Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

martes, 1 de noviembre de 2011

893.- DÁMASO CHICHARRO DUARTE

Dámaso Chicharro en una sesión del IEG, primero por la izquierda
(Fotografía de F. J. Cano)





Dámaso Chicharro Duarte nació en Baeza (Jaén) en 1950 y falleció en plena madurez vital y creadora en Málaga, ciudad en la que ejerció como profesor en el IES Sierra Bermeja y en la que dirigió Tediria, una reconocida colección de poesía.





II. Intermezzo

he aquí que los almendros
acaban
de florecer,
que, lentamente, como un rito,
la apacible primavera se nos acerca
con lluvia y barro
y milenarias
alegrías felices,
como un rito procreador
he aquí que la luz crece,
como los arroyos de nieve
que inundan el Río Grande
de esperanza
hacia el mar
oh si supierais que el mar es amarillo

(Lugar amable, colección Tediria, Málaga, 1995)








POEMA SIN TÍTULO

Para mis primos Dámaso y Elia

El rimmel de tus ojos cae sobre la tarde
anaranjadamente alegre. Silba el sol
despacio, recorriendo montañas, abandonando
el campo a la incógnita nocturna.
Tú estás triste, pero la tarde es bella,
y lloras, contrastando las manchas
de tus ojos con el mundo sereno de un instante.
Tu pena, honda como el mar, leve presagio
de tormenta, o cielo enfurecido
en oquedades ensimismadas.
Desea tu alma la noche, ignora el milagro
de rosas en la muerte, y el odio
a la luz se pronuncia en espacios negros,
residuos de un río manifestado, a veces,
a sombras del sueño indeseado.
Por eso es triste la tarde, en el campo armonioso,
el fuerte deseo de huir de las rocas.
Desconociendo a las gentes, al mar encendido,
al perpetuo tormento de cadenas hirientes,
ojos voraces, odiados, acusando siempre
el rimmel corrido, la débil presencia de una sombra vagando.

El poema reproducido apareció en la revista Foro de Papel.






TENIENDO A LA AMADA


"Amor" (Javier Clavo, 1970, 90x65)


TENIENDO A LA AMADA


Y tu cuerpo de seda bajo el mío,
hermética opresión de los dos brazos,
apretando mi espalda con tus lazos
más fuertes cada instante, con más brío

en la entrega al amor sin desvarío:
asentado mi pecho en tus ribazos,
cayéndose las luces en pedazos,
buscando la llegada de mi río.

Tus muslos cabalgando en la montaña,
caderas a galope, con más vida
cada vuelta, ciñéndonos con saña,

con más ritmo. Tu voz débil, vencida
cuando ya el mar tu carne roja baña,
enmudece, quedándote dormida.




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