Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

viernes, 29 de julio de 2011

633.- CARLOS FERNÁNDEZ SHAW


Carlos Fernández Shaw nace en Cádiz el 23 de septiembre de 1865. Siendo estudiante en el Instituto de Segunda Enseñanza de su ciudad natal, ya dio muestras de su espectro poético, ganando premios en concursos organizados por dicho centro docente. En 1883 publica su primer libro de versos,Poesías, y cuatro años después publicaTardes de Abril y Mayo, bajo los auspicios de Núñez de Arce. Se marcha a Madrid para estudiar Derecho, y escribe en diversos periódicos, El Correo, La Ilustración,Blanco y Negro, Nuevo Mundo. También fue redactor de La Época desde 1888 hasta que en 1899 abandona el periodismo para dedicarse exclusivamente a la labor teatral y poética, hasta 1910 en que publica su última obra.

En ese año 1910 el genial poeta gaditano padecía de una neurastenia aguda; sus nervios dislocados, no le dejaban vivir, y el 30 de mayo de 1911 se dio por muerto a consecuencia de haber ingerido un veneno activo en un rapto de locura. La noticia resultó falsa, si bien a los pocos días (7 de junio) dejó de existir en el Pardo.

Obra
Escribe la primera obra La llama errante (1892), en colaboración con Javier de Burgos y Torres Reina, con música del maestro Marques, estrenada en el Teatro de la Zarzuela. En la noche del 17 de febrero de 1894, en la que se estrenó La Verbena de la Paloma, Fernández Shaw estrenaba su arreglo del drama Severo Torrelli. Invitado por Chapí, empresario del Teatro Eslava, estrenó El cortejo de Irene, y más tarde La Chavala, La Revoltosa, Don Lucas del Cigarral, La venta de D. Quijote, Los pícaros celos... También son obras teatrales suyas El maldito dinero, La canción del náufrago, El alma del pueblo, El tirador de palomas, Los templaos, etc.

Ya en 1908 era un consumado autor dramático, y en esa fecha, según su propia confesión, tenía preparadas varias obras, entre ellas, el drama La Virgen de los Rosales, para María Guerrero, Margarita la Tornera, la ópera, con el maestro Chapí; La maja de rumbo, con el maestro Emilio Serrano; El eterno romance, en colaboración con Carlos Arniches; El canto del mosquetero; Colomba, en colaboración con López Ballesteros y música de Amadeo Vives; La Vida Breve, con Manuel de Falla, La balada de los vientos... Publicó en esa fecha su libro Poesía de la Sierra y estrenó la comedia El hombre feliz en el Coliseo Imperial.

En 1910 publica su libro Poesías del Mar que mereció calurosos elogios de la crítica, y como se proyectara con este motivo un homenaje en Cádiz al ilustre paisano, éste declinó tal honor, ya que Cádiz no lo alentó y se quejaba amargamente de la indiferencia de sus paisanos.

Son también obras del autor gaditano La tragedia del beso, La romancera, La sombra del Rey galán o El Alcalde Cantarranas, Los ojos garzos, La voz de la tierra (en colaboración con Asensio Mas), Los dos clavos, Las Bravías...

Homenajes
El poeta gaditano Eduardo de Ory pidió un homenaje para su paisano Fernández Shaw; y Vázquez de Sola, desde Granada pedía que se coronase a Fernández Shaw, como se hizo con Zorrilla, a quien tanto aquél admiraba y que se pusiese su nombre a una calle de Cádiz.

En el homenaje que el Ateneo de Madrid rindió a su memoria el 31 de enero de 1912, su hijo Guillermo, autor de Doña Francisquita, La rosa del azafrán, Luisa Fernanda, La tabernera del puerto, etc., leyó un romance suyo dedicado a la memoria de su padre.

En la lápida de la sepultura de Carlos Fernández Shaw , en el cementerio de Nuestra Señora de la Almudena (Madrid), se grabaron, cumpliendo sus deseos, los siguientes versos:

“Cuando sueño con la Muerte
sueño también con mi tumba;
tumba de piedra sencilla,
donde me busque la luna...”







“Esta es la grande tierra de nobles
la de las hondas e intensas calmas;
de los espíritus como los robles,
y de los cuerpos como las almas."





BEATI POSSIDENTES

Cuando era joven, y me embriagaba
con ilusiones de que hoy me río,
soñé ser dueño de grandes tierras...
¡Ya tengo un trozo de tierra mío!

Luego la vida, que enseña tanto,
calmó del todo mi desvarío,
mas no el cariño perdí a la tierra...
¡Y hoy tengo un trozo de tierra mío!

Pero: ¡ay! que el trozo de tierra ingrata,
al pie de un bajo ciprés, sombrío,
¡es el que llena la sepultura
donde enterraron al hijo mío!

Con él descansan todos mis sueños
de amor, de gloria, de poderío...
y ante los cielos y ante los hombres,
¡aquel pedazo de tierra es mío!





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