Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

sábado, 31 de marzo de 2012

1161.- JOSÉ LUIS PARRA JURADO



José Luis Parra Jurado
Nació en La Rambla (Córdoba) un día de febrero de 1960. Es ceramista. Tras vivir una típica infancia de pueblo vive su juventud en Córdoba de donde regresa para crear Alfar Wallada, proyecto de investigación y recreación de la cerámica califal y andalusí en 1984.
Conoce al jovencísimo, incipiente escritor, Rafael Castellano con quien codirige la revista literaria Ababol en su segunda época.
Preside el Grupo Alfonso Ariza, creado a partir de unos escritos de apoyo al genial escultor, pintor y ceramista Alfonso Ariza, en su proyecto de Casa-Museo en La Rambla. Grupo integrado por poetas, pintores y ceramistas. La obra y persona de Ariza le influyen fuertemente, siendo inspiración de numerosos escritos.
Es guionista y locutor del programa poético-literario "El cuello roto del Cisne", iniciado junto a Rafael Castellano y en el que colaboraron asiduamente otros poetas rambleños, en Onda Pasión (Taller Municipal de Radio de La Rambla).
Elabora diferentes proyectos culturales literarios y de investigación cerámica.
Poesía
“Joyeles de arena”. Cuadernos de Ulía. Jorge Huertas, Editor. Fernán Núñez, 1989. (plaquette).
“El dragón dormido en la espesura”, editado por la Cátedra “Juan Rejano”. Colección Polifemo. Diputación Provincial de Córdoba. 1991.
Antologías
“El otoño”. Cuadernos de Sandua” nº 60. Córdoba 2001.
Narración
“5 con 1. Dibujos. Juan Arrabal” Ediciones La Corredera. Montilla. 1999

Colaboraciones en revistas poéticas y literarias: Ababol, Ánfora Nova, Astro y otras.




Paseo del Ángel en La Rambla


Laudable estampa en láminas de arcilla.
Humilde, pintoresca elegancia,
templanza en azul de Cisneros
sobre el estaño esmalte
tal los oficios hoy, de vidrio restañables.
Aquí el cielo espejea en arcilla.










Canción del partisano enamorado

L´armée des ombres (Paris, 1942)



Cuando estés, cuando no estés, estaré.
Si te vas para volver, no vuelvas más.
Si te vas para no volver, sí, vete ya.
Cuando estés, cuando no estés, estaré.
Pero no me digas que te irás quizás.
Si te vas, no te vayas, no vuelvas el mirar.
Sólo una sombra más, una sombra más.
Una y otra sombra más.










Tiempos difíciles


Vendrán tiempos difíciles, aires tan secos.
(Anilina precipitada en los sueños,
Galgos angrelados bajo la luna).
Truecan ideales por sofismas
Allá donde hiere el cascabel de la duda,
Bajo luminosos pupitres de fiebre.
Hierba seca en las manos,
Ambarinas miradas.
Tiempos difíciles ya son.
Muelen la harina de las palabras
Y respiran, insomnes.
Caballos en la seda del río
Tatuados.
Languidece la albahaca,
Ya no sueña la alondra.
Ternura a plazos, acaso felicidad.










JARDINES DE RUZAFA

Tú también insigne palmera eres aquí forastera…
Abderramán I (el Inmigrado)



(Taciturno el emir Abderramán observa Córdoba desde Al Rusafa)




Palmas de tinta glosan los anales...
Palmeras erguidas de Ruzafa,
éstas que acompañaron mi ventura,


"acosado por
el hambre, ahuyentado por las armas y fugitivo de la muerte",
son de Oriente rendida celosía.
En terrazas tales fuentes compiten,
conspicua el agua se dibuja
con trazos de invisible pincel.
Naranjos por cipreses crepusculares.
Anafres de nutricia preñez
en la procela de los días.
La escenografía cortesana induce
la eboraria, los metales y las sedas.
Por los harenes del deseo, avezado,
conspira impune y taciturno el desdén.
Córdoba poco a poco enciende el silencio
sobre mariposas de papel que adivinasen
su destino, la adversidad.








Luna en racimo


La luna es racimo, metal y cordel.
Dulce estribo de cancel y moras.
De cera, ardida sangre, a libélulas.
Y crece entre rocas la vida.
Trenzas de tagarnina, salmos su galpón resiste.
Este año se hila concreto y pita musgo.
Trance o luna, pliegos de azumbre,
la dulce, rota arena en las cañas.








Labio


Hiere tu labio a mi sonrisa,
abrásame con certeros ardientes cristalinos,
espárceme en el edredón al fin desmemoriado.
Deja núbil la habitación o nieblas
y prometo escalar tus pupilas
hasta escanciarme de agua tan fría.









CERTEZAS


Cobrizas, doradas vides.
Olivos transparentes.
Colinas del agua latente y sedosa.
O ardidas bajo el tórrido sol.
El siena es constante, presencia desnuda.
En ausencia, la certeza del mar.


(Del libro de poemas "Extensa clepsidra")










HORIZONTE


Hoy la luz es horizonte,
vasta, visible plenitud.


Ya no deseas más viaje
que tus propios deseos.


Tu propio desear
otrora ensueño.


Del libro "Extensa clepsidra"

1160.- JUAN MIGUEL GONZÁLEZ DEL PINO


 
JUAN MIGUEL GONZÁLEZ DEL PINO  nace un 14 de marzo en la Colonia de San Eugenio, en el malagueñísimo Barrio de la Trinidad
Juan Miguel González.
Mañanas de Vino Blanco
por ÁLVARO SOUVIRÓN
Que puedo decir del Poeta Juan Miguel González del Pino que el no sepa?…TODO.
Pues desafortunadamente, y a pesar de mis denodados intentos, aún no he tenido la oportunidad, ni el placer, de intercambiar ni una sola palabra con él. A pesar del deseo. Y del miedo, para que negarlo.
Admiro la poesía de este Trinitario de una manera incondicional, pues me parece su obra de una belleza extraordinaria. De un malagueñismo atroz. De una proximidad absoluta.
Letrista de Tabletom -de ahí me vienen sus primeros textos-, y gracias a sonetos  impresionantes, que me emborrachan el ánimo y la cabeza, mantengo una cruzada imposible e incansable con un nutrido número de amigos comunes que – prometiéndome lo imposible- me juran y perjuran que hablarán con él para hacerle llegar mi humilde, osada…y  avergonzada propuesta: Editar un post (o alguno más) en este blog con una selección de poemas suyos.
Así que hablé con tres hermanos Cumpianes tres. Hablé con el hermano guitarrista fundador de Tabletom: Ítem más, con su Gloria. Por hablar, hablé con un antiguo editor suyo para que pudiese este bloguero que ahora escribe, cumplir su inalcanzable entelequia que no era otra que publicar en este sitio una selección de sus soberbios poemas.
Imposible la cazuela de papas!!! Ningún Strogoff de pacotilla pudo serme útil en la tarea encomendada. Solo promesas y más promesas. Yo se lo diré…Yo se lo diré…Yo se lo diré… Esta noche te lo presento y tú ya hablas con él!
No hay tu tía. Rien de rien, que dicen los gabachos.
Así que decidí buscarme la vida en Internet – que es ese lugar donde todo se encuentra-  menos (casi) la poesía de Juan Miguel.
Un nuevo y desencantador paseo por Desolation Row.  Solo pocos ejemplos, aunque por su escasez, no dejaban de tener una belleza abrumadora. Por fin un Cumpián- el mas pequeño de la prole, y uno de los más solícitos conmigo- me procuró dos libros (de su hermano Paco, todo hay que decirlo) donde, por fin, encontré letra impresa del poeta.
Ya la tengo a buen recaudo.
Y así y ahora, sin su  permiso- cosa que me acojona un poco, la verdad – voy y vuelco algunos poemas en este -si el quiere- su blog. Para empezar, nada mejor que unas letras – incluidas en el trabajo de Tabletom, Sigamos en las Nubes- que me ha parecido mejor insertar en su formato original en este post con la obra de Juan Miguel González; pues tienen la belleza añadida de las imágenes del trabajo discográfico en cuestión.

“Y estos fueron mis pecados:
vino tinto por la noche,
mañanas de vino blanco.”


#01

Sigamos en la nubes:
Por nuestra antigua fe en la hipotenusa,
por nuestra condición de perdularios,
por el mal pago que nos da la musa,
seamos libertarios.
Por no querer bajar nunca del guindo,
por nuestro trato con las musarañas,
porque he perdido pero no me rindo,
viva Manuel Azaña.
Porque acerté eligiendo el desatino,
porque algún día la tendremos seca,
porque sobra merced, si falta el vino,
viva el lomo en manteca.
por seguirle pidiendo olmo a las peras,
porque la estrella del fracaso irradie,
porque aunque tengo arreglo, no hay manera,
felices los Don Nadie.
Contra la chusma de chalé adosado,
contra la turbamulta rociera,
vivamos silenciosos y apartados
de las hormigoneras.
Contra el pequeño y cruel dios estresado
comido de alopecia y dioptrías,
contra el primate cibernetizado,
Machado y los tranvías.
Contra tanta poesía mercenaria,
contra tanta experiencia de tendero,
contra esta ubicua nómina sectaria,
¡ maricón el primero !
Contra las taifas de la diferencia,
no menos embusteras y arribistas,
contra sus resentidas obediencias,
la bohemia anarquista.
Contra los dogmas de la progresía,
reconvertida en cuota y B.M.W.,
contra sus insaciables señorías,
sigamos en las nubes.

#02


 

#03


 

#04


 

#05


 

#06


 

#07


JUAN MIGUEL GONZÁLEZ

FANDANGOS SURREALISTAS
(Y otros palos tambien Surrealistas)

Las jornadas Rockbertianas- esas en las que compartí mesa con el Poeta Juan Miguel González- me trajeron alguna que otra satisfacción imperecedera. Ya dije que la primera fue la ser contertulio (que palabra mas denostada hoy día gracias a la televisión) junto al Poeta y a la también polifacética Mariví Verdú.
También, que fue el germen del texto acerca de la reivindicación de la Plaza de San Pedro de Alcántara para la futura Plaza de Tabletom (Busto del eximio barbudo incluido) y además, también -ya lo dije- me proporcionó un buen rato de conversación con el Poeta que –como siempre- me resulto, amena, didáctica y enriquecedora.
 

Pero lo mejor, creo, estaba por llegar. Durante la alocución de Juan Miguel en torno a la figura de Roberto González -cantante que fue de Tabletom- recitó algunos pasajes de un libro co-publicado al alimón con Javier López Navidad. Otra pata del mismo banco. Otro pirata del mismo barco.
La estrofa hablaba de Ducatis y Bultacos Metrallas. De mangos de paraguas, de martillos de bolas o de mortadela Mina. Un poco demencial, ya lo sé!
El personal se quedó sorprendido. Yo -que estaba a su lado-, ojiplático, boquiabierto y carialucinado. Ciertamente capitidisminuido y un poco estupefacto ante tanta agudeza palabreril.
Inmediatamente mi amigo Ángel Céspedes, me solicitó que yo sin discusión alguna, me hiciera con el libro de donde Juan Miguel leía y recitaba.
Sabiendo yo que Juan Miguel, casi nada me niega, le comenté lo que nos habían gustado dichas estrofas.
Así que me apostilló dos cosas: Una: de donde venían los textos; y dos: que el libro de referencia, me sería entregado –para mi gozo y regocijo- en calidad de préstamo (para su fotocopiado) el día del Concierto de Tabletom en el Teatro Cervantes.
 

Juan Miguel González, puede desfallecer ante el Terral inclemente; ese de los tres días de martirio. Puede sentirse aturdido por la escandalera y la jarana de la parrilla humana; incluso azotado por las libérrimas corrientes de aire. Zozobra también, ante la estupidez osada y no perdona, ni por asomo, la falta de humor ni de ingenio.
Pero lo que si lleva a gala –y yo lo compruebo cada vez que lo veo- es que su palabra dada, goza de una fortaleza y una durabilidad a prueba de tiempos y desmemorias.
Así que el día del concierto, yo tenía, no solo el libro prometido, sino un ejemplar de su ultima publicación fechada en las pasadas Navidades, firmado y dedicado este último, con ese cariño al que me tienen malacostumbrado.
 

Fandangos surrealistas. Les llama el. Un libro ya te digo co-escrito con Javier López Navidad. No se preocupe este último malandrín, pues, en breve, también tendrá sitio reservado en este Ateneo’s Alas con Secuencias.
Fandangos surrealistas, digo, pero también Alegrías. Y Bulerías y Tangos del Piyayo. Tientos, Soleares y Seguiriyas …toda una suerte (digo bien con eso de suerte) de Palos Flamencos que también padecen esa fantástica cualidad y enfermedad contagiosa surrealista.
La particularidad que a mi me sorprendió, es que los textos se corresponden, con una absoluta fidelidad, a la métrica y a la cadencia del cante de cada uno de los palos. Si está titulado “Tiento” hay que leerlo o cantarlo, para sus adentros o para sus afueras (Que viva el libre albedrío!) con la musicalidad que le pertenece.
Fíjense Uds. que también está la melodía por antonomasia de Méjico: Cielito lindo. Quien iba a pensar que esta canción, que está basada en una seguidilla de Lope de Vega: Una flecha de oro/ metiró el amor. / ¡Ay, Jesús, que me hadado / en el corazón…” que aparece en varios cancioneros y manuscritos del siglo XVII. (Wikipedia, como comprenderéis).
Esa, vendrá otro día.
Así que, aquí esta la selección que he realizado. Otra muestra más de la maestría inacabable e inalcanzable de mi querido amigo Juan Miguel González del Pino. Poeta que es y Letrista de Tabletom que es también en sus ratos libres; y que son -sus ratos libres- los que se sienta a escribir cada Jueves desde la media noche hasta entrada la madrugada. Que de todo se va enterando uno.
Aliño estas letras y los escritos del Maestro, con ilustraciones de trabajos de mi otro admirado artista, el pintor Andrés Mérida. Para que lo Cortés, no quite lo Pizarro.
Porque entre caballeros andamos, Señores.Como es natural.
 

FANDANGOS

Salió volando un chavea
del depósito de agua,
y le tocó en la pedrea
treinta mangos de paraguas
y una bicileta Orbea.

Sin careta ni pistola,
en calle Tomás Heredia,
se bajan de la guindola
y atracan una ortopedia
con un martillo de bola

De doblarla, ni mijita.
Madrugar, nati vitati.
Y entre el magro y la mezquita,
se hizo un gorro de uralita
Y se compró una Ducati.

Se apostaba en la taberna
que para el tren con la mente.
Y en la vía y sin linterna,
le vino el Talgo de frente.
Perdió un brazo y las dos piernas.

Se lo buscó porque quiso.
Va en carrillo desde entonce.
Fue en el polígono El Viso,
sin explicación ni aviso,
Por pedir una diez once.

Una noche en Albacete,
vencí a Poyatos Pagín.
Solo con la “veintisiete”
levanté un cubo de zinc
con diez kilos de chanquetes.

Ni la grifa ni el mollate.
Ningun vicio me domina.
Sólo alegran mi canina
las tortillas de alicates
y la mortadela Mina.

 

TANGOS DEL PIYAYO

Gran río Guadalmedina
donde jugué de chavea,
eso sí que eran pedreas,
Y canutos y almencinas.
Vendia en calle Cotrina
luqitriquis El Boqueras;
treinta Caunys de pulsera
Se sacaba del abrigo.
Infancia de pan de Higos
frente al cuartel de Nateras.

En la calle San Agustín,
se ha escondido un benavides;
Rafael, no te descuides,
porque lleva un adoquín.
Se ha llenado de Savín
dos o tres veces la bota,
el mango de una machota
le asoma del berbetón
y el himno de la legión
de silbar no para el nota.

 

BULERÍAS

Me bauticé en Peñarrubia,
hice la mili en Muriano,
y me gano las alubias
con el flamenco asturiano.

Por más que trepes y medres
se volverán tus ganacias
fabes dures como piedres

Las cazuelas de fidedos
han sido mi perdición,
y los Montes Pirinedos.

No me gusta la ferralla
me gusta más Tetuán
y la Bultaco Metralla.

Hasta el Puente de Armiñan
llevé a Evaristo Gañote,
y se bajó sin pagar.

En la parada del Centro,
se subió una gabardina
sin gafas ni nadie dentro.

De un portal de Capuchinos
recogí yo sin saberlo
una noche a un asesino.

Sentrañas mía,
sentrañas mías,
yo no reniego
de mis encías.

 

ALEGRÍAS

Dos progresistas a un tiempo
salieron bajo fianza.
Uno gritando:¡Fascista!
Otro pidiendo pancartas

Te apodan el Mititilla,
pero te llamas Pardal.
Vale mas tu sobrenombre
que el Cañón de Ibraltar.

Tirolés de Pedro Mira,
Varón Dandy y guayabera,
y aunque parezca mentira,
teniente de hormigoneras.

Al Estudio del Talento,
que yo te voy a llevar,
y aunque te pongas Barrientos
te reirás, reirás.

Te reirás, reirás,
sé que te vas a reir.
Que en el ropero,
yo tengo un moro,
que canta en cueros por ti.

 

CAMPANILLEROS

Lo pasemos bomba.
Una noche.
Una noche en la Venta “El Caníbal”
celebrando estaban la vuelta al poder,
dando cuenta de los langostinos
treinta compañeros de Visa y Carnet.
Y el más cachipé,
con el móvil cerrado en el puño
cantó va pensiero y brindó por Fouché.

Compañeros.
Compañeros de rosa y pancarta,
quinta columnistas de la subvención,
cantautores, colegas: ¡Uníos!
¡Viva el presupuesto! ¡Viva el botellón!
Y en eso estalló,
En la España de Atocha y el Pozo,
pacificamente, la revolución.

Tanto tiempo.
Tanto tiempo sin Audi y poltrona
por mor del gobierno de los dobermán,
diez Prestiges merecen que hundamos
y que celebremos la guerra de Irak.
¡Que casualidad!
que lo mismo que en el treinta y cuatro
su progreso sea de clorato y Gal.

 

TANGOS

Terry y cante en Antequera.
Carretera de los Montes,
¡curvas a lo que Dios quiera!

Cruzó el cielo una primilla
-noche de atraco, me dije-
saliendo de Bobadilla.

Señalando a Don Pelayo
lleva desde que no bebo
la flecha del pararrayos.

Si me tiras al pantano
me cortaré de una en una
las venas del cuerpo humano.

Y tú cartitas me mandas,
y me tiré por el morro
con el churrero de Aranda.

Y que viva la aerofagia
de son florido
y pa sociales
los chorizos del partido.

(Estos textos, está sacados del libro Salvemos la Risa o El Duende de Zaragoza. Cuyos autores son Juan Miguel González y Fco. Javier López Navidad. De la Coleccion “Con el canto en los Dientes” 2006)

1159.- ENRIQUE ALOT MONTES


Enrique Alot Montes (Málaga, 2 de Enero de 1922) 


Como el paso del tiempo hizo al olivo.
Así ha titulado Enrique Alot Montes su primer y único libro hasta la fecha, un poemario que contiene ciento cincuenta sonetos y un romance, con portada del pintor Antonio Ayuso, prólogo del poeta Juan Miguel González del Pino y todo el empeño y dedicación de su hija Alicia Alot Moya. Ayer, martes 8 de Octubre de 2010, a las ocho de la tarde, en el Centro Andaluz de las Letras, en la malagueña calle Álamos, tuvimos una cita todos los familiares y amigos del poeta para ser testigos de su presentación pública. Contó con una digna introducción que corrió a cargo de Manuel Salinas y de Juan Miguel González, presentados a su vez por Inés María Guzmán, vocal de Poesía del Ateneo de Málaga, ya que el acto fue organizado por dicha entidad con la colaboración del Centro Andaluz de las Letras que cedió tan preciosa sala. Imprenta Montes, que no sólo ha editado la obra, regaló un ejemplar a todos los asistentes.

Enrique Alot Montes, de ascendencia militar por parte de padre (coroneles y comandantes de infantería) y amante de las artes por parte de su madre (su bisabuelo materno fundó la Imprenta Montes en 1868), estudia hasta los catorce años. Se va la guerra con la “quinta del biberón” y con dieciséis entra en la escuela militar de especialistas del aire. Se embarca como radiotelegrafista y conoce todos los puertos de África. Estuvo destinado en Fuerteventura y en Getafe. Murcia y Las Palmas fueron otros destinos posteriores ya como Jefe de Telecomunicaciones. Casado con Julia Francisca Moya fue padre de tres hijos: Enrique, Julia (1962 - +1971) y Alicia. Se instala en Málaga con su familia, en la Avenida de Andalucía, una casa de primera ocupación de la flamante Barriada de Carranque. A raíz de la muerte de su hija Julia pide traslado a Las Palmas y en 1977 empieza a escribir. En 1983 pasa a la reserva activa y se va a Chilches, quedándose grandes temporadas en soledad.

De como este gran hombre llega a ser el autor de Como el paso del tiempo hizo al olivo, hay toda una trayectoria de trabajo e inquietudes, de sufrimientos y de desencantos, mucho más esto último ya que las dosis necesarias para conseguir tal punto de conocimiento pasan ineludiblemente por la pena, el dolor y las lágrimas. Es natural que de un autodidacta que aprende electrónica y se dedica a arreglar con su seiscientos aparatos por los pueblos (sin cobrar la mitad de las veces a los que consideraba gente humilde) “nostálgico de versos con albahaca” nazcan tan bellos versos. Enrique se niega a bombardear en la Marcha Verde a mujeres y niños. Enrique recoge y cuida en su casa de Chilches a todos las criaturas vivientes que llegan necesitadas, desde perros callejeros a tórtolas heridas. ¿Cómo no le iba a nacer tan extraordinaria cadena de endecasílabos a este ser tan especial, inventor, hortelano, buena persona, perdidizo, solitario y ausente? Es algo natural que así suceda. Enrique Alot Montes llega a ser por orden y concierto arquitecto del soneto, esa composición poética que según Juan Miguel González del Pino es el “reloj poético con el que Dios parece que marca el sueño exacto de la eternidad”.

Enrique Alot Montes, el hombre que gana con sus versos, entre otros, el Premio Giner de los Ríos en 1999, el mismo día en que fallecía su esposa Paquita, está postrado en una silla de ruedas debido a sus años y sus dolamas, rendido a los cuidados de su hija Alicia Soledad, gemoterapeuta por dedicación, adoradora del agua y de la vida, mientras sigue viviendo en la Barriada de Carranque de Málaga. Ayer, rodeado de sus seres queridos, sus hijos y nietas, su hermano Alberto y toda su familia, junto a un buen puñado de buenos amigos, disfrutó con las palabras que le dedicaron los poetas y especialmente con Juan Gomez y Auxi que han musicado cinco de sus sonetos y ayer nos los entregaron con el bellísimo traje azul de la música. Enrique nos recitó muchos de sus versos de memoria y, disfrutando como un niño chico, nos ofreció la inocente sonrisa con la que se enjoyan los sabios.

Buscando claridad topé lo espeso
y buscándote, Dios, la desventura.
No pude mantener recta postura
al aplastarme el mundo con su peso.

Por ello te escribí con tinta o yeso,
te llamé susurrando en noche oscura.
Y mis ojos buscaron tu hermosura
en una habitación, igual que un preso.

Por escuchar lo que otro me decía,
por querer emplear una herramienta
que nadie tuvo, porque no existía.

Porque creí que todo estaba en venta,
te tuve al lado desde el primer día
y tardé medio siglo en darme cuenta.

Desde el corazón de una vieja poeta.


*Sea mi artículo difusor de su obra. Con ello estaré más que satisfecha. Bien pude haber sido quien estrenara su libro de recuerdos, pero preferí dejarlo para otros. Yo me quedé con un plato de arroz compartido con el poeta y con su hija el pasado domingo en su sofá, tan estrechamente junto a su hijo Enrique, al que hacía casi cuarenta años que no veía, junto a Daniela González, hija del poeta autor del prólogo, con mi querido compañero Jesús González, a quien debemos las fotos, y disfrutando la cercanía del poeta mientras Alicia oficiaba cultos al agua y a las piedras llenando mi corazón de paz. Gracias.
Mariví Verdú