Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

miércoles, 6 de marzo de 2013

1439.- FRANCISCO ARANDA CADENAS


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Francisco Aranda Cadenas

Nació en Málaga en 1966, y se formó como bibliotecario documentalista.
Ha publicado tres libros de poesía: Lirio de-lirio y El abecedario de las aceras; 
Hoy ya no llueve de memoria (Ediciones Alvaeno,Colección Mansor de poesía, 2012), es su tercer poemario publicado.

Francisco Aranda Cadenas nos dice: "Sé, aunque no siempre lo recuerdo, que el principal hallazgo de la metáfora que anhelo es el de la palabra en encuentro con los otros..."

"Amo las artes, sobre todo la música y la poesía, que han sido compañera de viaje siempre... Me inquieta el psicoanálisis".

"Soy escritor de poesía y relato breve que pueden leere en mi blog: http://poezia19.blogspot.com/

"Mi biografía es la de un bohemio en búsqueda de sí mismo. Ciudadano del mundo (mi patria en mis zapatos)".




Espuelas de la noche, caballo nocturno, cielo esculpido
Sobre la ciudad dormida. Las fuentes giran alrededor
De la arboleda derramando agua, mientras vierten las estrellas
Su luz como sábana de encaje en las avenidas. Aceras
Que esperan al día, jardines donde los amantes hilvanan
Besos; y hay colibríes libando miel, y transeúntes ebrios 
De luna cuando el aire se acomoda con la lluvia.
Hay una calma cubista en los pechos, en los cabellos
De ‘bailaores en la madrugá’. Se nombra la dicha,
Se nombra el espanto... Huele a incienso
Como a jazmín; quizá la primavera se adelante
A modo de espiral con su quitasol y frescor de hierba.
Ahora me quedo aquí, parado ante la puerta de la casa,
Confiando estés ahí con tu desnudez de límpido cielo.






Porque estuve hastiado es que eché a andar;
Los vientos develaron ciertas bondades prójimas;
La noche se luneó elegantemente, y el sol, el sol
De todas las mañanas se apareó con la tierra
Engendrando vástagos amantes. Porque estuve hastiado
Es que eché a andar por caminos inhóspitos a veces,
Pero mereció la pena porque andaba caminando,
Una y otra vez hacia preciados lugares, donde aquello
Inverosímil se tornaba presencia, y lo humano
Parecía advenir como una canción entonada en la niñez.








ESCENARIO COTIDIANO

Corren tiempos oscuros, qué decirte.
Eres tú quien me dices sin embargo,
Que en las casas huele a quemado,
Que en las calles hay gente en protesta,
Que el parlamento es una cueva de ladrones.
Parecería inverosímil a no ser porque 
No eres sólo tú quien me lo dices, ellos también
Lo dicen, y yo lo padezco y me doy cuenta.
No bastarán cien sonetos quevedianos,
Ni la ira de un pueblo en movimiento,
Ni la luz entrando a saco por las ventanas.
Cuál será entonces, me pregunto, el discurso
Necesario en estos tiempos oscuros, el gesto necesario.
Por no hacer un panfleto, es que dejo aquí el poema,
Y salgo a la calle a encontrarme contigo, a buscar una respuesta,
Y más que una respuesta un gesto que al menos nos salve,
Entretanto la falta de vergüenza no es otra cosa que el escenario cotidiano.







GRECIA ARCAICA

A Safo...

El canto lesbio de Safo, la evocación del amor,
Nunca la rutina del amor... y Eros sacudió mis sentidos
Como el viento que en los montes se abate sobre las encinas.
Qué valioso regalo, cantos púrpura, voz para el recuerdo
Inflamada por el fuego de jacintos, y pastores y deseo y doncellas.
Lúbrica miel cubierta de rocío al aire de sus versos. Oh, Safo,
Embriagadora, tañe la lira una vez más, que alcen el vuelo
Las bandadas de pájaros de tu alma, su trino secular,
Y los vientos depositen su música en el pecho del que ama.







a Salvador (Alvaeno), con aprecio.

Hay historias tan tristes en la Historia, como si 'dios'
Hubiese estado babeando en esos momentos y los ángeles,
Los insulsos ángeles, lo hubieran acuchillado de repente.
Y además ocurre, en los corrientes de 2012, una oscuro odio
Y una franela de la usura, historias acerca de el hombre es
Un lobo para el hombre hasta en su sepultura. Y luego,
Esas llamaradas de los bárbaros de siempre haciendo la guerra
En nombre del capital, del santísimo capital y sus alegorías de muerte,
Y sus bombas verdaderas, y su metralla verdadera, y su nula poesía infame.







¿Quién seré yo? Me pregunto a altas horas de la madrugada;
Siquiera sé qué pensar de mí, quizá en las horas turbias
Con ron malo comprendo que soy un par de huesos,
Dos estrellas estrelladas, a la sazón una vértebra quebrada,
Y despellejado el corolario de mi corazón. En los momentos
De tierna lucidez escribo poemas en silencio, aunque a veces
Liszt me acompaña junto a Mahler: son momentos especiales
En los que aún sigo sin descubrirme, pero yo no soy un discurso
Cerrado; tal vez se ilumine mi mente un segundo fragmentado 
En el tiempo de mi muerte, pueda decir al menos que me amaron 
Y que amé, aunque de mí haya sabido poco y sólo un tanto de vosotros.







Hemos envejecido con el correr de los años.
Comemos frutillas en las noches de junio
Mientras la palabra emerge desde dentro
Hasta el paladar; la madrugada tiene su ciencia
Y una emoción desdoblada en las manos.
Hemos envejecido y aún conservamos
La frescura de las cerezas recién cosechadas.
Con la oscuridad nombramos las palabras
Axioma, exilio, mar, paradoja, poeta...
Tú anidas tu propio fantasma igual que yo
En el silencio puro de las horas ya casi matinales.
Y sin embargo, una música pitagórica alienta el espíritu:
Son las estrellas tililantes, los planetas sumisos a su órbita,
Son las calles vacías con las sombras del día anterior
Aún deambulantes junto al trasiego de los pájaros insomnes.
¿Qué esperamos encontrar en el fulgor que nos asalta?
Como los lirios del campo la madrugada es hermosa
Sin propósito de enmienda, porque la belleza es un arma
Contra la falsa inocencia de los hombres, el mal
De los trigales y de los viñedos, la pobre rutina rutinaria,
Las tristezas de Rocío y de Manuela, los garabatos desnutridos
Por el hambre, y queda el sabor de la arcilla, eso nos queda.






RETRATO EN SEPIA O RETRATO DE LA CRISIS

(Calle Granada en Málaga)

Al este de la naturaleza muerta de la calle,
El amargo anciano bebía vino rancio
Sobre unos cartones. Su cabeza desnuda
Era su sacrificio para los dioses trunfadores;
Él, que era un perfecto perdedor
Una ocasión, otra ocasión, en cientos de ocasiones.
Frente a la tienda de ultramarinos caían
Después sus ojos sobre la vidriera
Como caen dos losas de papel mecidas por el viento,
Como una mujer que se maquilla en espera de su amante.
Era la figura terrible y tierna de la podredumbre vecina
Y de tantas tristezas conjuradas,
Y de miles de demonios ajenos, y de su propio demonio.
Su perro contemplaba, parsimonioso testigo, con lógica canina
Mientras algunas monedas de falsa caridad rompían en el sombrero.
Pasaban ejecutivos frívolos, distantes,
Los niños con sus piruletas corriendo,
El viejo profesor, la dulce muchachita, el obrero,
Pasaban la buena voluntad y la codicia, las supuestas buenas intenciones,
Pasaban los sueños, los delirios, los fantasmas,
Pasaban la noche y el día, testigos mudos siempre
Ante el bronco gesto herido del anciano. Desahuciado de su casa,
Ocioso a pesar de sí mismo
Guardaba en el bolsillo una caracola, lo recuerdo,
Y se ponía a escuchar el mar y las noticias.
Curioso hombre a fin de cuentas, le pregunté por su suerte;
Con honesta festividad me sonrió y me dijo:
-Yo vivo del desenfado de la muerte a ciertas horas del día.
Me marché no sin cierto aturdimiento a la Plaza de la Merced
Y aquel retrato de ayer y de mañana
No tuvo eco en los telediarios,
Ni en la sección económica de los periódicos,
Ni en las estadísticas sociológicas,
Ni en los valores del mercado
Salvo en los ojos del can que lloraba al anciano.






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