Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

jueves, 24 de noviembre de 2011

1040.- JOSÉ MARÍA PEMÁN



José María Pemán y Pemartín 

(Cádiz, 8 de mayo de 1897 – ídem, 19 de julio de 1981) fue un activista monárquico, poeta, dramaturgo, escritor, articulista y orador español que se significó por su su conservadurismo católico y por su apoyo político a la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (marqués de Estella), al golpe de Estado militar (1936) contra la II República, al Régimen dictatorial subsiguiente.

Junto con su hermano César, procedía de una familia de la buena sociedad de Cádiz. Su padre fue el abogado en ejercicio y diputado conservador gaditano Juan Gualberto Pemán y Maestre, perteneciente a la familia política de la Restauración, y su madre María Pemartín y Carrera Laborde Aramburu, de entronque jerezano.

En la fachada de la casa en que nació en Cádiz (calle Isabel La Católica nº 12) existe una gran lápida, con una figura alegórica con la estética de la época, y su busto en bajorrelieve en bronce, obra del escultor Juan Luis Vassallo.

Estudió el bachillerato en el colegio del Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz (marianistas). A Sevilla irá a estudiar Derecho, carrera necesaria para todo joven con aspiraciones, doctorándose en Madrid con la tesis Ensayo sobre las ideas filosófico-jurídicas de La República de Platón. Esta es la única referencia curricular conocida en su formación intelectual. Durante dos años trabajó como penalista pero, como auténtico humanista y ciudadano libre, su habitus social le permitió decidir por sí mismo qué hacer, cómo y cuándo, sin obedecer más que a las leyes civiles.
Protegido de la necesidad, dispuso del tiempo suficiente para leer, escribir, meditar o curiosear en la cosa pública.


No voy de la gloria en pos,
ni torpe ambición me afana,
y al nacer cada mañana,
solo le pido a Dios:
casa limpia en que albergar,
pan tierno para comer,
un libro para leer,
y un Cristo para rezar...

("De la vida sencilla")



Socio desde muy joven del clasista Casino Gaditano y del Ateneo, huyó de la bohemia, de la Residencia de Estudiantes y de círculos librepensadores. La formación literaria de Pemán fue de un riguroso clasicismo español y grecolatino. Hacia 1920 entra en contacto con el modernismo tardío gaditano y, más tarde, con la poesía de Gabriel y Galán (1870-1905) y la poesía castellana. Su primer poema conocido es el Nocturno a Margarita, escrito a los 14 años:



"Sé que no me entiendes todavía,
pero te juro que llegará el día en que me entenderás.
Basta por hoy decirte que querer no es la paz
de estos lazos nocturnos de palabras de miel,
quererse, Margarita, es una cuestión
mucho más triste y mucho más cruel".


Su inicio literario fueron las justas poéticas belle époque (juegos florales). Obtuvo el primer premio en su ciudad natal, cantando en su centenario al beato fray Diego José de Cádiz. En los Juegos Florales de Sanlúcar de Barrameda (agosto de 1922) en los que fue mantenedor el patriarca del periodismo José Ortega Munilla, obtuvo la «flor natural» con una composición titulada El Viático, que se hizo muy famosa y con lo que comenzaría su carrera de escritor. Por estos méritos, a los 23 años fue elegido académico de número de la Real Academia Hispano Americana de Cádiz, en la que leyó un discurso de ingreso sobre La poesía hispano-americana. Escribió obras de tema costumbrista andaluz (De la vida sencilla, 1923; Nuevas poesías, 1925; A la rueda, rueda, 1929; En el barrio de Santa Cruz, 1931, y otras muchas). Desde muy joven adquirió la gentil costumbre de enviar ejemplares dedicados de sus libros recién publicados a personalidades que podían ayudarlo. De esta manera conoció a Ángel Herrera Oria, que le permitió escribir en El Debate.

Heredó una "finca de recreo" con viñedo en Jerez de la Frontera adonde se retiraba a escribir. A los veintisiete años contrajo matrimonio con María del Carmen Domecq Rivero Núñez de Villavicencio y González, de familia prócer jerezana. Se conocieron, ella a lomos de un caballo blanco y él a la grupa de un corcel «torcido y maltrecho». Era un mozo gallardo, guapo, bien plantado, que llevaba una vida intensa y que tendría muchos hijos.


Pero volvamos al caso.
Móntate a la grupa mía.
No hay en toda Andalucía
caballo de mejor paso
ni de andar más señoril.
Vamos a echarle un vistazo,
niña, a la Feria de Abril...


Pemán y la ciudad de Cádiz estuvieron siempre muy unidos. Inventó el personaje de La Piconera. Piropeaba a Cádiz llamándola «Señorita del mar, novia del aire o ciudad de la gracia, la razón y la medida». Sin embargo nunca abandonó el toque solariego jerezano.

La Dictadura

En tanto que intelectual católico-escolástico Pemán amaba la «buena sociedad antigua», simbolizada por el ideal de la «buena Iglesia antigua» y el «buen rey antiguo». Su ideario podía sintetizarse en su frase:
«La gran lección de España fue quedarse sentada sobre las piedras y las tumbas y estarse allí a solas con Dios».

De acuerdo con la marcha de los tiempos, el joven recién doctorado en las ideas de Platón y Menéndez Pelayo fue derivando de manera natural hacia unos parámetros de clase de la derecha más radical, nacionalista, autoritaria y corporativista.

No se consideraba a sí mismo un político pero, aun expresándose, como solía, en el versátil "lenguaje del alma", prestó un apoyo ideológico importante al regeneracionismo de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1929). Pemán creía que la Unión Patriótica (UP) era una fachada democrática necesaria para que la dictadura monárquica no se convirtiera en despotismo. Fue nombrado secretario de la Asamblea Nacional Consultiva primorriverista por el dictador jerezano (y pariente) y, un poco antes, en julio de 1927, presidente en Cádiz de UP con lo que se convirtió en uno de los principales poderes fácticos de la región.

Desde su cargo Pemán fue uno de los máximos responsables de que el viejo cacicazgo persistiese. En este sentido, tras ser obligado a dimitir de UP el cacique gaditano Luciano Bueno Sáenz, recomendó a Ramón de Carranza y Fernández de la Reguera (marqués de Villapesadilla) para su designación como alcalde (no electo) de Cádiz en 1927.

Con un escapismo muy andaluz, a Pemán le gustaba aclarar que él no era político y, por ende, no actuaba en nombre de algún partido.

«Yo hablo —decía Pemán— en nombre de toda la profundidad de la conciencia de España, que queda más allá de todos los partidos, de todos los distritos. Yo hablo en nombre del viento que entra y sale, como por los ojos vacíos de una calavera, por los huecos de los paredones de los conventos derruidos y las iglesias quemadas, y hablo en nombre del silencio tradicional de la madrugada del Viernes Santo de Sevilla; yo hablo en nombre de las escuelas sin cruces, de los cementerios sin capilla, de las verdades profundas de nuestra tradición».

Hacia el final de la Dictadura el asambleísta de UP era ya un personaje público consolidado que aparecía con mucha frecuencia en la prensa nacional. La devoción de Pemán por la Monarquía y Alfonso XIII se acrecentó aún más cuando Palacio tuvo la condescendencia de nombrarlo


Cruz de San Jorge de Montesa que utilizaba Pemán como membrete en su correspondencia más exclusiva.

Gentilhombre de cámara con ejercicio a propuesta de la Real Academia Hispano Americana de Cádiz. Con el advenimiento de la Segunda República Española, el 14 de abril de 1931, dicho cargo fue suprimido. Había en aquel momento 520 Gentilhombres de Cámara con ejercicio en activo . Pemán nunca más se refirió a este cargo honorífico . Por la misma época fue armado caballero y tomó el hábito de la Orden de Montesa en la iglesia de la Concepción Real de Calatrava . Más tarde, envió al rey un libro suyo dedicado que despertó la curiosidad del monarca.

En su declive parece que el dictador Primo de Rivera le había ofrecido los cargos políticos de director general de lo Contencioso, de Bellas Artes y el Ministerio de Instrucción Pública. Ofertas estas en las que intuitivamente Pemán se mostró elusivo.

El pululante Pemán

A la caída de Primo de Rivera Pemán se mostró enormemente inquieto por su futuro político. Desde el periódico local gaditano La Información había defendido su paradigma ideológico antiliberal y antiigualitario, construído sobre el tetralema «Familia, Patria, Religión y Monarquía».

Posteriormente empezó a cultivar el periodismo político a mayor escala, escribiendo primero en El Debate y luego en el Abc de Madrid. En 1932 se incorpora al partido derechista gaditano Acción Ciudadana (AC).

Emerge en la escena política esta vez como un combativo mitinero antirrepublicano, monárquico y ultraconservador. El filósofo José Ortega y Gasset lo llegó a calificar como "ese pululante señor Pemán". Y es que en Pemán (como escribiera más tarde su amigo José María de Areilza y de Rodas, conde de Motrico) concurrían las tres condiciones que Cicerón exigía al orador romano: «que instruya, encante y conmueva al auditorio». Por aquellos días su espíritu se encontraba inmerso en lo que Polanyi llamaba «una situación fascista» donde realmente no había manera de saber si un discurso político, una obra de teatro, un sermón, un desfile, una metafísica, una corriente artística, un poema o el programa de un partido eran fascistas o no.

En 1933 arrebata la presidencia del Ateneo Gaditano al alcalde Enrique Álvarez López, de Izquierda Republicana tras reñidísimo escrutinio. Colaboró en la revista reaccionaria Acción Española, fundada por la aristocracia bajo la advocación de la Cruz de Santiago y auténtico vivero de ideólogos activos y conceptivos.

En enero de 1933 funda con otros Renovación Española, un partido político integrista defensor de la restauración de Alfonso XIII (del que sería líder José Calvo Sotelo), con apoyos importantes entre la aristocracia y el caciquismo rural.

Se interesó por el mecanismo parlamentario democrático presentándose a diputado por Badajoz (1931) y por Cádiz (1933), obteniendo escaño en la segunda oportunidad como monárquico independiente. Un experto orador como Ramón Serrano Suñer dice en sus Memorias a propósito de la oratoria de Pemán:

“La oratoria de Pemán era fluida, metafórica, brillante y fácil de entender, con la que alcanzó éxito extraordinario como conferenciante. Hablando daba la ilusión de una gran facilidad improvisadora, lo que no correspondía a la realidad, pues, en su misma fluidez sin vacilaciones, se delataba el texto antes escrito y memorizado".

Otra cosa era la improvisación parlamentaria:

"La distancia entre la oratoria de tribuna o escenario y la oratoria parlamentaria es muy grande. La primera es un monólogo libre que funciona bien cuando se tienen en cuenta las inclinaciones del auditorio, casi siempre adicto. La segunda ha de plegarse rigurosamente a un tema dado; se produce de cara al opositor y con frecuencia debe, al menos en parte, improvisarse. Exige, pues, densidad en la preparación, rigor de conocimientos concretos y flexible prontitud para acomodar la expresión al momento”.

Tras el fracaso de La Sanjurjada estuvo algunos días alojado en Gibraltar y al respecto escribió unos "Salmos a los mártires del 10 de agosto".

A finales de 1935 aparecieron sus famosas «Cartas a un escéptico en materia de formas de gobierno» en las que reprueba tanto a la monarquía liberal y parlamentaria como al accidentalismo que propugnaba la CEDA. Las circunstancias habían llevado a Pemán durante la República al neotradicionalismo radical: rechazaba la concepción liberal de la monarquía por otra inspirada en una supuesta tradición nacional paternalista-medieval-orgánica, fundamento de un estado pretendidamente nuevo, católico y corporativo.

Como otros intelectuales de Acción Española, estuvo influenciado ideológicamente por Menéndez Pelayo, y entre los europeos por Vilfredo Pareto, Pierre Drieu La Rochelle, Jacques Maritain, Nikolái Berdiáyev y por el monarquismo protofascista europeo de Charles Maurras y de Sir Charles Petrie.

Participación política

Actividad parlamentaria

Dictadura de Primo de Rivera. Elecciones del 12 de septiembre de 1927 por Cádiz para Representantes de las Organizaciones provinciales de Unión Patriótica. Legislaturas: 1927–1928 y 1928–1929.

Cortes de la República. Elecciones del 19 de noviembre de 1933 por Cádiz. Independiente. Legislatura: 1933–1935.

Cortes españolas franquistas. Elecciones del 16 de marzo de 1943. Instituciones culturales. Legislatura: 1943–1946.

Partidos políticos sucesivos
Unión Patriótica .
Unión Monárquica Nacional
Acción ciudadana
Renovación española
FET y de las JONS.
Movimiento Nacional.

Los años de plomo: la persuasión

Pemán había contenido su cólera hasta la muerte violenta de Calvo Sotelo: "España tiene desde ayer un mártir [...] . De esto no hay nada que decir. ¡Hay mucho que hacer !. ¡Y por Dios y por Santiago que se hará! ".

Sobrevenido poco después el golpe militar de julio de 1936 Pemán, que se encontraba en el campo, se puso desde un primer momento a las órdenes del comandante rebelde marqués de Casa Arizón, en Jerez de la Frontera.
«La oficialidad y tropa del cuartel y del Depósito de Recría y Monta, falangistas, carlistas y elementos derechistas de la ciudad salían desde el cuartel en automóviles y camiones aplicando de forma efectiva las órdenes del comandante Arizón: ocupación del Ayuntamiento y de las instalaciones de Radio Jerez, despliegue de patrullas civiles y militares por las calles de Jerez, control de los accesos a la población y declaración del Estado de Guerra en toda la ciudad».

Joaquín Arrarás narra aquellos momentos:

"[...] acudiendo al cuartel de [lanceros de] Villaviciosa para unirse a los demás voluntarios de las diferentes facciones que se estaban concentrando allí atendiendo la llamada del Comandante Arizón, y en donde reinaba el buen humor, característico de esa ciudad, donde el nivel de la vida y el aire de la raza, por una admirable mezcla anglo-andaluza, producida por el negocio de vinos, tiene una distinción inconfundible. Se brindaba con el vino de la tierra y se hacía frente al momento difícil con una serenidad sonriente y deportiva. Entraban y salían falangistas, requetés, comerciantes, labradores, aristócratas... Salían a relucir las buenas escopetas de caza y los rifles de montería*. A cada hora aumentaba el improvisado ejército. Allí, entre otros, acudió de una finca de campo cercana, el poeta José María Pemán, que en seguida inició por el micrófono jerezano su serie de proclamas y arengas guerreras...".37 [*Las balas de estas armas de coleccionista fueron identificadas muchos años después en los cadáveres desenterrados de las fosas, delatando la clase social de sus asesinos N. del E.].

Desde el inicio de la Guerra Civil española Pemán fue consecuente con sus ideas y se comprometió apasionadamente con los golpistas, como tantos otros autores reconocidos (Unamuno, Marquina, Benavente, Azorín, Baroja, Manuel Machado, Gerardo Diego, Pérez de Ayala, etc.). Los intelectuales tenían una forma especial de luchar: usando su prestigio en la propaganda persuasiva se dirigían a la mente y al corazón de la gente, manipulando sus emociones e ideologizando sus conciencias . Como propagandista, se cree que el numen brillante de Pemán inspiró las dos joyas semánticas del bando sublevado: Cruzada y Movimiento Nacional. Desde un principio Pemán adquirió el sobrenombre de «Poeta alférez, que siente, canta y vive la nueva Epopeya Nacional».

"José María Pemán, meridional en toda la acepción de la palabra, orador caudaloso, catarata lírica, que no se sabe cuándo habla prosas o devanea versos, pues todo lo que dice lo declama y todo sale de su númen con la arquitectura de la estrofa".

Existen pocas evidencias historiográficas sobre los pasos de Pemán en aquellos brutales días de represión "en caliente". Se sabe que el mismo 24 de julio de 1936, emulando al general-locutor Gonzalo Queipo de Llano, desde las ondas de Radio Jerez arengó:

«La idea de turno o juego político, ha sido sustituida para siempre, por la idea de exterminio y expulsión, única salida válida frente a un enemigo que está haciendo de España un destrozo como jamás en la historia nos lo causó ninguna nación extranjera ».

Desde la radio impartía doctrina fascista a los obreros de Jerez de la Frontera en sus alocuciones radiadas: «Obreros que me escucháis en cualquier parte: vamos a hablar un momento con el corazón en la mano [...]. Yo creo que estáis sentados frente a frente de mí a esta mesa. ¿Qué tomamos? [...]. Para salvaros de todo esto ha venido el Movimiento Nacional que, por serlo, es movimiento popular, ni de izquierdas ni de derechas, porque quiere que ambos se unan al Movimiento y le sostengan. Hay que unir estos dos frentes, lo nacional y lo social para obtener el equilibrio».

Apologeta católico del orden y del caudillaje, el calvosotelista Pemán se definiría como un falangista: «mitad poeta, mitad monje». Convertido en ideólogo de la nueva situación, estaba convencido de que la guerra era «el choque de dos entusiasmos». Se haría acreedor a la victoria el que mejor canalizara el entusiasmo de su bando. Se convirtió enseguida en el bardo de lo que se vino en llamar el Alzamiento Nacional y en el fomentador de entusiasmos de la zona sublevada a través de su encendido verbo (“príncipe de la elocuencia castellana” que causaba admiración por el “galope desbocado de su bélico potro verbal”), su poesía de guerra o su prosa soberbia.

Como ejemplo sorprendente de su plasticidad literaria, citamos el Romancero carlista (serie de poemas que Pemán publicó en un álbum con el título de Por Dios, por la patria y el rey, con ilustraciones de Carlos Sáenz de Tejada), a pesar de su proclamada militancia monárquica alfonsina.

Pemán y los poetas de su bando querían "movilizar" para las armas también a la Poesía mediante un lenguaje español del alma o supranaturalista: una mezcla confusa de abstracciones metafísicas (del Ser Absoluto, del Espíritu, de Fe, de Valores Eternos, de Nuevo Renacimiento, etc.), de sinécdoques y de elaboraciones semánticas (tradicionalidad, destino divinal, cielo teológico etc.) incrustadas en una matriz épica violenta vagamente excitante. Formaban una plana mayor de entusiastas poetas de guerra, radicada en Burgos y dispuestos para acudir allí donde fueran requeridos por el mando: Luis Rosales, Agustín de Foxá (conde de Foxá y marqués de Armendáriz), José Mª Pemán, Manuel Machado, Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco y otros.

¿Qué pensaba el idealista Pemán de su poesía?. Acusado de cultivar una poesía «impura» por su carga folclórica, política o religiosa, él la calificaba de pura y "objetiva". No era moderna, como la que hacían sus coetáneos de la Generación del 27. Abusaba del romance y empleaba una métrica clásica y tradicional "porque el pueblo es también eternamente clásico". Tenía un propósito: neutralizar a los falsos intelectuales, desmontar el torvo empeño laico de la República y construir la España del futuro, mirando hacia atrás. Pero la metafísica poco podía frente a la inmanencia:
"Los hombres de estudio hemos de reconocer humildemente que no hay poema ni artículo como éste que el Ejército está escribiendo, con toscos renglones de sangre, sobre el cuerpo de la Patria".

Pemán fue un entusiasta reportero de guerra destacando junto a El Tebib Arrumi (Víctor Ruiz Albéniz) y al que después fuera famoso locutor de radio, el chileno Bobby Deglané. Instalóse a las puertas mismas de Madrid cuando parecía inminente la entrega de la capital a las tropas rebeldes. Por orden del Generalísimo iba en el mismo coche del coronel Eduardo Losas Camaña, el primer jefe que se aventuró a entrar. Tras la entrega se dirigió una vez más por Unión Radio a los madrileños tras los coroneles Losas Camaña (que se había convertido en alcalde) y Joaquín Ríos Capapé:

«Españoles, madrileños, hermanos todos que me escucháis. Ante mis labios temblorosos por la emoción más grande que he sentido en toda mi vida, tengo un micrófono envilecido durante años por la calumnia y por la mentira. Pero me bastará gritar ¡Viva España! y ¡Arriba España! [...] Españoles todos: Hoy ha entrado en Madrid, por encima de todo, el Caudillo, el caudillo Franco, el Caudillo del corazón grande, de la justicia, de la misericordia [...]».

Segun Pemán, aquellos primeros tres o cuatro días en el Madrid redento se vivieron "de Jauja y Arcadia" a cargo de la intendencia militar. Su encendida narración de la entrada en Madrid de las Fuerzas Nacionales la recogió en tres artículos que se publicaron en una cadena de diarios de España y América y fueron luego reunidos en un folleto titulado Historia de tres días.

Responsabilidades políticas

Con categoría de ministro, fue nombrado por Franco presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado (1–10–1936/29–1–1938) ayudado por el pediatra Enrique Suñer Ordóñez como vicepresidente y por el auditor de guerra Eugenio Vegas Latapie como secretario. Tan pronto estos cruzados asumieron su papel de inquisidores, adoptaron con toda fidelidad los principios antiintelectualistas del integrismo católico, en contra de los principios republicanos, laicos y modernos, representados por la Institución Libre de Enseñanza. Pemán desempeñó un papel destacado en la definición y eliminación de lo que consideraron la «Anti-España». Se empezó por la depuración del personal funcionarial docente:

“El carácter de la depuración que hoy se persigue no es sólo punitivo, sino también preventivo. Es necesario garantizar a los españoles, que con las armas en la mano y sin regateos de sacrificios y sangre salvan la causa de la civilización, que no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar a los envenenadores del alma popular, primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo y han sembrado de duelo la mayoría de los hogares honrados de España… Los individuos que integran esas hordas revolucionarias (del Frente Popular), cuyos desmanes tanto espanto causan, son sencillamente los hijos espirituales de catedráticos y profesores que, a través de instituciones como la llamada «Libre de Enseñanza», forjaron generaciones incrédulas y anárquicas”.

En palabras del Caudillo a los maestros: «Tras la maravillosa creación de Pemán, ensalzando la Patria y la Religión, sólo cabe una palabra: Amén, y así será». Aunque Pemán se autoexculpara 17 años más tarde, la actuación de este equipo (monárquicos del grupo de Acción Española) fue sumamente eficaz: entre 15.000 y 16.000 sancionados, de los que 6.000 maestros fueron separados definitivamente de la enseñanza, 3.000 fueron suspendidos de empleo y sueldo y alrededor de 6.000 perdieron su plaza al ser trasladados forzosamente de su localidad. Se puede estimar que, aproximadamente, un tercio de los catedráticos de Universidad fueron represaliados. Los libros en general fueron clasificados como buenos o malos y éstos expurgados. La enseñanza de la Historia como vía de transmisión de valores fue uno de los pilares de la escuela del franquismo, y precisamente, motivo de exilio de muchos maestros. Aunque tuvo el pudor de no optar a ninguna cátedra universitaria, en 1942 Pemán fue presidente del tribunal de oposiciones a catedráticos de Instituto de Historia de España e incluso había hecho sus pinitos como historiador con un texto oficial para las escuelas públicas de la nación. La educación fascista ocupó su debido lugar.

Devenido presidente del grupo Acción Española, Pemán dio su conformidad con los términos del Decreto de Unificación. Sus socios monárquicos ingresaron colectivamente en el nuevo conglomerado por invitación expresa de Franco (tuvieron, por tanto, la misma condición de “militantes” que los de la Comunión Tradicionalista y Falange), pues, según Pemán, tal fusión no era otra cosa que “un reflejo de lo que moral y espiritualmente venía realizándose desde hace cinco años en las páginas de su revista y en los actos culturales de su Sociedad, donde en la formación de unos unánimes pensamientos contrarrevolucionarios colaboraban siempre juntos los hombres de todas las tendencias que ahora se juntan y se estrechan”. En octubre de 1937 Franco creó el Consejo Nacional de FET y de las JONS. La lista de los cincuenta consejeros comienza por Pilar Primo de Rivera (condesa del Castillo de la Mota), Tomás Domínguez Arévalo (conde de Rodezno), el general Gonzalo Queipo de Llano (marqués de Queipo de Llano) y José María Pemán.

Considerado por todos como «el ingenio del Régimen», el fino andaluz que era Pemán aparentaba, sin descuidar su producción literaria, desenvolverse como un esteta despistado o aturdido, perplejo ante los entusiasmos que despertaba y arrastrado, malgré lui, por la vorágine política que asumió. En toda la zona Nacional proliferaron asociaciones pemanistas compuestas sobre todo por damas de la buena sociedad que acudían a sus estrenos. De esta época es el curioso poema que Julio Rodríguez Puértola califica como de «señoritismo andaluz vitivinícola». Se trata de una letrilla con la que Pemán celebraba la toma de Bilbao y la liberación de su amigo jerezano Tomás Domecq, publicada in extenso en ABC de Sevilla.



¿ No sabes lo que ha pasao?
No sé nada;
Pues escucha, que ha llegao
de Bilbao
el señorito Tomás
¡Qué alegría!
Tú dirás...
Es que Bilbao y Jerez
¡ya se vuelven a encontrá!
¡Ya está lograda la hazaña!
que nos vuelve a la unidá!
Y se abrazan otra vé
la boina del Requeté
y la guitarra con moña
y la Virgen de Begoña
besa a la de la Mercé.
¿Y don Tomás? ¿Muy nervioso?
¿Cómo nervioso?
¡Al revé!
Muy sereno y con hombría
Ya lo dice el ABC
casi toítos los días
«Pa calidad, Domecq»



Nunca luchó en los frentes. Nombrado Alférez Provisional Honorífico, lo que más gustó a Pemán durante esta época fue el turismo de guerra de pompa y circunstancia: recorrer los frentes y pronunciar discursos, visitar a los generales en sus puestos de mando, pasearse con uniforme militar o de Falange por las ciudades de la retaguardia, deleitar dando conferencias o alternar en los hospitales con heridos y enfermeras.

En mayo de 1938 viajó a Roma junto a Millán Astray. A su vuelta, ahíto de emoción, en el mismo barco escribió un artículo titulado "Esto os traigo de la Fuente misma...

"El Duce, Benito Mussolini, nos hizo el altísimo honor a la misión de Franco, de invitarnos a presidir, con él, la fiesta de la Levo fascista. [...] Yo, con mis ojos ilusionados de poeta, el general con su ojo único de héroe devorábamos, nos bebíamos materialmente aquella figura que lleva en sí el secreto del Destino..."

Más tarde describirá al personaje:

"Un César, claro y semidivino,
con un cráneo redondo como un casco de acero
y un labio prominente que arremete al Destino".

En palabras de Carmen, su mujer, durante la guerra, en un año, y en repetidas permanencias, sólo estuvo dos meses en casa. Según él mismo declarará más tarde en su «Confesión General»: «...y yo creí entender cuál tenía que ser mi parte de esclavitud y de responsabilidad. Había pasado la hora de las crónicas ligeras y de los romances cortos. Yo creí entender que había llegado la hora de intentar un poema épico…».

El poema de la Bestia y el Ángel

En 1938 publicó en Zaragoza su monumental Poema de la Bestia y el Ángel. La redacción de este largo poema, lleno de alegorías, le llevó un año entero. En la introducción el autor se compara a sí mismo con Cellini y Goethe. El Poema de la Bestia y el Ángel llegó a ser considerado como el paradigma épico de la Nueva España y de la Cruzada. Pemán se eleva a la literatura apocalíptica. En el primer canto hay una "Visión del octavo candelero" en el que la Iglesia española (el octavo candelero) estaba en peligro de extinción. Intentaba plasmar la idea de que el Padre Eterno miraba con especial complacencia las cosas de España.


"Cuando hay que consumar
la maravilla
e alguna nueva hazaña
Dios estaba en un trono
y los ángeles que están junto a su silla
miran a Dios... y piensan en España".


Pemán desarrolla su providencialismo histórico: la Bestia, simbolizada por un auto blindado, pelea con el Ángel, un joven soldado, analfabeto, aragonés y cristiano de 16 años. La Bestia muere.

Por aquellos días un literato, entonces joven, escribió de Pemán lo que sigue: «No creo que poeta contemporáneo alguno haya visto más diáfanamente el ser y el sentir de la poesía». Un historiador católico, que se sabía de memoria el poema, no acertaba a explicarse a posteriori el por qué "los rojos" jamás citan a Pemán ni mucho menos su poema.

Pemán colaboró también con los departamentos de propaganda de Falange en cuantas ocasiones fue requerida su pluma. A propósito de las cocinas de Auxilio Social escribió en octubre de 1939 esta frase cruel:

[...] ésta es generosa guerra al revés, en la que son los conquistados los que reciben el botín.

Aunque no destacó como orador parlamentario, Pemán pronunció centenares de brillantes discursos políticos, académicos, panegíricos y de circunstancias. Como ejemplo de los excesos de entusiasmo suscitados por su oratoria se cita el incidente del 12 de octubre de 1936 cuando se conmemoraba en el paraninfo de la Universidad de Salamanca el Día de la Raza. Pemán asistió expresamente invitado por el Rector Miguel de Unamuno, cuyo Claustro un mes antes había suscrito un ardoroso "Mensaje a las Academias y Universidades del mundo acerca de la Guerra Civil española" donde se justificaba el alzamiento y se condenaba a la República, solicitando solidaridad y apoyo internacionales. Comenzó a hablar el Decano José María Ramos Loscertales seguido del dominico Vicente Beltrán de Heredia, catedrático que sería de Ciencia (sic) Escolástica, y fue seguido por Pemán, que leyó un texto de exaltación de la juventud española, con pronunciamientos en torno a su tesis favorita de los españoles como pueblo de Dios y la impactante apelación a «España y siempre España y nada más que España». Le siguió el profesor Francisco Maldonado de Guevara en el mismo estilo. Ambos desarrollaron sus vibrantes «oraciones universitarias de Hispanidad» en las que, como reconoció Pemán, existió un exceso de vehemencia. Fue a continuación cuando inopinadamente Unamuno se levantó y pronunció sus célebres airadas palabras donde al «Venceréis pero no convenceréis, venceréis porque tenéis la fuerza pero no convenceréis porque os falta la razón» del rector de la Universidad replicó el tuerto y manco general Millán Astray, por entonces en la propaganda de Franco, con un «¡Mueran los intelectuales!». Según la versión posterior de Pemán, Millán realmente dijo «¡Mueran los falsos intelectuales traidores, señores!».

Hugh Thomas cita que al final de otro discurso en Sevilla Pemán llamó a Gonzalo Queipo de Llano «la segunda Giralda». En su afán propagandístico comprometió el carisma del pusilánime músico gaditano Manuel de Falla, quien se avino a adaptar el "Canto de los Almogávares", de Los Pirineos de Felipe Pedrell, a su "Poema de la Guerra" como un Himno Marcial (para voz, piano y tambor) dedicado al ejército del generalísimo Franco.

Poco reconocido en el extranjero, en el lado republicano no dejaron de cuestionar el estro poético de Pemán:


Poeta del engaño y la mentira,
que conduces un burro por pegaso,
tus versos atormentan el Parnaso
y destrozan las cuerdas de la lira.
Al pasado tu númen se retira
y canta la barbarie y el atraso;
la maldita epopeya del fracaso
de una casta traidora que delira
Latebroso poeta sin entraña,
que el obispo acompaña con la vela;
de la tierra sin luz, polichinela
que pasas arrojando como araña,
como viejo patriota de cazuela,
tu veneno mortal a nuestra España.


Terminada la contienda, Pemán compuso un "Soneto a José Antonio" en una corona junto a otros poetas significados en un volumen primoroso


José Antonio
No sé decir tus obras: no el riente
fruto de tu pensar claro y tranquilo:
porque me lleva el corazón en vilo
la inmensa humanidad de la simiente.
Tu obra es sonora, exacta y evidente.
Tu vida es un recóndito sigilo.
Tu obra es dureza: y es tu vida un hilo
frágil que, aún vivo, te hizo ya el Ausente.
Y esa es la gran verdad: esa que llena
tu vida de tu ser más hondo y serio.
la palmera, la sangre, el cementerio.
La obra tuya ¡qué clásica y serena!
La obra de Dios en ti... ¡qué hondo misterio!




y recibió un homenaje explícito por su liderazgo poético de guerra en el libro Antología Poética del Alzamiento (1936-39), que le fue dedicado.
En 1940 abrió casa en Madrid en la calle Antonio Maura nº 9, que usaba intermitentemente. Nunca mudó el hogar familiar de Cádiz/Jerez de la Frontera, probablemente por influencia de su esposa.

«Mi padre era un ser muy afable y adoraba a nuestra madre, María del Carmen»[...]«No se nos olvidará, ni a mis hermanos ni a mí, cuando nos reunía en casa para leer la obra de teatro que acababa de escribir. Mi madre, tras escucharle, le decía sobre alguna frase o pasaje: 'José María, eso es una tontería'. Y él obedecía».

Controversias y legado final: «el bueno de Pemán»

La Academia y Pemán

Queriendo consolidar su carrera literaria, el 6 de marzo de 1936 se postuló, en candidatura única, a miembro de número de la Academia de la Lengua, que le aceptó el 26 de marzo de 1936. La guerra paró su ingreso. Pero siendo Pemán ministro (presidente de la Comisión de Educación y Cultura), Franco se propuso controlar desde Salamanca la cultura oficial, de cara al exterior, agrupando a los escasos académicos residentes en la zona franquista. Surgió de la fantasía de Eugeni D’Ors la idea de crear un organismo en el que, reunidas todas las Academias, se pudieran realizar sesiones mas o menos espectaculares. Por decreto de Franco de 1 de enero de 1938 se funda el Instituto de España. En su virtud los académicos dispersos debían reingresar prestando un extraño juramento preceptivo. El presidente legítimo de la Real Academia de la Lengua había sido Menéndez Pidal.


Pistolas de duelo, Museo de Arte e Historia de Neûchatel.

Aunque no había sido perseguido por el régimen, en el artículo 9º del decreto Franco designa a Pemán su presidente accidental aun sin ser miembro numerario. Un año después, en diciembre de 1939 leyó Pemán su discurso de admisión y tomó posesión del sillón "i".

El monarquismo alfonsino (componente del conglomerado franquista) al que pertenecía Pemán, iba tomando distancias del excesivo protagonismo falangista. El 13 de julio de 1940, en la última de una serie de conferencias sobre José Calvo Sotelo, en un acto solemne celebrado con asistencia de Ramón Serrano Suñer en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, Pemán pronunció un intencionado discurso. Explicó a su manera que el auténtico artífice del Nuevo Estado español había sido José Calvo Sotelo y que José Antonio Primo de Rivera habría aportado meramente los gestos, los símbolos y la retórica. Suscitó una reacción airada entre los dirigentes del Régimen y la indignación de Miguel Primo de Rivera (segundo marqués de Estella), hermano de José Antonio, que dirigió una carta muy injuriosa al Presidente de la Real Academia Española acusándolo de "desafección al Régimen". Pemán le contestó retándole a duelo. Los padrinos serían Camilo Alonso Vega y Ricardo Rada por Pemán y Manuel Mora-Figueroa y Manuel Halcón (marqués de Villar de Tajo) por Miguel Primo. Ante el escándalo que suponía para el régimen, todo se arregló y no hubo nada. Pero José Ibáñez Martín (conde de Marín), a la sazón Ministro de Educación Nacional, por Orden publicada en el Boletín Oficial de 24 de julio de 1940 cesaba a José María Pemán del cargo de presidente de la Real Academia, nombrando en su lugar a Francisco Rodríguez Marín. También su nombre desapareció del nuevo Consejo Nacional de FET y dejó de escribir en ABC durante dos años. Tras este baldón, Pemán comprendió y subordinó sus ambiciones políticas a sus ambiciones literarias.

En 1941 recorre Argentina, Chile, Perú etc. pronunciando conferencias sobre espiritualidad histórica hispanoamericana (una sola fe en una sola lengua). A la muerte de Rodríguez Marín, Pemán es nombrado de nuevo presidente de la Real Academia, aunque en diciembre de 1947 debe renunciar a la reelección para que le fuera devuelto en justicia el cargo a Ramón Menéndez Pidal (desplazado por Pemán en 1939 como presidente legítimo que había sido durante la República) y que había regresado de su breve exilio. A este respecto, los recuerdos de Pemán son más bien confusos:

"Don Ramón [Menéndez Pidal] estuvo ausente de la Academia unos cuatro años, primero fuera de España y luego, enfrascado en sus trabajos, resumiendo su vida entre su jardín y su biblioteca ".

Volvió el matrimonio Pemán al turismo de Hispanidad en 1948, donde fue elegido miembro de la Academia Argentina de Letras. Su periplo en Buenos Aires se inició con un ciclo de 6 conferencias pronunciadas en el Teatro Cómico sobre "Panorama de España y el Mundo". Los periodistas argentinos admiraron el modus operandi pemaniano

"que tiene la virtud rara, por cierto, de imprimir galanura y amenidad a las cuestiones mas transcendentales, bien de la alta política mundial, bien de la esencia más profundamente espiritual".

Aprovechó para estrenar tres de sus obras de teatro con la actriz Lola Membrives y Antonio Martelo tituladas "La Casa", "El Río se entró en Sevilla" y "Toda la Verdad". En un tercer viaje por Centroamérica fue agasajado por Trujillo y Perú le concedió la Gran Cruz de la Orden del Sol.
Elegido miembro de la Real Academia de Jurisprudencia en la década de los 60, no presentó su discurso de ingreso en la corporación dentro del plazo reglamentario y sus correspondientes prórrogas, por lo que la Academia declaró vacante su plaza.

La causa juanista

Terminada la 2ª Guerra Mundial con la derrota de los fascismos, los moralistas ya no predicaron el heroísmo sino la sabiduría. La antinomia fascista/antifascista fue rápidamente substituída por la antinomia comunismo/anticomunismo. Transmutado en "liberal educado", en sus propias palabras, en esta etapa de su vida Pemán, que ya se iba convirtiendo en Gloria Nacional de las Letras, se comprometió obsesivamente, en sus actos y en sus escritos, en la sucesión de Franco por una monarquía sustentada en el pretendiente «natural» al trono de España, exilado en Estoril (Portugal), don Juan de Borbón Battenberg conde de Barcelona. Como Procurador en Cortes que era, en junio de 1943 Pemán no se había adherido, al parecer, al grupo de 27 procuradores que presentó al Jefe del Estado una petición formal conocida como el Manifiesto de los Veintisiete en favor de una rápida restauración monárquica. Hay alguna opinión en contra aunque desde luego no fue represaliado como otros. Si bien muchos monárquicos se exiliaron Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena (marqués de Luca de Tena), Alfredo Escobar Ramírez (marqués de Valdeiglesias) y otros formaron una corriente monárquica contemporizadora. Consistía en estar a bien con el Movimiento y con Estoril hasta que el general Franco declinase. Les gustaba aquel régimen católico, sin partidos y sin revolucionarios, pero todo aquello tenía que estar regido por el rey don Juan III, a lo que Franco se oponía sistemáticamente.

Presidió el consejo privado del conde de Barcelona (formado por cortesanos virtuales) entre 1960 y 1964. Se consultaban, emitían comunicados y manifiestos y todos los años se reunían a almorzar en Villa Giralda. Pemán tuvo que dimitir, al parecer porque sufrió un ataque cerebral en un viaje a Ceuta en agosto de 1964. Siguió militando a título honorífico manteniendo además una buena relación con el régimen de Franco. El Caudillo dijo en una ocasión:

"Pemán es un caballero y nunca he tenido ninguna queja de él, a pesar de su agudeza política soltando indirectas y alusiones en sus discursos y artículos. A veces tira con bala, pero sabe guardar al Movimiento Nacional la admiración y el respeto que le debe todo buen patriota. Es como otros que rodean a D. Juan, entusiasta de sus aspiraciones, pero desenvolviéndose siempre dentro de la mayor corrección».

Pemán daba una de cal y otra de arena afirmando, por ejemplo:

"Franco acierta siempre y tiene a su lado una suerte descomunal. La Providencia echa para él "horas extraordinarias".

Seguiría dedicando sus esfuerzos a la causa monárquica procurando, mediante un prudente colaboracionismo con el régimen franquista, el acercamiento a modelos políticos occidentales.

«Convénzase Pemán —le decía Franco—, Europa está equivocada» a lo que Pemán contestaba: «¿Y por qué no probamos a equivocarnos también nosotros, mi general?».

La causa juanista fracasó en julio de 1969 al ser designado por Franco el príncipe Juan Carlos como sucesor a titulo de rey. El Consejo privado y el Secretariado político fueron disueltos.

No obtuvo título nobiliario ni de Franco ni de la dinastía, a los que sirvió con lealtad. Pero dos meses antes de su muerte el rey Juan Carlos I le impuso el collar de la Orden del Toisón de Oro, en cierto modo equivalente a un título nobiliario, si bien no transmisible. Fiel defensor del Derecho Natural, siguió justificando lo que él llamaba "justicia pura": "España es un país enamorado de la justicia pura, y por eso es poco respetuoso con la justicia positiva y leguleya".

Coda

Creador de opinión, "ése chaval de setenta años que se ha convertido en el desayuno de España [...] sus artículos en ABC son el apetitoso croissant que se nos ofrece por las mañanas" (en palabras de Castresana) intentó en sus últimos años orientar a sus lectores a través de una considerable masa de artículos periodísticos en los que hablaba poco de su pasado y donde raramente se arrepintió de algún error. En sus relaciones con el extranjero aplicó sabiamente la máxima «Conviene ser políglota para saber callar en siete idiomas».

En muchas ciudades de España hay calles con su nombre. Tiene una calle con el nombre matizado por una placa explicativa de "Escritor José Mª Pemán" en la ciudad de Sevilla, nominada por el Ayuntamiento democrático en 1995 «por ayudar a restaurar la Monarquía en España».
La Universidad de Sevilla lo nombró doctor honoris causa de la Facultad de Filosofía en Cádiz (cursos de verano). Sus últimos años los pasó muy quebrantado por una enfermedad neurodegenerativa que limitó grandemente su actividad. Pemán nunca dejó manda ni escrito alguno (a pesar de lo mucho que escribió sobre su religión privada) que lo adscribiera al Opus Dei en sus últimos años, como parecen postular con afán algunos de sus asociados. A veces usaba en sus autógrafos el membrete de Montesa.

Murió cristianamente en su casa de Cádiz con un crucifijo entre las manos. Sus últimos gestos fueron para pedir que se leyera su poema «Al Cristo de la buena muerte», donde expresa:



Quiero en la vida seguirte
y por tus caminos irte
alabando y bendiciendo
y bendecirte sufriendo
y muriendo,bendecirte.
En otra ocasión dejó escrito:
Hay que morir sin compañía,
esposa mía y compañera,
tuya es mi vida toda entera,
pero mi muerte es sólo mía.

«Soledad en la muerte», en Las flores del bien.


Enterrado inicialmente junto a su esposa en el cementerio de Cádiz, en la actualidad sus restos reposan en la cripta de la Catedral de Cádiz en una tumba reservada para él desde muchos años antes. En su último domicilio Casa Pemán (Plaza San Antonio, 14) hay una Fundación que alberga el legado de Pemán, que incluye más de 16.000 volúmenes de los siglos XVII al XX, así como manuscritos, revistas y correspondencia del escritor gaditano. Acoge además otras exposiciones organizadas por la entidad Cajasol junto con la Diputación Provincial de Cádiz.

En el parque Genovés de Cádiz hay un teatro al aire libre con el nombre de «Teatro de Verano José María Pemán». En el mismo lugar existe un monumento mandado erigir por suscripción popular con un busto de Pemán realizado por Juan de Ávalos (1967). Nombrado Hijo Adoptivo de Jerez de la Frontera, tenía un busto erigido en el Paseo de la Rosaleda del parque González Hontoria. Trece años después el busto de Pemán ha desaparecido del parque. El monumento se desmontó y según parece permanece olvidado en los almacenes municipales.

Creación literaria

«La poesía es mi esencia, mi raíz de escritor. Los demás géneros son como una consecuencia»

Pemán ha llegado a nuestros días como un escritor y dramaturgo consagrado; su parcela de escritor estuvo muy bien labrada.

Aunque con una obra previa exitosa entre la gente bien, una vez terminada la Guerra Civil supo instalarse económicamente en las Letras del Régimen con una producción literaria extensa: siete tomos de las obras completas, 93 comedias y obras teatrales, 28 novelas y cuentos, 43 capítulos de El Séneca, cientos y cientos de artículos periodísticos publicados en los principales periódicos y revistas, así como numerosas conferencias, charlas e intervenciones, no sólo en España sino en la América de habla española.

Su obra inundó librerías, teatros y cines sin problemas de mercado. Junto a Manuel Cerón Bohórquez, José Villén Écija y otros socios se implicó en el negocio editorial, primero en Cádiz y luego en Madrid. La Editorial Escelicer (Establecimientos Cerón y Librería Cervantes S.L. 1938) publicó la mayor parte de su obra. Cultivó todos los géneros literarios con su estilo inclasificable equidistante entre el clasicismo, el neopopularismo y el modernismo en un momento histórico en que su perfil político de escritor y su relevancia pública ejercieron por sistema como criterios de evaluación artística.

El elogio inmotivado o la exaltación hueca fueron recursos comunes de la crítica literaria de Pemán. En 1957 se le concede el premio March de Literatura; en 1959 se le nombra presidente de la Comisión Interprofesional de Autores; y en 1970 gana el premio Blasco Ibáñez de novela. Obtuvo el premio Espinosa Cortina, la máxima recompensa española para obras teatrales y el premio Mariano de Cavia, el máximo galardón para artículos periodísticos.

Tuvo el buen cuidado de respetar siempre el poder y las estructuras ordenadas por el poder. Firmó pocos escritos solidarios. Presumía de que la censura franquista nunca había podido con él a pesar de no "haber pagado ninguna bula".

Le ayudaron a organizar sus papeles, en calidad de secretarios, Jorge Villén Écija y posteriormente Antonio Llaves Villanueva.

Publica su Elegía de la tradición de España (1931), dirige la revista Ellas y colabora en Acción Española. Su libro Las flores del bien (1946), está considerado como la cumbre de su poesía no épica.

Como autor teatral cultivó las comedias de tesis ("La Casa" 1946, "Callados como muertos" 1952), las comedias de costumbres y el drama histórico-religioso en verso ("El divino impaciente", "Cuando las Cortes de Cádiz", "La Santa Virreina","Por la Virgen Capitana","Metternich", "La Hidalga Limosnera", "Vendimia" y "Cisneros"), la temática andaluza (Noche de levante en calma) y la comedia costumbrista ( Julieta y Romeo, y El viento sobre la tierra). Su estreno más irreverente fue el de la farsa castiza Los tres etcéteras de don Simón (1958). Realizó adaptaciones de obras clásicas (Antígona, Hamlet y Edipo). Como narrador mostró su ingenio en novelas y cuentos (Historia del fantasma y doña Juanita, Cuentos sin importancia, La novela de San Martín, Señor de su ánimo ). También publicó ensayos y biografías ("Un soldado en la historia. Vida del capitán general Varela" 1954).

José María Pemán fue un importante letrista de himnos: Himno de Cádiz, Himno Nacional (Marcha Real), del Movimiento Nacional, de la Armada Española (1940), de las Fuerzas Aéreas (1967), del Congreso Eucarístico Internacional (1952) etc. No olvidó tampoco la poesía deportiva.

Su programa de mayor éxito para la televisión en España fue El Séneca, una serie en la que el personaje creado por Pemán e interpretado por Antonio Martelo, derrochaba sentido común, gramática y buen humor aunque para algunos realizaba una crítica inútil (que no consigue nada ni impide nada).

Pemán interviene muy pronto en el cine del nuevo régimen colaborando con la mayoría de los directores del momento. Una veces interviene en el guion, otras, en adaptaciones de obras suyas y, anecdóticamente, aparece personalmente como él mismo en alguna película. Era muy aficionado al cine adonde acudía todos los días. Como anécdota, el 29 de febrero de 1936 comenzó el rodaje de una película con guion de Pemán, titulada "Lola Triana" en la que aparecía como estrella protagonista Raquel Meller.



Belleza serena

Única turbación y melodía
de tu belleza toda en paz lograda,
la fuga musical de tu mirada,
sobre la sabia y pura geometría

de tu cuerpo sin tacha, es una fuente
con dos chorros de luz, que habla de cosas
lejanas y de estrellas misteriosas
más allá de la Forma y del Presente.

Ciega, por eso, mi alma te desea
como una estatua, porque así, hecha idea,
nada turbe tu plástica armonía;

y así, ya sin lejanas alusiones,
como el jazmín serena al mediodía,
tu perfección serene mis pasiones.





Entre los geranios rosas...

¡Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!

Así me gritó la niña,
la de las trenzas doradas:
-corre a verla, corre a verla,
que se te escapa.

Por los caminos regados
del oro nuevo del alba,
corrí a los geranios rosas,
¡y ya no estaba!

Volví entonces a la niña,
la de las trenzas doradas.
«No estaba ya», iba a decirle.
pero ella tampoco estaba.
A lo lejos, ya muy lejos,
se oían sus carcajadas.

Ni ella ni la mariposa;
todo fue una linda trama.

El jardín se quedó triste
en la alegría del alba,
y yo solo por la sola,
calle de acacias.

Y esto fue mi vida toda:
una voz que engañó el alma,
un correr inútilmente,
una inútil esperanza...

¡Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!




In memoriam

La navidad sin ti, pero contigo.
Como el volver a ser
cuando empieza a nacer
verde de vida y de memoria, el trigo.

Porque tú no estás lejos.
No sé si es que te veo o que te escucho.
Me iluminan, me templan tus reflejos.
Voy hacia ti... No puedo tardar mucho.

Pagando estrellas por salario
te escondes en la barbas torrenciales de Dios.
Recuerdo el ritmo lento de tu horario.
Humilde en la infinita paciencia del rosario:
y en la fe penetrante de tu voz.

Y el belén de su Amor,
como tú lo ponías.
Tú, la niña mayor,
la flor más pura de las flores mías,.

Como es la luz del río
y el canto es de la fuente:
este cariño ardiente
es todo tuyo, a fuerza de tan mío.





Oración

Yo sé que estás conmigo, porque todas
las cosas se me han vuelto claridad:
porque tengo la sed y el agua juntas
en el jardín de mi sereno afán.

Yo sé que estás conmigo, porque he visto
En las cosas tu sombra, que es la paz;
Y se me han aclarado las razones
de los hechos humildes, y el andar
por el camino blanco, se me ha hecho
un ejercicio de felicidad.

No he sido arrebatado sobre nubes
ni he sentido tu voz, ni me he salido
del prado verde donde suelo andar...
¡otra vez, como ayer, te he conocido
por la manera de partir el pan.




Oración a la luz

Señor: yo sé que en la mañana pura
de este mundo, tu diestra generosa
hizo la luz antes que toda cosa
porque todo tuviera su figura.

Yo sé que se refleja la segura
línea inmortal del lirio y de la rosa
mejor que la embriagada y temerosa
música de los vientos en la altura.

Por eso yo celebro en el frío
pensar exacto a la verdad sujeto
y en la ribera sin temblor del río;

por eso yo te adoro, mudo y quieto:
y por eso, Señor, el dolor mío
por llegar hasta Ti se hizo soneto.




Resignación

Por eso, Dios y Señor,
porque por amor me hieres,
porque con inmenso amor
pruebas con mayor dolor
a las almas que más quieres.

Porque sufrir es curar
las llagas del corazón;
porque sé que me has de dar
consuelo y resignación
a medida del pesar;

por tu bondad y tu amor,
porque lo mandas y quieres,
porque es tuyo mi dolor...,
¡bendita sea, Señor,
la mano con que me hieres!




Revelación

¡Cómo volaba el pensamiento mío!...
Fue un dulce anochecer. Se adivinaba
por su rumor, bajo la peña, el río,
y la mano del viento preludiaba
un aria triste en el pinar sombrío.
Como una bruma de melancolía,
no sé qué dulce calma bienhechora
pasó rozando con el alma mía...
Tú que en mí estás, mujer, a toda hora,
¡nunca has estado en mí como aquel día!...

Quise gritar mi pena.
y ante la soledad de los caminos
alfombrados de luna y la serena
quietud de muerte de la noche, llena
de olor de flores y rumor de pinos,
«¡La quiero!...», dije con fervor sincero.
«¡La quiero!...», repetí, y el aire blando,
con un rodar de voces fue gritando
desde la sierra hasta el pinar: «¡La quiero!

Callé y calló la noche. El alma mía
volvió a encerrarse en la melancolía
de este secreto amor hondo y austero,
que nadie sabe y del que nada espero...
¡Sólo lo supo el agua que corría
y una flor desvelada, que tenía
una cita de amor con un lucero...!




Romance de los siete pecados capitales

Tarde abajo, el mayoral
de los siete toros negros
va sorbiéndose en un triste
rojo crepúsculo lento.

Zahones de hipocresía
lleva, y por pica el deseo:
con azahar de inocencia
tienen los estribos hechos.

Los toros con siete lunas
van corneando los vientos:
jazmines de barba espesa
tirando van contra el cielo.

«¿A dónde vas mayoral?»
«A tu corazón los llevo».

Prepara tu mariposa
de seda y luz para el juego,
sácale filo a tu espada
con pedernales de miedo
¡Fina viene de pitones
la luna de un mal deseo!

¡Brava corrida, la tarde
aquella de mi tormento!
y seda morada, en medio.
Yo con la espada y la duda
Contra mí, siete deseos.

Me rozaron en la carne
las siete liras de huesos.
Geranios de sangre fresca
mis alamares prendieron.
Me salpicaron de espuma.
No me llegaron al cuerpo.

Cuando la tarde sorbía,
rojo, el crepúsculo lento,
por los prados, ya sin toros
luz de aurora en el sombrero
sin espuela y sin estribos
llegaba el Mayoral Bueno.
Vendas de seda traía
y aceite de olivos nuevos;
arena fresca en las manos
para enarenar el ruedo.

«¿A dónde vas, mayoral?» 
«A tu corazón los llevo».




Romance del divino gozo

El gozo del mundo se entra
dentro de mi corazón.
¡Estrecho gozo el que cabe
en tan estrecha mansión!.

El gozo que entra en nosotros:
gozo es de mal gozador.

Quiero un gozo que me envuelva
porque él me sea mayor.

¿Qué gozo será el que traiga
tanta anchura y tanto sol?.

Dios le dijo al siervo fiel:
"Entra en el gozo de Dios"...

¡No gozos que entren en mí:
quiero un gozo en que entre yo!




Soledad

Soledad sabe una copla
que tiene su mismo nombre:
Soledad.

Tres renglones nada más:
tres arroyos de agua amarga,
que van, cantando, a la mar.

Copla tronchada, tu verso
primero, ¿dónde estará?

¿Qué jardinero loco,
con sus tijeras de plata
le cortó al ciprés la punta,
Soledad?

¿Qué ventolera de polvo
se te llevó la veleta,
Soledad?

¿O es que, por llegar más pronto
te viniste sin sombrero,
Soledad?

Y total:
¿qué mas da?
Tres versos: ¿para qué más?

Si con tres sílabas basta
para decir el vacío
del alma que está sin alma:
¡Soledad!




Yo te siento en la rosa...

Yo te siento en la rosa.
Tanto más grande siento yo mi alma,
cuanto son más pequeñas
las cosas que la mueven.

¡Ay esas almas lentas
como animales hartos,
que van a Ti pisando mansamente
sobre el fango sonoro y necesitan
para reconocerte
la voz de la tormenta o la engolada
frase inmensa y solemne!

Señor:
Yo te siento en la rosa
y en la nieve
y en la rama sin flores
y en el plátano verde
que sombras, en el centro
de la plaza, la fuente.



José María Pemán, poeta neopopularista
Por: José Antonio Hernández Guerrero



Introducción

En este trabajo -que no pretende ser exhaustivo- nos proponemos subrayar unos rasgos característicos de la obra pemaniana que, a nuestro juicio, no han sido suficientemente valorados. Frente a la crítica mayoritaria que sostiene que José María Pemán, por su calidad y por su cantidad literarias, es, sobre todo, un orador1 o un dramaturgo o un ensayista, nosotros nos atrevemos a afirmar que es esencialmente un poeta. Queremos decir con este juicio que su condición de poeta es el rasgo distintivo, sustantivo y sustancial, y que las demás cualidades son propiedades adjetivas y accidentales. La poesía es su tarea vital y constituye la definición globalizadora y la explicación descriptiva de su existencia, mientras que las demás actividades son parciales y complementarias. Pemán es poeta porque hace versos pero, sobre todo, porque contempla, siente, vive y cuenta la vida como un poeta.

Apoyamos nuestra tesis en el análisis de su obra completa, en la valoración de su actitud ante la vida y, también, en las opiniones de diversas personalidades de indiscutible autoridad crítica. Como punto de partida de nuestros análisis, nos permitimos citar los juicios de Manuel Machado:

«Considerar a José María Pemán como poeta equivale a considerarle en su totalidad, es decir como José María Pemán. Porque Pemán no es un orador, un novelista, un dramaturgo poeta. Es, sencillamente, un poeta que hace discursos, novelas y comedias. Y, sobre todo, naturalmente, poesías líricas, y en general poesía, sin más apelativos.

Esto conviene dejar sentado, entre otras cosas para declarar que un estudio completo sobre la poesía de José María Pemán habría, en rigor, de extenderse a toda su obra: a sus discursos, a sus narraciones y novelas, a su teatro, aun a su política, hacia la cual no sintió, en realidad, sino muy ligeras veleidades.

Pero tócanos atenernos aquí al estudio de su lírica, tal vez lo mejor de su obra, y en todo caso, plántula, raíz y almendra de todas las demás».

(Machado, M., 1972: 9)                

Pero, si nos preguntamos sobre el tipo de poesía que hace, sobre la corriente estética que sigue y sobre la escuela o el estilo a los que se adscribe hemos de responder, en primer lugar, de forma negativa: la poesía de Pemán, por su dilatada extensión y por su amplia variedad no puede ser clasificada con una simple etiqueta. Sus múltiples actividades y su abundante producción abarcan varias etapas y diversos estilos y en cada uno de ellos alcanza desiguales niveles de cantidad y de calidad. Simplificando mucho podemos distinguir cinco etapas: la modernista, la vanguardista, la neopopularista, la de «poesía pura» y la neoclasicista del 36.

En este trabajo prestamos nuestra atención sólo a las composiciones «neopopularistas». Nuestra elección está determinada por su importancia, al menos cuantitativa, y por su frecuente olvido. En las nóminas de poetas neopopularistas de la Generación del 27 se suele «ningunear» a José María Pemán. Juzgamos que, no existen razones cronológicas, geográficas ni literarias para que se excluya a José María Pemán de tales listas.

La poesía neopopularista

A pesar de que los teóricos y los críticos han definido con precisión la noción de «neopopularista», a veces se sigue confundiendo con la «tradicional»2, con la «popular» o con la de «popularista»3. Las tres nociones están relacionadas con el pueblo pero hemos de tener claro que, mientras las letras «populares» son las creaciones de poetas no cultos y, a veces, iletrados, como, por ejemplo los tangos de carnaval o los cantes flamencos, y las popularistas son las reelaboraciones que los poetas cultos han efectuado a partir de creaciones populares4, los poemas «neopopularistas» hemos de situarlos en un determinado ámbito temporal, geográfico, temático y estilístico.

La poesía «neopopularista»5 se sitúa a principios de los años veinte y en Andalucía. Durante esta época se redescubre Andalucía como tema artístico: el arte reinterpreta su paisaje y su gente, su historia y su folklore. Músicos, pintores y poetas se sorprenden ante una realidad que poco tiene que ver con esa estampa de «charanga y pandereta» con la que se había caracterizado tiempo atrás. Además de interesarse por sus costumbres y por sus tradiciones, los artistas -y en especial los poetas- se sienten atraídos por el que denominan «lenguaje del pueblo», que, no sólo es una manera singular e intensamente expresiva de usar la lengua castellana, sino también y sobre todo, una forma privilegiada de relacionarse con la naturaleza y un vehículo eficaz de comunicarse entre sí: representa una manera peculiar de concebir y de vivir la vida6.

Interés de Pemán por las manifestaciones populares

Pemán se interesó vivamente también por las manifestaciones del arte popular, por eso agradece, analiza y valora las investigaciones que un músico y estudioso gaditano, Ramón Alcedo, lleva a cabo en los montes de Jaén. Como muestra de la atención que presta a sus trabajos, transcribimos un fragmento de sus comentarios que, bajo el título «Solera para rociar», publicó en el primer cuaderno de la revista Isla (1932):
«Como en la bodega el vino viejo para entonar el mosto joven, así la gracia antigua del folk-lor».

Pero sin superstición ni beatería. Lo popular, no es nunca lo definitivo. Lo popular no debe ser admirado ciegamente. Eso es tópico del pasado siglo cursi. Lo popular debe ser sencillamente conocido como lo que es: como documento para el arte culto; como archivo de magníficos atisbos sin cuajar; como «solera para rociar», en una palabra.

Lo popular es un espléndido salero para condimentar las audacias nuevas. Nada más. Un rasgo, un simple recuerdo popular, basta, a veces, como una bolita de alcanfor, para hacer incorruptible todo un poema. Así cuando Lorca empieza bizarramente su romance:

«Y yo me la llevé al río
pensando que era mozuela».


Tiene mucho adelantado para compensar y hacer, luego, tolerables su horizonte de perros y su potra de nácar.

Un rasgo popular da al poema un primer punto de contacto con algo conocido, humano, cierto; un punto de referencia que nos permite ya no perder el camino en la dantesca selva oscura. Se vuela con más audacia y a mayor altura, cuando estamos seguros del palmo de tierra llana donde despegamos y a donde hemos de aterrizar. Por eso agudamente al rasgo popular que el poeta culto glosa y sobre el cual torna y retorna, se llama estribillo: apoyo y seguridad en el galope. Se puede correr vertiginosamente... pero sin perder el estribo.

Solera de vino viejo, paquetillo de alcanfor, salerito de cristal, eso es lo que en esta página ofrece Isla a los poetas, al ofrecerle un repertorio folk-lórico. Este de hoy es cosecha del Sr. D. Ramón Alcedo, que anduvo por tierras de Despeñaperros, espigando rondas, villancicos y coplas, todo inédito. Él segó y nosotros trillamos: separamos grano y parva. Damos sólo el rasgo, el giro que estimamos útil para su oficio de rociar y salar:

«¡Viva la media naranja!
¡Viva la naranja entera!
¡Viva la guardia civil
que va por la carretera!».


De una canción de aceituneras, recogida en Jaén. Nótense los orígenes del tema poético de la guardia civil, tan querido de Federico García Lorca.
Pero el tratamiento de los temas populares es muy diferente en cada uno de los poetas que lo cultiva. Como señala González Climent:

«[...] la tauromaquia lírica de Gerardo Diego es harto diversa a la de Federico; el gaditanísimo alado de Alberti bien lejos está de la inteligencia barroca de Adriano del Valle; el donairoso flamenquismo de José María Pemán contrasta con el casi empírico de José Carlos de Luna; la exégesis flamenca que hay en la poesía de Tomás Borras es sustancia serenada en el andalucismo de Rafael Laffón; lo que es magia y aventura en Fernando Villalón surge como firme tradicionalismo en Juan Rodríguez Mateo».

(1964: 76)               

A pesar de que los modelos y las orientaciones de poesía neopopularista son múltiples7, la crítica agrupa las diferentes fórmulas en dos amplios sectores y simplifica la amplia variedad de estilos en un esquema dual. Todo el popularismo se bifurca en dos caminos divergentes -el cancioneril8 y el romanceril9- cuyos portaestandartes más caracterizados son Rafael Alberti y Federico García Lorca. El primero bebe en las fuentes de los Cancioneros tradicionales de los siglos XV y XVI, el segundo se alimenta de las coplas que escucha en el Albaicín.

José María Pemán representa la confluencia de las dos corrientes. Los primeros libros de Pemán, tal como lo pone de manifiesto la crítica contemporánea, están claramente influenciados por nuestra poesía de los Cancioneros, que él conoció a través de la obra de Julio Cejador titulada La verdadera poesía castellana; pero el poeta gaditano también se nutre del rico tesoro de los cantos populares10.

La obra de Cejador fue un venero para Pemán y en ella encontró, como él mismo lo confiesa, inestimables materiales para la renovación de su instrumento lírico. El mismo Julio Cejador en carta dirigida al poeta le dice estas palabras:

«Las tendencias de la poesía van por ahí, efectivamente, ya lo he dicho a varios poetas hispanoamericanos. En España y América la musa va hacia la sencillez y la manera popular».

Pemán, para definir sus propios sentimientos personales y para celebrar el gozo de su pertenencia a un pueblo peculiar, utiliza los motivos ingenuos y elementales de esos Cancioneros clásicos. En la elaboración de su Cancionero "A la rueda, rueda..." (1929), la crítica contemporánea lo valoró con las siguientes palabras:

«Al parecer el Cancionero de Pemán donde se depura la renovación iniciada en esos pocos poemas de Nuevas Poesías, los más finos críticos captan toda la anchura del fenómeno, y no pocos trazan ya, con voluntad de ordenación sinóptica, la línea bética blanca y soleada, basamento de sal de la nueva fórmula popular, que va de Huelva a Granada, pasando por los Puertos y Cádiz: Juan Ramón, Pérez-Clotet, Alberti, Pemán, García Lorca».

(Gasco Contell, E, 1974: 35)               

«A la rueda, rueda (1928) es en su mayor parte un delicioso cancionero que podríamos concatenar a los mejores de nuestra poesía -verdaderamente nuestra: fines del siglo XV y principios del XVI- tan sabrosa y clara, anterior al Renacimiento».

(Machado, M., 1960: 14)               

A la rueda, rueda... supuso la incorporación de Pemán al neopopularismo del 27. En esta obra aparecen la gracia, la sencillez y el garbo envolviendo, como hemos dicho anteriormente, temas de los Cancioneros. En algunos poemas podemos identificar cierta influencia de Gil Vicente:

«Al alba, mi amado, al alba,
seré yo en el toronjil.
Si algo tenéis que decirme
muy callandito venid».


A veces el poeta copia ritmos populares y logra un efecto sorprendente, por ejemplo, mediante la repetición mecánica de un verso. Estas rimas encadenadas crean relaciones de sentido siempre nuevas, a menudo arbitrarias, de diversa significación respecto a los versos que se alinean entre aquéllas, pero pueden también ser mantenidas meramente como obstáculos o interrupciones, como un elemento de la tensión.

La siguiente composición es un modelo de sencillez y de simplicidad. Con escasos elementos -una niña dormida, un prado, las hojas del álamo, el viento de la sierra, un trébol, unas flores, unos pájaros- Pemán construye un poema de singular belleza plástica y emotiva, y pintado un cuadro rico en delicados matices sensoriales:


«A la vera del prado
se dormía la niña
con el son de las hojas del álamo.

El viento de la sierra,
pasito, paso,
pasaba sobre el trébol,
como peinándolo.

Vientecito, no me despiertes
a la niña de los ojos garzos,
¡que se encelan las flores!
¡que se encelan los pájaros!

Déjala que duerma
a la vera del prado,
déjala que duerma
con el son de las hojas del álamo».


Podemos apreciar otro de los modelos más usados en esta poesía neopopularista, una composición de carácter descriptivo y narrativo, elaborada como glosa de un estribillo popular.

Pemán hace alarde de su ingenio, sobre todo, cuando recrea imágenes muy expresivas, usando fórmulas casi coloquiales. En el poema que seleccionamos a continuación valoramos tanto la contención y la sobriedad del estilo, como la ternura y la delicadeza de los sentimientos y la espontaneidad y la riqueza de sus matices.



La cieguecita

Era cieguecita la niña morena
   que vendía flores...
¡Era cieguecita y no supo de amores!
   Sentada a la vera
   de aquel senderillo
   que por la pradera
   de menta y tomillo
   va hacia los alcores
   y los altozanos.

   «¡Una flor, hermanos!»,
   cantaba y decía
   con un manso anhelo...
   ¡Y miraba al cielo que no conocía!

   La niña morena
   fue como agua buena,
   callada y sencilla,
   que, huyendo y saltando,
   va, al paso, regando
   de flores la orilla...

   Como el viento frío
   pasa sobre el río,
   mansa y encogida
   pasó por la vida
   sin tener amores,
   dejando al pasar,
   olvidos, dolores,
   unas cuantas flores
   y un triste cantar.

Era cieguecita la niña morena
   que vendía flores...
¡Era cieguecita y no supo de amores!


Y como ejemplo ilustrativo del sentido lúdico -juguetón- de este tipo de poesía neopopularista, podemos recordar el «Villancico del pescador de truchas», que constituye un auténtico dechado de ingenuidad juvenil, de limpia ternura, de exquisita desnudez ornamental, de sutil espontaneidad expresiva y de depurado virtuosismo técnico.



Villancico del pescador de truchas

Yo me estaré en las orillas
haciendo que echo la red.

(Por debajo del agua verde
búscame los pies.)

Hilo de seda en la caña
y en el anzuelo una flor.
(Por debajo del agua verde
búscame el amor.)

Trucha rosada que saque
al agua la volveré.
(Por debajo del agua verde
bésame los pies.)

Me gritará el pescador:
-¿Muerde el pescado o no muerde?
(¡Y tú besándome, amor,
por debajo del agua verde!)


El acercamiento al cante jondo

José María Pemán, en su libro El Barrio de Santa Cruz (1931) continúa esta misma poesía neopopularista. Hace un recorrido lírico por este barrio sevillano, perdiéndose por sus calles y respirando su aire:

«Nubes altas. Viento frío.
La tarde dobla en el río
su capote de paseo...
¡Flores tiene mi deseo
para ti, cariño mío».


Se acerca a los sentimientos elementales de los cantes flamencos, se contagia de las emociones profundas y de las pasiones primarias que expresan los palos más genuinos del arte gitano-andaluz. Como afirmaba el periódico El Sol: «Sobre todas las páginas del libro gravita un profundo sentimiento folklórico, hasta tal razón que parece como si los versos se hubieran fraguado sobre giros e intenciones de «cante jondo». Es decir, de filosofía y patetismo populares» (Obras Completas I, 388-389).

Pemán en este libro «dice» cantares, soleares, cantarcillos y villancicos. Sus cantes constituyen requiebros al misterio de la vida, al amor, a la mujer, a la «gitana rubia», a la tarde, a la noche, a la ropa tendida.

Pedro Pérez-Clotet, el poeta de la Sierra Gaditana escribe lo siguiente:

«El nuevo libro de José María Pemán registra una simpática orientación moderna de su autor. Ya de ella había dado muestras en su libro anterior -A la rueda, rueda-. Ahora, en su última producción, esa orientación tan laudable persiste y se acentúa. Por todo el libro corre el forcejeo entre el poeta tradicional clásico y el poeta anheloso de horizontes nuevos. El poeta que quiere pisar inéditos caminos, pero sin soltarse de la otra ribera... Todo el libro es una fina estilización, de un certero impresionismo de tono moderno. Y de un sutil dejo popular folklórico, captado desde la sensibilidad de hoy, que le sirve como de fondo y de orquestación. Su modernidad ya se acusa plenamente en algunas imágenes y metáforas ágiles, perfectamente logradas, que nos inundan de luminosas perspectivas».

(Ibidem)               

En El Barrio de Santa Cruz, la orientación estética cambia cualitativamente: el día cede su puesto a la noche, la luz a las sombras, la alegría al dolor. El amor es pasión y pecado. Los colores son más intensos; las emociones, más hondas; las sensaciones, más vivas. Como ejemplo ilustrativo y como síntesis globalizadora podemos leer el Soneto del barrio pescador:


«Barrio de Santa Cruz: la dolorosa
por siete espadas de pasión herida:
carne blanca rajada y dolorida,
con borbotones de geranio. Rosa,

se obstina el sol, con ansia, en los balcones
más alto por no ahogarse en la negrura:
náufrago de la mansa noche pura,
temblorosa de estrellas y canciones.

La noche ha descubierto esa que celas
pasión oculta en flores y cancelas.
Y al alba pagarás, ya desnudado

tu blanco cuerpo, en penitencia dura,
con cilicios de sol, ese pecado
de amorosa pasión que te tortura».


Otras poesías andaluzas

La colección de poemas titulada Señorita del Mar (Itinerario lírico de Cádiz)11, publicada en el año 1929 y la llamada Andalucía, que apareció el año 1937, ponen de manifiesto el enraizamiento del poeta con su tierra y, a través de ella, su apertura al mundo entero12.

Nos ofrece a un Cádiz hecho poesía, transmutado en imágenes sutiles y originales. Es un puñado de sal gaditana dispuesta con cierto dramatismo en algunos momentos y dotada de notable fuerza descriptiva:

«¡Quita el dulce de membrillo,
niña, del aparadó!
Mareo de mecedora
y bata blanca, y gomosos
pelos negros en bandós».


El drama se convierte en tragedia, el juego en duelo y la canción en cante. La sangre, generadora de la vida, pasa a ser el emblema de la muerte. La muerte ya no es sólo el fin de la existencia, sino una dimensión esencial de la vida.


Elegía en la muerte del maestro

(En memoria de D. Antonio Chacón, el gran cantaor gitano13)


No sé si es copla gitana
o si es refrán español
el que nos dice que el sol
si hoy se va, vuelve mañana...

Tiene razón el refrán.
Hay mil cosas que se van,
y como se van volvieron.
Pero hay cosas que se fueron
y que ya no volverán...

Volverá, sí, la guitarra
-esa que rompe y desgarra
con ayes el corazón-;
volverá a hablar de pasión
de un flamenco entre los brazos,
cuando le quiten los lazos
que ahora lleva de crespón,
y volverán a sonar
juntos guitarra y cantar,
con sus gritos de pasión
y sus notas de ilusión
y sus ternuras risueñas...
Pero ¡aquellas malagueñas
de don Antonio Chacón!



José María Pemán rinde tributo, también, a aquellas imágenes que se convirtieron durante la época neopopularista en símbolos cargados de extraordinaria fuerza expresiva y de intensos valores connotativos. De la misma manera que el granadino Federico García Lorca o el gaditano Vicente Carrasco, Pemán canta a la guardia civil, a los gitanos, a la luna a la carretera, a las sombras, a la naranja y a la tuna.



Los gitanos y la luna

Parejas de cuervos negros,
tricornio entre las tunas.

Mata tu sombra, gitano,
que está ya al salir la luna.

Y va cantando el carrero:
¡Viva la media naranja!
¡Viva la naranja entera!

Y ya, con la luna, más lejos:
¡Viva la guardia civil
que va por la carretera
a la vera de las tunas!

Mata tu sombra, gitano,
que ya ha salido la luna.



José María Pemán recreó romances como el de la «Cieguecita que vendía flores», compuso «canciones», «cantares», «cantarcillos», «villancicos», «soleares» y hasta «sevillanas». Cantó a la «morena clara»:

«La que cantó aquella copla
que tenía un estribillo:
Lo moreno es lo que vale
en la mujer y en el trigo...».



A las «salinas de San Fernando» en las que:

«El agua quieta se encharca
en el estero dormido.
El viento sueña escondido
en la vela de una barca...».



Al:

«[...] ¡barrio de los marineros...
en donde estaba mi amor!
Al fondo de cada calle
un mar de rosa y de sol».



A la «infanta jorobadita» quien:

«-No espero boda ni príncipes,
no hilo con oro ni plata.
Hilo rayos de lucero
y rayos de luna clara,
sin otra devanadera
que el anhelo de mi alma».



A la «Calle de la Pimienta», en la que:

«Misterio. Silencio. Calma.
La fuente que se lamenta.
En toda la calle alienta
como el recuerdo de un alma...
¿Fue una mujer La Pimienta?».



A la «ropa en la azotea» que:

«[...] entre rosas y geranios
bandera blanca, flamea».



Y, en fin, a la tarde de toros, al minero, al sombrero cordobés, a la Feria de Abril de Jerez, al Nazareno, a Lola la de los pendientes, al Barrio de Santa María, al niño mariscador, a la Bahía, a la Caleta y... hasta a las manos de Lola Flores.

Juzgamos que, tras el análisis de las anteriores composiciones, podemos llegar a la conclusión de que a José María Pemán hemos de integrarlo en la relación de poetas que cultivaron la poesía neopopularista14: sus creaciones representan la síntesis armoniosa de las dos corrientes principales. Su poesía, ingenua, infantil y juguetona es, al mismo tiempo, profundamente emotiva y dramática, divertida y honda: lo mismo canta por alegrías que se arranca por soleares o seguiriyas; la mezcla de lo sagrado y lo profano, la inserción de incoherencias en el curso del poema, el método de la mera alusión y la expresión lacónica y, sobre todo, en el uso de las imágenes de los diferentes tipos -epítasis, metáforas, símbolos, mitos-, no sólo como elemento decorativo, sino como verdadera sustancia (Cfr. Zardoya, C., 1954: 259-326).

Sobre el carácter andaluz de toda la poesía de Pemán no cabe la menor duda: andaluces son sus motivos, su sentido de la armonía, del color y de la luz, su dominio de la melodía, del ritmo y del compás, su concepto del ángel, del humor y de la gracia, su aristocracia, su nobleza y su señoría. Juan Lacomba escribía lo siguiente:

«Porque al encontrarse a sí mismo y encontrar su hora, Pemán ha encontrado también su tierra. Y ahora, nos presenta ante nuestros ojos la nueva poesía andaluza por su tema y por su fluidez. Ahora resulta que su Andalucía, la tierra del color, es mucho más honda y profunda en él que su Castilla la tierra de la hondura».

Pemán, como lo han recordado casi todos sus biógrafos y críticos, era un gaditano apasionado; su mayor alegría, confesaba, era siempre perder Cádiz, sólo por la ilusión de volver a ganarlo15. Escuchemos su propia confesión:



Soy andaluz

Soy andaluz: andaluz,
que es decir con ufanía
gran señor de la armonía
y emperador de la luz.

Soy del egregio solar
reverberante sonoro
de las cigarras de oro,
nacidas para cantar.

¡Noble oficio el de cigarra,
y noble mano la mano
hecha para el soberano
gesto de herir la guitarra!

¡Y noble esta tierra mía,
florida, a fuerza de afanes,
de coplas y de refranes,
de indolencia y de ironía!

Esta limpia aristocracia
de andaluz, sólo me obliga
a que cante y a que diga,
con claridades de gracia,
en un verso musical,
cuanto sueñe cuanto sienta.
¡Que sólo me pidan cuenta
de si canté bien o mal!

Porque yo soy andaluz,
que es decir, con ufanía,
gran señor de la armonía
y emperador de la luz.


El virtuosismo expresivo de José María Pemán, su conocimiento vivo y su afán vitalizador de la tradición literaria... hemos de considerarlo como miembro integrante del colectivo de poetas que nacieron en su época y en su suelo andaluz.

Bibliografía citada

ALBERTI, R., 1973, «La poesía popular en la lírica española contemporánea, en Prosas encontradas, recogidas por Robert Marrats, Madrid, Ayuso: 127-128.
ALONSO, D., 1971, Poesía Española, Madrid, Gredos.
—— y BOUSOÑO, C, 1970, Seis calas en la expresión literaria española, Madrid, Gredos.
CIRIZA, M., 1974, Biografía de Pemán, Madrid, Editora Nacional.
DÍAZ-PLAJA, G., 1948, Historia de la poesía lírica española, Barcelona.
GARCÍA LORCA, E, 1974, Obras Completas, Madrid, Aguilar.
GARCÍA TEJERA, M. C., 1986, Poesía Flamenca, Cádiz, Servicio de Publicaciones.
GASCÓ CONTELL, E., 1974, Pemán, Madrid, Epesa.
GONZÁLEZ CLIMENT, A., 1964, Flamencología, Madrid, Escelicer.
MACHADO, M., 1972, «Prólogo» de Obras selectas, inéditas y vedadas de José María Pemán, Barcelona, Dopesa.
——, 1960, «Palabras preliminares de...», en Poesías selectas, Madrid, Escelicer.
MACHADO, M. y A., 1973, Obras Completas, Madrid, Plenitud.
MENÉNDEZ PIDAL, R., 1953, «Para la definición de la poesía tradicional», en CHA, XVII, núm. 47: 159-164.
PEMÁN, J. M., 1947, Poesías, en Obras Completas, Madrid, Buenos Aires, Cádiz, Escelicer, S. L.
——, 1932, en Isla, n.º 1: 2, Cádiz.
SIEBENMANN, G., 1973, Los estilos poéticos en España desde 1990, Madrid, Gredos.
SOBEJANO, G., 1954, «Notas tradicionales en la lírica de Antonio Machado, en Revista de Filología, n.º 66: 112-151.
ZARDOYA, C, 1954, «La técnica metafórica de Federico García Lorca», en Revista Hispánica Moderna, núm. 4: 259-326.




1 comentario:

  1. Fernando, los de Wikipedia le han copiado todo. Justino

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