Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

jueves, 16 de junio de 2011

420.- LUCI GARCÉS



Luciana Garcés Sánchez 
Periodista de La Voz de Galicia en A Coruña, nació en 1949 en Córdoba, España, en una familia de periodistas. A los tres años participaba, recitando en Radio Chupete, un programa radiofónico en el que logró su primer y único premio de declamación.
En el Diario Córdoba publicó su primer relato a los cuatro años. A partir de ahí se dedico a sus estudios alternándolos con apariciones en recitales.
En Madrid estudio realizó la carrera de Periodismo, parte de ella becada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En esa etapa trabajó en el periódico Informaciones, como actriz semiprofesional y en tareas de ayudante de producción en una serie televisiva coproducida por España y Francia.
Ha desempeñado tareas informativas en numerosos medios de comunicación, entre ellos: Avui, agencias de noticias Pyresa y Europa Press, Hermandad, Antena 3 Radio: Oasis (México). Durante más de 17 años jefe de área del Anuario de La Voz de Galicia.

Obra impresa individual

Me basta con mirar ( Pontevedra 2002)
Versus perversus (Ourense 2004)
De yantares y yaceres (Ourense 2006)

Otras publicaciones

Prosa

Callejón de las palabras (Ourense 2002)
Elecciones Gallegas 1987 (agotado)
Coautora de Galicia: Raíz y Horizonte (1987)

Integrada en el equipo de la novela La Memoria de los triángulos creó a una de las protagonistas: Ninfula.
Escritora invitada y creadora de uno de los finales alternativos de la novela Mudayyan.
III Antología de Prosa Entre Eros y Tánatos (Venezuela 2006, realizada por la Asociación de Escritores de Mérida y el Centro Nacional del Libro)


Poesía

Letras de la Conjura (Buenos Aires, 2002)
Poemas quietos (Ourense 2002)
V Antología Internacional de Sensibilidades
Antología Internacional Sensibilidades Oro.
III Antología de Poesía Entre Eros y Tánatos (Venezuela 2006, realizada por la Asociación de Escritores de Mérida y el Centro Nacional del Libro)
Antología La mujer rota (Guadalajara, México 2008)

Encuentros

Invitada cuatro veces a participar como poeta en Horas de Junio (México)
Literatti Jaén (España) 2007
Ponente en el Congreso de Literatura Virtual en la Universidad de Mayagüez (Puerto Rico)



SOLITARIO VA EL CAMINO

Qué triste el camino va,
sin bueyes ni peregrinos,
sin carro que lleve trigo
sin vino que trasegar.

Qué triste el camino está,
sin lanzas y sin pendones
sin caballos ni calesas,
sin guerreros ni doncellas.

Qué sólo el camino va,
de la sierra hasta el llano,
de la vaguada hasta el río,
por la ribera hasta el puente,
qué sólo madre, qué sólo.

Quedó tan lejos mi amor.
Mi único horizonte,
qué sólo madre, qué sólo.








TATUAJE INVERSO

Añado a mi costado
el perfil de una virgen enlutada,
ofrecida al arrogante inquilino de la hoguera.

Danza alrededor del fuego,
emulando el retorcerse de la llama,
brillante la piel por el esfuerzo,
por el calor que va a abrasarla,
por el miedo que ya quema
esas lágrimas evaporadas antes de mojar
la dulce piel de sus mejillas.

Alrededor de mis muslos
tatúan el hermoso equilibrio
de una cadena de triángulos
Padre, Hijo y el Espíritu
siempre perenne, mirando
desde el único ojo que no parpadea.

Gimen los cangilones de la madrugada
que suben las aguas turbias del río
de los deseos, de las ansias oscuras,
de los trasgos disfrazados de duendes.

Y bailan también en la fresca hierba
mientras reparten placer
y olvido con sabor a menta.

Morir

Meritorio camino el de los mártires
que se suicidan antes de que los maten,
valerosamente, fuertes en su debilidad.

La muerte es un premio, un juego,
es mirarte a los ojos y dejarse llevar:
a tus labios, a tus venas. Al tic-tac
de tu corazón exacto y preciso solo a ratos.

Santos.

Vacío ya el limbo de los que carecen de nombre,
bendecimos los cañones y coleccionamos cadáveres
momificados, veneramos esqueletos
que armoniosos decoran criptas monacales
en vez de devolver al polvo lo que es polvo.

Pecadores.

Me maquillaría de ti y para ti,
tu fuego para dar color a mis mejillas,
tu alma para ennegrecer las pestañas.

Muérdeme los labios, cómeme.
Encuentra los hoyuelos de mi espalda,
el vértigo de mis pantorrillas
alzadas sobre unos tacones pecadores.








NANA DEL LIMONERO

¿Qué juegas al alimón?

Salta de la almohada
a la nube del corazón.

¿Al alimón?

Refresco amarillo y dulzón.
¡Al alimón!, ¡al alimón!

Canela en rama
trae el aguador.
Y del limonero
flor de azahar
une te quieros.

Niño del algodonal,
corta la caña
y ven a jugar
al pasemisi,
pasemisá,
en el limonar.










EN LAS ACERAS DE LA SOMBRA

Cuando ardo en ti.
Estrecho tu cuerpo leve, con mis ojos-brazos
y sobre el hielo de tus pupilas escribo criptogramas.

Nunca me hallaras en las veredas oscuras
donde la hierba desdibuja tus huellas.
Camino hacia la luz.

Corro en tu busca esgrimiendo el machete de mi lengua,
y sosteniendo la brea de calafatear las grietas de la vida.

Asciende hacia la luz, como un águila real

Tus ojos hacen renacer el día,
dorar las arenas, manar agua, crecer trigo

Mientras deambulo lejos de las veredas oscuras
Bebo tus palabras, las sílabas ocultas,
el jeroglífico tatuado sangre y tinta.


Anoto para ti, las voces rotas del olvido,
carcajadas agrias de plañideras.

Regreso contigo y para ti,
desde la noche y siempre hacia la luz.

Soy tu razón, tu excusa, tu catón silabeante,
la serpiente de tu Edén, yo, tú.












LA ELIPSIS DEL OLVIDO

No puedo aproximar mi yo al baldío.
No iré, desdibujo la tristeza bajo el párpado adormecido.
Con sonrisas, memoria, descubierta...

Tiño de fuego mi aletear y abanico las sombras.

(Vuelo y marco el espacio con mi luz
cercana a las nubes y al infinito
Vuelo acortándole espacio que me separa
de la incandescencia, soy Fénix).

Voy, para beber aguas límpidas,
alejándome de las engañosas adelfas,
veneno de anochecida.

(Gravito hacia la elipsis del olvido
arrastrando fuegos chispeantes
y me calcino al intentar llegar a ti).

INSANIA
Dios se asomó ayer a mi ventana,
descorrió el encaje del visillo
y miró hacia el futuro, desnudándolo.

Así, él tiritaba en cueros vivos,
tratando de alcanzar las guedejas
del manto que cubría el hoy y el ayer.

Pero Dios sonreía como un chiquillo
travieso, mientras los ángeles
descolocaban megatones para contar almas.

¡Renovarse o morir! y se desclavaba,
y arrojaba su corona de espinas
al estéril desierto que florecía
con zarzamoras, sembradas a voleo
entre el ejército de cactus.

Pero en mi desierto no hay nada,
ni siquiera arena, ni lagartijas
dorándose al sol implacable.

En mi desierto la verdad
se teje con cristales de sílice,
y la mentira se acomoda en el césped
a la espera que pase el arcángel
Miguel con su espada flamígera
y apague el sol en una explosión
causada por el vacío de la implosión.

Y los querubines volarán de mis sueños
a tu locura, trazando autopistas
con la cola de los cometas.

Leeremos los salmos y cantaremos
el Apocalipsis, mientras los niños,
si sobrevive alguna criatura,
buscan los bofes paternos
para jugar un partido de fútbol.

Y no habrá nada, las delicias
de la insana cordura se evaporarán
como las carnes y las cabelleras,
y los huesos pálidos como la médula.

Regresará el magma primigenio,
los horrores de la vida
en las amebas voraces
que aparecerán
un,
dos,
mil
siglos después.













DELIRIOS

Me descubro atornillandome los pezones,
devolviendo en eruptos equivocados besos.
Masticar cada porción de piel acariciada
hasta formar un bolo que atasque la epiglotis.

Muerte por asfixia, por moco verde,
por lupus, por herpes genital.
La locura no cuenta.
Se muere loco, pero eso no importa.

Autosuicidio, mis trenzas de lana
sujetas alrededor del cuello,
la papada oculta con grapas de lifting,
entre los dedos, el diccionario de inglés.

Ahora puedo deambular, espesamente etérea.
Fantasma desnudo, polvo y ceniza
en el raso rojo del féretro, putrefacto
mi cuerpo se olvida de haber existido.


¿Lloras? Te deshidrataras ante mi resurrección

Los ocasos de los dioses siempre precisan un Wagner
y un órgano de tubos de plata en escalera tonal
que un esqueleto desnudo hace sonar castañeando los dientes.
A sus espaldas, un coro muestra la blancura de sus voces afiladas/
escapando horrorizadas de su obesidad de castrados.
Los ojos de los amantes dejan escapar serpientes liquidas.
Ella se abre el corsé para permitir un respiro a sus pechos
y, estos, golpean sin pudor la boca del amador,
que engulle duro pezón, olfatea agrios sudores
y siente empinarse su varal.

En los atriles, las corcheas danzan enloquecidas
al vaivén de una batuta que el mago de Oz
mueve a fuerza de soplidos.

¿Vienes a bailar? Los osarios se vacían a tu paso.








¿AGONIZO?

Las sombras se desnudan solas
en un horario canoso e irregular.
Destilan cansancio en un alambique
en el que el cobre da latigazos de luz.
Sueño con retorcidos zarcillos de vid
trepando por las vigas del emparrado.
Te corono con amapolas y espigas
que punzan hábiles mis dedos.

Sangro.

Una gota de salada inmensidad
danza de mi lacrimal
al borde de mi labio tembloroso.

Gimo.

La elipsis del ocaso se cierra en añil,
violetas jubilosos, rasgos rojizos
y amarillos y puntos brillantes sin azar.
Llega la noche mientras te alejas.

Muero.









LOS SILENCIOS CREAN EL INFINITO INCIERTO

Y los silencios como agujas,
como fieras lanzas de hielo,
como olvidos desgajados
de la memoria muerta de las cosas.

Los silencios agujerean las ideas,
hielan las innumerables palabras
y convierten en jirones de niebla
los recuerdos, tu presencia, yo.

Los silencios crean el infinito incierto,
la duda descalza, desnuda, fría,
columpiando la idea, arriba-abajo,
al borde dentado del suicidio.

Los silencios cubren los odios,
los rencores, las guerras, los desafíos
entre tu y yo, guerreros heridos
en esa tuerca que nos une implacable.

Los silencios nacen gigantes
abrazados es eslabones candentes
en la fragua enloquecida
donde chispea tu amor, mi deseo, tu, yo







AMOR, QUÉ NEGRA

Duérmete lucero
que la muerte va sola
por el sendero.

Amor, que va sola
la muerte helada.

Lorquiana noche,
de jazmines enrojecidos,
sin camino la vereda,
qué oscuro,
amor, qué oscuro.

Qué negra es la pena,
amor, qué negra,
como una mina enterrada
en el olvido,
la pena en las venas,
amor, qué negra.










NANA DEL CAPITÁN

Jugaban los ángeles con flores de azahar,
con gasas, con corpiños blancos,
las niñas soñaban con el capitán:
Vendrá navegando allende del mar.

Y las albas velas desplegadas
al viento del sur, distantes de todo,
llevaban mi barco hacia la borrasca
de brillantes luces y atronador retumbar.

¡Madre, llevadme al mar!
Quiero ser viento, agua,
albura temblando en el palo mayor.










SILENCIO TRANSPARENTE

Arrojo a mis silencios palabras pensadas
ordenadamente, reflexivas, conscientes,
lo mismo que una calculadora de textos
y

el silencio se torna espeso como chocolate
frío adornado con densa nata helada.
Entonces, sólo entonces, bullen
los amordazados fantasmas
como los gusanos en la olla de las brujas,
pálidos, transparentes con ligero resplandor.
Hermosos.

Dentro de mi cráneo se deshacen
las volutas impías del deseo:
pasiones hirientes, suicidios inacabados…

¡Cómo amo a la parca¡
Tan silenciosa.
Tan blanca.
Tan transparente
Como la opaca mirada
con la que te contemplo.









DIÁLOGO OSCURO

Vaga sombra, luna vaga.
Bajo el mosquitero, el niño
mira sin mirar y sonríe serio.

¿Qué ocurre?, pregunta
la luna lunera cascabelera,
haciendo un mohín risueño.
La sombra se desliza al corredor.

¿Qué ocurre?, pregunta aburrida
la luna semioculta en el jardín.
Perdí mi inocencia silabea el niño.

La luna lunera palidece de furia:
¡No pienses en la muerte!

Está en el pasillo gime el chaval.
Esperaré contigo hasta que amanezca...

Entra la sombra despacio,
un ballet oscuro de gasas y tules.
Danzan los huesos del tiempo,
mientras que la arena se consume.
Duerme la casa, la luna, el niño,
sólo baila la sombra ocultando todo.








FIERO CIPRÉS

Se mueren mis noches
contra las ventanas ciegas
de amaneceres blancos y rojos.

La muerte, la noche, gemelas
enlazadas por los suspiros
de los que, como yo, no creen.

Despertad es aumentar la tortura
unos minutos más, unas horas...
Permanecer cuando deseo ir hacia ti,
reflejarme en tus cuencas vacías,
abrazar tus harapos y tus huesos,
sentir que estamos, otra vez, juntos.
Regalarte mi piel para cubrir
tu desnuda existencia.

Me oigo llorar con tus cenizas
sofocando mis sollozos.

La vida sin ti era sólo muerte,
la muerte contigo, es sólo silencio.

Entiendo ahora la fiera postura del ciprés
protegiendo la paz del cementerio.










PACIENTE ESPERA

Reposan sobre el camino,
apoyados en las tapias,
haciendo dibujos en el empedrado
ante el claustro silencioso.

Los muertos esperan pacientes,
solitarios en sus habitáculos unipersonales.

Caoba engualdrapada de rasos mullidos,
pino cepillado con forro de lona,
sacos de plástico con inscripción guerrera,
recipientes rectangulares de aluminio,
kayaks húmedos de piel y caña,
todos con su traje de carne dentro,
todos esperando,
todos los muertos
todos.

Al este, el cielo aclara su azul.
minuto a minuto, amarilleando.
El viento se cuaja en las ramas de los robles,
que sostienen a duras penas
una bandada de cuervos inmóviles.

Suena un tañido lejano,
murmura quejumbroso un gemido.

Las gárgolas despiertan y guiñan
bajo el sol ya brillante, ya lejano.

Una gota de rocío tiembla sobre el musgo.

Acomodo mi carne y mis huesos
y espero que suenen las trompetas
que me separen como cieno,
o me atesoren como trigo.

Espero.












TERRORES

La gárgola babea
porque no puede
cerrar la mandíbula
y quiere musgo.

Anochece, el miedo
coagula el aire
mientras los fantasmas
tiñen de negro lo azul.


II

Camina una sombra
sin hombre cosido
a sus pies oscuros
leves como plumas.


Etéreos espíritus
silabean espantos
y amortajan el horizonte
con gemidos y ayes.

III

Ahíta de musgo
la gárgola se petrifica
con la vacía mirada
ahuecando el cerebro.

La sombra ajusta
sus andares y se grapa
a un hombre sin sombra
colgado de un olivo.


IV


Muere la sombra
sin los estertores humanos,
simplemente se desliza
y queda en el suelo.

Recortando el césped
ella atrae las miradas
de los que la contemplan
abanicados por el ahorcado.









PASAN LOS DÍAS

Sin mi regreso, tu jamás te has ido.
Soy yo quien embadurna el almanaque
de cruces rojas tachando fechas.

Regresaré cualquier día al atardecer
con la tierra caliente y el olvido fresco.
Barreré con los jirones de mis ropas
el zaguán de la casa que fue nuestra.

Me recostaré en la banca de la pérgola
sobre las hojas secas de otros otoños
y esperaré,
descalza y desnuda,
el rocío que me limpie del no ser,
de este vagar fantasmagórico
de mi tumba a tu recuerdo,
de tu memoria a mi disuelta condición
de polvo y ceniza,
de cristal perfumado,
de pétalo agitado en el viento,
revoloteando como una mariposa dislocada.











FEROCIDAD SALADA

Como un pez feroz, escamas y púas,
muerde, alancea la carne que no comerá.
Me mata e impide mi suicidio húmedo.
Lloro y se bebe mi sal como agua,
lame hasta la última gota de alcohol.
Erupto, abanico el aire con mi vendaval,
y las mieses esparcen olor a pan
sobre el salitre que cuartea los caminos,
las ondas, el abismo, la voracidad
con la que te beso cuando fingimos amarnos.










MAREA

El agua de la vida me ahoga,
desdobla mi condición de pez,
de sirena, de mujer náufraga
a la espera de la pleamar
que la conduzca a las estrellas.

La arena se desliza bajo mis plantas,
siempre desnudas, siempre danzantes
entre la espuma y la sal
que agrieta mi piel, y curte mis entrañas.

Danzarina de algas y caracoles
entrenada en bailes húmedos
con innombrables cuerpos.
Camarera de muertes silenciosas,
plagadas de gritos sofocados por las olas.

Un trago de mar,
un trago de olvido.











EL AGUA ES AUSENCIA DE AMBOS

Gime el día en cuadrantes oscuros
cuando humean las almas calcinadas
por fatuos fuegos radiactivos.

Te miro.

Desconsolada, la noche amplía su espectro
y busca con ahínco el radar de los murciélagos.

Te beso.

La piel se ampolla por la lluvia envenenada,
goteo impiadoso de lágrimas sulfuradas.

Te toco.

Se desmorona tu carne convertida en ceniza,
en pan de hambriento, migajas humanas.

Te imagino.

Risas cantarinas como el agua que golpea el cristal,
murmullos del liquido que desciende por el canalón.

Y sigues ausente.










BOMBAY, BOMBAY...

La música no dice nada.
La torre del silencio, de los silencios todos,
destaca en lo azul, petrificada, solitaria.
No la rodean deudos ni velas,
ni embriagadores inciensos borrando el otro olor.

Bombay, Bombay, con las campanillas tintineantes y un olor a azafrán, el mismo de las vestiduras sigue y persigue las parihuelas donde los difuntos se acercan a la torre, alejados del río, a cumplir con el rito más ecológico, devolver los cuerpos a la cadena alimenticia. Los buitres disputan por los despojos humanos y, algunas veces, no siempre, huesos escarnecidos vuelan junto a plumas. Pero la torre sucumbe al tiempo y no hay escaleras, ni roldanas que permitan el ascenso de los no vivos, en una procesión
fantasmal de sudarios..


Bombay, Bombay

En la torre del silencio, de los silencios todos,
sólo los quebrantahuesos se pelean entre ellos,
convirtiendo picos y garras en armas sanguinarias.

Y la muerte, solitaria, otea el horizonte impasible.








RELACIÓN EN ARCILLA

Hammurabi clavó el cincel sobre la tablilla,
como quién atraviesa el corazón de su enemigo,
y escribió la relación de los crímenes
que convierten al hombre en reo,
adjudicando castigos a las culpas.

Dejó sin grabar el pequeño espacio
que los dioses dedicaron al amor.
Prosiguió por los vericuetos de las pasiones,
sin dejar fuera ninguno de los odios.

Cuando me alejo de ti,
Él sonríe
y
cincela.











TORMENTA

Llueve.
Por el alerón desgajado rebota
un arroyuelo de agua cantarina.
Arrullos de palomas ensordecen
el clin clan de las gotas sobre las tejas
como si temblase el tamborileo
de las palmas húmedas de ángeles
escapados de cielos eternamente azules
y demonios sudorosos libres
de sus avernos personales.

Llueve.
Delicado sollozo de nubes
coloreando en dieciséis matices
de gris, el plomo de mis ideas.
Algodón convertido en catarata,
rasgado por rayos y centellas,
que atruenan cercanas lejanías.

Llueve.
Y mi corazón, amor, se desborda.












BESOS

El vino escancia,
embriágate de amor
con pámpanos, anúdame.
Riega mi dulzura
con tu licor
y bebe hasta el olvido.

Acuna mi deseo,
leche y miel sobre tu piel
embelesa tu ambrosía
el sueño concupiscente.
Ven, bebamos juntos,
nadaremos en mosto
extraído en lagares
donde la pasión reposa.

Camina por las viñas,
mezcla el polvo del surco
con el sudor de mi ansia,
construye nuestro nido:
labio sobre labio, besos.









ANGUSTIA

Las piedras golpean al caminante
tomando un instante sus plantas
y dejándolas caer, de súbito,
contra la redondez del mundo.

El dolor penetra desde el calcañar
a la nuca horadando los tejidos,
haciendo trizas las arterias.
Establece los límites del quejido,
de la lágrima, del alarido atroz.

Las huellas humedecen la roca,
mojan de sudor y sangre la hierba,
acortan los senderos metro a metro
acercando su tragedia a mi descanso.

Me arrodillo y los beso.
Curo sus llagas con mis labios.
Limpio su miseria con mi lengua.

Me desprendo de la túnica
y me extiendo sobre el camino
para que me usen de alfombra.

Cuando se alejan los pasos
y las huellas borran mis pisadas,
mi cuerpo se hunde en el polvo,
como si jamás hubiera existido.










DEL DOLOR DE CRECER

Me doblo hacia ti, mis manos atadas,
encadenadas al dolor de no amarte.

Alzo la mirada, el mentón, el orgullo
de estar así, como víctima ofrecida,
a la espera del rayo que, cortando
el aire, los suspiros, el ara enmohecida,
decapite cualquier esperanza.

Me doblo en ti, como el cordón,
ceñidor de tu tobillo al esparto
de esa sandalia que levanta el polvo
en el que sosegadamente me disuelvo.

Me doblo, como la caña,
como el mimbre que forma cestos
en los que se multiplicarán los peces
y los panes nos sabrán a trigo,
a ocasos dorados, a frías auroras.

Sin partirme, me doblo y crezco.









MENTIRAS

No matemos los sueños locos,
no asesinemos el canto del amor
entre las serpientes que buscan
el calor del nido del encanto.
¡Ay, compañero!
Es tan largo el camino,
tan lento mi caminar,
que jamás podré encontrarte.

Cargo mis deseos como losas
en la mochila sin fondo
de mis desatinos.
Tú y yo paralelos.

El azogue refleja nuestras imágenes.
Cada uno a un lado, frente a frente
en el espejo que nos mata.

¿Te he dicho que te amaba?
¡Cuántas veces miento!










VIAJE ALREDEDOR DE MI ALMA

Me duele la herida que enmarco
entre una llaga purulenta
y el dolor punzante de la cerbatana.
¿Dolor?
Escarbo en el interior de las carnes abiertas,
con hambre y babas en las fauces,
con mirada de sesgado odio
en las pupilas que sangran mis despojos.

Primero, la piel se arruga, después se seca,
y esta presta para ser tamborileada.
Después, con las fibras de músculo,
el pico del quebrantahuesos ovilla
la comida que llevará al nido.

Más tarde, garras y colmillos
quiebran la dureza del hueso
y sorben la medula como postre.
¿Dónde el ácido gástrico disuelve mi alma?
¿Qué queda de mi ahora que soy nada?
DEPRESIÓN

Mi mar se orilla lentamente.
Borda arrecifes coralinos,
teje playas somnolientas,
enmarcadas con algas.

Los cadáveres de peces y náufragos
flotan en deriva ondulada
empujados por los devoradores
de carnes y sueños.

Navego, cabalgo las olas,
remonto los orígenes,
ameba indivisible y solitaria.
Lloro para crear madreperlas,
saladas, nacarinas, dolientes.

Arrastro tras de mí deseos olvidados,
tristes ahorcados con trenzas
de las que penden aún sus amores,
con los sexos neutralmente vacíos.












PESADILLA

El flagelante golpea su espalda
hasta que la piel no se resiste
y se amorata, rasga y gotea
lenta y deslizante sangre.

El látigo, un siete colas manejable,
sigue su trasiego con un ritmo
acompasado a los tambores nocturnos
con los que el oscuro oficiante
llama a los dioses oscuros, a las bestias
de dientes afilados y belfos enrojecidos,
a los comedores de corazones niños,
sedientos de lágrimas núbiles.

Caen las rejas y la angustia
se enseñorea del cuerpo que espera,
lo humedece de sudor, con la pesadilla de vivir,
y dulce como un amante, en un abrazo,
me asesina lentamente.

Abro los ojos, te miro y vuelvo a odiarte.











LA ESPERA

Cada noche, cada noche,
en su largo silencio,
con sus horas eternas,
desmigajándose
en los brillos burlones
de las lámparas celestiales,
te espero, me duermo
y te espero.

Mi cuerpo desnudo
se funde en la oscuridad,
como un jaguar al acecho.

Llegas y te desnudas,
doblas con cuidado
los amores, los perfumes
los recuerdos de otras pieles.

Deslizas de tus labios
besos desconocidos,
salivas dulces, saladas,
acres, biliosas.

Sacudes con cuidado
piernas que cubren
las tuyas, lenguas
suavizando tu dermis,
gotas de esperma
olvidadas.

Ya vacío,
te fundes conmigo,
morosamente,

para ser cada una
de mis grietas, recovecos,
dobleces, arrugas, miedos.

Tu y yo,

en blanco y negro,
hasta el amanecer:

uno.






viernes, 10 de junio de 2011

419.- JESÚS DOMÍNGUEZ



JESÚS DOMÍNGUEZ. Sevilla, 1977.
Diplomado en Magisterio por la Universidad de Sevilla. En 1997 empieza a colaborar con Jaime Roldán (compositor y productor) escribiendo letras para canciones, cosechando a día de hoy innumerables éxitos en el mercado nacional y latinoamericano.
Ha recibido varias nominaciones:
Finalista Premio Govantes Núñez 2003 del Grupo Cultural Rimbaud (Murcia),
Finalista del Premio Primavera Eterna 2002 por el Centro de Estudios Poéticos de Madrid.
Y recientemente laureado con la Mención de Honor del Premio Nacional de Poesía XLIII JUSTAS LITERARIAS 2007 de Reinosa (Cantabria).
Ha participado en varios talleres literarios como el de portaldelescritor.com con Diana P. Morales y Grafein.com con Silvia Adela Kohan.
Influenciado por su lectura de José Hierro, Pedro Salinas, Bertold Brecht, Mario Benedetti. y por sus innumerables charlas nocturnas con el filólogo Rafael Muñiz y el antropólogo y periodista José Enrique De la Rosa.
Ha publicado: De marzo y otros colores (2009)
Su blog: www.jesusdominguez.blogspot.com




CRISIS

Atasco en la SE-30 ,
insultos que atraviesan
ventanas de papel.
Palabras con fusiles
de ojos irritados
y dedos que estrangulan
volantes que parecen
labrados de manteca.

El viento sopla en contra
Y no deja avanzar
Paraguas en "i griega"
en manos de un anciano
tirado por los suelos.

Un grito hierve entrañas
y asciende por la traquea,
pero no encuentra fuga
para ser grito de veras
y apenas queda aire
en mis pulmones menguados.

Inflado el pecho rompe
costillas opresoras
en un intento inútil
de recobrar el aliento.
Y el alma no me cabe,
como ascensor rebosante
de personas obesas.

La vista cenicienta
de cruces florecientes.
Cunetas enlutadas,
cadáveres caninos
ausentes al sentido
viciado de costubre.
Los músculos se tensan.
disparan los tejidos.

Estallan los airbags
internos del organismo.
Ascienden los niveles
de tóxico y venenos
y el corazón se atraganta
y la garganta clausura.
Se cierran las cortinas.
Se acaba la función.

Y tú sabes muy bien
lo que te estoy contando,
lector inoportuno,
también tu avara muerte
vendrá luciendo el sello
del siglo XXI.









COMO UNA ISLA

Como una isla
ausente en latitudes,
sin mapas antrográficos
ni censos testimoniales.
Tierra deshabitada
por las especies comunes.

Como una isla que aísla
su núcleo profundo,
su vida virgen e inhóspita
como un erizo asustado,
con el follaje arrasado
por un tsunami imprevisto.
Orillas que el mar alimenta
por inercia cotidiana.
Culpas que olas de marca
arrastran y las ahogan
con plata caída en arenas
de cartones reciclados.

Vertedero de naufragios
que no le preocupa a nadie.
Intemperie de lentejuelas
su única propiedad.
Isla con viento de frente
que ya no espera milagros.

Como una isla, olvidado,
con un cartel en la playa,
entre barcas destrozadas
por inclemencias del tiempo.
Quince de Marzo, Calle Sierpes,
"Para comer. Gracias"







AUTOMATISMO

¿Quieres que te enseñe
el planeta dónde vivimos?
Ven, verás, siéntate conmigo.

Encenderé la televisión.
Están emitiendo un anuncio,
denuncia el hambre del mundo.
Le doy el mando a papá.
Contaré los segundos
que tarda en cambiar de canal.
Uno.






LOS HIJOS DEL LAISSEZ FAIRE

Ahí están, ya vienen.
Son los hijos del laissez faire .
Fuego verde en los dedos,
y prendida en los puños
gallinas decapitadas
cacareando apariencias.
Nada en los ojos,
rumbo perdido.
Tiros a diestro y siniestro
como un recluta novato
que se ha quedado ciego
en mitad de la batalla.
Los nietos del carpe diem
tienen tanto miedo
que ya no piden auxilio.
Todo mal entendido,
todo mal enseñado.
Demasiados caminos
para dos pies cada uno.
Manos veloces que usurean
a las palabras pensadas.
Gritos.
Ahí están, ya han llegado
y no saben qué decir
ni a qué han venido.









LA ERA DEL MIEDO

Atención: curva peligrosa.
Virus detectado, ¿desea eliminarlo?
Un psicópata anda suelto.
Un móvil de una mesa
puede ser una bomba.
Cuidado con el perro.
No pare el coche si le hacen ráfagas de luces
porque lo van a matar.
No fume.
Salida de emergencia.
Cielos grises y estériles tierras.
Mientras se oye a Louis Amstrong de lejos
Y su WHAT A WONDERFUL WORLD.





Poemas incluído en "De Marzo y otros Colores".



Los cajones de la cómoda
se condenan a lo abierto
como bocas obligadas
a gritar eternamente

Henchidos y rebosantes
del exilio de tus ropas
vomitan el abandono
entre dientes y caobas,
y adioses aglomerados.

En ellos se amontonan
los vacíos y los ecos
y saturan los espacios
invisibles y etéreos.

Llanura de barnices
preñados,
cebados,
hartos de nada.
Polvo gris.

Te diría que volvieras
pero lo vano, lo intangible,
y las prendas inexistentes,
no deja en los cajones
ni un sólo hueco libre.








CARTA LENTA

Disculpe que me atreva
a robarle un segundo.
No soy un raptor
ni un carterista,
no soy un delincuente
ni un banquero.
Creo que estoy más cerca
de la mendicidad
que de la sisa.
Disculpe, decía, que me atreva
a pedirle humildemente
que me dedique un minuto.
Lo que quiero ofrecerle
es algo totalmente gratuito.
No está sometido
a sorteo público o privado,
ni tiene ninguna condición
sine qua non.
Es sencillamente suyo
y por eso solicito,
y disculpe de nuevo,
una hora de su tiempo,
que adivino es de oro
como el de todos nosotros.
Sólo necesitaré que un día
deambule usted por mi espacio,
que de modesto clama
a quitarse la ropa
y a dialogar despacio,
y en sólo un mes, si me apura,
acabamos con este asunto.
Venga, que allí tengo un año
perdido de su memoria.
Y creo que va siendo hora
de devolverlo a su dueña.
Entendería, sin embargo,
una leve negativa,
sujeta de alguna forma
a posibles negociaciones.
Disculpe que me atreva
a robarle, decía,
una vida entera
y lo que venga después.


domingo, 5 de junio de 2011

418.- SALVADOR REYES DE CÓZAR


Salvador Reyes de Cózar es un poeta español, nacido en Sevilla, en 1980. Hasta la fecha, ha publicado 2 libros, Eclipse Ocular que recoge el poemario completo Tiempo en Re menor, Ediciones Logosur (2007), y Los calendarios anónimos, Editorial Cocó (2009), además de una plaquette Las Horas Vanas con la que obtuvo el Premio de Poesía Municipal de Sevilla (2000), en la que se recogían algunos poemas de sus comienzos. Su andadura literaria comienza en 1996 cuando colabora y aparecen sus primeros cuentos y poemas en la revista Girándula, más tarde, es publicado por la revista electronica El Ideario y es frecuente la aparición de sus poemas en la revista de cultura de la Universidad de Comunicación de Morelia (México). En la actualidad, Salvador se encuentra trabajando en un libro de relatos de misterio que llevará por nombre Buscando a Ligeia en un claro homenaje al famoso escritor estadounidense Edgar Allan Poe que tiene previsto salir al mercado en 2010. Además de su trabajo como escritor, Salvador ha participado como actor, co-director y guionista de dos cortometrajes: La vida en Rosa y Emisión en pruebas (Ambos en 2006, ver enlaces más abajo) en colaboración con Eduardo Almiñana de Cózar, cortometrajes de sello independiente: Producciones Cocó, que sería la antesala para que un año más tarde (2007) naciera Editorial Cocó: una editorial de gran proyección, joven e independienten que en pocos años se ha convertido en un modelo y referencia para muchas editoriales de su sector.
En la obra del poeta, podemos apreciar un estilo cuidado y elegante, un interés superlativo por el ritmo y la musicalidad en la lectura, así como un lenguaje cargado de expresión, sentimiento, melancolía y nocturnidad. En sus poemas se conjugan, con una precisión de relojero, una técnica bien adquirida por el poeta junto a la frescura propia de las nuevas generaciones de poetas que vienen pidiendo a voces un espacio en el panorama nacional. En su estilo diverso, podemos encontrar tanto poemas que llaman a la relfexión del lector, como otros de corte onírico, así como otros de un estilo más directo y espontáneo. Girando, casi siempre en torno al amor y todo lo que de él deriva, el dolor, la nostalgia, la meláncolia, la alegría, el deseo, el recuerdo y el olvido. Entre sus muchas influencias cabría destacar poetas como Ángel González o Luis García Montero. Críticos y lectores, consideran a Salvador, un poeta de gran proyección y seguimiento aunque pocas veces cabe la oportunidad de poder disfrutar de sus apariciones en público ya que su carácter reservado, humilde y discreto le lleva a alejarse, habitualmente, del reconocimiento y a dosificar, con cuentagotas, sus eventos.
En su faceta de relatista, Salvador denota una clara influencia de escritores reconocidos como H.P. Lovecraft, Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant, Thomas de Quincey, Arthur Conan Doyle y Lord Dunsany entre otros de los que se reconoce fan incondicional. En sus relatos se aprecia un dominio eficaz del lenguaje de la época y una adaptación rejuvenecedora y llena de frescura. Salvador Reyes de Cózar, nos enseña en sus relatos como aún es posible ser original y atrevido en un género, el relato de misterio, en el que a menudo se cae en los tópicos. Sus relatos abordan temas desde lo sobrenatural a lo real, de la ficción más onírica y surrealista hasta el viaje más atrevido hacía los lugares de la mente humana donde habitan la perversión, la traición, la demencia y la maldad.
Salvador Reyes, además de sus inquietudes literarias, muestra un interés especial por la música, faceta que le llena plenamente como demuestra su aprendizaje en instrumentos como la guitarra o el piano.

Bibliografía
Las Horas Vanas, Premio Municipal de Poesía del Ayuntamiento de Sevilla.
Eclipse Ocular, Ediciones Logosur (2007).
Los Calendarios Anónimos, Editorial Cocó (2009).
Buscando a Ligeia, Editorial Cocó (2010).

Cortometrajes
La Vida en Rosa
Emisión en Pruebas







De pronto tus ojos.

Y de pronto fueron los helados grises de la noche,
de pronto tus ojos, yo solo fui un espectador anónimo,
el olor de los álamos, la tierra húmeda,
llovía aquel diciembre y de pronto tus ojos.
La noche era una ventana de azules y mármol,
una caricia ámbar de tu boca,
fue como deshojar las horas como pétalos,
y yo, arañado por las calles del Sur,
entendí aquel mensaje escrito en la botella,
era esperar y esperé como espera la costa
la siguiente ola que bautice las sedientas arenas,
pero todos los mensajes tienen un posdata,
y yo nunca fui un poeta de los de letra pequeña,
así que encendí un cigarro, di cuerda al reloj,
y los minutos fueron un ejercito de viento.







Minuendo

El silencio dibuja en el espacio las palabras de la noche,
se balancean en el aire como acariciadas por las sombras,
junto a ellas no soy mas que un péndulo inexacto,
un metrónomo.
Un corazón arrítmico que bombea huellas sincopadas.
Estériles.
La noche es un desierto de luciérnagas, un reflejo que asola
las desnudas voces del anonimato, el tiempo pierde relevancia.
Se suceden digresiones, Verano y Otoño se evaporan,
Enero detona con fanatismo inusitado pero a través de tus labios
sigo llorando octubres aritméticos, cárceles de mármol.
Minuendo y azules en un vaso.








Lugre

Cada minuto agotado perfuma la habitación
y explota en la distancia como una espora amarga,
he recorrido el trayecto equilátero de Hayaam,
el doble gesto de la añoranza.
Pero entonces todos los parpadeos
son hermanos en la noche,
convergen en el suelo
como desiguales otoños alfombrados
y mis ojos exhalan viudas púrpuras.
Quizá sea que por estos océanos no caduca el hemisferio
ni soplen de costado huracanes capaces de tumbar
ánimas con gavias, caricias de latón.
Háblame de los callados céfiros secretos.

Los calendarios anónimos ( Editorial Cocó, 2008).







No sé nada del amor.

“Nada sabe de amor quien no ha perdido
por amor una casa, una hija tal vez
y más de medio sueldo,”
(Luis García Montero)


A veces es verdad que te castigo,
y que mi voz daña como alfanje en tus heridas.
Incluso hay noches que mis manos son un salón
desierto y frío que caminas acariciando
de puntillas: olor a espera inútil.
Pero coses mi sed a mi nostalgia,
te haces real, apenas un rumor
que me sonríe con la desnudez de la noche.
Me besas, y tus labios son la helada
que rompe por debajo de la puerta.
Entonces dudo, pero no de ti, ni de nosotros,
sino del amargo sabor de la madera
que guardo en la garganta,
sombra cotidiana de los restos de naufragios,
astillas embarradas que la lluvia no disuelve.

Pero qué sé yo del amor por cuatro letras
si he conocido, en tus ojos, el invierno
-la tristeza verde, aún, sin adjetivo-,
una luz que a las sombras no reclama.
Qué sé yo del amor cuando claudico
y arrastro la rodilla
por escombros tallados por el viento,
exhausto de lidiar con la memoria.

Si tuviese el valor que a ti te sobra,
quizá no agotase el recurso de andar solo,
ni el de robarte otoño -ni septiembre-,
ni las grietas de los cobrizos árboles.
Quizá, también,
sería capaz de negarme tres
veces, incluso cuatro,
y ser capaz de sonreírte, por fin,
con la remota posibilidad de encontrar
en tu boca algún mérito,
Eso, claro está, si yo tuviese el valor.









Ausencias meridianas

Tu corazón es un atlas de ausencias meridianas
(Amor deshabitado, Laura de Miguel)

En esta habitación
sembrada de silencios,
amparo débil de los vientos huérfanos,
se encuentra una razón
apenas conciliada por el sueño.

Aquí yacen las horas prematuras,
esas horas fugaces y exentas de apellido,
indelebles y amadas -sin embargo-
como la verdad que habita tras el labio.







Epílogo

La ciudad es un cementerio de ladrillos,
un espíritu nómada de meandros,
sobre los tejados se hacen fuerte
las calladas enredaderas urbanitas,
yo las observo, así, mientras ellas callan,
mis ojos: un balcón rasgado y costumbrista.

Desde mi rincón observo los desnudos tallos,
imagino sus formas femeninas,
y entonces viene lo de perder el pulso,
lo de la memoria caprichosa y su falta de tacto:
los recuerdos son silencios a través de una arboleda,
caminan lentamente como espíritus anónimos.

Luego mayo avanzará como ordenado
por las vías de un vagón callado y trotamundos,
es cuando ser hombre significa ser viajante,
llevar el corazón en la maleta
y dos o tres palabras compañeras.
Es como mirar al cielo y encontrar dormidas
la luz balanceada de dos luciérnagas de fósforo.

Los edificios, como alambres fragmentados,
son modernas ruinas urbanitas,
cajones romos de otras eras llenos de pasado,
un ataúd que dispara tiempo al horizonte
como una maquina velada,
como cornisas de pestañas de unos ojos ya cerrados.

Será que a veces desamar,
es como un temblor de la esperanza,
recoger escombros de nostalgias, pensar en ti,
plantar los pies bajo el fango y ser alerce milenario,
pero en otoño todos los ayeres son caducos,
crujen en el suelo como una alfombra de cristales,
y dos vías que se cruzan rara vez son paralelas.

Diciembre, aunque te olvide,
seguirás siendo el último mes del año.







Desde aquí

Desde donde te escribo, a veces no huele a café,
ni huele a terrazas,
ni la lluvia -esa vecina incomoda-
se funde con el polvo de los parques dejándonos
olor a primavera.
Desde donde yo te escribo, también,
es más fácil perderte que encontrarme,
el lenguaje sólo es
un vehículo viejo e incapaz
que amortigua el perfume
anticipado de aquel rumor de las derrotas:
apenas un sabor más traicionero que bravo,
el murmullo sordo de los años que agotados
terminan por pasar sin darte cuenta.
Y es que, ya lo sé, desde aquí, donde yo te escribo,
los muros son más densos que el silencio,
y abrigan los amargos desconsuelos,
aferrados, como ese tesoro que uno guarda
debajo de su almohada, escondido
de otras manos y de otras voces y de otros ojos.
Pero no me juzgues, no, ni huraño me supongas,
tampoco huyas ni lances contra mí
tu ejército de inquinas.
Solo es el castigo que me queda porque elijo
escribir desde mi alma.








jueves, 2 de junio de 2011

417.- CARMEN MOLINS


Nací el 6 de julio de 1963, en Andalucía (España), a los dos meses de nacer me llevaron a Donosti, allí pase unos cuantos de años. Después en Madrid para llegar a Sevilla...Soy sensible y todavía creo en el amor e intento absorber este eterno instante del ahora.


Somos quienes creemos ser, sin embargo no creemos ser quienes somos.

Quizás ni creamos, ni seamos, ni siquiera existamos, pero en el fondo basta con creer, para ser.

sedemiuqse (carmen molins)


ESTOS OJOS

Si supieras que estos ojos
son mis brazos abiertos
que al calor de la noche
sus dedos albergan
difusas esperanzas.


Si supieras que estos ojos
mis ojos viven
la quietud del estanque
que ahoga la mirada desierta
y palabras no son nada.


No son nada porque en ellos
hicieron surco los ríos del olvido
bajo este horizonte que miro.







CAMINO

Camino hacia el solitario árbol
que de su brazo cuelga la esperanza
camino hasta el seco desierto de miradas ausentes,
hacia poblados de ideas nacientes.
A veces los atajos que tomo están llenos
de ideas en cada grieta.
Camino por la vera del río y su grito espanta
otras su calma alienta.
A veces levito en un espacio desconocido
A veces veo clarear las noches y oscurecer los días.







BÚSQUEDA

Abandonadas conchas
son refugio de ermitaños.
No soy la egipcia que pisa arenas errantes
Tampoco quien ha volteado aguas
y guarda el secreto de tus labios.
Sencillamente soy quien despunta estrellas
y te llama en el silencio
que atesora el pozo de la locura
ó desde las tinieblas
cuando mis dedos buscan el roce
de las llamas del infierno.

Ahora me siento a la orilla del tiempo
para contemplar desde el amor
la ausencia de huellas
y este desierto que solo es eso: desierto.







PARÉNTESIS

En tus manos pequeños instantes
instantes mutilados en la yema de tus dedos
donde habita el recuerdo
táctil de palabras y sonidos amantes.
Amantes que pintan imágenes
en desiertos
y escriben versos
en la pared azul del viento.
Un puñado de tierra basta
para lanzar a otras esferas.
Gargantas salvajemente desérticas
bordean la cuna incipiente
y húmeda de mi lengua.
Desde siempre está la carrera
presente en lomo del berberisco
como el ayuno del vagabundo
en su largo y tímido camino
junto al sol que bordea la costa.
El tiempo continúa encerrado

en el reloj de arena
como estos
pensamientos congelados.








OBSERVACIONES

Anhelaba el regreso del viento
y observar esa triste sonrisa
que las piedras asoman cuando
comienza hacer frío.

Revoloteaba en el aire
una frágil línea de palabras
el corazón negado al vacío.

Una bella fragancia de amor
pegada a tus ojos.

Era entonces cuando
posaba en tus labios
la tibieza natural de mi empeño
y dejaba el silencio
entre lirios
que se abrazaban
como una madre y su retoño.






CAMBIOS

A veces el viento sopla salvaje
y golpea el muro del orgullo
como un río a tus ojos desbordado
que solo busca su camino.

Las palabras se quedan en tus labios
como esos ojos con el canto del grillo
ambas se cuelgan de la noche para cazar estrellas.

Ni siquiera el misterio
juega con la yema de tus dedos
quitarse el sombrero para buscar nuevas esperanzas






SENTIR

La rama se muestra en el brote
pegado al color aceituna de tus pestañas
cierto aroma de recuerdos
asoman como tus ojos en el viento

Un gato juega a buscar su sombra
a los pies del árbol
y su mirada caza estrellas diminutas
que corren a oscuras por rincones
y modestas distancias...

Entre gato, estrella y noche..
se distrae la vida.







HERMOSO SILENCIO

Aquellos labios de azahar
que sorbían amaneceres
han dejado sueños
de la mano del viento.
La mirada solo un río creciente
a la caída de la noche
fugábase con las estrellas.
Ahora la sonrisa viste
un hermoso silencio
y la palabra lo envidia
asumiendo derrotas
y tristes juicios.
Vaga el alma
vaga
como ojos sin día
como estrellas sin noche.






INSTANTES DE SOLEMNE SILENCIO

Aquellos ojos que ocultan el secreto
como oculta la noche anónimos amantes tras los lirios.
Continuar por el camino iniciado
y soportar la vida vacía como el vacío de los bolsillos.
Pies descalzos;
tus pies abrazados al frío intenso de la tierra.
Miras la negra boca de los muros
y dibujas círculos brillantes en pórticos de arena
dices que son preguntas y respuestas
para un caracol desnudo
o un árbol que huye de sus raíces.

Tienes oportunidad de abrir el estanque de suspiros
sin embargo

dejas que vuele la orfandad del viento hoy
como ayer
en esta noche marchita y solemne silencio.






ABSURDA RAZÓN

Cuanto amanecer a la orilla del camino.
La continua repetición del silencio
deambula de palabra en palabra en tus oídos.
Los ojos de la experiencia son un mito.
Tu mirada se detiene en la misma orilla
para embriagarse de lluvia y estrellas
olvidadas a la altura de los ojos
y tu boca sin aliento.
Regreso al único árbol que espera el otoño
para colgar acertijos en sus ramas desnudas
y verlas caer como lluvia o lágrimas
a la altura de tus ojos y de tu boca sin aliento.