Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

martes, 2 de octubre de 2012

1389.- MANUEL ROMERO MÁRQUEZ



Manuel Romero Márquez

Manuel Romero Márquez (Nació en Cádiz el año 1913 y murió en Tomares el año 2003)
Maestro Nacional (hasta 1936), capitán de Intendencia, agente comercial, auxiliar administrativo y poeta.
Le gustaba escribir versos, ir al mercado comparando precios, jugar a las cartas (julepe) y que le escucharan cuando hablaba, lo que hacía con mucha frecuencia y generosidad.


De su libro Versos de la vida, del amor y de la muerte. Sevilla, 1983



Del poeta Manuel Romero Màrquez a Francisco Machado:

su reinvindicación como poeta


Tiene tres entradas aquella glorieta    
con tres bancos curvos en su plazoleta    
y unas librerías    
que esperan sus obras porque están vacías.   
La modesta fuente vierte su cristal    
sobre una gran taza nada original.    
Pero el agua clara mana todo el día    
como meridiana luz de poesía.   

Una placa oscura, que no tuvo historia 
hónrase a sí misma, dice: "A la memoria..." 
fueron tres maestros, tres glorias, tres hados 
y si ese recuerdo fue sólo por dos 
quizás más de uno esté equivocado: 
Fueron tres poetas Hermanos Machado. 
Lo ha dicho "su fuente" al besarla yo.





Ha partido la barca
En la muerte de Francisco Machado Ruiz

Ha partido la barca
en su viaje postrero.
Al frente va un viajero
hacia la costa ignota
y aquel velero alado
es blanca gaviota
sobre el tapiz rizado.

Unas manos hermanas
manejan blancas velas.
Y otras forman la estela
sobre el leve oleaje
con timón de ideal
"ligero de equipaje"
como él supo cantar.

Tres corazones juntos
en un solo latido.
No se oye ni un murmullo...
El mundo se ha dormido.
En unión las tres almas 
van a desembarcar.
Ha llegado la barca
al más ansiado puerto:
donde arriban los buenos
cuando cruzan el Mar.





La mano de Dios

Es la lluvia apacible, sin tormenta
y es el lago que a la nube refleja;
es la brisa que arrastra cuando viejas
las hojas amarillas que están muertas.

Es el mar y es la estrella. Es el camino
que guía hacia la luz de la esperanza.
Es el mendigo que cuando te alcanza
te ruega que le alivies su destino.

El milagro del sol de cada día
y la noche sombría del que espera
que llegue la promesa de la aurora

El nacer y el morir; la vida mía.
El trance del que vive su agonía
y el goce de vivir de cada hora.

Y el beso de una madre que tenía
la muda boca abierta y me decía...
¡Bésame tú, que yo no puedo ahora!





Campana que al deber llama

Del tibio lecho la caricia grata
resalta suave por llegar el frío.
Tañe más seca y bronca la inmediata
campana sin abrigo del rocío.

Acostumbrada está desde hace siglos
a sonar un momento y seguir queda
y sola, sola con los elementos
y algún ave cansada en su carrera.

Símbolo de una vida de grandeza
hoy te comparo con la humilde mía
y quiero confesarlo con gran calma,
sin el menor asomo de tristeza:

¡qué pocas campanitas de alegría...
... y qué de veces tañe sola el Alma!



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