Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

martes, 22 de abril de 2014

1944.- GUILLERMO NUÑEZ DE PRADO Y AGUILAR



Guillermo Núñez de Prado y Aguilar 

(Montilla, 1874-Barcelona, 1915), poeta, ensayista, traductor, periodista y letrista de vida cuando menos bohemia, frecuentaba las tabernas donde se reunían gitanos y artistas, recogiendo y redactando seguiriyas, soleares, malagueñas y guajiras en las que utilizaba frecuentemente vocablos en caló, que eran impresas en las publicaciones periódicas de la época y cantadas en cafés y tablaos. En 1904, tras relacionarse con los más célebres intérpretes del momento, manda estampar su obra más aplaudida, Cantaores andaluces. Historias y tragedias, donde compila las biografías de una treintena de los más famosos representantes del flamenco, entre los que se encuentran figuras históricas de este arte, caso de Juan Breva, Silverio Franconetti, El Loco Mateo, La Parrala, La Rubia o El Canario Chico.




Guillermo Núñez de Prado,
El cante jondo 
Pierre Molla / Universidad París 


Núñez de Prado y Aguilar nació en Montilla en la provincia de Córdoba el 11 de marzo de 1874 y falleció misteriosamente el 6 de octubre de 1915 en Barcelona. Este poeta, escritor, traductor, ensayista, periodista, letrista…sigue siendo hoy día un hombre bastante desconocido. Rescaté sus poemas, su prosa y muchos artículos sueltos publicados en prensas de la época con el fin de recopilar su obra que publicaré junto con mi tesis doctoral sobre su vida y su producción literaria.
Aunque haya tocado a casí todos los géneros literarios, el autor que nos interesa fue antes que todo un poeta. Inspirándose fuertemente de los románticos franceses, cultivó como ellos una vida disuelta; esta bohemia del «poeta maldito» que no encuentra su sitio, esta vida de hombre que lucha por la existencia y por sentirse libre. Su pluma cambiante no cesa de escribir la tristeza la más profunda, la fealdad,la injusticia, la crueldad y la muerte así como la belleza, la fe y el amor. 

Sin embargo el joven poeta se sentía débil, sufría y se ahogaba en una sociedad oligárquica,injusta, que aprisionaba sus sueños de igualdad, de libertad poética y su deseo de un mejor reconocimiento literario. Sus versos traducen la tragedia, el sufrimiento,las angustias, la pena, el pesimismo constante, la fatalidad y una fuerte tendencia hacia la «negrura»; esta especie de «spleen» de Baudelaire, con más «profundidad», más «jondura» expresada por el cante jondo donde e lángel y la musa de los poetas líricos desaparecen frente al drama todo poderoso que deja las riendas sueltas a los caprichos del «duende negro». Estas son las primeras impresiones que nos dejan los versos del joven poeta de Montilla injustamente desconocido: Guillermo Núñez de Prado. Su contemporáneo amigo Ricardo de Montis, escritor, periodista y cronista de Córdoba nos ofrece una preciosa semblanza de Guillermo Núñez de Prado: Fue el último escritor bohemio de Córdoba.Un hombre original que daba terribles zarpadas con la pluma, que se revolvía en sus versos contra todo lo existente y no podía presenciar una escena sentimental ni oír un relato triste sin que sus ojos se inundasen de lágrimas. Poseía un alma grande, una inteligencia privilegiada y una voluntad férrea encerradas en un cuerpo enclenque, enfermizo; en un armazón de huesos, al que tenía en movimiento continuo, en agitación perpetua, un manojo de nervios indomables. 

Los infortunios, que le persiguieron desde la niñez, que acibararon su existencia, llena de dolores, de privaciones y de sacrificios, producíanle muchas veces la desesperación, el abatimiento, la rabia, el escepticismo que revelaba en sus versos, los cuales fueron siempre un reflejo fiel del estado de su corazón, pero la más ligera brisa de consuelo o de esperanza, una mirada o una sonrisa del ídolo de sus amores, bastaban para disipar las negras nubes que le envolvieran durante algunos momentos, para ahuyentar de su lado los pesimismos, y el resplandor de la alegría iluminaba su rostro, aquel rostro demacrado y de pómulos hundidos; reaparecía el brillo en sus ojos; la risa en su boca desdentada,donde vagaba de ordinario una mueca de dolor, y entonces ya no era su pluma látigo de negrero sino surtidor de flores; de sus labios no brotaban injurias ni blasfemias sino idilios y madrigales.Así se explica la diferencia notable que había entre las diversas composiciones de Núñez de Prado, diferencia tal que nadie hubiera creído que pertenecían a un mismo autor; por ejemplo, las recopiladas en el libro titulado Bronce y el poema Adela.

El último literato cordobés bohemio empezó a escribir cuando contaba muy pocos años, haciendo alarde, como todo el que principia,de extraordinaria fecundidad. Tenía inundadas de versos las redacciones de los periódicos;de versos incorrectos en su mayoría, muchos de ellos impublicables, pero todos vibrantes, sonoros, llenos de imágenes atrevidas, rebosantes de pasión. Guillermo Núñez de Prado buscaba en la poesía el consuelo a sus desventuras, las alas que le elevasen a regiones libres de las miserias humanas. Este hombre original compraba la felicidad,una felicidad pasajera, efímera, con muy poco dinero, con el suficiente para tomar varias tazas de café y fumar un cigarro puro de los más modestos.Cuando podía permitirse estos lujos, que no era a diario, veíasele horas y horas en un rincón del antiguo Café Suizo, saboreando su bebida predilecta y emborronando cuartillas,de las que sólo levantaba la vista para seguir con ella la espiral del humo del cigarro. Entonces Núñez de Prado se consideraba completamente dichoso y su musa no rugía como las olas del mar embravecido, sino susurraba como las mansas y cristalinas aguas del arroyo. Era cuando producía sus canciones amorosas, sus guajiras llenas de sabor cubano, sus versos eróticos. No menos venturoso que en los ratos que pasaba en el café, consagrado a rendir culto a su verdadero ídolo, la poesía, sentíase cuando, en unión de varios camaradas y amigos, congregados en un pequeño cuarto de una taberna, presa de la excitación que el alcohol produce, declamaba versos con entonación dramática, acompañada de una mímica tan expresiva como original.

A propósito del pueblo, Núñez de Prado decía:


Ahí tenéis al pueblo genuinamente español:
si le preguntáis por el ayer, no se acuerda; 
si tratáis de hacerle pensar en el mañana,
perderéis el tiempo en balde…



De la pena brota el cantar flamenco, de la pena brota la poesía flamenca. El proceso de creación musical y literario es el mismo. Núñez de Prado fusiona totalmente los dos mundos y los proyecta directamente en sus versos. Como lo hacía su amigo Julio Romero de Torres con la pintura. El poeta y el pintor tienen como musa a la mujer andaluza, la musa gitana que sintetiza y simboliza la flamencura y la jondura del arte; que sea musical, pictórico o literario. Para Guillermo Núñez de Prado, la mujer que fascina, la mujer enduendada es sin lugar a dudas la cordobesa, la reina de la feria: Una muchacha de ojos negros como el crimen,y de labios rojos como la sangre, una cordobesa, entona, acompañándose con una guitarra, cuyas cuerdas pulsa con dedos de hada, una sentimental malagueña. Si tenéis corazón os sentiréis atraídos insensiblemente por el infinito sentimiento que de este cantar brota(…)…os embriagáis, deliráis, enloquecéis, os sentís trastornados; vuestro cerebro es un volcán y vuestro pecho una fragua, y sois a la vez fiera y árcangel; rugís de entusiasmo y adoráis; ¿a quién? a la heroína de la fiesta, a la andaluza, a la cordobesa…

El literato Enrique de la Cerda y Vázquez, el 6 de enero de 1897, publicó un artículo en El diario de Córdoba, en el cual subrayaba la popularidad de los cantares de Guillermo Núñez de Prado: Entre las bellas tienen mucha aceptación sus obras; sobre todo en las que trata dulcemente del amor de su corazón, y más que en nada en sus guajiras.

Del libro en impresión Mis cantares, tomo la siguiente Guajira prólogo:



Con el fruto de la palma
La dulzura de la piña,
La hermosura de mi niña,
La ternura de mi alma,
Y con la apacible calma
Que se goza en los cañares,
Oculto en los platanares
Que me brindaban su flor,
Hice, llorando de amor,
Con lágrimas «Mis cantares».



Las coplas de Núñez de Prado que copio aquí demuestran una gran fantasía. Es de notar que los ritmos métricos respetan los ritmos flamencos que corresponden a los cantares: malagueñas, soleares, siguiriyas…


Abre ya la sepultura
Para enterrar un amor;
Cuida deque sea profunda,
Que es grande mi corazón,
Y tal vez le falte tumba.

Con la sangre de sus venas
Una carta me escribió;
Cuando la guardé en el pecho
Las entrañas me abrasó.

Cuando miro a mi serrana,
Quisiera hacer de sus ojos
Sepultura de mi alma.

Yo juro que hay parecer
Entre la hoja de un puñal
Y el llanto de una mujer.

Cuando se mata por celos,
La carne que el puñal corta
Cruje con notas de besos.

Compañero mío,
Préstame tu fragua;
Porque quiero templar en su fuego
Mis coplas gitanas.

Oculta en los riscos
Está de la Sierra;
Le sirven de marco 
para su hermosura
Laureles y adelfas.



Cómo no recordar con esta siguiriya a “el paso dela siguiriya” del Poema del Cante Jondo




:¿Adónde vas, siguiriya,
con un ritmo sin cabeza?
¿Qué luna recogerá
tu dolor de cal y adelfa?



Otras siguiriyas de Núñez de Prado:


¡Qué triste es el eco
Que da mi guitarra!
Es que con sus notas, 
te dice al oído
Que ha muerto mi alma.

Sepulturerito,
Cuando yo me muera,
Si esa mujer vive, 
cierra bien mi tumba,
Que me escapo de ella.


Elementos de estos cantares encontramos en elpoema de Lorca «Memento» del Poema del Cante Jondo:


Cuando yo me muera,
enterradme con mi guitarra
Bajo la arena.



Otra siguiriya de Núñez de Prado:


Son las siguiriyas
Como los cometas;
Briyan un minuto, 
se apagan de pronto,
Y mi rastro quea.



Esta siguiriya me evoca el principio del poema “El Grito” del Poema del Cante Jondo:


La elipse de un grito,
va de monte a monte
Desde los olivos
será un arco iris negro
sobre la noche azul.

¡Ay!

Como un arco de viola
el grito ha hecho vibrar
largas cuerdas del viento.







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