Doña María Cano de Haro, y tras cortas relaciones, en la primavera de 1935, contrajo segundas nupcias, celebrándose el enlace matrimonial en la artística Iglesia sevillana de San Vicente. Siendo su padrino de bodas el nombrado ganadero D. José Anastasio Martín.

Doña María fue para él más que su esposa, lo fue todo: fue su inspiración...

Lo mismo que Beatriz para Dante o Zenobia para Juan Ramón Jiménez, doña María fue su musa, la que le inspira los mejores poemas de su obra.

En el libro "Las bodas del Alma" encontramos la siguiente dedicatoria: "A María: Esposa fidelísima, musa inspiradora de la más alta poesía. -Juan".

A su esposa dedicó todo su cariño un libro de intimidad escrito a mano por él mismo -que no ha sido publicado-. Evocando el dulce nombre de su esposa lo tituló "María".

Añora el poeta, como también veremos en su poesía, la ausencia de "esos hijos" que nunca tuvo, y que alegrasen su hogar.

Fue también Rodríguez Mateo, según manifestación de su esposa, gran amigo y entusiasta del poeta granadino Federico García Lorca. Hablaba de él con respeto y veneración; admiraba su poesía. Sostuvieron varias entrevistas en las aulas académicas y en sociedades literarias; entrevistas de las que el poeta aljafareño sacaría buen provecho.

La triste y aparatosa muerte del "cantor de los gitanos" afectó en lo más profundo del corazón a nuestro poeta, como él personalmente manifestaría después a su noble y amante esposa.

Una faceta interesante y para muchos desconocida en la vida del poeta fue su afición desmesurada por la arqueología. Gran amigo del insigne sevillano D. Juan Lafita, el cual durante algún tiempo fue director del Mueso Arqueológico de Sevilla, enviaba a dicho Museo restos interesantes aparecidos en Coria y pertenecientes a la época de los romanos y árabes.

Fue profesor de Lectura Artística, Recitado y Declaración en la Escuela del Magisterio de Sevilla y en la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Miembro de Honor del Instituto Argentino de Cultura Histórica y del Instituto de Artes, Ciencias y Letras de la misma nación, Miembro de Honor de "Les Viorete Picards et Normands, Asociación Artística, Literaria y Musical de París".

Miembro de Honor del mérito, FRANCO-BELGA. Miembro correspondiente de la Academia Cultural y Ciencias Humanísticas de MEXICO. Miembro de la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco. Hermano Honorario de la Cofradía de Jesús del Perdón de Murcia. Desempeñó durante largos años la presidencia de las secciones de Literatura y Pedagogía del Ateneo Hispalense.

En el Certamen Nacional consagrado al Milenario de Castilla, se premia a Rodríguez Mateo una bellísima colección de madrigales dedicados a la mujer española. Esta colección ampliada hasta el número de cuarenta y nueve composiciones -encendidos requiebros a otros tantos tipos femeninos del ámbito peninsular e insular-, se integra en el citado libro "Mujer de España", uno de los libros más ensalzados y destacados por la crítica literaria en la obra copiosa de Rodríguez Mateo.

De estas páginas inolvidables, ha tenido el ilustre poeta sevillano Rafael Laffón la oportunidad de escribir: "Este libro de madrigales es todo un jardín en mi biblioteca, y toda una florida biblioteca en mi jardín, porque es un libro en flor, y al par, de mucha aromática densidad. Mejor diría de mucha ausencia y de muchas esencias. Mujer de España, madrigales a todas las mujeres de España, nada menos, topografía poética, poesía geográfica del eros y del eterno femenino español ..."

El 16 de Junio de 1961 apareció en el "Correo de Andalucía" la siguiente rotulación: "Hoy se cantan por primera vez unas preciosas coplas de Rodríguez Mateo para el baile de los Seises". El poeta -vena popular e inspiración clásica- compuso estas coplas eucarísticas para ser bailadas ante el Santísimo Sacramento en la Catedral de Sevilla; la letra se adaptó a una maravillosa melodía del maestro García Torres, y fue interpretada por la Escolanía de la Catedral, dirigida por D. Angel Urcelay.

Las letrillas, eran unas preciosas composiciones de corte ingenuo y popular y pensamiento profundo.

De Coria marchó nuestro poeta a Sevilla, viviendo veintitrés años en la calle Otumba, trasladándose después a la calle Alvar Nuñez, donde murió.

Sanlucar de Barrameda, puede decirse que fue su segundo pueblo, ya que debido a la profesión de su padre, hombre de negocios por los puertos, él le acompañaba y visitaba casi diariamente.

El amaba Sanlucar, en sus versos la llama "la marinera y a la de las tierras altas", reflejando en ellos ese amor insobornable por la zona en que desemboca el Guadalquivir.

En un artículo publicado en "ABC", titulado "Delfines sobre el Guadalquivir" habla de Sanlucar en los siguientes términos: "Sanlucar, la apacible, con su vigilante castillo: las nacaradas salinas entre los rescos almajos"; de hombre y sus frágiles barcos a la reconquista de grandezas que le fueron"; o de "Gelves la campesina, San Juan la industrial"... Vemos cómo siempre está en su imaginación, en su ser, los pueblos ribereños, los pueblos bañados por el Guadalquivir.

Al ser nombrado Hijo Predilecto de Coria del Río, el Ayuntamiento de esta Villa, colocó una lápida en su honor en la casa número 14 de la calle Colón, donde naciera. La cual reza así:

"En esta casa nació; el laureado poeta
Juan Rodríguez Mateo
el cual, para horrra de su pueblo natal
fue nombrado ACADÉMICO NUMERARIO de la
REAL SEVILLANA DE BUENAS LETRAS
y quedó; en posesión de cargos el día 17
de febrero de 1946"

La inscripción va decorada con una orla de hojas de acanto; en la parte superior, en el centro, lleva el "ex libris" del poeta, y en los ángulos inferiores los escudos de Coria y el de la Academia.
En 1959, el laureado poeta sevillano Manuel Mantero, Premio Nacional de Literatura, compuso una acertada selección de las obras de Rodríguez Mateo, con carácter definiitvo, bajo el título de "Espigas".

Amante de la zona del Guadalquivir y de las Marismas, la conocía como nadie; todo esto era su vida. Su corazón era tierno... su espíritu el de un niño...Su pueblo natal, poníalo por encima de todo. ¡Cuantas veces había dicho: "En este pedazo de tierra de la ribera nací, y aquí quisiera morir!".

No fue así, pues, murió en Sevilla el 17 de Diciembre de 1962, pero sus restos descansan en el cementerio de Coria del Río, el pueblo que le vio nacer, en un lapídeo panteón y sobre el que yace este noble epitafio nacido de la cálida pluma de Rafael Laffón

No otro mejor archivo a tu memoria
que este Guadalquivir que es, Juan, tu gloria,
que este Aljarafe insigne que es tu cielo.


Pocos días después de su muerte comunicaron de la Comisión Superior de Recompensas de la Sociedad "Ares, Ciencias y Letras de París", la concesión de un diploma y medalla VERMEEL. Galardón literario que el poeta ansiaba y no llegó a recibir personalmente.
D. Juan Rodríguez Mateo deja inédito un importante volumen de ensayos sobre el cante jondo; en él colaboraron las mejores figuras del cante grande, muchas de ellas desconocidas, y donde se demuestran sus múltiples conocimientos de una forma poco corriente entre los autores de esta materia.

Rodríguez Mateo es a expresión de Rafael Laffón: "Hombre sencillo y generoso, leal compañero, ameno conversador -lleno de gracejo finísimo de la tierra- curioso folklorista, espectador atento y benévolo de la vida, que sabe mirar con ojos perspicaces y compasivos; poeta, en fin, poeta en cuanto dice, piensa, sueña y suspira.

Pero su biografía no es todo, esto es lo accidental. Lo principal es su riqueza espiritual, su ternura, su fe, su talento y su inspiración que sostienen a lo largo de su vida a un poeta, al gran poeta que lleva dentro y que se exterioriza un día tras otro con admirable vocación.


Daniel Pineda Novo
La Poesía Popular Andaluza en el Siglo XX "Vida y Obra de D. Juan Rodríguez Mateo" (Coria del Río 1966)

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