Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

jueves, 30 de mayo de 2013

1705.- JUAN VARGAS MONJE


JUAN VARGAS MONJE
(Jerez de la Frontera - Cádiz)
Nacido en Jerez, el 23 de Noviembre de 1953, su muerte acaeció en mayo del 2004. Sus últimos años los pasó en Granada, en cuyo barrio del Sacromonte fue enormemente popular. Formado en la escuela de cante jerezana, confesaba su admiración por Manuel Vallejo y Aurora Pavón, mostrando una especial atracción por las bulerías. Era un tipo autodidacta que aprendió y desarrolló su arte llevando una vida sencilla y en muchas ocasiones retirado en la naturaleza.

Juan Vargas Monje era un gigante. Así lo considera Yhamile Jojo, algo más que su viuda literaria y la conservadora de los escritos de este malogrado gitano de Jerez que una mañana apareció muerto en la humilde cueva del Sacromonte de Granada, en donde sólo se alimentaba de café, de arroz y de lentejas, a juzgar por los escasos víveres que encontraron en su domicilio: «Todavía recuerdo cuando me avisaron. ¿Cómo iba a ser posible un mundo donde no estuviera?», se preguntaba ella el pasado miércoles en la sala Compañía de Jerez de la Frontera, ante el numerosísimo público que acudió a la presentación de El loco romántico, naturaleza viva, una antología de sus textos que acaba de editar el servicio de publicaciones de la Universidad de Cádiz. 


La divina locura de Juanete

Por MAURICIO GIL CANO

Éramos muy jóvenes. Una vieja taberna de resonancias anarquistas,
Las piedras negras, en el casco antiguo de Jerez, ocupaba el bajo de un vetusto caserón del que hoy sólo queda su fachada, como un decorado de cartón piedra envolviendo las nuevas viviendas construidas en su solar. Aquella tasca estaba viva. La llevaban varios hermanos encantadores, casi todos músicos, gente sensible y abierta que había conseguido que confluyeran en aquella esquina, flanqueada por el Palacio Pemartín y la Iglesia de las Reparadoras, bohemios, artistas y jóvenes con el entusiasmo que propicia la falta de prejuicios. Una de las noches en que me dejaba ir por la amigable cháchara de los vasos de buen fino, apareció en el local alguien extraordinario, por su genuino aspecto no tanto como por aquello que decía: 


Voy solo por los caminos
pa que me lleve el destino
donde vive la pureza.


Me interesó conocer al poeta y pronto estuvimos charlando. Era un gitano de pura cepa que vivía la poesía como un don. Juan Vargas Monje, quien asumía en su sobrenombre de cantaor estar poseído por la divina locura de la creación: «El loco romántico». Un hombre limpio en el mundo hostil, apóstol de la libertad y mártir de la belleza.
Venía acompañado de su incansable amigo el pintor Pepe Sumariva.
Entre los dos acababan de publicar, en 1985, el libro Pataleando. Poemas de Juanete Monje Silvestre -así firmaba-, ilustrados por Sumariva, una pequeña obra de arte bibliográfico -en su doméstica sencillez-.
En ellos se nos revela un autor eternamente niño, que alcanza la sabiduría de los bienaventurados: … 


que el ser mayor es la primera muerte 
de un mundo sin futuro. 


Conmueve la nobleza con que Juanete escribe las más profundas verdades. Parece la inocencia de aquellos que se encuentran en estado de gracia. Vitalista libertario y profeta de la naturaleza, estaba convencido de su verdad y la quería compartir con nosotros. Juan Vargas amaba la vida y eso le llevó a hacer camino, como en los versos de Machado, al andar. Se pateó tierras de España y Portugal, conociendo su variedad de paisajes y gentes. Se quedó a vivir - y a morir, ay- en Granada, donde habitaba una cueva del Sacromonte.
En el barranco del Hornillo, cuatro días después de su desaparición, en mayo de 2004, hallaron el cadáver de quien había nacido en Jerez en 1953.
En 2008 la Diputación de Cádiz editó El loco romántico: naturaleza viva, bello volumen que recoge una recopilación de textos de Juanete realizada por Yhamile Jojo, su compañera sentimental y madre de su hijo Sol. El prólogo a cargo de Juan José Téllez se titula «La otra cara del mito del buen salvaje».Téllez lo describe como «moreno, divertido y enorme», confiesa que le hubiera gustado «compartir con él mesa y mantel, o su estremededora y voluntaria pobreza», y se refiere a su muerte, violenta a causa de un politraumatismo «de muy probable etiología accidental», según la autopsia. Por su parte, Yhamile explica La divina locura de Juanete que el manuscrito de Vargas Monje «es el pasatiempo de un ser que convivía con la soledad, la disfrutaba y la habitaba, trayéndome de allí un vuelo a lo Zen, y remitiéndome, sin saberlo él, al Kundalini Yoga cuando practicaba, con tanta convicción, un descubrimiento psiconeuronal removiendo la parte viva de su propia fisiología». Sugiere la recopiladora que el autor había llegado a «redescubrir, con su propio paso contemplativo, las ciencias sin previa influencia». Sabiduría innata del que fue prescindiendo de todo hasta dar en lo esencial. En uno de los poemas del libro, Juanete se describe como vagabundo:



Con un trocito de ná 
yo me siento muy feliz,
y hay quien tiene mucho
y no puede ni vivir.

Por eso yo no quiero dinero,
quiero vivir mi vida como la
llevo. 


Más allá del tópico, Juan Vargas Monje se sabía encarnación de su propia filosofía



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