Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

martes, 1 de noviembre de 2011

896.- PATROCINIO DE BIEDMA



Patrocinio de Biedma y la Moneda (Begíjar, Jaén, 13 de marzo de 1848- Cádiz, 14 de septiembre de 1927) fue una escritora y articulista española.
Nació en el seno de una familia de la aristocracia andaluza en Begijar(Jaén), el día 13 de marzo de 1845. Era hija de Diego José de Biedma y Marín e Isabel María de la Moneda y Riofrío.
Se casó muy joven, en 1863, con José María de Quadros y Arellano, natural de Baeza e hijo del marqués de San Miguel de la Vega, Quedó viuda el 9 de febrero de 1873, y vio también morir a los tres hijos de su matrimonio. La muerte de su primer hijo lo que la impulsó a escribir Elegías a la memoria del niño Don José María del Olvido Quadros de Biedma, muerto a los seis años de edad (1874); La oración a mi hijo José del Olvido; y Ecos de amor. A mi hijo José del Olvido, publicadas en La Margarita (1874, diciembre).
En 1877, acompañada de su amiga, la princesa Ratazzi, se instaló en Cádiz. En esta ciudad fundó y dirigió la revista Cádiz. Colaboradores del diario fueron entre otros José Jurado de la Parra dramaturgo y poeta baezano, y Enrique de Sierra Valenzuela, escritor romántico, periodista y abogado de Adra (Almería)
En 1878 fundó y presidió una Federación Literaria de Andalucía que animaba el desolador panorama cultural andaluz de la época de la que fueron miembros varios de los colaboradores del diario Cádiz.
El 11 de septiembre de 1881 falleció su madre en Begijar.
Se casó de nuevo con José Rodríguez y Rodríguez, director de la Crónica Gaditana y archivero jefe de la Diputación. Fueron apadrinados por Alfonso XII.
En 1888 tomó parte en el Congreso de Protección de la Infancia celebrado en su ciudad. En honor de sus trabajos en pro de la infancia fue distinguida con la Cruz de Beneficencia de Primera Clase.
En 1897 organizó en el Ateneo de Cádiz una velada en honor de la memoria de Concepción Arenal, escritora, jurista, socióloga y pedagoga. En esta velada solicitó del Ayuntamiento se le pusiera el nombre de Concepción Arenal, a la “calle de la cárcel”, lo que se llevó a cabo por el Ayuntamiento, a propuesta del Ateneo.
Muy concienciada con el pacifismo militó, y en 1898 fue nombrada vicepresidenta en España de la «Ligue des femmes pour le desarmement international» (Liga de las Mujeres para el desarme internacional)
Conoció e informo sobre la obra que desarrollaban las primeras mujeres en actividades poco usuales en aquella época, por ejemplo en el mundo de las artes o de las ciencias, en dos artículos suyos publicados en El Correo de la Moda: «Las mujeres artistas» (1882-febrero) y «Las mujeres doctoras» (1882-octubre), dedicado a la primera doctora española, Marina Castells. Fue la primera mujer "Socio de Merito" de "La Real Sociedad Económica de Amigos de País de la Ciudad y Reino de Jaen"
No defendió el sufragio pues en su opinión el voto femenino se decidiría «por el capricho del padre, el amigo o el marido», y no por el propio criterio de la mujer.
El día 10 de junio de 1914 moría su segundo esposo. Patrocinio falleció en Cádiz el día 14 de septiembre de 1927. En Begijar una calle lleva su nombre que es en la calle en la que ella nació y donde todavía se conserva su casa natal.
Colaboró en numerosas publicaciones firmando como «Ticiano Imab», entre otras en El Ángel del Hogar, La Discusión, La Margarita, El Amigo de las Damas, Los Niños, La Mesa Revuelta, El Bazar, La Crítica, El Correo de la Moda, La Iberia, El Eco de Europa, Revista de Andalucía, Flores y Perlas, La Época, La Ilustración Católica, El Museo Popular, La Correspondencia de España, El Imperial, El Resumen, Blanco y Negro, El Álbum Ibero-Americano, Revista Católica de Cuestiones Sociales, Galería de desgraciados, de Madrid; El Mundo Ilustrado, La Ilustración de la Mujer, La Ilustración Ibérica de Barcelona; El Fígaro. Almanaque... para 1880 de Málaga; El Español, El Renacimiento de Sevilla.
Su colaboración con las publicaciones de su ciudad es muy numerosa: El Álbum del Industrial de Jaén con 28 poemas, Obsequios poéticos a la Virgen de la Capilla (1866-72),, El cero de Jaén (1867-68), La Fe Católica de Jaén (1869-70). Tuvo que tener cierta implicación en la vida ciudadana, pues publicó también en el Boletín del Instituto de Segunda Enseñanza de Baeza.
A destacar sus colaboraciones en la prensa de Cádiz, La Moda Elegante, El Cocinero 1897, Revista Teatral,1898. Colombia, 1917, y, muy particularmente, en Cádiz, en la que se cuentan más de cien artículos (1877-80).
Tradujo del catalán la tragedia La sombra de César de Víctor Balaguer, en versos castellanos. Esta traducción se pueden leer en Víctor Balaguer, Tragedias, Barcelona, 1891.
Recientemente, ha sido adquirida su casa natal en Begijar (Jaén), que pronto será rehabilitada para albergar el museo monográfico con su mismo nombre, algo muy deseado y demandado por los vecinos de la localidad. El día 23 de abril de 2008, se organizó una jornada literaria en memoria de la escritora, con motivo del día del libro, la cual tuvo como clausura la inauguración de una bella placa en la fachada de la vivienda. El acto fue promovido y desarrollado por la Asociación Cultural Proyecto Cultura Joven ,que tras realizar un profundo estudio bio-bibliográfico sobre la autora Begijense, será la encargada también de llevar a buen fin y tener a buen recaudo el Centro Cultural.
Actualmente el edificio se encuentra en vias de ser catalogado como bien de interés Histórico y Cultural por la Junta de Andalucía.
Obra

Costumbrismo
Cadenas del corazón. (Madrid, A. Pérez Dubrull, 1872)
El odio de una mujer. (Madrid, Libr. de Antonio Castilla, 1876)



Novela
El secreto de un crimen (Valencia: Católica, 1877)
El testamento de un filósofo ( Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1879)
Las almas gemelas ( Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1881)
La botella azul (Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1881)
Blanca (Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1882)
El capricho de un lord (Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1882)
La muerta y la viva (Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1883)
Dos hermanas. (Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1884)
Las apariencias. (Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1884)
La boda de la niña. (Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1885)
La Marquesita. (Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1892)


Poesía
Guirnalda de pensamientos (Barcelona: Luis Tasso y Serra, 1872)
Recuerdos de un ángel. Madrid: Memorial de Ingenieros, 1874
El héroe de Santa Engracia. Poema histórico (Madrid: Memorial de Ingenieros, 1874)
Romances y Poesías (Biblioteca Escogida, Vol. IV, Cádiz, Tipografía La Mercantil, 1881, pp. 190-192)21.
El mejor castigo. Leyenda dramática en tres actos y en verso (Cádiz: La Mercantil de J. Rodríguez, 1884).


Artículos
Entre sus numerosos artículos publicados hay muchos dedicados a la mujer: «La política de las mujeres» (nº 21) y «La mujer católica» (nº 29) en La margarita; «Poesías dedicadas a las hijas de Teodoro Guerrero: María, Emma y Lidia Guerrero», en El Correo de la Moda (1875, mayo); «A Isabelita Ratazzi», en Flores y Perlas (1883-junio) en La Época: «Doña Paz de Borbón» (1883-marzo), «Biografía de la princesa doña Eulalia de Borbón» (1886-enero), «Las mujeres en la exposición de París» (1888-julio); «La mujer en la sociedad moderna», en El Resumen (1890-junio); «Liga de señoras católicas», en Revista Católica de Cuestiones Sociales (nº 151). Entre las obras colectivas en las que colaboró cabe citar los artículos publicados en Las mujeres españolas, americanas, lusitanas, dirigida por Concepción Jimeno de Flaquer: «La dama del gran mundo», «La madrileña», «La mujer de Jaén» y «La dama diplomática».


Obras de la autora no localizadas
Tiempo perdido (1881) y las novelas Desde Cádiz a La Habana y Fragmentos de un álbum







DESEOS


A María

Quisiera ser el rayo de la aurora
que ilumina tu frente en la mañana;
ser flor que tú admirases por galana
y brindarte una esencia embriagadora.
Quisiera ser el eco que a deshora
llega hasta ti de música lejana:
la dulce sombra fugitiva y vana
que acaricias en tu alma soñadora.
Mas ¡ay! que el sol la aurora desvanece,
muere la flor y piérdese en el viento
el eco blando que vibraba en calma:
ser no quiero ilusión que desaparece…
Es mejor ocupar tu pensamiento
y ser, cual hoy, el alma de tu alma.

(Guirnalda de pensamientos. Poesías, Madrid,
Carlos Bailly-Bailliere, 1872)


http://hispanismo.org/resto-del-mundo/11575-de-sudafrica-y-etcetera.html
Pasa por ser una de las tempranas feministas andaluzas, y en 1898 fue nombrada vicepresidenta en España de la “Ligue de femmes pour le desarmement international”.

En 1877 fundó la revista “Cádiz” que dirigiría hasta 1880. En dicha revista colaboraron firmas prestigiosas del mundo político y literario del momento: D. Emilio Castelar, Echegaray, García Gutiérrez, Hartzenbusch o Salvador Rueda. Con motivo de la guerra anglo-boer, doña Patrocinio publicó un poema que se editaría en Holanda: “Los Boers”.



Este es el canto que dedicó a los combatientes böers:

¡Salud, Pueblo inmortal!, la heroica lucha
Con que defiendes en tu noble tierra
Tu hogar, tu libertad, tu fe, tus leyes,
El grandioso ideal de tu conciencia…

Esa explosión viril de tu entusiasmo
Que hace de cada hazaña la epopeya
De un pueblo libre, que al trabajo debe
Prosperidad y honor, gloria y riqueza.

Esa constancia en el deber cumplido,
Esa fraternidad en la entereza
Con que, al salvar los fueros del derecho,
Afirmáis la santa independencia…

Esa lealtad del hombre convencido
De su augusta misión sobre la tierra
Que, al inspirar respeto y confianza,
Ofrece ejemplos a la edad moderna.

Quedará en los anales de la historia
Formando la magnífica leyenda
Del valor y el deber que sobrevive
A los brutales golpes de la fuerza.

Quedará cual corona de este siglo,
Que pudo ser de redención emblema
Dando al hombre la paz en el derecho,
Ahogando la ambición que lo vulnera.

Que pudo hacer sagrada e inviolable
La propiedad del débil, la existencia
Del pueblo honrado, que al trabajo uncido
Nuevas corrientes a la vida lleva.

Y prefirió manchar el aureo manto
Con que el progreso proclamó su alteza,
Con señales de lágrimas y sangre,
Con injusticias de nefandas huellas.

¡Salud, Pueblo inmortal! ¡Tú reverdeces
Laureles de otras razas, de otras épocas!
Mereces libre ser, y habrás de serlo
Pésele a los tiranos de la tierra.

Que el pueblo que defiende sus hogares
Y lucha por su santa independencia,
El pueblo que sostiene sus derechos
Frente a las injusticias de la fuerza,

No puede esclavo ser, ni ser vencido,
Que de Dios el espíritu lo alienta,
Y si los poderosos lo abandonan
De su poder mostrando la flaqueza,

Los buenos, los sencillos, los humildes,
Como a hermanos los aman y respetan.
Defender a este pueblo en sus derechos
Es defender la humanidad entera.

Es romper esos moldes que forjaron
El egoísmo y la ambición, en guerra
Con el sublime espíritu divino
Que sólo a la justicia se doblega.

Es borrar para siempre de la historia
La infamante señal de las miserias
Que manchan los Estados y los Tronos
Ocultas en brillantes apariencias.

Defender el Transvaal es redimirse
De errores que el pasado nos revela…
¡Ayudemos al pueblo que defiende
Patria y honor, virtud e independencia!








LAS RUINAS

A mi querido amigo el Vizconde de San Javier

Veo ala tiempo veloz que se adelanta
y derriba con vuelo presuroso
cuanto el hombre fabrica y cuanto planta.

HERRERA

Qué grata y celestial melancolía
nos envuelve al mirar entre la sombra
que densa avanza al expirar el día,
del freco valle en la florida alfombra
la mole colosal de unas ruinas
cuyo aspecto gigante nos asombra.
Se agrupan misteriosas y divinas
cual fantasma que se alza pavoroso
entre las vagas nubes purpurinas
que recogen el rayo tembloroso
de pálido color, con que se apagan
los reflejos del sol esplendoroso.
En esas horas que la mente halagan
la soledad a meditar convida
dulces recuerdos en la mente vagan:
¡Los recuerdos, que son del alma herida
ruinas también, de una creación de gloria
que al peso del dolor se hundió en la vida!
¡Ay! ¡Cuán triste acaricia la memoria
la idea del no ser, al ver cual quedan
las ruinas como sombra transitoria
de un poder que pasó; los siglos ruedan,
siguen de destrucción su obra gigante 
sin que parar su movimiento puedan,
pues el tiempo agitándose incesante
convierte en polvo cuanto el hombre crea,
su vida va apagando cada instante,
y antes que su obra destrozada vea
la muerte envuelve con su opaco velo
la frente altiva en que brotó su idea!...
¡Qué bello cubre el pabellón del cielo
ese cuadro que imagen de la nada
la mano del Creador trazó en el suelo!
A su severa frente abandonada
se ciñen en guirnaldas los vapores
que vagan en la atmósfera azulada;
su manto bordan las silvestres flores
matizando las orlas de la yedra
que ondulan con los vientos gemidores;
y entre los huecos de la escueta piedra
se escuchan melancólicos sonidos
cuyo eco triste al corazón arredra.
Quizás son los tristísimos gemidos
del genio del dolor, que se lamenta
entre los muros por el tiempo hundidos,
o acaso es ilusión que se presenta
para probar de Dios el poderío
que entre la destrucción la vista ostenta!
Con cuánta majestad en el vacío
se elevan esas masas, que agrupadas
en medio la extensión del bosque umbrío,
como reinas vencidas o cansadas
se hunden para ocultar entre la arena
la historia de sus vidas olvidadas.
¡Qué triste sentimiento el alma llena
al recordar en medio de su encanto
envuelta en triste misteriosa pena,
que esos escombros que le arrancan llanto
fueron un momento de grandeza
y hoy les cubre el olvido cons su manto!
¡Ay! ¡con qué melancólica tristeza
se ven estos fragmentos desprendidos
que aún conservan vestigios de belleza!...
También del corazón los bendecidos
sueños de gloria que la vida encantan
van descendiendo del dolor heridos,
y en escombros de dicha se levantan
de otra esperanza las divinas flores
que entre polvo de olvido se agigantan;
porque, cual los jazmines trepadores
tapizan esa inmensa sepultura,
en el alma que agobian los dolores
nacen también ensueños de ventura
como para ocultar bajo su manto
la fatal destrucción de su locura.
Por eso al corazón arrancan llanto
esos cuadros que imagen de la nada
tienen en sí tan misterioso encanto;
porque cual ellos sola y olvidada
el alma por pesares combatida,
ve más breve pasar su triste vida
que una obra sobre polvo levantada.

(Guirnalda de pensamientos. Poesías, Madrid, 
Carlos Bailly-Bailliere, 1872)







895.- ANTONIO CHECA LECHUGA


Antonio Checa Lechuga (Baeza, Jaén 1941) publica su primer libro de poesía, Polvo y barro. Poética en 1983. Éste es el primero de una serie de libros que han ocupado una larga vida de creación literaria y que el poeta, por fin, ha decidido irlos ofreciendo a la luz, rompiendo así la paradójica incomunicación de quien por principio poético tiene en la poesía puestas sus esperanzas de comunicación y de quien asimismo concibe la poesía como comunicación.
Por lo que sé, hay en su voluminosa obra inédita libros de poesía, ensayo, novela e incluso teatro, aunque estoy en condiciones de afirmar que es la poesía el mejor cauce para esta inquieta voz que aspira a la belleza. Así pues, no me arriesgo al afirmar que Antonio Checa Lechuga es sobre todo poeta, un poeta que se ha hecho a sí mismo, traicionando como la mayoría de los poetas su segundo oficio y, a diferencia de esta mayoría, habiendo aprendido a escribir entre versos. Ahora bien, el hecho de referirme más que a esta simple anécdota vital se debe a que quiero hacer hincapié en que su originario proyecto poético va más allá de lo simplemente aprendido o de lo leído simplemente.
Nuestro poeta posee unas concepciones de la poesía que podrían condensarse en una sola y expresiva palabra: autenticidad. El poeta y la poesía son para él esencialmente auténticos, lo que se soporta en una clara base ideológica: la del humanismo. La poesía es, pues, en sus manos un útil expresivo -finalmente expresado- que es fruto de su atención a lo real en sus múltiples manifestaciones, coincidiendo y retomando así la tradición de los poetas que aunaron poesía y vida y rechazaron los fetiches lingüísticos, asumiendo, en aras de esa autenticidad vital y poética sus imperfecciones poéticas como bienes propios.
El bien editado libro contiene una veintena de poemas, de desigual extensión y formas métricas, no siendo infrecuentes los poemas en versos libres, aunque con una acentuada estructura rítmica. Tal variedad de formas y de metros ratifica el hecho de que este libro pueda tratarse de un volumen antológico en el que el poeta ha aunado poemas escritos en distintos momentos, si bien existe un hilo conductor que atraviesa los poemas recogidos, hilo por el que fluyen esa ideas básicas acerca de la poesía antes mostradas.
El título del primer poema, Polvo y barro, ha sido elegido por Antonio Checa para amparar el presente poemario. De salida, dicho título es bien expresivo de cuán unido se siente el poeta a la vida misma y a la vida natural, llevando sus experiencias al respecto al tejido de la poesía. Desde el principio, pues, no oculta nada. Su lenguaje no es hermético ni, por lo que hemos dicho, necesita ni quiere serlo. Todo lo contrario. El poeta no quiere jugar con el lector y, desde la portada del libro, le pone sobre la mesa las cartas boca arriba de la única baraja que el poeta cree utilizar -no se olvide que hay un segundo yo ingobernable. Poeta, poesía y poética son en este caso ese polvo y ese barro mismo, simbólica materia última constitutiva de todo lo existente. El poeta se siente algo más que relacionado con la realidad histórica y natural: Es parte de esa realidad, una parte que unas veces actúa y otras observa. Es éste uno de los aspectos más lúcidos del primer poema, lúcido reconocimiento de una verdad elemental:

Es la pura reacción del ser el dios criatura
que quiere introducirse en la penumbra,
tratando de creer que soy distinto

al barro y al desierto.
Soy desierto y barro,
soy la mezcla del polvo con el agua
que sólida se erige en monumento.

A partir de aquí, podemos comprender la temática del libro desde una perspectiva global, aunque los poemas alcance múltiples aspectos de la vida o mejor dicho de la visión que el poeta tiene de su vivir histórico y natural. Uno de los aspectos temáticos más sobresalientes del libro es el de, podríamos decirlo así, la naturaleza, considerada no como algo exterior al poeta. Se trata, pues, de una visión humanizada de la naturaleza donde la prosopopeya es algo más que un recurso retórico, sin dejar de serlo en su raíz, ya que el poeta no intenta conferir solamente rasgos o cualidades humanos a determinados objetos o aspectos del existir natural, sino que los concibe como elementos que estructuralmente lo constituye y con los que se comunica. Él es el polvo y el barro en última instancia, simbólica materia última, digo, que conforma su ser. El poeta, lejos de ver dos órdenes distintos, se concibe a sí mismo como parte de una indivisible realidad. Así lo ponen de manifiesto los poemas “Rotación”, “Ayer”, “Tierra”, “Huyen del hombre”, “Al olivo”. Es precisamente este último, un soneto, el que subraya cuanto he afirmado:

Siento un placer de amante en los olivos,
ni son la mar, ni el viento, ni la nada;
(son gigantes sin talla los altivos
árboles de mi tierra amada!
Siento sus verdes tallos primitivos
en cúspide ciprésea engalanada
por brazos exigentes, sensitivos
al tacto de la rastra y de la azada.
Siento un placer sencillo y verdadero
cuando su verde manto me reclama
cual chispa de arrebol en el sendero.
Hay que sentir su gozo placentero,
tocas sus troncos y besar su rama,
sintiéndolos criaturas: ¡Compañero!

Si existe una estrecha relación entre hombre y naturaleza, no es menos cierto que esta relación se extiende a la poesía, pasando a desempeñar ésta una función cognoscitiva de aquella relación originaria, vehículo de reconocimiento de lo real. Véamoslo en un fragmento del poema “Ayer”:

Yo comprendí que el vaso era la roca
y el néctar de un beber el campo,
y que tenía mi alma y mi mirar por boca,
mi alma y mi mirar que comprendía
que ayer cuando sentí su voz
oí que me llamaba la poesía.


Esta visión de la naturaleza es consecuencia de esa noción que el poeta tiene de sí mismo y de su quehacer poético en tanto que realidades auténticas y elementalmente naturales. De ahí que éste sea el principio constructor de otros numerosos poemas que dan entrada a aspectos del vivir natural o auténtico. De este sentido participa su poema “Momentos”, en que el que alcanzan protagonismo significativo la evocación de los momentos felices vividos junto a un perro, teniendo como telón de fondo un determinado paisaje, momentos felices en suma provocados por el natural acto de comunicación entre estas dos partes del gran concierto:

Al susurro del arroyo, entre cascada
de música y de agua, aromas de tomillo
nos bañaron de nítida fragancia
a ti y a mí, mi perro. Idolatrada
tu cola circundante, y tu morrillo
acariciándolo mi mano con constancia
se convirtió en alfombra recrecida...

De este sentido participa también su poema “Crujen los lirios del alma”, en el que se establece un paralelismo entre lo que para el poeta supone la creación poética con lo que supone el profundo acto natural de la relación sexual, explicándose mutuamente.
Por otra parte, lo natural es defendido frente a lo aprendido, frente a “las educaciones que engañan”. Esta defensa abierta y sin escrúpulos le lleva a critica la hipocresía, la vanidad de las gentes en una procesión, lo que no oculta un eco antoniomachadiano, tal como se lee en el siguiente fragmento de “Imágenes”:

Ni un ápice de luz sobre las sombras
se filtra en la fisura de los cuerpos,
sólo estela de orgullos imperiales
promovido con el paso de los tiempos.
Y ritos donde van las vanidades
y hueras sombras negras: los cortejos.

Desde esta visión del ser natural del hombre, el poeta rechaza el trabajo, la esclavitud a que es sometido, alienado de su auténtica condición de existencia natural. Esto explica que rechace los deberes absurdos que el sistema social impone- El extenso poema titulado abiertamente “Al trabajo” es el que mejor cristaliza su idea de que “trabajo, ley, sistema y orden” equivalen a “naturaleza muerta”.
Otros temas son consecuencia de una firme preocupación social. Así, “Los tralleros” y “No en vano”, en los que se ocupa respectivamente de los marineros y de la pobreza. Los poemas “Entre el juego angelical” y “Tres vástagos de carne” dan entrada al tema de los hijos y de la paternidad. También hay poemas que muestran una preocupación por el propio oficio del poeta como “Hasta mi muerte” y por el sentido y porvenir de su palabra, “Y quedará una mancha” y “Morirá el ocaso con mi nombre”. “Fracaso” muestra su preocupación por el futuro de sí mismo como hombre poeta.
Hasta aquí esta tarjeta de presentación del libro, con la que, más que valorar con arreglo a uno u otro patrón, he perseguido dar una muestra, y como tal incompleta, para no usurpar del todo la última palabra del lector, elemento vital para el poeta:

Pero una tarde, al menos una,
se abrazará mi gris con el ocaso,

mi corazón y el bosque,
mi libro con el hombre.


ANTONIO CHICHARRO

Publicado en Ideal, Granada, 11-julio-1983. Reimpreso en Antonio Chicharro, La aguja del navegante (Crítica y Literatura del Sur), Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, Diputación Provincial de Jaén, 2002, pp. 328-333.


LIBROS DE ANTONIO CHECA LECHUGA:
-Polvo y barro, poética: Ediciones Rondas, Barcelona 1983.
-Imágenes sin rosas, Baeza, Chamorro 1984.
-Baeza Para Mirar, un libro que comparte con los poetas
Antonio Carvajal, Ángel González y el fotógrafo Francisco Fernández 1992.
-Tardes de Caramillo. Diputación de Jaén 1994.
-Ecos y perfiles. Universidad Internacional de Andalucía 1994.
-Más que Palabras. Ayuntamiento de Jaén: Primer premio “El Olivo”
provincial de poesía, 1998.
-La creación Poética de Antonio Machado en la Ciudad de Baeza.
Ayuntamiento de Baeza 2001.
-Espacio de la Luz. Primer premio de Poesía de la Casa de Andalucía en Dénia, Alicante 2003
-Espacio de la Luz: Segunda Edición corregida y aumentada.
Ayuntamiento de Baeza 2006
-Casi Hablando: Diputación de Jaén 2006
-Baeza en Antonio Machado. Pópulo, Servicios turísticos., 2007.
-Las Tradiciones Perdidas o lo que Devora la Tecnología Diputación de Jaén.
-Poemas de Amor Profundo. 2009.
-Llamad, Novela, en prensa.
-LAS HELICÓNIDES. Libro en narrativa allegado a la filosofía de la literatura.







REENCUENTROS

Para José Hierro
In memoriam


Yo podía decir:
Querido amigo en el poema.

Pero no (aunque los años muestren
su distancia). Diré, querido Pepe,
cabeza de poema iluminada,
cabeza de marfil, autorretrato fiel
a la palabra que rezuma en tu boca
y repite belleza cuando habla.
Pepe, porque, así te llamó ella
cuando con cocacola y con anís
y con saliva, y con dedos de oro
del tabaco, le pintaste su cuadro.

Y te miramos todos, todos, todos,
después de presentarnos y decirnos:
¡Hola¡ ¿Que tal? ¿Hablamos de poesía?

y... Comimos cordialmente
con la voz que se escapa cuando,
la noche juega arropando los labios.

Fue tu verso el sentido de la noche
y la tarde el recuerdo de tu vida
y tu vida la historia del poema...

Yo incidí (como quien fluye hambriento
ante la humanidad de la palabra
que arropaba el amigo, oh sensible
surtidor de aromas musicales
donde el verso corchea y se vislumbra,
el ayer y el presente y el mañana)

Que nunca suspendí ningún examen
ni me fui de monsergas de latines,
ni horadé las mamparas ni las rejas
donde la flor presume con el beso y el fuego.

Tú, leíste tus poemas y pusiste
tu boca de un sentido sin nombre,
y al derramar tu éxtasis te dije:
Oh claridad de luz.
Oh, tú, poema.

Yo sólo fui testigo de tu esencia
de tu voz sin fatiga y con tu nombre
un discípulo fiel de tu elocuencia,
y te conté el pasado que retengo
en mi boca.
Yo sólo fui –bendita la palabra–
a rajarme la espalda con el ramón de olivo
volteando la tierra cuando el terrón alzaba.

Yo nunca fui tan joven ni tan tierno
como para que Juan Sebastián Bach
me recibiera
y me diese el arpegio iluminado
cual testigo de dios o de su nombre.

Yo sólo viví otro momento,
-idílico momento–
cuando el hombre cantaba entre los labios
un salmo a la ignorancia o a la espera,
y un fandango se oía y se llevaba
a la ilusión mi cuerpo.

Y cantaba, y cantaba, y cantaba.
Y oía, y oía, y cantaba: mi corazón gozaba.

Por eso, me arropo en ese verso que decanta
la humanidad que llevas,
ya que el hombre se hace y se contempla.

Por eso, cabeza de belleza iluminada,
pedazo de pan tierno, ojos de niño
con setenta y cinco niños a la espalda.
San Cristobalón, poeta y legionario.

Te llevo entre mis ojos y en mis versos
y asumo la palabra cuando llega la aurora,
cuando miro las calles esculpiendo
recodos, y tras ellos, reluce tu mirar,
e inigualablemente,
socarrón y perfecto, tu poema.







CUATRO SONETOS A HIMILCE


HIMILCE


Está Himilce custodiada por leones:
erguida, tranquila, esbelta y admirada,
sólo la piedra en ti, tiene morada,
y una historia dormida, son tus dones.

En cada amanecer, sin excepciones,
tu esfinge de rubor sigue asomada,
a ese florilegium, en que cercada,
sus cadenas son orlas de ilusiones.

Esto de ser de piedra y ser historia,
hace que el tiempo en ti se desespere
y lleve el pasajero en su memoria.

Pero en ti, incorrupta y bella, nada hiere,
mirador de palomas que en tu gloria
la vista del que mira se te adhiere.

II

Son tan pobres tus aguas saltadoras,
hilos leves por suscitadas bocas
que suenan a ser fuente a todas horas
con piedra que te armó desde las rocas.

Hilos de agua del tiempo que atesoras,
sueños de ser torrente, aguda invocas,
ese perdido don por el que imploras
otra notas del agua al ser muy pocas.

Pero la piedra, oh rostro, al fin, intacto
pospuesto por declive y por gastado,
derrocha entre la Plaza tu belleza,

que eres rito del rito para el acto,
donde el tiempo se para idolatrado,
y canta los misterios de Baeza.

III

Esa que, por romances y en canciones
replica todo el tiempo en el que anida
la pátina en la piedra sostenida
donde asoma la Historia en emociones.


Diosa de piedra, bañada en ilusiones
que armonizas la Plaza de la vida,
te atesora y te lleva en luz vertida
al tiempo que han guardando mil pasiones.

Hoy, yo te canto, acoplo mi pupila
y me llego a la piedra, miro al cielo,
y el vuelo de un jilguero me hace sombra.

En tu cerco, tu círculo perfila
Una mujer dejada para el celo
Que el tic, tac, femenino, a mi me nombra..

IV

Ay, si esa luz que en dilatada mano
se posa sobre el tiempo y deposita
una mirada al agua y ya suscita
un beso armonizado y nunca vano

dejase sobre mí la vida aquella
que ya pasó, cuando mi boca hervía
y en mis labios la vida consumía
la sangre que murió disuelta en ella.

Si el valor de los tiempos nos llevara
al paso inmortal, al beso asumido
a labios que descansan y que amaron,

la piedra, que a tu silencio se declara
y al infinito mira al sol bruñido,
los ojos que en silencio se nublaron.









ALEGORÍA DE UN ROMÁNTICO


En un viaje que hicimos a Collioure
Para Antonio Tornero Gámez


En ese cuerpo pequeño
en andadura,
-con su sueño-,
y esa única postura
y la blancura
de un pelo alborotado,
largo y de cuello acoplado,
y barba blanca,
en el rito que el bohemio canta,
nace y cría,
vive y anda
la blancura total que en su garganta,
raya con los ancestral
de su bufanda.
Anda…

Chaquetón definido
y pantalón de pana,
gafas de Valleinclán orondas
y en su nido,
una mirada sana
defiende las risitas jondas
donde amigos,
lo esperamos para el lúcido viaje
que en su traje,
y a sus manos, atónitos miramos
con la mirada quieta,
el átomo imperial de su maleta.

Esquinas reforzadas,
asas de cuero
a manos amarradas…
tela de cuadros desiguales
donde el todo más menos
de sus manos,
dan cobijo, a la tela,
al cuero, a los metales,
al hechizo que anhela,
un poema con notas musicales…

Este Tornero tan tuno,
como el Bergson del poema,
es el bufón que en su lema
cuenta dos, y pasa uno.

Y en la maleta,
esa diminuta y quieta
pieza de filantropía,
¿qué llevará?
¿un pañuelo
con sueños de la poesía
o un arrebol para el cielo
y la mirada sujeta
a ese Poema de un Día…?

¿qué llevará la maleta?

De todas formas relata
Que él “para todo viaje”
es una cosa sensata
llevar poquito equipaje.

Y salimos…
rumbo al vuelo
o a las nubes,
a los sueños que vivimos
con los versos machadianos,
todos con algo en las manos
que llevamos, y trajimos.

Hasta la vuelta, ¡Tornero!,
sube al autobús.
Tú, primero…

¡Tu maleta…!
“A mi vida está sujeta,
no te preocupes,
ni chupes,
del dedo la nicotina.
Camina,
que Collioure está lejos
y los que ya para viejos
sorteamos el camino,
sabemos,
que el oro fino
no es de metal ni podemos,
ni debemos
decaer de los empeños
de la mente.
Junto a corazón se siente
la esencia de nuestros sueños.
¿no te parece?
¡Marchemos!.


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2010-08-07T10%3A47%3A00%2B02%3A00&max-results=20




EURÍDICE

Para José Jiménez Lozano



Eurídice vivió antes del tiempo
en que el hombre llegó
sustrayendo Legajos
e Incunables a crear su Historia.
Muy distinto
fue cortar el verso, oír el grito
transmitiendo el sabor que da el papiro,
y la mano, y la frente.
Pítaco y Alceo
a Safo. Y Grecia en su aposento,
desparramaron en Atenas la sapiencia
que entretuvo a los hombres.
Pero no fue el transcurso
de la Historia la que llevó su rumbo
cortando continentes. Ah, no,
no lo creáis.
La tierra se hizo oronda
y fue la lluvia creadora de la piedra
mensaje diferente.
Los volcanes rieron,
ineludible boca que devora y que crea,
y que mata, sí, sí, que os lo creáis,
se adentraron en el río
navegable y el arroyo,
juntando montes y praderas,
y vinieron los magos,
y se fueron los sabios,
y el papiro murió herido eterno
desterrando su arte a la desidia,
al interés humano.

-Y todo fue en presencia de los hombres–

Los hombres con los hombres.
Pero no lo creáis,
los hombres sin los hombres
ya no saben a fiera, ya saben poetizar,
ser la conciencia, la voz, la mano
que se santigua y reza.
Ya, después del diluvio
del esclavo, se inventó la clemencia.
Las voces que inducen a los dioses supremos.
Pero no lo creáis.
Eurídice está ahí
al pie del verso que conjuga la frase,
debajo del engaño,
con la toca del tiempo
en su rudo echarpe sustrayendo leyendas.
Y el verso que se ausenta, y dice, y toca
la grave exuberancia de la idea,
y, ahora, al tercer milenio, justo
cuando el hombre la sustrae de la Historia
ella se para a ver,
en la Quinta Avenida,
o en las plazas orgullo de Baeza,
una foto desértica del hombre
donde no tuvo su trono.
¿Su trono? Oh maldita presencia
que hoy trasmina hereditariamente
en la miseria,
con el desfase social de la opulencia.
Por eso, no, no lo creáis, no ha muerto
la reina del Egipto, ni el esclavo,
sólo ha muerto el papiro,
el tiempo pasa
y nacen los inventos, estandartes
en presencia del susodicho hombre,
justo, en la Historia que recopila
el hombre.


El hombre se disfraza, augura y dice
sin miedo a ser lacayo
de Eurídice y de su trono,
que el mundo está escondido:
en la Historia estúpida del hombre.

11 – 9 - 2001





894.- RAFAEL LÁINEZ ALCALÁ



RAFAEL LAÍNEZ ALCALÁ
Nacido en Peal de Becerro (Jaén) el 22 de Abril de 1899, Rafael Laínez realizó sus primeros estudios en la escuela nacional de su pueblo y continuó con el bachillerato en el Colegio de Jesús de Úbeda. En Baeza completa su etapa de bachiller en el Instituto General y Técnico de Segunda Enseñanza donde tuvo contacto personal con el poeta Antonio Machado.
Con trece años, Rafael Láinez comienza a publicar sus crónicas como corresponsal en Peal del periódico “La Regeneración” y a colaborar en la revista “Don Lope de Sosa” ambos dirigidos por Alfredo Cazabán Laguna.
A Madrid se traslada para obtener la licenciatura que se ve interrumpida por la Guerra de África en la que participa y desde la que envía crónicas de guerra. A su vuelta termina la licenciatura en Filosofía y en 1928 obtiene el doctorado con una tesis titulada Aportaciones a la biografía de Don Bernardo de Sandoval y Rojas, obispo de Jaén y arzobispo de Toledo y protector de Cervantes que sería publicada como ganadora del premio Larragoiti.
En este mismo año inicia su andadura docente, primero como profesor auxiliar de Historia del Arte en la Universidad Complutense y después en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando hasta pasada la Guerra Civil en que se incorporaría a la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. En 1945 obtiene su primera cátedra de Historia del Arte en la Universidad de La Laguna (Tenerife) pero no sería hasta 1949 cuando obtiene su cátedra definitiva en la Universidad de Salamanca. A partir de esta fecha comienza su época de mayor producción literaria y periodística además de fomentar también la divulgación del patrimonio artística gracias a su intensa actividad conferencial.
En 1969 fue nombrado hijo adoptivo de Salamanca con motivo de su jubilación. Láinez mantuvo siempre estrecha colaboración con Jaén, lo que le valdría para ser nombrado cronista honorario de Úbeda y miembro fundador del Instituto de Estudios Giennenses. En Madrid, es colaborador del Centro de Estudios Históricos, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.
De su abundante producción literaria destaca sus trabajos para los periódicos : “La Regeneración”, “Patria”, “La Provincia”, “Paisaje”, “La Esfera”, “Anuario del Adelantamiento de Cazorla”, “Don Lope de Sosa” o la revista “Archivo Español de Arte y Arqueología”. En cuanto a sus obras mayores destaca su tesis, ya referida, y Pedro Berruguete, pintor de Castilla; ensayo crítico biográfico galardonado en 1934 con el Premio Nacional de Literatura.
Años más tarde de su muerte, el Ayuntamiento de Peal de Becerro adquiere su biblioteca y su archivo personal rescatando para su pueblo y para la comunidad científica un legado de gran valor."
Fuente: http://www.dipujaen.es/conoce-diputacion/areas-organismos-empresas/ieg/gestion-archivos/lainez-alcala.html



BAEZA, LA CIUDAD DEL SILENCIO

LA CIUDAD DEL SILENCIO

Estas viejas piedras,
que Baeza guarda,
son rico tesoro
de edades lejanas;
piedras que venero
cual reliquia santa,
porque soy amante
de mi vieja España.
.........................

Baeza la noble,
Baeza la hidalga
tus piedras son himnos
que la gloria cantan,
son páginas bellas
de historia olvidada;
trofeos gloriosos
que el tiempo dejara.



SOBRE EL POEMA
El poema anteriormente transcrito, al que Antonio Machado dio su visto bueno para la publicación primera en La Regeneración, está tomado del libro de MANUEL URBANO PÉREZ ORTEGA, Del Gaudalquivir al Tormes. Antología poética de Rafael Laínez Alcalá, Jaén, Diputación Provincial de Jaén, 1999, p. 31. Manuel Urbano escribe del mismo lo siguiente: "Resulta más que curioso, aleccionador, cómo en este primer texto poético de Laínez, de hexasílabos romanceados, se canta a la ciudad histórica con evidente pictoricismo, lo que será eje constante en su producción poética, como lo constituirá esa soledad en canto íntimo ante la piedra en buena parte de su hacer en los años de la república y primeros de posguerra. En otro orden de cosas, desconozco si a este primer texto, bastante poco primerizo, le sucedieron otros -lo que nada de extraño tendría- que vieran la luz en publicaciones giennenses y antes de que apareciese, en 1920, su primer libro, El Peregrino de Tíscar, impreso en Madrid y precedido por un prólogo del Marqués de Dosfuentes".
Publicado por ANTONIO CHICHARRO http://baezaliteraria.blogspot.com/2011/05/baeza-la-ciudad-del-silencio-el-primer.html






A José María de Navascués

Tembloroso, arrebatado
entre un palpitar de alas
rebeldes, contradictorias,
rompí los lazos que me atan
y en los altos corredores
de las mansiones violadas
contemplé nuevas estrellas
prendidas de nueva gracia.
-¡Socorro, grité a lo alto,
que se me quema la casa,
que se me pudren los ojos,
que las manos se me manchan,
que se atropellan mis labios
y que los pies no me aguantan!
En las manos una copa
se me llenaba de lágrimas...
Mi juventud dolorida,
sangre noble, viva llaga
siguió regando de gritos
las profanadas estancias
y sufrió burla tras burla
defraudaciones insanas.
Pero allí lejos lucía
el cáliz de fina plata
que con amorosas manos
Alguien colmó de palabras.
Y en signos de luz escritos
en los volantes del alma
se clavaron como gemas
los fervores de mis ansias.
-Sal al jardín, alma mía,
es primavera en las ramas,
y primavera en el cielo
y primavera en las aguas;
fiesta de la primavera,
primavera de la gracia;
y en soledad de ti mismo,
no tiembles, no grites, calla.
……………………………
Sentí una mano, en mi mano,
dulce que me acariciaba;
la penumbra del jardín,
colmena de miel dorada,
vertió su luz en mi pecho
al calor de unas miradas.
-Soy el camino y la vida,
soy la verdad de las almas,
me dijeron; quedé absorto;
el cáliz de fina plata
en mis manos era mío
y eran mías sus palabras.
En soledad y silencio
todo el jardín celebraba
fiestas de la primavera,
primavera de la gracia.

Rafael Láinez Alcalá,
Madrid, 9 de mayo 1937, de ocho a
nueve de la mañana








En Rumbos publica Láinez Alcalá el poema titulado
“Acordes toledanos” que va dedicado a Poli Domínguez Guzmán
y que está fechado en Toledo-Madrid en abril de 1935.
Puesto que puede tener interés para completar la bibliografía
de este autor, lo transcribimos a continuación:

¡Ay, cómo saben llorar
las cuerdas del violoncello!
Saben llorar como lloran
los hombres, muy en silencio.
Van de ronda a las plazuelas,
pueden asaltar conventos,
quemando en labios monjiles
la llama de sus arpegios;
y que las doncellas nobles,
desveladas de su sueño
en las velas de sus ansias
finjan barquitos veleros.
¡Que no quiero ser guitarra,
yo quiero ser violoncello!
Las manos que me acaricien
sabrán de todos los fuegos
y de primaveras largas
y de los otoños lentos,
sin que la copla plebeya
manche la luz de mis sueños.
Pero al final de la vida
cuando ya me esté muriendo
¡que me den una guitarra
para subir a los cielos!








GEOGRAFÍA SENTIMENTAL

A don Antonio Machado

El río Guadalquivir
tiene en la sierra una novia,
encerrada en los jardines
de las huertas de Cazorla.

El río Guadalquivir,
como un guerrero en la lucha,
tiene su dama en la Loma
entre las torres de Úbeda.

El río Guadalquivir
pasa entonando sus quejas
al recordar viejas glorias
por los campos de Baeza.

El río Guadalquivir
luce en su frente tres perlas
que brillan desde Cazorla,
por Úbeda, hasta Baeza.


El poema, aparecido en Vida Nueva, de Úbeda,
el 25 de septiembre de 1933, ha sido recogido
por Manuel Urbano Pérez Ortega en Del Guadalquivir
al Tormes. Antología poética de Rafael Laínez Alcalá,
Jaén, Diputación Provincial de Jaén, Instituto de
Estudios Giennenses, 1999, p. 139.





893.- DÁMASO CHICHARRO DUARTE

Dámaso Chicharro en una sesión del IEG, primero por la izquierda
(Fotografía de F. J. Cano)





Dámaso Chicharro Duarte nació en Baeza (Jaén) en 1950 y falleció en plena madurez vital y creadora en Málaga, ciudad en la que ejerció como profesor en el IES Sierra Bermeja y en la que dirigió Tediria, una reconocida colección de poesía.





II. Intermezzo

he aquí que los almendros
acaban
de florecer,
que, lentamente, como un rito,
la apacible primavera se nos acerca
con lluvia y barro
y milenarias
alegrías felices,
como un rito procreador
he aquí que la luz crece,
como los arroyos de nieve
que inundan el Río Grande
de esperanza
hacia el mar
oh si supierais que el mar es amarillo

(Lugar amable, colección Tediria, Málaga, 1995)








POEMA SIN TÍTULO

Para mis primos Dámaso y Elia

El rimmel de tus ojos cae sobre la tarde
anaranjadamente alegre. Silba el sol
despacio, recorriendo montañas, abandonando
el campo a la incógnita nocturna.
Tú estás triste, pero la tarde es bella,
y lloras, contrastando las manchas
de tus ojos con el mundo sereno de un instante.
Tu pena, honda como el mar, leve presagio
de tormenta, o cielo enfurecido
en oquedades ensimismadas.
Desea tu alma la noche, ignora el milagro
de rosas en la muerte, y el odio
a la luz se pronuncia en espacios negros,
residuos de un río manifestado, a veces,
a sombras del sueño indeseado.
Por eso es triste la tarde, en el campo armonioso,
el fuerte deseo de huir de las rocas.
Desconociendo a las gentes, al mar encendido,
al perpetuo tormento de cadenas hirientes,
ojos voraces, odiados, acusando siempre
el rimmel corrido, la débil presencia de una sombra vagando.

El poema reproducido apareció en la revista Foro de Papel.






TENIENDO A LA AMADA


"Amor" (Javier Clavo, 1970, 90x65)


TENIENDO A LA AMADA


Y tu cuerpo de seda bajo el mío,
hermética opresión de los dos brazos,
apretando mi espalda con tus lazos
más fuertes cada instante, con más brío

en la entrega al amor sin desvarío:
asentado mi pecho en tus ribazos,
cayéndose las luces en pedazos,
buscando la llegada de mi río.

Tus muslos cabalgando en la montaña,
caderas a galope, con más vida
cada vuelta, ciñéndonos con saña,

con más ritmo. Tu voz débil, vencida
cuando ya el mar tu carne roja baña,
enmudece, quedándote dormida.




892.- JUAN MARTÍNEZ DE ÚBEDA


JUAN Martínez García, Juan Martínez de Úbeda, nace en la ciudad de las cúpulas, de la que adoptara el nombre, el 29 de septiembre de 1916. fa­lleciendo en Linares, el 7 de octubre de 1963. Realiza estudios en el Se­minario de Baeza, los que no tardaría en abandonar, para dedicarse al pe­riodismo en su ciudad natal. Tras la contienda civil, marcha a Valencia, donde publica sus dos primeros libros de poemas -Gresca lírica y Campanas- y tres novelas breves: El alma en los ojos, Eulalia Santafé y No­ches sin alma. En 1949 se traslada, ya para siempre, a Linares, donde ejerce como administrativo y realiza una fecunda y fructífera producción pe­riodística y literaria, con colaboraciones, ante todo, en los periódicos y re­vistas de la provincia y, fundamentalmente por cuanto hace a la poesía, en Úbeda y Linares. En 1952 sale a la luz su último libro de poemas propia­mente dicho, Voz en vuelo, al que seguirá un pequeño cuadernito con doce composiciones: Sonetos de amor. Un año antes, en 1953, daría a la luz un apretado ensayo en el que patentiza sus devociones literarias y quienes serán sus principales mentores: Tres poetas modernos: Lope de Vega. Gerardo Diego y García Nieto. Ya con carácter póstumo, apare­cerá Elegía al pastor de Marmolejo, donde en doscientos cincuentaiséis versos canta el hecho cierto de la muerte de un pastorcillo por el intento de que no pereciese uno de sus corderos en la inmensa riada que produjo una tormenta, y con el que obtuvo el Premio Diputación de Jaén en el concurso convocado por el Instituto de Estudios Gienenses. También, un año después de su fallecimiento y con prólogo de Alberto López Poveda, darán a la luz Últimos poemas, como por igual iniciativa de un grupo de amigos saldrá Geografía poética de Linares, igualmente presentada por López Poveda. Por último, registrar que, en 1991, efectuamos la antología En la voz el ala, un prieto recorrido por sus textos aparecidos en libro y, ob­viando aquellos que salieran en revistas, en los que se suele encontrar su obra de mayor madurez, ya que, en la práctica, no publica libro alguno du­rante los doce últimos años de su vida."




HOMENAJE A MACHADO


Yo te busco,maestro, entre olivares
y soñando camino de Baeza.
En aquella humildad era grandeza
el lento paso que creó cantares.

¿Qué tejía tu voz en los telares
del paisaje andaluz si no belleza?
La gloria de después -que ya no reza-
te tiñe de vejez los aladares.

Pero dejas tu verso -relicario
de dulces soliloquios- y el amigo
genial que yendo solo iba contigo,

ya le habla al Señor como esperaba.
Tú lo has dicho, maestro, en el breviario
de tu fe que, negando, confesaba.

(De En la voz el ala. Antología poética de Juan Martínez de Úbeda,
introducción y selección de Manuel Urbano, Jaén, Diputación
Provincial, 1991, p. 22)






CANTO A ANDUJAR.

Nupcias de sol y de cal
al aire de las palomas
cuando despiertan las lomas
margaritas de cristal.

Andújar pone la sal
y el rio, la melodia.

El gozo de Andalucía
vibra en el ancho Jaén
como un jilguero con cien
gargantas de angeleria.

Andújar está sentada
entre la sierra y el agua.

Dora espigas en la fragua
del alba recien creada
y al encender la alborada
los vales de pio y flor,
el cóndor deja su alcor
para jugar con las jaras
que pulen sus hojas claras
robando al viento el color.

Y canta el Guadalquivir
corriendo al hilo del valle
y ciñe, galán, el talle
de la adelfa. Suele ir
diciendo que va a venir,
pero el rio busca el mar
para ofrendarle el cantar
y el azucar de su tierra.

Cuando el rio se destierra
lo despide el olivar.

Andújar, testigo, mira
con ojos de campanarios
y saca de sus armarios
las grandezas. En la lira
del tiempo el honor suspira
por un poeta, cantor
de su dios y de su amor
y por la gracia de un rey
que supo imponer su ley
de santo convencedor.

Las piedras, llenas de sol,
aduermen ánsias de rosas
y en las besanas graciosas
enamora el amapol
a la espiga. El caracol
de las torres se deslía
y las campanas y el día
repican a primavera.

Andújar es la primera
en promulgar su alegría.

Se lo piden en la sierra
morena los altos pinos,
los cristales saltarinos
de los arroyos, la tierra
que asiste a la dulce guerra
de las aves y las flores.

La primavera en colores
es en Andújar canción
con fusas de un corazón
y letra de ruiseñores.

Me siento flauta de caña,
Andújar, para cantarte,
y te adivino al soñarte
con una gloria de España,
con una gracia que baña
de sonrisas el paisaje.

Me siento, Andújar, un paje
de la señora que reina
allí donde el viento peina
las melenas del boscaje.

Tu eres llano como olivos,
serranía como sabinas
y valle con serpentinas
de cien arroyos cautivos.

Pandereta con los vivos
encantos de Andalucía
y altar de Santa María
de la cabeza. Me siento
solo flauta con un viento
de Dios para la alegría.

Andújar está en la silla
del paisaje virginal
y ve danzar el trigal
y ve dorarse la orilla
del rio que va a Sevilla.

Andújar está mirando
y ve pasar a Fernando
el santo y ve la luz
que enciende Juan de la Cruz
cuando el verso está manado.

La primavera venida
de Dios a tu sierra, es boda.
fiesta y boda porque toda
la tierra se da florida
y tú misma estás ardida
de no se qué claridad.

¡Andújar, qué majestad
la de tu agua y tu cielo
en los tálamos de un suelo
colmado de castidad…!






ORACION DE LOS POETAS.

Todos vienen a darle
pellizcos a los panes calientes de su verso.

Todos buscan la caña dorada de su flauta
y el dormido paisaje de su clara sonrisa.

Lo ven pasar y gritan
palabras sin sentido.

Lo ven morir y doblan campanas por su muerte
como si el muerto fuera
un hombre con los huesos comidos de gusanos.

No, hijos de la tierra. No, hijos de la noche.

Quien muere por Diciembre debajo de la luna
es un pastor de nubes,
es un gañán de Cristo que ara con palabras
los campos del arcángel.

Quien muere por Diciembre, en medio de candiles,
es un pintor de cielos,
es un mendigo breve
que pide la limosna del cántico a la aurora.

Todos vienen a darle
pellizcos a los panes calientes de la gracia
y olvidan que dormía
soñando madrigales para Santa Teresa.

Olvidan que tenía los ojos en las cumbres.

Olvidan que era un lirio
con lágrimas de hombres varados en la noche.

Todos quieren ahora
saber lo que decían sus pájaros azules,
y yo, desde mi tierra
de flores, os anuncio que Juan de Yepes era
un poco del aroma de Dios entre las aves,
un poco de la carne
del cisne por el viento gracioso de la noche,
un poco del maestro
poético, sumando los panes de las coplas,
los peces de sus versos
y el agua bien salada de la hermosura intacta.

¿Qué sabes tu, borracho
de vino y de palabras,
lo que es una palabra del cántico divino?

Te acercas a las fuentes, con sed, como las bestias,
y ahora quieres darte
la gloria de decirnos la intimidad de un lirio.

Ni sabes de su guzla
ni sabes de su vuelo.

Lo ven pasar y gritan
palabras sin sentido.

Olvidan que debajo del hábito tenía
abejas de Dios mismo
y que su miel colmaba de azúcar y de flores
los labios de la dulce

Teresa de Cepeda.

Quién muere por Diciembre ya tiene preparadas
las alas para el vuelo distante y primoroso.

Un cúmulo de nubes
espera en las veletas
para ascender al padre las cálidas palomas
del verso que ha quedado
sembrado entre los hombres.

Todos saben ahora
que Juan está en el cielo coleccionado estrellas,
pintando mariposas o manteniendo en vilo
la gran arquitectura del salmo inacabado.

Si. Saben que ha nacido en Ubeda una rosa
de pétalos nevados; que ya tiene las albas
un profesor de blancas metáforas, un hombre
que diga madrigales
al gozo de las novias.

Si. Saben que en la corte de Dios está el poeta,
pero, ¿sabéis, acaso,
que Juan de Yepes vive viviendo el misterio
callado de los huertos floridos de la tierra?

¿Que vive entre nosotros
naciendo, cada noche, la copla de su alba,
el cántico sereno de todo lo divino?

Murió como los hombres en campos de olivares,
en medio de campanas con sones a lo humano,
pero en la muerte suya
estaban despertando las niñas de otros ojos
y las gargantas verdes
que dieran a las noches gorjeos de milagro...

En Ubeda nacieron
los árboles dorados de un valle donde siempre
la esposa y el amado, el dios y su criatura
encuentren una sombra de paz edificada.

Oh, sí. la tierra llora, pero los cielos arden
sus lumbres de alegría; porque de vez en cuando
Juan de la Cruz recita, delante de Dios mismo,
el mágico poema de toda la hermosura
que dan a primavera
las rosas de los huertos,
las músicas del agua
y el vino que aprisionan
las uvas que las vides, gozosas, redondean.

Quien muere por Diciembre
en Ubeda es un cóndor que nace de su muerte,
que brota de su carne para sentirse árbol
allí donde la Virgen Maria, poco a poco,
nos borda escapularios con lágrimas de hilo.

Sólo sabemos verte, Juan de la Cruz. Tenerte
abierto en las ventanas cuadradas de los libros,
sentirte las palabras
cruzando por nosotros, de vuelo, dulcemente.

Oh, si. Sólo podemos,
Juan de la Cruz, vivirte
los versos que clavados dejaste. Si. Tan sólo
querer seguirte, irnos
a zaga de tu huella,
y andar de nube en nube, contigo, despertando
a todos los querubes que estudian armonia.

Y yo, desde mi tierra
de flores, os anuncio que Juan de Yepes era
silencio de belleza, serenidad de noche
y cántico redondo para hechizar auroras.

Ahora que repite
los lirios de sus versos desde el florido valle
de Dios, yo os anuncio,
poetas de la tierra, que sólo de su mano
se puede ir al huerto de toda la hermosura.

¡Juan de la Cruz, hermano,
bendícenos y ruega a Cristo por nosotros!








POEMA DEL MINERO

El pueblo tiene yedras
camineras por muros verticales
y campanas lloviendo sus titanes
y corderos balando en las laderas.

El pueblo tiene sol y pan caliente
y rosas con un cántico dormido
y niños como pájaros y lirios
haciendo capiruchos de su nieve,
y novios con la menta
del beso del domingo entre los labios
y cándidas muchachas arrancando
palabras de colores a la niebla.

El pueblo está en lo alto, en el paisaje,
en su alba de oro,
con su luna de vidrio y con su pozo
de agua de cristal bajo la tarde.

Las cosas en el pueblo
son graciosas presencias definidas:
el árbol, un cedazo que tamiza
la luz. Y la plazuela del Convento
una escenografía para el chorro del agua, para el trino
y para el juego alegre de los niños.

Las cosas en el pueblo tienen vida
como el curso azulado del arroyo
y formas como el sauce o la palmera.

Allí donde la luz pone su diestra allí brillan los toros
y las sombras alargan las figuras
del caballo de cobre
y del olivo noble
y de la torre mágica y antigua.

Pero en la mina, el cielo
es un sueño lejano. Queda fuera
con su sol y su nube. Dentro entra
el hombre que se sabe aventurero,
capitán de la sombra,
caminante y juglar de lo distante.

El minero es un Atlas con la tarde
sostenida en los hombros, en la comba
caliente de su cuerpo.

El minero es creador de un mundo antiguo,
poeta de sí mismo,
andante caballero del desierto.

El minero es un ángel de la noche,
marinero en su nave de taranta,
desflorador de selvas habitadas
por serpientes de plata y de carbones.

El minero es un hombre con las sienes
ardidas de heroísmo y de aventura,
ariete de la bruma,
embajador de Dios en lo silente.

Llora sal por los ojos
y rezuma valor por los costados,
cuando el alba derrama sobre el árbol
la lluvia de su luz y de su oro,
cuando el ave se pule
las alas con el viento de la tarde.

El minero es la sangre
de los hombres valientes que discurre
como el agua, soñando las orillas
del mundo donde juegan
las flores y la estrella.

El minero es esquife de una ría
con las aguas de plata,
un Quijote que vence con la lanza
dorada de su vida.

El minero es un mago de la muerte,
vencedor de la sombra.
jinete de la noche, viva rosa,
carne de amor oculta entre la nieve.

Y rezo por su vida
y por la mesa honesta de su casa;
por la esposa que espera, con el alma
subida en las pupilas;
por el hijo pequeño que presiente
la insistente taranta de la ausencia,
por la madre que alienta
por él y para él... ¡Oh Dios, mi breve
palabra se levanta como un mástil
pidiendo Tu merced para el minero!

Tú lo sabes, Señor. No ve tu cielo,
ni la espuma bordada sobre el agua
ni los lirios que crecen en las huertas.

Tú lo sabes, Señor: Por ser minero
es un gris caminante del silencio,
un rezador que canta cuando pena.

Yo te pido, Señor, por él. Te pido
que le llenes la frente
de sueños con estrellas y las sienes
de músicas marcadas con tu ritmo.

Tú lo sabes, Señor... Por ser minero
te lleva por su noche
a las espaldas. Un Cristo entre los hombres.
¡Otro Cristo, Señor, para tu Cielo!






"YO PREGUNTO"
LECCIÓN INICIAL

Y el maestro, mirándonos, queriendo
llenarnos de verdad, habló y nos dijo:
«Pregunto a las espumas ¿por qué guardas
la blonda de tus aguas en el río?
y al Tiempo le pregunto: ¿cómo sabes
hacer las amapolas junto al trigo,
bordar las rosas blancas en los huertos,
mecer las aceitunas del olivo...?

Yo pregunto y responde con presencias
el Tiempo. Yo pregunto, pero el río
me devuelve la espuma recreada
y el huerto se me ofrece en sus lirios:
«He guardado en mi tierra la simiente
y al venir Primavera me he sentido
un arcángel de rosas esperando
florecer sobre mi para ser mío...».

Yo pregunto: ¿por qué, por qué la nube
se bebe las escarchas del camino?
¿por qué las blancas aves adormecen
en silencios la gracia de sus trinos?
¿por qué van las hormigas, silenciosas,
hacinando los granos en sus silos?
¿por qué se nos ocultan en la noche
las alas de los cóndores altivos?

Yo pregunto y responden, casi a coro
las cosas de la tierra: «Somos hilos
en las manos de Dios y sólo damos
aquello que arrancamos cuando fuimos
mineros de raíz bajo la tierra...
Sólo damos aquel grano de trigo
guardado en nuestros vientres cuando andaba
Octubre, con su luz, nuestros caminos...

Como nube te lluevo los sembrados
porque bebo las aguas del olivo...

Como pájaro canto bajo el alba
porque guardo entre plumas ciertos trinos...

A la sombra del árbol, hecho sombra,
miré a mi alrededor. Jugaba un lirio
con el aire aromado de la tarde.
El aire lo tentaba, y dando un grito
el lirio se quedó callado y solo...
Ví volar, otra vez, al aire. Hizo
un hoyo en el jardín, sembrando algo
de flor que rescató. Así ha nacido
en medio de los huertos la sonrisa
virginal de la luz... El viento es vivo
sembrador de la tierra. Guarda y halla
la dulce primavera que se abre
delante de nosotros, como en vilo,

haciéndose plegaria pura el cielo
Y cántico de amor para los niños...».
Y el maestro, mirándonos, queriendo
llenarnos de verdad, por fin, nos dijo:
“Si guardas, hallarás y con lo hallado
tu mano puede ser milagro mismo
llevando hasta los pobres la sonrisa
y el pan de tu callado sacrificio...”






MI POEMA DE CRISTAL

Cógelas, que no se vuelen
las alas de la Poesía.

Remolinos de luceros
en las noches de Castilla.

Caracolillos de espuma
sobre la estampa marina.

Mi poema de cristal
no te me vayas en risas... !
Te vi despierto en las noches
sobre tas nubes dormidas.

Y quemado por S. Juan
en la hoguera alicantina...
Te quise coger tas alas
para infundirte mi vida...

Ay, poema de cristal
y estrella de Andalucía...!
¿quién eres que se te siente
y que huyes si te miran?

-Soy el soplo de lo eterno.

Eternidad de la rima
natural, junto a las cruces
en vuelo de golondrinas...
Oro de sol sobre el rubio
trigal de la ancha Castilla.

Azul y sedas de cielo
y mar en Levante... brisas
de azahar tejiendo versos
en telares de campiña...

Oraciones de alborada
y campanarios de ermita...
Anhelo de Patria y Dios
y ángeles en la vigilia
de lo eterno, sobre luces
y entre luceros que brillan...

Ay poema de cristal
no te escapes deprisa...

Que no te quiero mintiendo
palabras de azul mentira.

Que no te quiero gitano
con greñas, como García
Lorca. Que no. Que te quiero
como eres, Frágil, con vida
de eternidad, y alas blancas
para volar.... sin mentira
de cascabeles perleros
ni hogueras entre las brisas.

-¿Quién eres que te me vas
y te me pierdes, si miran...
¿Ángel? ¿Sol? ¿Luz? Golondrina.

¡Ay poema de cristal
no te me vayas en risas
que quiero tu carne joven
para mi nueva Poesía....!

Ay poema de cristal
no te me vayas en risas...







PALABRAS PARA EL AMOR.

El corazón del aire
derrama las palabras antiguas de las fuentes;
los pájaros se bruñen las alas con las rosas
primeras del paisaje
y en todos los caminos, los árboles anuncian
el paso de la dulce y augusta primavera.

Se acerca, como un niño
de oro, a las esquinas del alba la sonrisa;
y cuando todo es lumbre, los muros de los templos
levantan sus rosales para que lluevan cantos
palomas temblorosas,
es cántico el silencio de la campana dulce.

Es lírico el instante de la primera estrella
porque las novias abren sus jaulas a la noche
y salen a los cielos los cálidos suspiros,
y salen al paisaje
los potros del instinto para danzar desnudos
y salen a los mares los barcos del deseo
para cazar gaviotas perdidas en la arena,

es el amor que boga
por una flor brillante buscando las palmeras.

Es el amor que llega a los lomos de la brisa.

Es el amor fluyendo como un arroyo verde
hacia los lagos verdes; como una fuente blanca,
de mármol, derramando
los lirios licuados
de la cántiga vieja.

Nadie sabe de dónde le vienen a los labios
las mágicas palabras.

Nadie lo sabe, pero cuando amanece Marzo
sus gallos de colores,
y por las tapias trepan las yedras y las rosas,
los pájaros calientes de las muchachas tiemblan
y sienten en sus picos
el goce de una menta picante y prodigiosa.

Es el amor vertido
del labio sobre el alma,
del alma sobre el labio.

Es el amor que crece como una torre y lanza
sus vírgenes campanas
al seno de los vientos.

Es el amor que, lento, navega hacia la orilla
de Dios para dormirse
debajo de los pinos donde las aves duermen.

El lama se define
como una tierra grande poblada de armonía,
como una tierra donde amor es una siembra
perfecta y numerosa.

A veces hay un angel
que dicta sus deseos
y el corazón entonces se abre a sus palabras
y dulcemente bebe
parábolas de oro que sólo Dios conoce.

Amor -anuncia el ángel-
es un quedarse a solas con el señor. Morirse
de no morir; sentirse la herida del amado
como una herida propia. Amar es un alzarse
al cielo desde el lirio
y hacerse mariposa pequeña para otro.

Amar es separarse
de todos para darse enteramente a uno;
quebrarse para darle vida a los hermanos.

Amar es ser un Cristo, hacerse Cristo y darse
al llanto estremecido
para que broten flores doradas en la arena.

El corazon del aire
derrama las palabras exactas en la noche
y yo, desde mi orilla poética, te digo
que llevas en los ojos
la lumbre de las albas
y el místico mensaje de un corazón abierto.

Te digo que te quiero
velero de mi verso por unos mares verdes
y copa donde escancie
el vino que me brota gracioso de los labios.

Te digo que te quiero,
amor, porque has creído en hadas y en estrellas.

Sólo se que te tengo aquí en el corazón
y que tu nombre
se agita en mis silencios como una azul bandera
que anuncia nuestro sueño
poblado de gaviotas.

Amar es separarse
de todos para darse enteramente a uno.







POEMA PARA NOVIEMBRE MORIR

Yo no quiero morir porque otras vidas
-las ramas de mi tronco- me detienen;
porque brilla la luz y tengo sombra;
porque adoro a mi Dios y porque es verde
el agua de los mares y son blancas
las nubes; porque amo; porque tienen
risas las rosas y músicas los aires.

Yo no quiero morir, pero si, aleve,
la muerte desdibuja mis mañanas,
y se troncha mi tronco, y de repente
la rosa cambia de color, y el aire
se me va de la vida, seré fuerte
y diré con la voz que no haya muerto:

¡Gracias, Señor por esta vida breve!
Quiero vivir por estas ramas mías
que huelen a naranjo. Por las fuentes
que cantan, por los besos, por las canas
de otros troncos antiguos; pero tiene
mi raíz una voz que está muy cerca
de la voz del Señor y no le teme
la carne a la cenizo, ¡No es tan duro
dormirse junto a Dios sobre la muerte!




crucificado

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