Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

viernes, 22 de marzo de 2013

1481.- FRANCISCO RODRÍGUEZ ZAPATA



Francisco Rodríguez Zapata
Francisco Rodríguez Zapata y Álvarez (Nació en Alanís, Sevilla 4 de octubre de 1813 - † Sevilla, 15 de agosto de 1889) es un poeta español, además fue sacerdote, catedrático y académico.

Nació en la villa de Alanís, provincia de Sevilla, el 4 de octubre de 1813, en el seno de una familia acomodada, trasladándose muy joven con su madre a la capital andaluza.

Fue discípulo del celebro literato y matemático Alberto Lista, al cual profesó constantemente la mayor consideración y acendrado cariño. Estudió Rodríguez Zapata con fruto las humanidades y algunos idiomas, siguió la carrera eclesiástica y se ordenó de sacerdote en 1837, tomando el grado de doctor en Filosofía y Letras y Derecho Civil y Canónico ese mismo año cuando sus conocimientos eran muy vastos en cuanto había aprendido, sobre todo en la lengua de Cicerón y Horacio, y en poética, como lo demostraban sus poesías, que muy bien pueden figurar con las de Herrera, Gallego y las de su mismo maestro Lista, haciéndole insigne miembro de la llamada «escuela sevillana».

Apreciando su mérito literario, tras unas brillantes oposiciones celebradas ante el propio Gallego —presidente del tribunal— en Madrid (su única estancia en dicha villa), le nombró el gobierno catedrático de retórica y poética en la universidad de Sevilla en 1847, de la que era profesor desde 1835 nombrado por su claustro. Desde entonces se dedicó á la enseñanza, logrando con sus bellas dotes y suave carácter y erudición granjearse el cariño de todos sus alumnos y una envidiable fama entre sus compañeros.

Ha sido además prebendado de la colegial de Olivares, en recompensa muy inferior á la que sus merecimientos reclaman, siendo posteriormente capellán real de la de San Fernando de Sevilla en 1853 y elevado más adelante a canónigo de la metropolitana de Sevilla, y pertenece, por último, á varias academias, entre las que debe mencionarse la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, que le cuenta entre sus más ilustrados individuos de mérito.

Fallece a los setenta y cinco años de edad, no quedando gran recuerdo de su obra poética, lo que se debió a que en vida huyera de la fama, no recopilando si quiera sus poesías, pues prefirió el afecto de su familia y discípulos.

Obra

Rodríguez Zapata ha alcanzado un nombre distinguido entre los más notables poetas líricos modernos por el mérito de sus composiciones, publicadas de algunos años á esta parte en los primeros periódicos y revistas. Lástima que su autor, con una modestia digna de sus virtudes, se hubiera negado durante años á coleccionarlas en un volumen, como en vano lo habían solicitado sus amigos y numerosos discípulos; si bien sus familiares proyectaran editar sus obras completas póstumamente.

Es poeta de grandes alientos y exquisita forma, si no el último, sí el más genuino representante de la escuela sevillana, de versos correctos, inspiradísimos y reposados, son personales y sin posible confusión recuerdan a veces a la perfección inverosímil de los de Gallego, la austeridad del estilo de Reinoso, la profundidad de Rioja y la naturalidad y profundidad de Lista. En sus versos junto a la gravedad, por lo común religiosa, hay mucha luz, color, diafanidad y exuberancia, propias de Andalucía, en el buen gusto de las formas y armonías, dentro de una irreprochable sobriedad.

Se declara Rodríguez Zapata entusiasta de la «escuela de lo bueno», siendo sus composiciones de un puro clasicismo, hasta el punto que dijera que hubiese borrado «con sangre de sus venas» viejos pecados de juventud cuando, en los dictados del romanticismo, con otros poetas publicara La Lira Andaluza.

Las principales inspiraciones de Rodríguez Zapata son las ideas religiosas y la exaltación del amor al suelo natal y a sus más legítimas glorias. Entre sus obras se pueden destacar Al Betis, los cantos bíblicos Débora y Barúc y La voz del Profeta, la oda A la Purísima Concepción y la dedicada a Isabel II El mar en tempestad, así como los sonetos —composición en la que fue maestro— A Dios y A Arias Montano.

Publicaciones

Las poesías de Rodríguez Zapata se han publicado desde 1838 en los periódicos la Revista de Madrid, Floresta Andaluza, la Revista de Ciencias, el Laberinto, el Trono y la Nobleza y otros.
Cancionero de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Señora Nuestra, 1875. ISBN 1168166632.








Eternidad de Dios

   Cuando al lucir el postrimero día,
los astros en pavesas convertidos
reden, y el mar con hórridos bramidos
al caos torne en la región vacía:

   y, rota la ancha base do yacía,  
la tierra, con sus ejes sacudidos,
vagar se mire en átomos perdidos
por espacios sin fin en noche umbría:

   y, ante un trono de luz, final sentencia
escuchen de la vida o de la muerte  
los restos de las tumbas animados:

   el tiempo acabará, no la existencia
del Dios que es inmortal y santo y fuerte
sobre mundos y mundos consumados.




A Donoso Cortés

   Guarde en su margen el dichoso Sena
al que Europa admiró genio eminente,
y por quien dobla la abatida frente
España en el dolor que la enajena.

   Yace agotada allí la inmensa vena  
del escritor, del místico elocuente,
que era el orgullo de la ibera gente
y aun en la tumba contra el siglo truena.

   Cedióle Tulio sus brillantes galas,
Demóstenes su fuego y energía,  
Job su ternura, Ezequiel su vuelo:

   prestóle al fin la Religión sus alas,
y cual ciervo sediento en su agonía
voló a la eterna fuente del consuelo.




A la Asunción de la Virgen

   De aqueste valle de zozobra y llanto
al Empíreo elevándote, oh María,
tierras y mares bañas de alegría,
y al éter prestas inefable encanto.

   Sírvete el sol de esplendoroso manto,
oriente las estrellas a porfía,
la luna alfombra tu fragante vía
entre nubes de nácar y amaranto.

   Alzan los orbes cántico sonoro
a tu grandeza, augusta Soberana,
hoy de Sión apetecida aurora.

   Lo repite incesante el almo coro,
y con júbilo intenso, al verte ufana,
junto al solio de Dios tu solio adora.




En la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María

   Doble su luz el claro firmamento,
su espuma ricen los extensos mares,
brote la tierra flores a millares,
rico en aromas se dilate el viento:

   Las naciones convóquense al acento
de concordia y amor, y a los altares
lleven, con blancas rosas y azahares,
de férvida piedad el sacro aliento;

   que del Pastor universal sonando
do quien la voz, por el cristiano ansiada,
de la Virgen más pura ensalza el nombre;

   y hoy, a despecho del precito bando,
aplaude el orbe toda Inmaculada
a la que diera un Redentor al hombre.




A nuestro santísimo padre Pío Nono

   Brillas ¡oh Pío! en la moderna historia,
como el sol del espacio en las regiones,
y emana de las célicas mansiones,
cual sucesor de Pedro, tu alta gloria.

   Un siglo al otro siglo tu memoria  
legará entre solemnes bendiciones,
hundidas del Averno las legiones
bajo tu planta en sin igual victoria.

   De la Madre de Dios la pura frente
por ti nos muestra el lauro soberano,
que tu grey canta con amor profundo.

   No temas, pues; que el rayo del Potente
obedece a tu voz, y alza tu mano
el Cetro de los cetros sobre el mundo.




Ofrenda a la Santísima Virgen

   Al pie de nuestras aras la rodilla,
de vuestro dulce amor al vivo fuego,
esta guirnalda a presentaros llego,
donde tu nombre enaltecido brilla.

   No desoigáis al que ante Vos se humilla,
acoged tierna mi piadoso ruego,
con las flores que dio en fecundo riego
de otra España mejor la Fe sencilla.

   A ellas, que ostentan variedad hermosa
y en mística fragancia el aire inundan,  
pobres mirtos enlazo reverente.

   Aceptarlos también, reina gloriosa,
y con los puros rayos que os circundan,
prez de eterna salud, bañad mi frente.











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