Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

sábado, 3 de septiembre de 2011

828.- OSWALDO ROSES


Oswaldo Roses. Escritor, poeta, y ensayista nacido Málaga, España, 1965. Pensador, poeta, narrador, ensayista español, nacido en Cuevas de San Marcos (Málaga). Ha publicado: CANTOS DE SANGRE, Ediciones Rondas, Barcelona, 1984; LA MUERTE MÁS DIFÍCIL, Ediciones Torre Tavira, Cádiz, 1994. Ha quedado finalista del Premio Internacional de Poesía Amorosa, Mallorca, 2002. Es asesor literario de la colección Torre Tavira, de Cádiz. Ha sido incluido en NUEVA POESÍA HISPANOAMERICANA, Ediciones Lord Byron, Lima, 2004. Ha colaborado en las revistas electrónicas Respublicae, Wemi, Letralia, Bajo los Hielos, Libertad, Refinado, La Gota, Pusaki, El Anartista, Realidad Literal, Cajón de Letras, Proscritos, Casi Nada, Redel, Fígaro, El Fantasma de la Glorieta, Veneno, Sufragio, Poegia, Híbrido Literario, Escáner Cultural, Poetas en la Red, Contracultural, La Rana Dorada, The Big Times. Ha publicado en periódicos de todo el mundo; y últimamente destacan GRAMMA, VICTORIA, SIN MORDAZA, EL CIBERPERIÓDICO, VÍCTIMAS DE LA PRENSA, EL TORRENTI, DISTRITO 19, EL NUEVO ENFOQUE, MOMARAMDU, LA GRILLA (donde tiene una columna), VISIÓNMX (donde tiene una columna). Ha colaborado también en revistas de investigación. Parte de su obra está traducida al inglés, al catalán y al italiano. Ha sido incluido en Nueva Poesía Hispanoaméricana, Ed. Lord Byron, Lima, 2004, dirigida por el poeta peruano Leo Zelada. biográfico del poeta.





Las leyes carnívoras

A Óscar Huerta

Con la cúpula de Dios en la noche
aviva la nieve negra
la esperanza;
es así,
hay una astucia que afila sus sueños,
sus vengativos sueños,
más indoblegables
que nunca.









La queja de Chéjov

Esta es la flor de la soledad:
mirar,
mirar
cómo escribe una sombra mis recuerdos.
Mirar
bajo la vida alejada
el cariñoso pan,
el beso cortado y el rencor.
Ahí en prisas la muerte calla.








Una flor como se pueda soñar

A Ruth

Con un largo viaje al horizonte:
te besaré,
si tú me lanzas un rostro
y ya como el agua
-primera ley-
se ilumine, se entregue.








Sin poder

A Miguel Hernández

En este imperialísimo canibalismo
cómo resistir
con los ojos vaciados
de llorar;
en qué fondo hundirse
y guardar el alma;
por qué motivo fiarse
de la luz que no se acaba, que no,
pero acuchilla.
Qué rumbo es la dulzura, Miguel,
desahuciada ya hasta la muerte.









República de la soledad

¿Quién ha visto
la muerte abandonada en la noche?,
¿quién de entre todos los guerreros del Hades,
de la nada y del olvido?

Porque ¿cómo se escupe el sueño
si petrificada está la visión
depauperada
de los siglos?








El Quijote

Enferma de lágrimas
la gloria
ante terrenos inmundos
para quien sólo venció a los titanes del engaño,
a los que denigraron
el honorable nombre de mi dulce amada.









(Sotto voce)

Llega el frío que sólo uno comprende,
llega aquí, ahí donde mi fe,
llega irrenunciable: cortador de ojos.
Es gris
a fondo desconsolando palabras,
gris a fondo.

(enero de 2003)









Aspereza

A Raúl Mellado Castro

Es tarde,
ahora no puede uno rezar,
ahora no puede uno dejar la lluvia
para siempre.

Es tarde
de mucho presentimiento desgajado,
entre murciélagos fuertes
e inolvidables delaciones
como diamantes de tormenta perfeccionando el odio.








De pronto...

A Federico García Lorca

De pronto el toro en soledad erguida
con el nombre solar de la hermosura,
y a Dios ve el hombre por su cara oscura
cuando asusta la muerte y alza la vida.

Fieramente una rosa transmitida,
humildemente y rabia de ternura,
no se quiere matar -él nos lo jura-
sino a la muerte audaz, y no a la vida.

¡Ay!, soledad soñada frente a frente,
¡ay!, llegar paso a paso, lentamente,
enduendeciendo la pasión perdida.

Toro que siente, toro que no pierde
más tristeza fatal que la que muerde,
sólo muere de nuestra misma herida.








Mar

No hay oleaje inútil
del fondo a la arena;
ni sensación ni abismo
para menguar su fuerza.

Sólo es luz fugitiva,
sueño; sólo presencia.
Sólo revuelos cándidos
en la distancia esbelta.

Suspiros y caricias
¿cuánta más brisa ciega?;
sonrisas y canciones
cuanta más mar se deja.

Delicias del azul,
lánguidas, aún velan
como flores del cielo
—paz— espumas enhiestas.

(octubre de 1999)









Mañana


(A Luis de la Paz)

Mañana, es el amor
recogiendo las flores
más amables, soñando
como brisa perfecta.

Canta la ilusoria ave
en su vuelo, de pronto,
de rama a rama, e hila
hilos de corazón.

Se llena un tiempo del sueño;
las aguas de la alberca
no esperan a la ilusión,
sino enseñan sus gemas
y escuchan el sosiego
del granado, del niño
que yo llevo apacible,
que yo sonrío eterno.

(octubre de 1999)







La alegría

(A Ruth)

Retiene la alegría
el tiempo y sus heladas;
ingrávida, a sí misma.
Descubre la esperanza
como encendida música
magnánima, sin miedo.

Ni la excusa más fiera
la detiene en su altar
de recuerdos, solemne.

Es la estrella más firme
el color más amable,
hondo ánfora del amor.










Melancolía

(A Matías)

Como cuando se regresa
por el invierno a la casa
a través de unas callejas
solitarias y nostálgicas

sólo en ti un puro deseo,
sólo en ti una pura mirada.
Entonces sientes lo perdida
que se ha quedado la infancia.

Tanto se te ha arrancado
del corazón, que las lágrimas
son ese olvidarse mismo
de la soledad -callada-.

(septiembre de 2000)







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