Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

domingo, 13 de febrero de 2011

GRACIA MORALES [246]



Gracia Morales 

(Motril, Granada, 1973). Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, donde imparte clases de Literatura Hispanoamericana y Española. Es cofundadora de la compañía teatral Remiendo Teatro (2003), en la que ejerce como dramaturga, actriz y ayudante de dirección. 

Tiene publicados los libros de poesía Ocho poemas para andar por casa (2000), Manual de corte y confección (2001), De puertas para dentro (2004), con el que consiguió el Primer Premio de Poesía Javier Egea y La voz en pie (2014). Recientemente ha visto también la luz ¿Eres tú? (2014), un audiolibro de poesía para bebés, escrito en colaboración con Andrés Neuman. Forma parte del equipo editorial de Adarve. Revista de crítica y creación poética, creada en 2006.

Como dramaturga, ha estrenado y publicado una quincena de textos, algunos de los cuales han sido traducidos al francés, inglés e italiano. En esta faceta ha obtiendo varios galardones, como el Premio SGAE de Teatro Infantil y Juvenil (De aventuras, 2010), el Premio SGAE de Teatro (NN 12, 2008), el Premio Miguel Romero Esteo (Un lugar estratégico, 2004), el Premio Marqués de Bradomín (Quince peldaños, 2000) y el Premio Ciudad de Requena (Formulario quinientos veintidós, 2000). 

En 2013 participa, como guionista, en la webserie La grieta, recientemente galardona con el Premio ASECAN y seleccionada en varios festivales internacionales. 




Almuerzo familiar

A veces,
sólo a veces,
(si fuera siempre así resultaría insoportable)
a mi padre se le escapa
el alma por los ojos.
Mirada de huesos gastados.
Mirada de hipoteca y letras de banco.
Mirada de piel a secas.
Mirada de hombre de la casa entre tanta ropa femenina.

A veces,
sólo a veces
a mi padre se le resbala el alma por los ojos,
y yo quisiera correr detrás a recogerla,
ponerle mercromina
y salivita y sana sana culito de rana...
Sin embargo me quedo quieta,
agazapada en el televisor o los macarrones,
como si hubiera algo de deslealtad e impudicia
en este haberlo pillado,
por descuido,
con todo su cansancio al aire.






De su libro De puertas para adentro (2004).


esta pequeña lluvia que me acompaña
Alejandra Pizarnik

Siempre llueve cuando te vas,
aunque lo desmientan los meteorólogos
y los turistas tomando
el sol en las terrazas.
Siempre llueve una lluvia pequeña
como de sal o de ceniza,
una lluvia cortada a la medida de mis hombros
y con mismo recorrido que mis pasos.
Siempre llueve cuando te vas
aunque la gente siga caminando y se pregunte
por qué corro calle abajo
con las ropas empapadas.




Bienaventuradas



Bienaventuradas sean aquellas mujeres
- tan siempre madres, esposas,
abuelas o hermanas -
que aprenden a levantar sus puños
en plazas, autobuses y dormitorios.
Bienaventuradas cuando dejan,
doblados sobre una silla,
el delantal, los suspiros,
la prudencia,
el temor, las cacerolas.

(Mujeres malabaristas,
capaces de dividir
entre ocho o quince el arroz,
los colchones y los besos;
mujeres cosidas a la tierra,
con ramas donde aletea un griterío de niños,
piar de niños que piden agua,
que piden, que piden,
cuánto piden,
subiéndose por los hombros y las piernas.)

Bienaventuradas
las mujeres que se agarran
bien fuerte las unas de las otras
y salen a recorrer las calles,
mostrando pancartas de letra infantil.
Bienaventuradas ellas,
porque se han atrevido a gritar,
con su voz tan recién estrenada,
las palabras grandes, paz, respeto,
libertad, justicia, dignidad,
sin haberse cambiado de ropa,
en zapatillas y con pañuelos blancos
cubriéndoles la cabeza.




245.- RAFAEL MONTESINOS




RAFAEL MONTESINOS


Rafael Montesinos Martínez (Sevilla, 30 de septiembre de 1920 - Madrid, 4 de marzo de 2005), poeta español.
Aunque nacido en Andalucía, Montesinos vivió en Madrid desde 1941, donde publicaría sus primeros poemas dos años después, en las revistas «Garcilaso», «Espadaña» e «Ínsula», antes de empezar a escribir para revistas extranjeras. Ganó el Premio Ateneo de Madrid de 1943, el Premio Ciudad de Sevilla de 1957 y el Premio Nacional de Ensayo de 1977 por Bécquer, biografía e imagen. Montesinos es Hijo Predilecto de Andalucía.
La Tertulia Literaria Hispanoamericana (desde 2005 "Rafael Montesinos")
El nombre de Rafael Montesinos es inseparable de la Tertulia Literaria Hispanoamericana que dirigió desde 1952 hasta muy pocos días antes de morir en marzo de 2005. A pesar de la denominación de "tertulia" es, por lo general, un poeta el encargado de ofrecer una lectura de su obra. Cabe destacar, que desde sus origenes y a lo largo de su evolución bajo el patrocinio de distintas instituciones tanto del Régimen anterior como de la Democracia (Cultura Hispánica, Ministerio de Asuntos Exteriores y de Coopeeración, en la actualidad), Rafael Montesinos supo dotarla de un carácter independiente desde el punto de vista estético, literario y político, sin otra orientación que la sola exigencia de calidad literaria, más allá de tendencias, reconocimientos o modas literarias. Este "espíritu" de Rafael Montesinos ha convertido la Tertulia Literaria Hispanoamericana en un lugar de referencia para la Historia de la poesía en lengua española de la segunda mitad del siglo XX. Con motivo del 40 Aniversario el propio Rafael Montesinos escribió una pequeña recapitulación titulada La memoria y el martes. En 2007 y con motivo de su 55 Aniversario se publicó en edición no venal 55 Años de la Tertulia Literaria Hispanoamericana Rafael Montesinos (1952-2007) (Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación/ Editorial Mar Futura, Madrid, 2007) donde se recoge un "censo" de todos los autores tanto españoles como de hispanoamérica que participaron en la terulia desde sus orígenes. Tras la ausencia de su fundador sigue celebrándose, en 2010 ha cumplido su curso número 58. Su sede actual es el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe (Avd. de Séneca, 4. Madrid) y tiene lugar cada martes.

Obra poética

Balada del amor primero, Garcilaso, Madrid, 1944
Canciones perversas para una niña tonta, Garcilaso, Madrid, 1946
El libro de las cosas perdidas, colección Halcón, Valladolid, 1946
Las incredulidades, Ediciones Rialp, colección Adonais, Madrid, 1948
Cuaderno de las últimas nostalgias, Neblí, Madrid, 1994
País de la esperanza, colección Cantalapiedra, Santander, 1955
La soledad y los días (Primera Antología de Poesía), Afrodisio Aguado, Madrid, 1956
El tiempo en nuestros brazos, Ágora, Madrid, 1958 (Premio Ciudad de Sevilla y Premio Nacional de Literatura)
Breve antología poética, La Muestra, Sevilla, 1962
La verdad y otras dudas (seguido de la 3.ª antología poética), Cultura Hispánica, Madrid, 1967
Cancionerillo de tipo tradicional, Pliegos Sueltos de la Estafeta, La Estafeta Literaria, Madrid, 1971
Poesía 1944-1979 (4.ª antología poética), Plaza & Janés, Barcelona, 1979
Último cuerpo de campanas, Calle del Aire, Sevilla, 1980
De la niebla y sus nombres, Ediciones Hiperión, Madrid, 1985
Antología poética 1944-1995. Notas de Rafael de Cózar. Edición Especial de la XVIII Feria del Libro de Sevilla, Diputación Provincial, 1995
Con la pena cabal de la alegría, Libertarias-Prodhufi, Madrid 1996 (Premio Andalucía de la Crítica)
Madrugada de Dios. Ed. Mundo Cofrade y Art & Press, Sevilla, 1998
Antología poética, edición de José María Delgado y Carmelo Guillén Acosta, Ediciones Rialp, colección Adonáis, números 566-567, Madrid, 2003
La vanidad de la ceniza, Ediciones Vitruvio, Madrid, 2005

Prosa

Los años irreparables (prosas en memoria de la niñez). Ínsula, Madrid, 1952.
Cuaderno de Alájar, Diputación Provincial, Huelva, 1988.
La memoria y el martes (Cuarenta años de Tertulia Literaria Hispanoamericana) Edición no venal, Madrid, 1993.
Amor a Carmona. Verso y Prosa. Edición no venal, Diputación Provincial, 1997.

Ensayo

Bécquer. Biografía e imagen Editorial RM, Barcelona, 1977 (Premio Nacional de Literatura 1977 y Premio Fastenrath 1979 de la Real Academia Española).
La semana pasada murió Bécquer. Reflexiones en torno al "Libro de los gorriones", Ediciones 2000, Madrid, 1982 (vendido por suscripción).
La semana pasada murió Bécquer, Edición aumentada respecto a la 1ª, Editorial El Museo Universal, Madrid, 1992.

Ediciones preparadas por el autor

Poesía taurina contemporánea, Editorial RM, Barcelona, 1960.
Suma taurina de Rafael Alberti. Editorial RM, Barcelona, 1963 (primer libro publicado de Alberti en España tras la guerra civil).
Antonio Zarco, Col. Artistas Contemporáneos, Madrid, 1976.
Primera antología poética de Aristides Pongilioni 1853-1865. Selección, introducción y notas de Rafael Montesinos, Col Dendrónoma, Sevilla, 1980.
Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, edición, prólogo y notas de Rafael Montesinos, Cátedra, Madrid, 1995.


A una adolescente

Porque en tu sangre había
diecisiete caballos galopando,
en el dulce pecado de la carne
tú y yo nos encontramos,
que el amor vuelve un día de repente,
igual que vuelve el árbol
del estéril invierno a la más verde
mentira del verano.

Porque en tu sangre había
diecisiete caballos galopando,
al corazón quisiste
llegar y te quedaste entre mis manos.
Mi corazón es sitio solamente
de corazón. Me lo dejé olvidado
en una tierra roja de olivares
donde todo es más claro.
Déjalo sollozar. Sólo me sirve
para un amor lejano.

Pero medí tu cuerpo con mis besos,
tus besos con mis labios,
para las altas lunas de tus pechos
fui poeta romántico,
porque en tu sangre había diecisiete
caballos galopando.





Canción a Marisa esperando la maternidad

Dios te salve, amor mío
lleno de gracia...
(Mi sangre por tu sangre
sangabrielaba.)

-¿Dónde está la cintura
que te anillaba?

-Se me cayó el anillo
dentro del alma.

-¿Y dónde, la amargura
que te apenaba ?

-A tristeza que huye,
risa de plata.

En tu seno otra infancia
mi vida aguarda.
Bendito sea el fruto
de mi esperanza.





Canción de mis veintiseis años


Al ganado, ¿y para qué?
Anónimo, final del siglo XV

¡AY!, lo poco que me queda
al final lo perderé.
Y después de todo, ¿qué?
¡Con lo poco que me queda!

Dímelo tú, vida mía,
todo esto ¿para qué?
Mi tristeza, mi alegría,
mi incredulidad, mi fe,
mi pobre melancolía
por la que me salvaré.
Dímelo tú, niña mía,
que después te cambiaré
por otra niña más fría
para cambiarla después.

Me muero por que me quieran,
pero nunca lo diré.
y después de todo, ¿qué?
¿Morir para que me quieran?
¿Que me quieran? ¿Para qué?

Aquel gran amor de un día
volverá y yo no estaré,
sI es que vuelve todavía.
Y después de todo, ¿qué?
¡Aquel pobre amor de un día!




El poeta canta el cambio de color de ojos 

de su amada
y repite las palabras de Adán


Rodeada de ensueños -¡levedad
de sus años, su voz y su sonrisa!-,
reclinada en su luz, digo en su brisa,
niña soñada y ángel de verdad,

con grácil -no aprendida suavidad
el color de sus ojos me improvisa.
y como ese color, así es precisa-
mente mi vida: clara en su mitad.

Tú si que eres ya huesos de mis huesos
y carne de mi carne y pena mía
y partidaria de mis altos besos,

que alternamos con tu melancolía;
besos que a veces dejo niña, en esos
pómulos donde un sol, rojo, se enfría.





Elegía ante un retrato de mi infancia

¿Por qué tan serio, dime, con mi mano en tu frente,
marinero sin mares que surcar? Como ahora,
el corazón tenía un sueño adolescente
y un hombre -da lo mismo.-. naufragando a deshora.

Tus seis años sabían que Dios me había dado
una luz que no acaba y un mundo que no quiero.
Estabas ya vencido de amor y enamorado.
Morías por las mismas cosas que yo me muero.

Esa mirada triste -mi mirada- me enseña
que presentías todo lo que vino después.
Tú te quedaste en esa cartulina pequeña,
yo me fui por el mundo. Lo demás, ya lo ves.




Fábula del limonero

Debajo del limonero,
la niña a mí me decía:
-Te quiero.

Y yo me puse a pensar
que era mejor la corteza.
Tiré las migas de pan.

Debajo del limonero
la niña me dio su beso
primero.

Y juntos vimos caer
los limones por el suelo,
cerca del amanecer.

Debajo del limonero,
la niña me dijo un día:
-Me muero.

Y ya no sé adónde ir ,
que el limonar me recuerda
la gracia de su perfil.




Fragmento de «Balada del amor primero»

Desde la calle de Rioja al Puente
de Triana, mi amor en ti renuevo.
Con el dolor de lo imposible llevo
tu nombre al corazón desde la frente.

¡La plaza de las citas, de repente!
-vieja es la historia, y el acento, nuevo-.
Al mismo cielo azul el alma elevo
y es la misma canción la de la fuente.

La calle estrecha donde aparecías
cada mañana, amor, frente a mi espera,
siente el temblor de las pisadas mías.

En este muro gris tu sombra ha sido.
junto a mi sombra, cuando yo no era
cauce doliente de tu injusto olvido.




Las demás... ¿cómo fueron?

Las demás... ¿cómo fueron? Tú jugabas
en algún sitio, niña todavía.
Bajo la madrileña luz del día,
entre juegos y penas me esperabas.

Las demás... ¿dónde fueron? Tú cantabas:
«Yo tenía un castillo...», y Dios sabía
que era yo, poco a poco, quien hacía
el castillo que matarileabas.

«Las demás, ¿cómo fueron?», me preguntas
pensativa la boca, el aire triste,
bajos los ojos y las manos juntas.

¡Las demás! ... ¿Quiénes fueron? Yo quisiera
que me explicaras cómo te me hiciste
tan niñamente mi pasión primera.





Letrilla


Miénteme tu amor, ahora
que creo en ti. Sobre el lecho,
entre mis brazos estrecho
tu sangre trasnochadora.
¡Pronto, que llega la aurora!
Miénteme, amor, miénteme,
que ya me arrepentiré.

Ay, qué pena me da verte
intentándome asustar
con otro fuego. Pecar
es dejarte y no tenerte.
Mira, niña, que a la Muerte
le he hablado siempre de usté...
Y no me arrepentiré.

Vayan mis labios derechos,
ahora que nadie nos mira,
hacia la dulce mentira
levantada de tus pechos.

Queden mis labios deshechos,
ahora que nadie nos ve,
y ya me arrepentiré.




Quién

¿Quién me dio este país y este momento
transitorio de un siglo a la deriva?
¿Quién me puso en la frente pensativa
esta alegría y este sufrimiento?

¿Quién dejó entre mis labios este acento
de dolor? ¿Quién me tiene en alma viva?
¿Quién decretó a la dicha fugitiva?
¿Quién al dolor -¿por qué?- lo hizo tan lento?

El alma hacia los cielos se dirige,
velocísimamente enamorada,
descarnada del cuerpo que la rige.

Pero el amor, de pronto, da la vuelta,
y el alma da en el pecho alicortada.
yo no sé quién me tiene y quién me suelta.



Sálvame


A eso puedo decir 
-respondió Don Quijote- que Dulcinea es hija de sus obras.
(II parte, cap. XXXI!)


Pobladora de todos mis sentidos,
tan castamente tú la pobladora,
sálvame, amor, ahora y en la hora
de la muerte, la tierra y los olvidos.

Ay, niña, sálvame a ratos perdidos
la eternidad que al alma, triste, llora
ya por perdida, oh mi eternizadora,
mi arcángel de los gestos doloridos.

Álcese ya mi voz en tu alabanza,
corazón que en un sólo nombre fija
mi corazón de yentes y vinientes,

oriunda de mi única esperanza,
hija de Dios y de tus obras hija,
que me salvas con besos diferentes.




Yo estoy solo en la tarde. Miro lejos...


Yo estoy solo en la tarde. Miro lejos,
desesperadamente lejos. Quedan
por el aire las últimas palabras
de los enamorados que se alejan.

Las nubes saben dónde van, mi sombra
nunca sabrá dónde el amor la lleva.
¿Oyes pasar las nubes, dime, oyes
resbalar por el césped mi tristeza?

Nadie sabe que amo. Nadie sabe
que si llegó el amor trajo su pena.
Yo estoy sólo en la tarde y miro lejos.
No sé de dónde vienes a mis venas.

Te me vas de las manos, no del alma.
Nos separan montañas, vientos, fechas.
El amor, cuando menos lo pensamos,
se nos viste de ausencia.

Estoy en soledad. Miro a lo lejos
oscurecer la tarde y mi tristeza.
Estoy pensando en ti y estoy pensando
que acaso en soledad también me piensas.



VEN


Ven, que el amor -ya beso- se me adentre
en ese inconfundible aliento, pura
insinuación, efluvio que me augura
que será fuego todo lo que encuentre.

Ven, que el amor más puro se me centre
en esa ensortijada gracia oscura,
cárcel de luz, recóndita angostura
y capitel airoso de tu vientre.

¡Oh surco de rubíes que sostienen
las dos altas columnas de tu templo,
que a mí también como a Sansón me tienen!

Vuelca ya sobre mí tu arquitectura,
tu derrumbe de amor y claro ejemplo
de la más catastrófica hermosura.

244.- CARLOS MURCIANO

CARLOS MURCIANO
Poeta español nacido en Arcos de la Frontera, Cádiz en 1931.
Con su hermano Antonio fundó la revista y colección Alcavarán, obteniendo con ella varios premios de poesía.
Musicólogo, crítico de arte y crítico literario, cultiva también la novela corta y el cuento, de cuyos géneros posee
los más prestigiosos galardones.
Ha publicado más de ochenta libros, haciéndose merecedor por varios de ellos a importantes premios:
Premio Nacional de Poesía por «Este claro silencio», Premio Ciudad de Barcelona por «Un día más o menos»,
Premio Francisco de Quevedo por «Del tiempo y soledad», Premio San Juan de la Cruz por «Diminuto jardín como una
araña», Premio Internacional Antonio Machado en 1997, Premio Mossen Alcover en 1964, Premio Ausias March en 1965,
Premio Boscán por «Libro de epitafios» y en el año 2000, el Premio Internacional Atántida por el conjunto de su obra.
De su obra poética sobresalen también, "El alma repartida", "Viento en la carne", "Desde la carne al alma", "Historia de
otra edad", "Tiempo de ceniza" y "Cristales" .




Donde el poeta comparte su lecho por vez primera

Guardo la primavera
bajo mi blanca sábana.
Toco sus manos niñas,
su cintura perfecta,
sus senos como claras
palomas asustándose,
rozo sus hombros tersos,
redondos como frutos
y pronuncio en su boca
mi beso más liviano.

Guardo la primavera:
tengo el amor crecido,
tengo el amor creciendo
como luna en mi cuarto.

Decid, los amadores,
si cuando abril se cuelga
de las acacias vírgenes
hubiera algo más bello
que poseer sus brazos.
Pues yo los tengo ahora
conmigo, floreciéndose,
poblándose de pájaros
pequeños y piantes.
Decid, los amadores...
Mas no digáis, callad.
Callad, que hoy tengo el sueño
ligero y compartido
y no me atrevo ni
a despertar, no vaya
a ser que sólo sea
un sueño tanta dicha.

Afuera queda el mundo,
las estrellas rodando,
y el viento azul y leve
con que Dios se corona.
Pero la primavera
la tengo aquí, conmigo.
Callad. No levantéis
rumor. que yo, por vez
primera, en esta noche
con una rosa duermo.







Donde el poeta compone, de otras muchas, una oración por la amada
y el hijo que esperan

Dios te salve, ternura, que ahora me llevas a la
derecha de mi vida; adonde ella me crece,
ala mía derecha, ala de lo que tuve
o bien pude tener de ángel celeste o niño.
Dios te salve, muchacha que ya tengo por mía,
que en esto que me suena del lado izquierdo -¿ala
segunda, roja, fuerte, poderosa?- me anidas.
Dios te salve, Dios mismo, y Dios me salve el verso,
la oración que de escombros de oraciones levanto:
Padre nuestro que estás en los suelos del hombre.
hoy te pido por ella, porque es niña y no puede;
dulce Santa María, madre de Dios y nuestra,
hoy te pido por ella, porque es niña y no sabe;
vírgenes que por vírgenes alcanzasteis lo eterno.
bendecid este fruto primero de su vientre;
mártires cuya carne el amor desgarrara,
conservadme la suya de gacela temblando;
ángeles, serafines, levísimos arcángeles;
prestadle vuestro peso para que no se venga.
En el nombre del hijo que alberga, preservadla;
el nombre del hijo derramad la alegría.
Y si algo pudo haceros que merezca castigo
-y perdonad si dudo que tan niña pudiera-,
en el nombre del padre descargad vuestra furia,
en el nombre del padre -ya sabéis cuál es: Carlos
descargad vuestro justo latigazo de ira.








Donde el poeta habla a la amada por vez primera de sus dos hijas

Llegaron juntas a la pena mía
como desde tu vientre hasta la cuna.
Te quise mucho en el dolor. Alguna
vez te podré decir lo que sentía.

Llegaron juntas hasta mi alegría
cuando crecía en soledad la luna
y otoño vareaba la aceituna
en los olivos de mi Andalucía.

Hubo una vez en ti tres corazones.
Mas como me los distes, no dispones
más que del mío en sombra y no te vale.

O sí te vale. Mírale la llama.
Bendita sea, Dios, la doble rama
que al tronco del amor más puro sale.








Donde el poeta juega ajedrez con su amada y cuenta cómo pierde la partida

Las blancas para ti -luego tú sales-
y para mí las negras. Lo sabía.
Palabra, amor, palabra que tenía
negras la consonantes y vocales.

Hay un poco de luna en los cristales
y otro poco de luna en mi alegría...
Volveré al juego amor... Me distraía
y no sentí tus tiros verticales.

Alfil que ataca, torre que se entrega.
Caballo blanco... ( ¿Whisky? ) ¡No te digo
que no está mi horno, amor, para el combate!

Reina que avanza, Rey que se doblega...
Y de pronto me miras -dudo, ¿sigo?-
recto hacia el corazón... Y jaque mate.







Donde el poeta pide a la amada que no se ruborice por el motivo de su soneto

Aquí palomas pares y gemelas
una mañana se posaron. Mira
cómo mi mano torpe se retira
cuando con tu desdén las arcangelas.

Dije palomas. Pero no: gacelas
debí decir. ¡Qué bosque de mentira
crece ante mi mirada que delira
viendo que de mi mano ni recelas!

¿Gacelas? Pues acaso no acertara.
Mejor claras colinas donde asomas
la total granazón de tus veranos.

Quemaran y en su fuego me quemara.
Mátame amor, mas vengan tus palomas,
gacelas o colinas a mis manos.







Donde el poeta termina venciéndose a su amada

La soledad, mi mala consejera,
vuelve otra vez a hablarme en el oído:
Para habitar la bruma o el olvido
basta morirse de cualquier manera.

Lo mismo da morirse en primavera
de una corazonada, que mordido
por los perros del hambre, que aterido
en un invierno pálido y cualquiera.

La verdad es que igual me da sentirme
de silencio la voz, el pie de roca,
yerto para escaparme o evadirme.

Máteme a mí la muerte que me toca.
A mí tanto me da de qué morirme.
Pero es mejor morirme de tu boca.







El reloj

Esto de no ser más que tiempo espanta.
La solución bajo el costado izquierdo:
un fiel reloj al que jamás me acuerdo
de darle cuerda y, sin embargo, canta.

Canta con un martillo en la garganta,
mas sé que estoy perdido si lo pierdo.
A martillazos vive su recuerdo.
Sin embargo, ni atrasa ni adelanta.

A veces se le olvida hacer ruido.
A veces hace por salir del nido
y si no lo consigue, humano, llora.

A veces suena a Dios. De todos modos
es un reloj y un día, como todos,
se quedará parado en cualquier hora.








En la casa

Iba abriendo las últimas estancias.
Nada turbaba el polvo gris del suelo.
Triste la luz, sobre los altos muros,
acuchillaba el tiempo.

Nadie pisaba. Nadie turbia. (¿Nadie
pisaba las orillas del silencio?)
En el cristal, sangrando, rebotaba
un pájaro de hielo.

Iba desempolvando los rincones.
«Ahora es verdad. Ahora. Esto fue un beso
dulce, aquello una palabra... ¡Oh, Dios!,
¿y esto? »

Se tocaba las manos. No sabía.
Acariciaba, roto, un pedazo de sueño.
¿Qué es...? ¿Qué es...? Temblaba. Torpe, había
olvidado el recuerdo.

«Aquí hubo alguien. Yo lo sé. Aquí
vivía alguien. ¿Quién, ¡oh Dios! , quién...?» Luego
lloró sobre las losas. ..Se buscaba
él mismo sin saberlo.







Era con sol

Era con sol. Corríamos.
Temblaba el mundo con nosotros.
Era con sol. Hablaban ruiseñores,
hablaban claros álamos;
desnudaba alegría la mañana.

Yo te decía: amor, amiga, escucha:
tú tienes unas manos que vuelan a palomas,
tú tienes en los ojos dos canciones sonándote,
tú tienes de campana la voz, la vida toda.
Yo sólo tengo un mundo que sabe a corazón,
que sabe a fruta verde todavía,
un camino a tristeza, otoñalmente largo,
y una fuente muy dentro que mana gris el alma.

Y tocaba tus dedos y te decía: amor,
amiga, escucha:
Esta frente que estás acariciándome ahora,
esta piel, este verso,
son algo menos tuyos, son de nunca,
son de silencio o nada,
son de parque con niebla o arroyo con guijarros.

Y estábamos despacio bajo el día.
era con sol. El esquilón del buey
tañía a hierba verde con rocío
y una brizna de brisa los trigos oleaba.
Yo seguía diciendo mientras, cerca,
iba fluyendo tu garganta en nieve:
Yo tengo, amor... Tú tienes -me decías-,
tú me tienes a mí, tú tienes estos labios
que ahora... sólo... besan...







Eres tú, no las olas

«...tú eres quien me acabas,
que las olas no.»
Pedro de Quirós

EL mar es como un niño consentido:
sobre la arena arroja a las gaviotas
y echa a rodar entre las olas rotas
los últimos recuerdos del olvido.

Arrastra ya el verano, malherido,
la desesperación de las derrotas.
Flota la luna en el poniente. Flotas
sobre mi corazón atardecido.

En el rincón más fiel de la bahía
arde tu cuerpo entre mis manos, mientras
arroja el mar sus besos y sus babas.

Baten las grandes olas mi agonía
y, a su compás, me buscas y me encuentras.
Y eres tú, no las olas, quien me acabas.







Este claro silencio. Y este gozo...

Este claro silencio. Y este gozo.
Y este rumor de noche. Y esta pena.
Y esta destrozadísima cadena
que te desencadena el alborozo.

Y este muro infinito. Y este trozo
de soledad. y este montón de arena.
Y esta voz que te absuelve y te condena.
Y esta sed sin principio. Y este pozo.

Acércate al brocal, bebe sin miedo
y camina después hacia ese ruedo
sin barreras, sin toro y sin testigos.

Yo te bendigo, te bendigo. Anda.
Echa ya a andar, que la esperanza manda
y sangra la amapola entre los trigos.

De "Este claro silencio"







Hablando claro

Las cosas claras, Dios, las cosas claras.
¿Acaso te pedí que me nacieras,
que de dos voluntades verdaderas,
de barro y llanto, Dios, me levantaras?

¿Acaso te pedí que me dejaras
en mitad de la calle -en las aceras
se apiñaba la vida- y que te fueras:
y que con tu desdén me atropellaras?

Palabra que no sé por lo que peco.
Palabra que procuro, mas en vano,
llenar tu hueco, rellenar mi hueco.

Pero soy nada más Carlos murciano.
Ni hombre ni nada, Dios, solo un muñeco
que se mueve en la palma de tu mano.







Hoy has venido a compartir...

Hoy has venido a compartir
mi soledad de estar contigo.
Partiste el pan, tomaste un sorbo
de vino nuevo, te llevaste
hasta los labios la manzana
y allí quedó tu mordedura,
la viva huella de tu sed.
Luego anduvimos de la mano
por los pasillos silenciosos,
como dos sombras o dos niños
desamparados de estar juntos,
ciegos de tanto conocer.
Por ti la casa fue poblándose
de luces altas, de rumores
en desolvido, de aleteos
de golondrinas zurcidoras
de tanto tiempo desgarrado,
de ese violín que un claro día
te hizo llorar, poner en punto
la aguja fiel del corazón.
Y cuando todo parecía
tan al alcance de la mano,
cuando estar cerca o estar lejos
eran la misma simple cosa
y la ventana se entreabría
para que huyese hasta su cielo
la soledad, el viento malo
de estar sin ti cerró de golpe
y todo fue desconocerte,
recuperar tu larga ausencia,
doblar silencios y penumbras
y contemplar en los espejos
tu larga lluvia de no ser.

De"Los años y las sombras"







Momento

Salta el botón, y la seda
de la blusa se desliza
sobre tus hombros. Ceniza
es el momento. No queda
ni un pájaro en la alameda
y el poniente ha dicho adiós.
Sueltas tu falda. Los dos
temblamos. Pálido y mudo,
veo nacer tu desnudo
bajo el asombro de Dios.







Mujer que pasa

Llueve silencio, Pasas. Hace hastío.
Hace sueño esta noche. Pasas. Queda
un retazo de ti. Por ti la seda
del alma se desdora. Llueve frío.

¿Vienes o vas? ¿Retorna tu desvío,
peregrino de azul, por mi vereda?

¿O torna tu dulzura, porque pueda
dormir mi corazón? Pasas. Sonrío.

Digo sonrisa y pienso que es incierta
esta luna que enluna mi desvelo.
Loro quizás. Destrenzo mi tristura.

Hace sed esta noche. Por mi puerta
pasas. Dolor. Bajo lo gris del cielo
cielo y dolor deshojan mi locura.







Por estas tierras de mi Andalucía cruza un río

"…y yo no me conozco
sino en la prisa de tus ciegas aguas…"
Octavio Paz

Por estas tierras de mi Andalucía cruza un río.
No es el Guadalquivir, con mirtos y naranjas,
Ni el Genil hortelano, ni el Darro oscuro, ni el Guadalete olvidadizo y manso,
Ni el Tinto tinto, ni el Guadiaro serrano, ni el Guadalhorce tortolero.

Es un río que arranca de los montes más altos y más hondos,
Borbollea en las covachas, susurra en las raíces de los lentiscos,
Grita al saltar de piedra en piedra, de mirlo en chamariz,
Y cuando se encauza en la ladera, memoria abajo, fiesta en fuga,
Se pone a hablar con una voz que no tenía,
Con un son que no es posible porque se ampara en el silencio,
Pero que resulta verdad y se oye y, si no se acompasa,
Es porque definitivamente va cayendo, creciendo en pena y en caudal,
Llevándose por delante cuanto deja a su espalda, arrastrando solsticios y cadenas,
adelfas y amuletos, chumberas y avefrías,
Pámpanos, ánforas, dorrajos,
Alcornocales y monedas, cintas que ataron trenzas o ataron cartas,
Cualquier cosa, una piedra, dos salamandras, tres
Sueños.

Allá se marcha, con el rebaño de sus aguas ciegas,
Ignorándolo todo, es decir, comprendiéndolo todo desde adentro,
Desde ayer y los siglos soterrados,
Diciendo su canción a quien no va con él porque es él mismo,
Río mordiendo las arenas para más ensancharse,
No aferrándose a los cañaverales y a los tojos en pos de lentitudes,
Sino tomando impulso en ellos para ganar en prisa y en rumor,
Para llegar más pronto a su final inalcanzable,
Porque no existe ese final, ni por supuesto es el mar y sus abismos,
Sino la hoya del corazón, el boquete en la tierra de la esperanza,
Agua -ay, sombra trasteada- que no desemboca.

Allá se marcha, pues, el río éste de mi Andalucía,
Quieto en mitad de las marismas donde Huelva se asoma a su milagro,
Campaneando en una torre de Sevilla con lágrima y paloma,
Subiendo a la alcazaba donde Málaga afila sus fervores,
Bajando a algún jardín de Córdoba morena y combativa,
Amaneciendo en Cádiz -o en Tartessos- de sales y cuchillos,
Despertando la gleba rojeante de la oliva Jaén,
Borrando los añiles con que alumbra sus calles Almería,
Calando más los pozos -las brujas azaleas- de la oculta Granada.

Lleva en sus manos que no tiemblan,
Además de anillo de plata de Argantonio, con un toro encendido,
La luz de una garganta que no ha callado nunca,
Que no va a callar nunca aunque la Tierra deje de girar
Y se recline, pobre peonza, en una esquina de una plaza
Del universo, campo
De la verdad.

La luz ésa que digo
Es la luz que portaba -y vale como ejemplo- el viejo don Luis
De Góngora, para abrirse camino entre sus soledades,
O el pulcro don Fernando
De Herrera, para no tropezar con tantas consonantes y ausencias y agonías,
Y el menudo y celeste Manuel de Fuego, atlante
Lastimado, y Federico por Fuentevaqueros, todavía
Sin luto entre las sienes,
Y los Machado caminando juntos, y Silverio en la mesa de un café
Rompiéndose las cuerdas
Que le ataban, y el Torre y don Antonio
Chacón y Manolo el gitano despidiéndose
-caracol sollozante- de los niños remotos de la Cava,
Y Joselito y Juan, gallo y tormenta,
Y ese lirio espigado de Medina Azahara que se tronchó en Linares,
Y Juan Ramón por su Moguer de lumbre,
Y Velázquez, prestando su paleta conmovida al indomable Pablo,
Y Turina, con la Giralda fiel por pentagrama.

Y esa luz que no cesa, ese vivo relámpago,
Esa palabra o signo irrenunciable, esa brizna de sol,
Es la que entre las manos del río que no nombro
Camina hacia otra luz, lleva a la Andalucía hacia otra luz,
A la que no resulta fácil arribar
Después de tantos lustros de abandono,
Pero que aguarda desde siempre, inamovible, cierta,
Aguarda desde siempre a esta anhelo, a este río,
A esta corriente que la sangre calienta y empuja con su hervor,
Para fundirse, plena, como las bocas en el beso,
Luz sola y una, cándida llama, tronco
Sosteniendo el destino
Común.

Por estas tierras de mi Andalucía cruza un río.
Y a sus orillas se acercan a beber las alondras,
Los caballos de Vico, los ciervos de Doñana,
Los erales de Ronda, los bravíos jilgueros de Abdalajís,
Las águilas de Gádor.
Ese río es tan limpio
Como la libertad
Y yo no me conozco sino en sus aguas rumorosas
En las que las muchachas hunden sus brazos y sus sábanas
Antes de tenderse y tenderlas sobre el romero azul,
Sobre la flor morada del cantueso,
Y ponerse a cantar con voz de trigo,
Con voz de mucho tiempo y soledumbre,
La bienaventuranza de unos campos,
Unos pueblos antiguos y unas gentes tan nobles
Como el pan.
Que llevan una luz sobre sus frentes
Con el mismo donaire y el mismo señorío
Y la misma sencilla prestancia con que llevan
La copla entre los labios.







Serenamente

"Creímos que todo estaba
roto, perdido, manchado...
-Pero, dentro, sonreía
lo verdadero, esperando-."
Juan Ramón Jiménez

Serenamente digo:
"Empiezo." La mañana
se desnuda. Testigo
único, la campana.

Su son, su son lejano
me salva, me convoca.
Plenitud del verano:
la flor sobre la roca.

Cielo malva, luz pura.
El agua se despeña.
Arriba, una figura
-memoria, tiempo- sueña.

La palabra no brota
de los labios. Asombro.
Una mirada -¿rota?-
dice lo que no nombro.

Empiezo. Lento, vuelvo
la página. Y escribo.
Y en la tinta me absuelvo
y me condeno. Y vivo

Del libro "Este claro silencio"






Si en brumas me hablas, callo y no te digo...

Si en brumas me hablas, callo y no te digo
que en bruma no comprendo tu llamada,
ni conozco tu voz, ni la delgada
gracia de la cintura te persigo.

Si en bruma me acaricias, sumo y sigo:
caricia, más amor, más bruma: nada;
ni pájaro sangrando en enramada,
ni amapola trinando sobre trigo.

A veces va la bruma y nos rodea
y nos viste de gris y nos diluye
náufragos de su pálida marea;

la bruma que derriba y que destruye,
que a sí misma se crea y se recrea
y luego como helada cierva huye.





243.- LUIS ROSALES


LUIS ROSALES CAMACHO, nació en Granada el 31 de mayo de 1910, en el seno de una familia conservadora.
En 1930 se traslada a Madrid para estudiar Filosofía y Letras, obteniendo el doctorado. Inició su actividad literaria en la revista Cruz y Raya, dirigida por Pablo Neruda y José Bergamín. En la capital de España conoció a los Panero (Juan y Leopoldo) y a Luis Felipe Vivanco, compañeros de la que se conocerá después como Generación de 1936 (o de la Guerra).
Su primer libro, “Abril” se publica en 1935, inmediatamente antes del estallido de la Guerra Civil española. Esta obra enlaza con el estilo de la poesía de la generación anterior por su búsqueda estética y por la importancia de las imágenes, aunque sin pretensiones vanguardistas.
En agosto de 1936, recién iniciada la guerra civil española, arrestan en su casa de Granada a su amigo Federico García Lorca, que se había refugiado en ella, pese a que Rosales había obtenido garantías de respetarlo por parte de las autoridades rebeldes.
Desde 1937, Rosales colabora en la revista falangista Jerarquía hasta su desaparición. Ideológicamente fue evolucionando desde las ideas autoritarias de su juventud hacia posiciones democráticas en su madurez.

En 1949 publica la primera versión de “La casa encendida”, considerada por la crítica su mejor obra. El libro lo fue rehaciendo y ampliando hasta producir una nueva versión, publicada en 1967.

En 1962 ingresó en la RAE aunque no leyó su discurso de ingreso hasta 1964. Desde 1968 residió en Cercedilla (Madrid). En 1982 recibió el Premio Cervantes, el galardón literario más importante de cuantos se conceden en España.

Su obra abarca todo el periodo histórico de la posguerra, fue evolucionando desde un clasicismo a un estilo propio cercano al vanguardismo surrealista. Se suelen distinguir dos periodos en su obra, una más preocupada por cuestiones estéticas, cercana al clasicismo garcilasista, y otra posterior de experimentación vanguardista. Ambas se funden en La casa encendida, donde la estética ya no supone una preocupación, sino el ejercicio de técnicas que ya domina. A grandes rasgos, el estilo literario de Rosales se caracteriza por:

• El dominio de la técnica poética.
• La construcción del poema bajo presupuestos de sencillez espiritual y sentimental.
• El dominio y facilidad de uso del verso rimado o libre, según le convenga al tono del poema o al tema tratado.
• La ausencia de adjetivos, resaltando la sustancia de las cosas.

En cuanto al contenido, se ha hablado de la poesía de Rosales como la «poesía de lo cotidiano». El amor aparece en toda su obra de forma sosegada y tranquila, así como la memoria y el recuerdo. El periodo de posguerra se caracteriza, además, por el sentimiento religioso.

Rosales falleció en Madrid el 26 de Abril de 1992.






ASCENSIÓN HACIA EL REPOSO

Como es misericordia la locura y el espacio nos brinda la bienaventuranza,
como es la noche viva, la lluvia silenciosa que va del corazón del hombre hasta los ojos
en un encendimeinto de sombra y hermosura.
Como sé que al morir terminará la muerte.
Como en el corazón se derrama la sangre con un rumor de lluvia que ilumina la niebla.
Como tengo fe de soñar que te amo,
mi carne será un día como un agua corriente
y mi cuerpo será de silencio amoroso, de cristal dolorido cuando tú lo iluminas.

Como en la inclinación morena de tus ojos el silencio vencido se convierte en aroma.
Como tengo una voz que se cubre de yerba donde vuelan las alondras y palabras y lágrimas.
Y como en tu cabello despierta la agonía,
y la paciencia intacta naufragará en la sangre
porque existe la muerte,
porque la sombra clara se convierte en misterio y la quietud del mundo colma la transparencia,
porqué el último olvido morirá con el hombre,
y tu boca de llanto y amapolas violentas,
y tus brazos de cal y niebla reclinada,
y tus manos delgadas como álamos de espuma,
y mi voz,
y mis ojos,
todo será divino al perder la memoria.

Como insiste el dolor, pero no se termina y es la lenta ascensión de la sangre al reposo.
Como es la primavera al donaire porque llevas el alma derramada en el paso.
Como es la caridad para mirar tu cuerpo y es la noche tranquila tu encendida alabanza.
Como tú eres el único sufrimiento posible y la angustia de cal que me quema los ojos,
con humildad,
buscando la palabra precisa,
yo te ofrezco la sombra, la paciencia del mundo donde olvido la espera,
donde olvido esta inmóvil angustia de ser junco y sentir en las plantas los impulsos del río,
donde puedo creer,
donde puedo creer, porque marchamos juntos igual que dos hermanos perdidos en la nieve.







AUTOBIOGRAFÍA

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.







CANCIÓN DE LA NIEVE QUE UNIFICA AL MUNDO

Somos hombres, Señor, y lo viviente
ya no puede servirnos de semilla;
entre un mar y otro mar no existe orilla;
la misma voz con que te canto miente.

La culpa es culpa y oscurece el bien;
sólo queda la nieve blanca y fría,
y andar, andar, andar hasta que un día
lleguemos, sin saberlo, hasta Belén.

La nieve borra los caminos; ella
nos llevará hacia Ti que nunca duermes;
su luz alumbrará los pies inermes,
su resplandor nos servirá de estrella.

Llegaremos de noche, y el helor
de nuestra propia sangre Te daremos.
Éste es nuestro regalo: no tenemos
más que dolor, dolor, dolor, dolor.







VERTE

La lámpara del cuerpo es el ojo, así que si tu ojo fuere sincero,
todo tu cuerpo será luminoso.
SAN MATEO, VI, 22


Verte, qué visión tan clara.
Vivir es seguirte viendo.
Permanecer en la viva
sensación de tu recuerdo.

Verte. La distancia nace.
El cielo suprime al cielo.
La vida se multiplica
por el número de puertos.

Todo colmado por ti.
No ser más que el ojo abierto,
y eternizar el más leve
escorzo de tu silencio.

Verte para amarlo todo.
Claustro en tranquilo destierro.
Dulzor de caña lunada.
Luz en órbita de sueño.

Mortal límite de ti.
Cielo adolescente y tierno.
Núbil paciencia de playa.
Vivir es seguirte viendo.

¡Verte, Abril, verte tan sólo!
Tranquilísimo desierto.
Pena misericordiosa.
Sosegado advenimiento.

Verte: qué oración tan pura,
islas, nubes, mares, vientos,
las cinco partes del mundo
en las yemas de los dedos.







MEMORIA DE TRÁNSITO

Abril, porque siento, creo,
pon calma en los ojos míos,
¿los montes, mares y ríos,
qué son sino devaneo?;
mirando la nieve veo
memoria de tu hermosura,
y cuando vi en su blancura
tu inmediata eternidad,
¿fuiste si no claridad,
temblor, paciencia y dulzura?

Tu leve paso indolente
deja en mis ojos su aroma,
los ojos en donde toma
revelación permanente;
bienaventuradamente
nacieron para el olvido,
tu piel de asombro encendido,
tus ojos de limpio viento,
y esta ternura que siento
«herido de amor huido».

Los sitios donde has estado
en la memoria los llevo
sólo para ver de nuevo
el rastro que allí has dejado;
la tierra que tú has pisado
vuelvo a pisar; nada soy
más que este sueño en que voy
desde tu ausencia a la nada.
me hizo vivir tu mirada:
fiel al tránsito aquí estoy.








ME ESTÁN MIRANDO EN TUS OJOS

Me están mirando en tus ojos
los ángeles del instante,
los ángeles que han perdido
la memoria al contemplarse.

Me estoy reuniendo en tus brazos;
te siento casi quemándome;
arden el tronco y las ramas
pero las hojas no arden.

Estamos juntos, sin vernos,
repetidos y distantes,
juntos pero no vividos,
tristemente naturales.







LA ABSOLUCIÓN

«Si tú me lo pidieras»,
si tú me lo pidieras cuando llegue esa hora
en que la vida empieza a hacer preguntas sin respuesta,
como se hace un raspado de matriz
o se pone en las venas una inyección de aire,
y después,
pero inmediatamente,
oyeses algo más terminante aún:
una respuesta sin pregunta;
y el viento caminara con muletas,
y el mar dejase a nuestras plantas
sus indefensas olas de puntos suspensivos,
y todo ese mañana que hemos vivido juntos
se hiciera sibilante y disimulador
como las ruedas de un tren chirrían cuando se pone en
movimiento,
y la rosa de un solo pétalo se convirtiera en una serpiente
coral,
que levantara su cabeza,
lela y bamboleante,
de tu cuerpo a mi cuerpo
como se cierra una interrogación.

Esto puede ocurrir,
esto puede ocurrir a cualquier hora,
no me digas, que no, quizás va a acontecer
mañana o esta noche
mientras las ramas y las hojas caen,
las hojas y las horas,
y se quedan suspensas en el aire romo se borra en la
memoria una advertencia inútil,
pues
de algún modo,
amiga mía,
ese asombro que siento junto a ti
ya no es vivir sino velar tu cuerpo.

Y sin embargo,
si tú me lo pidieras,
si tú me lo pidieras aunque ya fuese al despedirte,
si
yo
pudiese oírlo,
aunque fuera una sola vez,
tal vez sería posible que la carne agrietada se volviera a
juntar como se juntan en el labio unas palabras de
perdón,
y la vida ya no sería un gurruño,
y el cuerpo que aún me queda sonaría,
comenzaría a recuperarse como un río se evapora,
y se convierte en un temblor dialogado y concéntrico
sobre la piel tirante de tu vientre
cuando llega esa hora en que la absolución es algo más que
una palabra,
cuando llega esa hora
en que despierta al fin el jardín de los pájaros,
y siento que sus alas me golpean en el rostro
buscando la salida y hallando la alegría,
y el cuerpo se hace música,
música tiritante,
una vez
y otra vez,
con su empujón de lluvia y de violetas húmedas,
hasta sentirme tuyo,
hasta nacerme,
ya
que
si tú me lo pidieras,

no sé cómo,

pero si tú me lo pidieras,
en ese instante mismo nacería.









LA LUZ INTERRUMPIDA

Homenaje a Juan Ramón


Nunca pero contigo, aunque la vida sea
la luz de esa mañana que nunca viviremos,
un tren que no esperabas y ha llegado, una hora
que empieza siendo alondra y acaba siendo espejo.

Cuántas veces he visto un columpio en tus ojos
mirando y sin mirar un ayer venidero,
viviendo y sin vivir algo que nunca llega
y a fuerza de esperarlo se va haciendo más nuestro.

Miradas con recuerdos por hacer que aún se doran
¿en qué sol amarillo o en qué tarde de invierno?
soles que ya estuvieron ardiendo en otra boca
y luego al enfriarse se convierten en besos.

Manos que poco a poco se han ido haciendo sombras
y alucinadamente te acarician durmiendo,
cenizas ¿de qué luto?, despertar ¿en qué vida?,
y esta mínima y lenta procesión de los huesos,

y este temblor de azúcar bajo la lengua cuando
te toco y no sé cómo despiertas y te veo
y tu cuerpo es un río que pasa ante mis ojos
y el amor vuelve a darnos su desmemoriamiento,

y esto quizás no vuelva a suceder, quizás
no vuelva a despertarme con los ojos abiertos,
ni sepa en qué momento de luz interrumpida
la nieve vendrá a verme cuando estemos naciendo

juntos y para siempre, ¿en qué mañana? ¿cuándo
seré sólo una lluvia de ceniza en tu cuerpo
y aún querré estar contigo y vivir una vida,
de después o de nunca, para seguir cayendo?








EL DESVIVIR DEL CORAZÓN

Mi soledad termina en tu latido.
Tú eres mi compañero;
mi relój de morir que late solo;
mi corazón de Dios dentro del pecho.
¿Recuerdas? Yo contaba tus latidos
como un llanto de ciego,
como un corte en el césped, como un rastro
de lluvia en el espejo,
siempre hacia atrás viviendo la alegría,
para encontrar mi propio sentimiento
desnudo y anterior y en aquel punto
en que el labio de Dios lo está diciendo
ya para siempre. Sí, pero ¿hacia dónde
me llevaba tu mano, compañero
de la esperanza nuestra, que desvives
llorándola volviendo
hacia la sed del mar, que ya la cubre
de sal y de silencio?

(La fronda estremecida, bajo el agua
se quiebra; un viento quieto
va gastando en las hojas la hermosura
que aún era alegre ayer; los troncos viejos,
innumerablemente sucesivos,
se doblan bajo el lento
movimiento mortal del agua viva
-del pie que al caminar borra el sendero-,
y se borran mis huellas en el alma
llevándolas volviendo
siempre hacia atrás, hasta dejar soñado,
y en la mano de Dios cuanto fue nuestro.)

¡Contigo siempre! Sí, pero ¿hacia dónde
me llevará tu mano, compañero?
Sobre el mar sólo queda la esperanza;
debajo de ella el tiempo,
el retrasado corazón que busca
en su propia ceniza el fundamento
de mi vivir; las olas
van y vienen y van; dime, ¿no es cierto
que no vives mi vida, que no vives
la vida que me das?; ¿ dime latiendo
si me has de acompañar cuando mi muerte
tenga la edad de Dios sobre el sendero?;
dime, ¿qué voluntad mueve la tuya?;
dime, ¿volverá el tiempo
a dividir las aguas que ahora cubren
madera, cima y cielo
del bosque agonizando donde nunca
se pierde un niño, ni se olvida un sueño?;
dime, ¿ cuándo sabré que hemos vivido
la misma vida, corazón, si ciego
siempre, pierdes el tino
cuando la luz deslumbra tu silencio,
y quiebras en mis ojos la mirada
con un desprendimiento,
con un temblor de tierra interno y loco
que me arrastra contigo sangre adentro,
contigo y hacia ti, que desvarías
confundiendo hoja y mar, camino y cielo?






EL ESPEJO

El tiempo es un espejo con distintas imágenes
que brillan en su fondo como una procesión de fuegos fatuos
hasta que el humo las dispersa,
y entonces
siempre ocurre lo mismo:
aparece tu rostro,
y sé que para verte tengo que hacer un gran viaje desde mis
ojos a los tuyos,
y desvivir distancias, advertencias y defunciones,
pues sólo puedo verte traspasando un espejo
y se astilla el cristal cuando paso por él,
y cada esquirla es una herida,
y vivir es tan sólo un espejo sangrando,
un espejo que se vuelve a quebrar todos los días cuando
paso por él para mirarte,
porque no hay solución,
no hay claveles adrede,
y al romperse el espejo se multiplican las imágenes
y apareces en todas ellas como eres:
radiante y casual,
pero no puedo verte,
no te veo,
pues en el fondo de mis ojos queda un poco de humo.

Esto es lo que me pasa,
porque el humo me llama por mi nombre,
habla mi propia lengua,
para hacerme saber que todo lo profundo es doloroso,
y hay que ser consecuentes con el humo,
llevarle de la mano mientras quede en el aire una vedija,
pero esto no es tan fácil, pues al hacerlo muchas veces,
puedes quedar desencarnado,
como si te estuvieras viendo en un espejo que se deshiela;
y por esta razón vivimos juntos
mientras nacen las cosas si las tocas,
y van haciéndose reales,
contributivas,
tuyas, porque te quiero tanto,
de tal modo
que me sangran los ojos al mirarte como si todo lo que nos
une fuese una despedida.


242.- MARÍA RUIZ FARO


María Ruiz Faro (Sevilla, 1973)
Antologías “Nosotros” (1993) y “Doce Poetas Cantan”(1995), ambas de Lautaro Editorial Iberoamericana. “La patente del Deseo” en Editorial Padilla (2000)
En el año 2002 obtiene el Premio Juvenil Ciudad de Lucena publicando así su obra “Escrito en las Paredes”.En 2004 participa en la antología “Sevilla, 24 poetas, 24 artistas”.En 2006 participa en la Antología de la Joven Poesía Sevillana “Alzar el vuelo”



LA ESPERANZA

No pueden con la alegría de una mujer
con la fuerza que desprenden sus ojos,
no pueden con las risas de los niños,
no pueden con todos los que creemos en algo
y estamos dispuestos a defenderlo
con tozudez.
No van a poder nunca, ni armas, ni dinero, ni leyes de mierda.
No hay quien derribe la esperanza
de una persona que avanza desde la firmeza.






VERDADES

He escuchado muchas frases de
bocas de hombres y mujeres que mienten
y he leído verdades en ojos de personas
que casi siempre miran al suelo.







NO HAY MIEDO

“Si tienes miedo
busca un punto de luz en el pasillo”
-eso me decía a mí misma de pequeña-
ahora me repito la frase cambiando pasillo por vida
y me sigue sirviendo.





NO
Hay que decir No,
es sencillo, es monosílaba
son dos letras
No
No
y No
repetirlo hasta la saciedad
porque es la palabra mágica
y encierra el truco de llegar
siempre al final deseado.




ESPER-ARTE
Te esperé más que Penélope
y me comí una mierda
hoy, desde la distancia
veo aquella espera como una entrega absurda,
inmerecida, desproporcionada.
Como un error del que aprender a andar siempre hacia adelante.




AMOR COBARDE
Este es un amor del momento
lleno de prisas, silencios y miedos
un amor cobarde que no quiere presentarse
una oferta perdida en el aire.





LOS MALOS
Yo ya no entiendo nada
no sé a qué juegan los malos ni siquiera a veces los identifico.





SÍGUEME
Cuando parecía que la vida se me ponía derecha
de repente apareces con tu luminoso de neón:
SÍGUEME
y claro ya perdí el rumbo, no hay nada que hacer.





SUEÑO DE OJOS ABIERTOS

En este sueño de ojos abiertos
te veo en tu casa tumbado sobre la cama
en la que no llegué a acostarme
lees un libro amarilleado por el paso del tiempo
y bebes un licor marrón sobre una copa antigua
de la Alemania nazi.
En tu tocadiscos suena Police y acaba de empezar Rosane
al tiempo que decides abandonar la lectura para entregarte a otro placer
mientras piensas en mí y reconstruyes mi desnudo visto parcialmente en la vida real.
Te tocas y disfrutas entonces yo puedo dormir tranquila
sabiendo que me amas en la distancia
que nos damos un amor silencioso y bueno
que no vamos a discutir ni tendré que lavar esas sábanas sobre las que te deshaces en pequeños gritos y ahogados lamentos.
Ahora no me acuerdo quien dijo aquello de que quizás la realidad fueran los sueños
pero me interesa, quiero, deseo que sea verdad este sueño de ojos abiertos.
Me duermo, feliz, plena y no sueño porque ya lo he hecho.

(Inédito)





A Ulises García Ruiz

25 de noviembre de 2005

Hoy hace exactamente un año que pasé los mayores dolores de mi vida
y también un año que obtuve después del dolor mi mayor recompensa,
corroborándose así la teoría de que lo que nos hace más felices
en algún momento nos duele.
El paisaje más bonito es aquel al que llegamos
después de andar mucho tiempo.
Lo que más valoramos es
aquello que conseguimos después del esfuerzo.
En fin, que no hay más remedio que pasarlo un poco mal
para reconocer la dicha de estar bien.
Felicidades en tu primer año de vida en este viaje, Ulises.


(Inédito)

sábado, 12 de febrero de 2011

241.- JOSÉ LEANDRO AYLLÓN PÉREZ

JOSÉ LEANDRO AYLLÓN PÉREZ
Nace en Chipiona, Cádiz, en 1958. Llegó a Málaga un día en que soplaba terral. Llevó tareas de coordinación en los Talleres de Literatura de la Universidad de Málaga durante el periodo de 1981 a 1983. Ha colaborado en algunas revistas literarias como Jacaranda, Día Uno, Utopía, etc. y publicado colaboraciones y reseñas en algunos periódicos locales y nacionales. Ha participado en diversas antologías y actos literarios: “Poemas autógrafos” (Círculo de Bellas Artes, Madrid, 1986), “La joven poesía malagueña” (Diario Sur, 1987), “Inventario Cultural Malagueño” (El Observador, 1987), “IV Jornadas de Poesía Inédita” (Centro Cultural Generación del 27, 1994), “Un año de poesía” (Árbol de Poe, Málaga, 1994), “Ciudad Sur” de narrativa (Arteaula, Sevilla, 2001). Ha sido premiado por la Universidad de Málaga en sus certámenes de poesía y teatro de 1982-1983, y por el Grupo Poético Barro (Sevilla) en su convocatoria de poesía de 1993. Como curiosidad, reseñaremos que quedó finalista en el certamen internacional de narrativa de ciencia-ficción UPC.
Algunos de sus poemarios han sido editados parcialmente con los siguientes títulos:
-”Canto a Golías” (publicado por la Universidad de Málaga, 1983)
-”Terra incógnita” (Cuadernos de Parasol, Málaga, 1988)
-”Furia en el Edén” (Árbol de Poe, Málaga, 1994)
-”Meteora” (editado por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, 1998)
-”Dios y Tabaco” (Padilla Libros, Sevilla, 1999)




Poética

ha llegado el momento de ser o no ser poeta,
de dejar de hablar de estilos y estímulos,
rupturas en la forma y otras memeces,
si el amor es un tema recurrente o no,
si es condenable llevar chaqueta y corbata,
si la poesía debe ser o no ser mensaje,
si ha de llegar o no llegar a las masas,
si debe ser o no un revulsivo social.
ahora que lo inmoral hace reír a los caimanes,
ahora que hemos perdido para siempre la batalla
y el más grande grito en verso
no hace temblar ni a las piedras
y la libertad es un término obtuso
debatido en comités, ahora
ha llegado el momento de ser poeta






EL ARPA

Sobre la colina
más próxima a mi casa,
para no perderme,
desde allí grito,
escribo un libro, mi tratado
que habla de juventud
a fuerza de tirones de lengua.
Mi cuerpo todo mojado,
mi mente en blanco.
Con las gotas que resbalan
de mi cuerpo aterido
me abandona una historia
que nunca he creído mía.
Yo soy parte del Luar.
Porque mi piel resplandece
si la desnudo,
y mi mojada ropa brilla
como el pelaje de una nutria.
He gritado con la boca abierta.
He cantado con la boca cerrada,
para que el viento o la noche
no conozcan mi canción;
del hombre que grita sus misterios
esperad pronto otro grito de socorro.
Tengo toda la dentadura completa,
no soy viejo, puedo morderme la lengua
cuando me atormente la culpa.
Puedo equivocarme como puedo escupir,
sin temor, con entera libertad;
soy joven aún, es joven mi voz.
Es joven mi grito
sobre la colina.
Bajo la colina
el tren nocturno pasa rápido,
y en todas sus ventanas
se asoma y refleja mi rostro.

(“Terra incógnita”, 1988)









Se cree que siempre se recuerdan
los recuerdos, y no es así,
porque éstos pesan
en el fondo de la memoria
y son gélidos, y no reviven
cuando se les llama.
Recuerdo que grité: ¡un río!
pero eso no es un recuerdo.

(“Meteora”, 1998)









NÁUFRAGO

Este náufrago que teme escribirte,
este superviviente a quien su propio amor
ha arrojado hacia la orilla remota de la nada,
desearía compartir contigo todo lo que conoce,
todo lo que está vivo y le complace;
pero no soy más que un náufrago de ti y de todo,
y sólo puedo ofrecerte esta isla desierta;
acógela en silencio si lo deseas,
recibe su arena dorada, su ribera cristalina,
sus llamativos pájaros exóticos
y sus fieras, a quienes he domesticado
para que no te hagan daño.



[Publicado por las afinidades electivas - España]

martes, 8 de febrero de 2011

240.- PEDRO GOLLONET


Pedro Gollonet Carnicero (Granada, 1953) es Inspector de Hacienda del Estado y ha ocupado diversos puestos de responsabilidad en el Ministerio de Economía y Hacienda, siendo autor de numerosas publicaciones y colaboraciones en materia de Derecho Tributario.
En el año 2000 abandona toda actividad directiva en la Administración Pública y comienza lo que él denomina “ el tránsito de los años más oscuros “, sometido a una profunda catarsis colmada de aflicción, que desmenuza en este compendio de textos de poesía libre y poemas en prosa, en los que desnuda su alma, su intimidad y sus recuerdos, retratando con afecto infinito el entorno que más ama y evocando su nostalgia de Granada, para adentrarse, “ en la inestable paz de su otoño más soñado”, en los días finales que estén por llegar. Es autor también de otros títulos de poesía entre los que podemos destacar “ Sueños para otro día “, “ Genciana azul oscuro “ y “Todos los segundos” (2010) publicado por la editorial ALMED.

De otro lado, administra un blog de poesíahttp://pedrogollonet.blogcinndario.com -, en el que periódicamente publica poemas y recoge textos de autores de todas las generaciones y corrientes de la poesía internacional y española en particular.




POEMAS DE “TODOS LOS SEGUNDOS”






Palabras

Porfío en la angustia por la desesperanza
de los versos con palabras excesivas,
palabras con ecos deformados por el tiempo,
por el engaño de la memoria,

y exploro en la palabra escrita para nadie,
la más pura y próxima al silencio,
a la ausencia de artimañas,
la que se confunde con el axioma más despojado,

porque son palabras oxidadas en el corazón,
oriundas de las vagas sombras del pasado,
que visten de forzada ternura
la desoladora realidad de otros tiempos.

Y al final, al final todos los esfuerzos infecundos
se agotan en el silencio definitivo,
la palabra menos estéril, la última,
en la postración absoluta.







Desvaríos

He cultivado el arte de desaprender
adiestrando mi inteligencia en la ignorancia,
aliviando la memoria de los más estériles recuerdos
y rastreo en el desvarío,
el más lúcido de todos los recursos,

porque regresan días que no quiero,
con luces oscuras que ya se apagaron
y los vivos colores de entonces
se presentan sofocados en la tarda memoria.

Y cuando regreso al principio de todos los finales,
cada vez más despojado de mis sombras,
de evocaciones aliviadas por el tiempo,
me cobijo en la imaginación, el desvarío,
- de waanzin of ijlen-
mi sustancia.







Oficio de esperanzas

Aunque el desasosiego inunde mi alma de penas imposibles,
subsista a duras penas y con heridas
a la búsqueda extenuante de mi vida,
me sumerja en la cíclica y amiga depresión
y crezca el dolor del desafecto, de las lejanías, de la ausencia,
me obstino en adiestrar mi oficio de esperanzas,

porque mi oficio es observar sin nostalgia
la marcha irremediable del ayer,
divisar de lejos lo que viene,
esperar en la ilusión de la vida que yo quiero,
descubrir con esmero y de cerca mi presente
en la ávida curiosidad por casi todo
y olvidarme del futuro que no existe.

Y aunque la traición me vuelva a sorprender,
aparezcan de nuevo los buitres insaciables,
la soledad deje de ser la que yo quiero
y sobreviva sin besos, sin abrazos,
entre estériles palabras que me agotan,
me obstino en adiestrar mi oficio de esperanzas.








Otoño

El orden de las estaciones ya no importa.
Yo soy otoño asido a los primeros verdes,
a tierra húmeda, al mar de azules apagados,
más violento, con aromas a roca castigada,
a quiméricas esperanzas,
a esta paz que ansío permanente,
seguro del último sendero,
preludio de lunas olvidadas.

Soy otoño, llueve
y doy gracias
por la angustia abandonada.








POEMAS DE “EXTRAÑOS”



de INterior

Eolo enfurecido
Desde que nací estoy lleno y vacío de mí mismo
y así conozco que la verdad más inocente es un destino.
Juan Gelman

Quisieras que el dolor se replegara
como la adormecida ola
en las tórridas noches de verano,
poco a poco, reptilmente,
que en su huída arrastrara suavemente los despojos
y se alumbrara tan sólo con destellos salpicados
del candil de tu memoria derrotada,
mas siempre triunfa la versión de Eolo enfurecido
y al iluso olvido codiciado
sucede el implacable puño
que te hunde la daga en las entrañas
y recuerdas que ya estás herido para siempre,
que no bastan como antaño los anhelos,
que los años te estorban, te apisonan,
y las grietas de los pies amarillean,
al esqueleto lo presientes más que antes
y sobrevienen adúlteros tus sueños
en mugrientas pensiones de una noche,
y en medio de esta jungla
que aborreces,
del tiempo que te engaña
en cada recodo de tu calle
que, después de tantos años,
tantos días ni siquiera reconoces,
ahí sigues, sólo
y con el alma dolorida.

Retírate; no te obstines,
asume el fracaso y la tiniebla,
que el miedo a la nada es peor que ese dolor
que -al menos- alimenta la locura de estar vivo,
mientras crees que el escozor está curando tus heridas.

Déjate arramblar por todas las galernas
que despiertan a las olas timoratas,
revuélcate y permite que el agua te salpique
y en tu rostro se incrusten los cristales,
a la espera de alguna sorpresa, un sobresalto,
aunque cada vez aparezcas ante el mundo más extraño
y seas extranjero en el próximo segundo.









duda

a José Luis Zúñiga, amigo, poeta cabal

Deambulaba mi amigo Zúñiga por un difícil poema,
de puntillas jugando con la duda
e insinuando sus puntos suspensivos….,
y con cautela especulaba
sobre si el no nacer llenaría tanto vacío,
si sería la nada o la única vida que no decepcionara.

Yo le salí al encuentro, sin previa invitación
y con cierta irreflexión impropia de mis años
–sabedor de que le brota el amor en cada verso,
de que tan sólo jugaba con la nada, la existencia
y esas cosas en las que tantos de nosotros
nos cebamos sin gustarnos, en ratos de ciega soledad
y suave angustia, aunque siempre aguardemos
el hálito final de un verso sutilmente calado de esperanza-
e instalado en esa duda que nos fluye por las venas
le decía que la ansiedad por cada una de la muertes
-porque son varias en las que puedo asegurar que yo he morado-
es el aliento para prolongar esta descabellada historia
y que en esta hora aún me estimulaba nacer y morir
y volver a nacer expirando en cada recodo de mi vida,
porque la nada –con cierto simplismo argumentaba-
no significaría, entonces,
que, en ese caso, sería,
lo que nosotros, no,
e inevitablemente habría volado para siempre
-voz que tampoco encajaría en el discurso-
la oportunidad de dolernos
que tanto alimenta nuestro verbo y la memoria,
y hasta la quimera ruinosa de seguir amando,
mucho más de que nos sigan queriendo
-aunque el amor duela ya menos que el tiempo-.

Y en eso que yo también vagaba entre palabras
y me quedé anclado en un verso
que insinuaba que la nada no importa,
porque si lo fuera alcanzaría su esencia
cuando ya no estamos o ni tan siquiera a ser hemos llegado,
con lo que sin consciencia de identidad
la nada en sí misma sería la oquedad trivial de nadie,
absolutamente dependiente de todos.

Y, tan superficialmente ufano,
salí a comprar un poemario
que de la nada me hablara
con sus puntos suspensivos….,
en la certeza de que la vida
siempre la superará en mis versos,
aunque de soledad se preñe
y en cada segundo muera.








Largo aliento

Lo pequeño no es flor sólo,
crepúsculo, mareas
aromas a verde y hoja seca,
espejos de nieve de diciembre,
explosión de la entraña de la tierra en primavera;
lo pequeño es mucho más.

Es el orden de las cosas
que hacen de lo íntimo
rito, costumbre, liturgia,
esas cosas en que casi nadie repara,
testigos de la vida,
del mundo que tantos ni imaginan;

el pensamiento inescrutable que se oculta
tras la absorta mirada del mendigo
cuando pasas por su lado abstraído
en lo fútil o en ti mismo
-que puede resultar aún más trivial-,
el rostro atormentado que hoy no disimula
el conductor del autobús que utilizas a diario,

el silencio entrecortado del tímido
en cualquier encuentro casual,
la aflicción exacta que se intuye
tras forzada mueca de sonrisa
o el rencor, la amargura y el vacío
que otras tantas se transmiten,

el perro fiel y quieto al lado de su amigo
-cuan asimétrica amistad-,
el trasiego sin sentido de los viernes,
la inexplicable atonía de las tardes de domingo,
tantas cosas pequeñas o medianas –que depende-
que a fuerza de vivir cada segundo
agudizan los sentidos,

porque son nosotros si sabemos aprehenderlas,
si alumbramos el alma más allá de lo evidente,
si olvidamos al ser que aparentamos
o al que otros aparentan,
si despedimos a las sombras
que son vana compañía,
si evitamos las palabras porque sí,

si recordamos que somos moléculas mutantes
en un mundo mágico y absurdamente loco,
de inalcanzable esencia
colmada de todo lo pequeño,
eso en lo que tantos ni reparan,
porque van recorriendo su camino
sin conciencia de todo lo que importa,

de que no hay amores grandes ni pequeños,
tan sólo palabras, soledad, fuego y frío,
pasión, dolor, miradas, caricias, deserciones del yo
o el yo elevado a su máxima potencia,
el sentido del tiempo indispensable
para descifrar el silencio más denso
que antecede a los instantes finales,
el amor que dura un beso,
los pies que se entrelazan,
se penetran y se hablan,
la ternura que brota en cualquier pasión furtiva,
y también la flor y su perfume, por qué no.

Mas he de confesar que me angustio tantos días
y me pierdo en la obsesión por la razón
de tanto espíritu perdido
en tantas cosas pequeñas, tan baldías,
que no alcanzan la grandeza
de todas las cosas pequeñas, tan sublimes,
esas en las que muchos ni reparan.

Pero en esta hora me importa un bledo
si muchos no advierten la belleza sutil de lo pequeño;
no pienso dedicarles ni un segundo.
Hoy no sufro por nadie que no aprecie
la entidad de todo lo pequeño,
la grandeza de tanto intangible, tan valioso,
que atempera lo anodino del presente
y soslaya las sombras del pasado,
la memoria castigada;
hoy sólo estoy para mí.






de EXtraños





extraños

Eres un extraño para mí
y ayer lo fuiste también,
como tantas otras veces yo para ti,
aunque no nos lo digamos,

porque todos somos extraños,
naturalmente extraños, casuales,
en nuestra soledad
intrínsecamente extraña.

Ajenos a cualesquiera otra sustancia,
fingimos conocernos, jugamos
y hasta poseernos creemos,
pero fuimos extraños desde siempre.

Somos la adición de recuerdos
tachados por el tenaz empeño
en revelarnos más extraños,
inmensamente más de lo que ya éramos.

Contradecimos nuestro común desigual
-el similar innegociable por extraño-,
pactamos y nos pacificamos para no enloquecer,
porque nunca es dentro por según nada.

Desde el principio de todo lo conocido,
que fue lo más extraño.








retractos

Y fue de tanto amar
que me topé de pronto
con demasiado mar.

Javier Egea

Mucho más amargo,
bastante más desolador que un mal poema
-inocua nimiedad al fin y al cabo-
es desdecirte del que amabas,
con insondable dolor,
y negarlo
con repudio irremediable,
todos los días,
para siempre.








de POSTrimerías




palabra y tiempo

Para algunos, exigua memoria
-unos cuantos tan sólo-,
abisal aflicción para menos,
bien pronto -para todos-
nada;
unos antes que otros,
a la postre todos.

Quién del silencio viene
al silencio retorna;
lubricán del alma,
silencio más olvido
-dulce narcótico
para sanar la locura
que a la existencia
envuelve -.
Palabra y tiempo,
hasta que el tiempo
se funda,
la palabra se extinga;
silencio,
más olvido siempre.

Soledad del alma, silencio,
silencio -insondable presencia-.
¿Cuál es su aroma?.
¿A qué huele el alma?
¿A nardos o a pena?
A soledad.
Metástasis de sombras.

Para algunos, exigua memoria
-unos cuantos tan sólo-,
abisal aflicción para menos,
bien pronto -para todos-
nada;
unos antes que otros,
a la postre todos.







perdiendo

No es difícil dominar el arte de perder;
tantas cosas parecen llenas del propósito
de ser perdidas,
que su perdida no es ningún desastre.

Elizabeth Bishop.

Perdí demasiados nombres -puede que tantos como días-,
amantes fortuitos que no llegaron a ofrecerse ni partieron,
respetados amigos desleales -a mi pesar inquilinos-,
los que sí y nunca estaban,
tres ciudades, dos que yo amé,

paisajes imaginarios, tiempos en los que jamás me alojé,
mis viejos vaqueros descosidos,
el reloj de mi padre que nunca llegaré a tener,
tres casas, dos hogares,
más y menos, bastante más,

unos cuantos abrazos -los precisos-,
tiernos besos de mejilla, mis cuatro álamos,
mas para ganar hay que jugar a perder
y desdeñar las ganancias que se antojan;
y así me fui perdiendo, adiestrándome en el extravío.

Porque siempre guardamos demasiado,
me gustan las hogueras y en la pérdida
hasta encontrarme pude,
abrigado en la soledad
-como hábito,
inconmensurable heredad-
que me enseñó a prescindir,
en la privación a vencer.






paciencia

risa o llanto/silencio o barahúnda
competimos con el aire más fiel
y ya que al fin el poeta se despide
somos testigos de uno mismo/amén
Mario Benedetti

Ya me gustaría, buenas gentes,
poder ofreceros versos
de soledades ayunos,
que los hatillos que cargo
aligeraran tristezas
y escupieran los recuerdos,
mas, a vuestro pesar,
soy yo
-peregrino no sé a dónde-
quien escribe
las palabras ajuntadas
que amablemente leéis.

Tened paciencia, no obstante,
que acaso claree un día
en el que la memoria extravíe,
el conocimiento a la soledad venza,
el ombligo no me mire
y, de asco, a las penas yo destierre;
ese día, estad seguros,
no habrá más versos
ni palabras hastiadas de tristezas.