Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

viernes, 22 de julio de 2016

RAMÓN G. MEDINA [2.173]


Ramón G. Medina

Nacido en Almadén de la Plata (Sevilla 1948). Al sur de las heladas cumbres de Sierra Morena. Donde, como el Águila Real, se mira al sol cara a cara por la mañana, y por la tarde se oye el canto de la tórtola, rimando canciones de amor con sus arrullos. Ha publicado el cuaderno “Del amor y sus ausencias”, y es colaborador en diversas antologías poéticas, teniendo en su haber ligeros premios de poesía.


EN ESTE SITIO CÁLIDO

Aquí estamos. En este sitio cálido,
donde arrullan las aves
cuando el sol amanece.
E invitando a querernos la mañana

Yo creo que estoy aquí y que te miro
desde que sale el sol hasta la noche.
Aunque a veces parezca
que están todas las luces apagadas.

Del libro inédito “Después de lo que somos”




AL HOMBRE DE LA SIERRA DEL SUR

Desde el estrecho valle
la pedregosa sierra se remonta,
y el hombre que camina
-lleva la piel curtida por el sol-
y la esperanza puesta.
Arrugada la frente campesina
de mirar el vacío, la ausencia de su vida.
De Carcabuey hasta Doña Mencía
delante de su mula.
Espera la cosecha; mira al cielo,
y suspira… ¡La vida es dura!
Y sigue caminando detrás de la perrilla,
que huele los majuelos crecidos
al borde del camino. Sueña.
Los álamos se pierden a la vista.
-Es la fisonomía de su estructura-:
Luque, Zuheros, Cabra y Priego
de Córdoba callada, con Iznájar
y Rute. ¡Qué buen vino del Sur!
Parece que brota la semilla romana
y árabe andaluza. Amarillea la tierra
con la que lucha el hombre a la porfía,
sabiendo que al final será vencido.

Del libro inédito “Poesía disgregada”




EN LA SIERRA DE ARACENA

Por la sombra callada de la noche
la voz se rompe del fandango en duelo,
y tiembla en desamor toda la tierra.
¡Cómo decir!, que los Picos de Aroche,
van, y al águila Real, copian el vuelo,
para precipitarse por la sierra.
Que la quietud del seno de la Peña
se glorifica de sensual belleza,
en la cóncava forma de la cumbre;
que el hombre se recuesta, cuando sueña,
sobre el peso total de su destreza,
para seguir labrando la costumbre.
-Yo fui también el niño de la siega-,
y sé de aquel temblor que al hombre mece
la primera presencia concebida;
y sé de cuánto sabe y se le niega,
mientras va pensativo, y se estremece,
de ver lo poco que le da la vida.

Del libro inédito “ Poesía disgregada”




JARDÍN PARA TUS OJOS

Ese jardín que ves está delante.
No te oprime la voz ni la mirada
ni cesa ante la luz ni es necesario.
Sí te llena los ojos, sin embargo.
Es absoluto y verde y es de aire
y su verdor te roza si te mueves,
si lo bebes despacio, si lo coges,
si te atreves a serlo y a tocarlo.
Es un verdor total y pequeñito.
Está lleno de infancias y recuerdos,
de un mirar hacia fuera y hacia dentro;
de esas cosas pequeñas, que de blancas,
ni siquiera te atreves a mirarlas
por miedo a que se rompa la mirada
y el corazón se quede como el hielo.
Existencia total de verde-magia
de todo lo que roza y nos devora
en la perplejidad de no saberlo.
Dejándonos pasar, verdes los ojos,
hasta lo inexplorado más exacto
del tacto y el albor de la mirada.

Del libro inédito “Poesía disgregada”



DE REPÚBLICAS

A Lupe y David

La casa es el clamor de cada instante.
Cada rincón unido, cada arista,
deja ante sí la fuerza de uno solo:
ese amor de ser hombre, reflexiones,
memorias de haber sido otro silencio,
la cal de lo que es blanco, lo que muere,
la sed que va por dentro desde el aire.
La pared de la casa nos oculta,
el aire de la casa nos habita,
la forma de la casa nos encuentra,
el seno de la casa nos conforta,
el amor de la casa nos proyecta,
nos llena, nos ocupa, nos va haciendo.
La casa no es la casa… Es abismo…
República de vida concentrada,
exégesis de fórmulas perpetuas,
información y claustro primitivo.
República de andar cada mañana,
de ser en sí, de Ser, de amanecerse
en la mirada única de siempre.
La casa es encontrarse desde dentro.

Del libro inéditos “Poesía disgregada”



EL OTRO INCENDIO

A Jesús Solano

Necesario será vernos por dentro.
Acudir a nosotros un instante
y ser esa mirada que nos habla
de alguna procesión frente al espejo.
Ser esa multitud en uno solo.
Bajar a la memoria y conocerse.
Asistir al dolor de nuestro miedo;
ser un poco nosotros, serlo todo,
para ser fortaleza de uno mismo
y ya nunca perdernos en el aire.
No ser en esa trama la dolencia
que nos va deponiendo, siendo otro
en la misma sustancia y envoltura;
o como pareciendo otro celeste
con brillo de un abril reverdecido,
para nunca acabarnos. Ser exactos.
La plena perfección por otra senda,
por otra descifrada transigencia
o algún amanecer hecho dulzura.
Tal vez cierto fulgor que nos alumbre.
Y ser esa bandada de palomas
que habita nuestro pecho desvalido.
El calor que deshace nuestro frío,
dejándonos arder en la mirada
y siendo para siempre el otro incendio.

Del libro inédito “Poesía disgregada”



http://www.luzcultural.com/?p=2534




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