Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

viernes, 22 de marzo de 2013

1477.- ENRIQUE REDEL Y AGUILAR



Enrique Redel y Aguilar
Enrique Redel (Nació el 12 de noviembre de 1872 en Córdoba, España - Murió el 13 de febrero de 1909 en Córdoba, España). Fue un poeta español

Comenzó sus estudios en el Seminario de San Pelagiocursando tres años de Latinidad y dos de Filosofía.En 1888, abandona la carrera eclesiástica para dedicarse a otros menesteres más relacionados con aspiraciones artísticas, ingresando en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Córdoba, dirigida en aquella época por don Rafael Romero de Barros, insigne pintor, arqueólogo y padre de Julio Romero de Torres.
Sus primeros pasos en el campo de las letras los da como redactor del periódico local “La Unión”. Por aquellas fechas, además, destaca por sus brillantes colaboraciones, tanto en prosa como en verso, para el “Diario de Córdoba”. En 1895, recopila una serie de poemas de su etapa madrileña que permanecieron inéditos y los publica en el folletín de “La Voz Córdoba” bajo el título de “Amapolas”. En sus siguientes libros, “Predicar en desierto” y “Turbas y espectáculos”, se deje llevar de la mano de un amargo pesimismo y de una evidente preocupación social. Evolucionando, a partir de ahí, hacia una poesía más sentimental y espiritualista. Además de en otros volúmenes de poemas como “Lluvia de Flores”, “La Prensa” o “La lira de plata”, sus versos aparecen en la prensa local y en la madrileña. Del mismo modo, su calidad poética lo lleva a ganar varios juegos florales como los de Córdoba o Sevilla. Entre sus libros en prosa, destacamos “Algo de letras”, sobre crítica literaria; “San Rafael en Córdoba” y “La virgen de Linares”, reeditados en facsímil no hace mucho por Cajasur; y el mejor estudio biográfico sobre Ambrosio de Morales que se ha publicado hasta la fecha, dotado por la Real Academia Española por considerarlo de especial interés. fue académico de número de la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba.
Fue nombrado por unanimidad académico correspondiente de la Academia de Buenas Letras de Sevilla, a propuesta de Francisco Rodríguez Marín y de Luis Montoto; fue miembro honorario de la Academia Dante Alighieri de Catania (Italia) y del Real Instituto de Lisboa.





Apóstrofe a la prensa

   Tu misión es grabar nobles ideas
y no son las pasiones degradarlas;
no las hojas morder para mancharlas;
no ahogarte del error en las mareas.

   Llevar la ilustración a las aldeas
igual que a las ciudades y elevarlas;
templar odios de clases y hermanarlas
para ostentar del triunfo las preseas.

   En cetro torna con rigor constante,
la pluma, espada contra el viento inmundo,
cíñete por corona el sol radiante.

   ¡Levántate del lodo nauseabundo,
y serás la gran Reina dominante
en los inmensos ámbitos del mundo!





A UN VIAJERO CORDOBÉS

¡El cielo te proteja en tu viaje
y haga que tornes a mirar del Betis
el tranquilo oleaje,
y la imagen del Ángel soberano
que en el puente romano
relumbra entre farolas
y apacigua la furia de las olas!

¡Quién, como tú, pudiera
ver las ciudades prósperas del mundo
y volver al fecundo
vergel en donde vio la luz primera!
Yo sé que en mí son vanas ilusiones;
mas pienso, a veces, en saciar el ansia
de admirar las más célebres naciones.

Quisiera ver los campos de la Grecia
y en góndolas cual blancas gavïotas
surcar los verdes lagos de Venecia.
Ante columnas rotas
y estatuas ya volcadas,
casi entre verdes hierbas sepultadas,
quisiera meditar en las ruinas
de Atenas, y en la corte prepotente
de las siete colinas
a la sombra dormir de las arcadas
de carcomida piedra
con guirnaldas de yedra
y el arrullo de alegres golondrinas.

Visitar anhelara los lugares
santos, y en sus caminos
ver a los peregrinos
con cayados y conchas de los mares.
Cruzar los arenales de Judea
bajo un sol que caldea
y ver trotar por ellos
con sus pesadas cargas los camellos.

¡Oh quién como las águilas se alzara
sobre los altos montes
y en el viento meciéndose mirara
de la tierra los anchos horizontes!
¡Yo, como tú, quisiera
ver las ciudades prósperas del mundo
y volver a morir en el fecundo
vergel en donde vi la luz primera!









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