Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

jueves, 11 de julio de 2013

1739.- MANUEL FERNÁNDEZ VACA


MANUEL FERNÁNDEZ VACA
Manuel Fernández Vaca nace en Puerto Real, CÁDIZ en 1943.
Profesor de EGB durante más de 40 años, ha ejercido su profesión en gran cantidad de municipios andaluces desde Puerto Real hasta Morón de la Frontera, siendo un auténtico nómada como dice Juan Alarcón.
Poeta comprometido con su tierra, Andalucía, ha dejado su huella por donde ha caminado.
Autor de varios poemarios del que destacaría por su importancia, arrojo y compromiso “Apuntes para una Andalusomaquia”.





EN LA ESTACIÓN DE LINARES    

En la Estación de Linares-
Baeza, un árbol de lágrimas
Carga hacia Despeñaperros
Ciento veinte caravanas

Van arrastrando los trenes
Vagones de carne humana
Que deja en el aire un vaho
De tristes bestias de carga.

Tirados por los andenes
Frente al baúl y la manta,
Los emigrantes del Sur
En silencio se emborrachan

Se han dejado el corazón
En un cajón de sus casas
Para aligerar el peso
De sus maletas amargas.

Por la ventanilla arrojan
A escupitajos el alma
Y se muerden las encías
Con dientes de antigua rabia.

¡Adanes de Andalucía,
Ganado de trashumancia,
Siempre en busca de otros amos
Que ordeñen con menos saña!

¿Adonde irán esos pies
Desarraigados, sin savia?
¿Qué gigantes los esperan
Para carbón de sus máquinas?

El señor de este paisaje
Duerme preso en sus entrañas.
¡Reyes con brazos de esclavo!
¡Dioses con hombros de parias!

En la Estación de Linares-
Baeza, se desparrama
Un llanto de ciento veinte
Aceitunas como lágrimas…








De edad humano

Se hace bello el dolor
para que sea el Hombre;
bello el silencio
y la lágrima blanca en la mejilla;
la flor abierta a fuerza de llanto contenido
y el cotidiano amor
y el pan
y el agua.

Se hace hermosa la herida
y la salvaje sangre
de la amapola nueva
para que sea el hOmbre;
el mar, más rizo azul,
más blanca espuma
para la débil balsa
del naufragio.

“Todo
deja sentir un algo de perfume”,
un algo de gorjeo luminoso
para que sea el homBre.

Se hace música el llanto
y resplandor las húmedas pupilas.
Las  alas rotas del ruiseñor herido
se hacen hermosas
para que sea el hombrE.

La triste nieve de los enfermos rostros
se confunde en el nácar,
y en el albo jazmín,
y en la inmácula nube.

La espiga atarazada en el molino
adopta la hermosura de lo blanco
para que sea el Hombre.

Y cada sombra extiende
sobre la hierba virgen
bellas manchas violetas,
rastros de luz,
para que el llanto sepa a dulce vino,
para que sea hermoso el sufrimiento,
para que sea el homBre.




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