Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

sábado, 29 de octubre de 2011

885.- ENRIQUE LÓPEZ ALARCÓN



Enrique López Alarcón nació en Málaga el 22 de junio de 1881 y falleció en La Habana en 1948.


“Mas no podemos ofrecerte flores,
que en abril, esplendente primavera,
se fueron a formar los tres colores

que esmaltan el cendal de la bandera;
pero... aún le queda al vate la jornada
del poema de España libertada.”


LA VOZ DE UN DRAMATURGO MALAGUEÑO
El poeta, dramaturgo y periodista malagueño exiliado en Panamá, Santo Domingo y Cuba, país donde falleció, es un representante del teatro poético iniciado en España a principios del siglo XX por Francisco Villaespesa y Eduardo Marquina, y que fue continuado, entre otros, por Ramón Goy de Silva, Luis Fernández Ardavín, Joaquín Dicenta, Joaquín Montaner, Ramón de Godoy Sala, Antonio y Manuel Machado, Fernando López Martín, Pedro Muñoz Seca y Miguel Echegaray; que en su exilio tuvo que dedicarse, como tantos otros, al periodismo. En el homenaje a Villaespesa, que había vuelto enfermo y abatido de América, celebrado en el Teatro Español de Madrid el día 25 de enero de 1932, al que asistió el presidente de la República, Aniceto Alcalá Zamora, intervino junto, con Manuel Machado, Eduardo Marquina, Fernández Ardavín, recitando poemas al amigo y poeta almeriense.

Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal con los jesuitas desde donde pasó a la Universidad de Granada para estudiar Filosofía y Letras. Con veintidós años se marcha a Madrid, donde ejerció de redactor de numerosas publicaciones La Época, La Tribuna, El Nuevo Evangelio, El Mundo, El Intransigente y La Mañana. Fue fundador de La Gacetilla y del periódico literario Gil Blas y director del Teatro Español de Madrid. Durante la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco, frecuentó los círculos anarquistas, colaborando en sus periódicos. En su exilio, tras breves estancias en Panamá y Santo Domingo, llegó en 1940 a La Habana, donde murió. En los años dominicanos publicó una colección de sonetos, titulada Sonetos a Trujillo, probablemente con la intención de poder salir del país. Y en La Habana publicó Soy español. Madrigales y sonetos (1940) y el poemario Martí (1942), también fue director de algunas puestas en escena del grupo Teatralia.

Entre los títulos de mayor relieve de su numerosa obra dramática se cuentan: Golondrinas(1905), Con mujer y sin mujer (1905), La sal de Madrid (1926), Voy a ser cocota (1926), una comedia casi picaresca, de la que el crítico de ABC escribió: ”… y si a ello se añade un diálogo pulcro y elegante como corresponde a los prestigios de López Alarcón, fácilmente se comprenderá el agrado con que fue escuchada la obra”, Vivir (1929), La Dictadura (1930), Romance caballeresco: Comedia melodramática a la española, escrita en verso, en tres actos y un epílogo (1933) y Los majos del Perchel (1935), comedia lírica estrenada en el Teatro Calderón de Madrid. En colaboración con otros dramaturgos escribió un buen número de obras, con José Ignacio Alberti, Sebastián el bufanda, o, El robo de la calle Fortuny: película policíaca en cuatro actos y en prosa, estrenada en el teatro Romea de Madrid, en 1916, y El collar de esmeraldas (1918); con Cristóbal de Castro Gutiérrez, Gerineldo. Poema en cuatro jornadas (1909), Los insaciables (1909), comedia picaresca en prosa, en cuatro actos, Las manos largas (1926) y La mano de la reacción, zarzuela; con Ramón de Godoy y Sala, La Tizona (1917), drama romántico, y La madre Quimera, farsa romántica en cuatro jornadas (1918); con Alfredo Escosura, La Maragata (1931), zarzuela, y con Fernando Alarcón, Paleta, humorada lírica en tres actos y veinte cuadros que se estrenó en el Teatro Eslava de Madrid, el 9 de junio de 1933. Entre las traducciones y versiones escénicas señalamos: en colaboración con otros autores, Fígaro, barbero de Sevilla y El casamiento de Fígaro, de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais; Fortunata y Jacinta, versión escénica de la novela de Galdós, Fuenteovejuna, versión de Lope de Vega, y Piénsalo bien, traducción de Pirandello. Como poeta su obra fundamental es Constelaciones (1906). Entre sus novelas citamos: La cruz del cariño (1909) y Melilla 1909; crónica de un testigo, diario de la guerra escrito durante las operaciones en el Rif (1911), en que recoge su experiencia como corresponsal de guerra de El Mundo, en la Campaña de África de 1909.

Este poeta malagueño muerto en su exilio en La Habana, nos dejó estos versos : “Si Cuba libre nos da su leyenda, / clava el pendón y levanta tu tienda. / ¿Dónde encontrar, como hallamos aquí, / yunque y martillo, tambor y trofeo? / ¿Dónde el machete de Antonio Maceo? / ¿Dónde la estrofa y la fe de Martí?”

Francisco Arias Solís







SOY ESPAÑOL

Luzco del mundo en la gentil pavana,
sobre el recio tahalí de mi tizona,
una cruz escarlata, que pregona
mi abolengo de estirpe castellana.

Llevo a los hombros ferreruelo grana
guío el mostacho a la usanza borgoñona
y mi blanca gorguera se almidona
bajo mi crespa cabellera grana.

Tengo cien lanzas combatiendo en Flandes,
mil siervos en las faldas de los Andes,
calderas y pendón, horca y chuchillo,

un condado en la tierra montañesa,
un fraile, confesor de la condesa,
cien lebreles, diez pajes y un castillo.








Ufano de su talle y su persona

Ufano de su talle y su persona,
con la altivez de un rey en el semblante,
aunque rotas quizás, viste arrogante
sus calzas, su ropilla y su valona.

Cuida más que su hacienda su tizona,
sueña con empresas que olvida en un instante.
Reza con devoción, peca bastante
y en lugar de callarlo lo pregona.

Intentó por su dama una quimera
y le mataron sin soltar la espada.
Sólo quiso al morir que se le hiciera,

si algo quedó en su bolsa malgastada,
una tumba de rey, donde dijera:
“Nació para ser mucho… y no fue nada




















884.- PEDRO IGLESIAS CABALLERO



Pedro Iglesias Caballero



Poeta nacido en Cabra (Córdoba) en 1893, se le considera uno de los precursores del movimiento conocido como "ultraísmo". Durante sus estudios de secundaria en Cabra coincide con otros talentos como Tomás Luque Moyano o Pedro Garfias.

En 1913 publica junto a Juan Soca Cordón, y bajo el sobrenombre de "Picón", el libro "Siluetas de mujeres egabrenses". Por esta época publica, en colaboración con Pedro Garfias, la comedia "Los hijos de la luna", un homenaje al escritor Juan Valera[1].

En 1918 resulta ganador del primer premio de los Juegos Florales de Baena con su obra "Carmen"[2].

En 1919 se publica en la revista Grecia el "manifiesto ultraísta", firmado por Pedro Iglesias junto a Pedro Garfias y seis poetas más, que pretende renovar la literatura de la época, rompiendo con el novecentismo y creando un nuevo movimiento más moderno[3].

Compuso la letra para una oración, con música del Maestro Moral, para la Hermandad de Jesús Preso de Cabra[4].

Pedro Iglesias falleció en 1937.








“La Virgen pasaba” se reproduce esta estrofa:

“Un temblor de jazmines terciopelaba
la tarde de septiembre, con la infinita
dulzura de un poniente largo... Pasaba
la Virgen de la Sierra, la morenita...
Aún recuerdan mis ojos llenos de llanto
-pues quien tiene un recuerdo tiene una pena-,
a aquella dulce novia que quise tanto...”







De su oda “El pueblo de don Juan Valera”, se ofrecen los siguientes versos:

“En la noche clara llore Cabra entera
por el que en su verde huerto floreció:
lloren los rosales por don Juan Valera;
lloren las mujeres... ¡Él también lloró!
Con sus temblorosos bronces milenarios,
por don Juan Valera, todo corazón,
doblen las campanas en los campanarios
de santo Domingo y de la Asunción...”







Pedro Iglesias Caballero: Jesús Nazareno

Pedro Iglesias Caballero,fue un gran poeta,muerto muy joven.Gracias a una propuesta de varios personalidades y vecinos de Cabra se hizo una colecta para enviarle a Madrid donde creían que haría carrera- Publico varias poesías en periódicos y revistas como "Blanco y Negro" y amigo de Tomas Luqe y Pedro Garfias se las andaba en tertulias literarias, sobre todo poéticas,firmando el Manifiesto Ultraista de Cassino Assen;pero donde se encuentra la mayoría de su obra literaria es en la prensa local de Cabra.

En marzo de 1915 publicó el siguiente articulo en "La Opinion" del 4 de abril de 1915:

Historia y Poesía

JESUS NAZARENO

Para D.Juan Amo y D, Jose Perez,
respetables amigos mios.

"...Es que la Ley del santo secrificio,
solo pudo existir bajo el silicio
de la pesada Cruz?...---JUAN SOCA

Cabra,esta rara tierra mía de ensueño y flores,ríe a todas las alegrías y a todas las tristezas llora.Así en la eterna farsa frívola y carnavalesca,vierte una clásica risotada, que cambia en lágrimas a los cuarenta días ,a estos austeros días cuaresmales que hacen fluir en nuestra sangre un bálsamo piadoso de recogimiento y devoción. Por eso la ciudad que reía ayer,llora hoy,y es que nuestra ciudad es andaluza y es como una mocita gitana que, risueña siempre,llora cuando ve caer en su puerta un mocito con el corazón destrozado por un puñal.
Hoy siente Cabra el influjo pleno de los pueblos creyentes y vive con el ambiente triste de estos días.

Todos los pueblos tienen especial predileccion por una imagen. Casi todos optan por el Nazareno, que es la mayor creación de simbolismo para la Semana Santa.

Yo he visos estas fiestas en Puente Genil. Puente Genil no concibe mayor fuerza espiritual que la del Nazareno;es la poesía que cantó Reina,la eterna piedad del pueblo;es como el bendito pan de cada día.Jesús Nazareno en Puente Genil o es todo.

Priego es otro ejemplo del espíritu creyente,del sentimiento religioso andaluz y romancesco de la tierra. Cuentan que en cierta ocasión, vagaba por aquellos campos un celebre bandido que habia hecho suya la comarca. No habiendo fuerza humana que lo capturase, cundo ya se creía un imposible, ocurrió un hecho fantástico:durante la procesión, el bandido se presentó a caballo y se entrego a esús Nazareno.

En Baena,un día de Septiembre del año anterior,he visto yo sal la procesión del Nazaren.

Y ¿para que seguir? Sería prolijo nombrar pueblos y pueblos que se cobijan bajo la absoluta creencia de esta imagen.
Es para explicar el espiritu grande y creyente d esto pueblos.

Par mí,en Semana Santa, no hay imagen que me inspira tanta devoción,tanto respeto,tanta tristeza y tanta poesía espirituales, como este Jesús Nazareno de Cabra,este Jesús Nazareno mio, una de las mejores figuras de la España contemporánea.


Cabra no tiene esa indeleble predilección que debía, por esta joya artística que posee,sin saber lo que guarda.
El Jesús Nazareno Egabrense es una escultura de tamaño natural,una verdadera creación de arte y refinamiento escultórico,debida a la mano de aquel maestro del siglo XVII que se llamó Alonso Cano, de quien el pueblo decía que era el Miguel Angel español.

Hoy ostenta una túnica magnifica de terciopelo guinda,arreglada en 1913 con el mismo oro de la antigu,otra alhaja que se hizo y bordó en Cádiz en el año 1785, en casa de don Miguel Ventura, costando tan solo la mano de obra 3.680 reales y siendo hermana mayor, por aquella época,D. José Ramon Portocarrero.

La hermosa cruz de plata que lleva sobre los hombres,es una joya artística de gran valía,dado el exquisito trabajo de relieve que forman los ramos y atributos de la pasión que lleva sobre la chapa de plata.Sobre la parte que corresponde al pie de la cruz,tiene esta inscripción:"Esta Santa + se renovó y se alargó y se lehizo orla nueva el Año de 1752,siendo hermano mayor D. Francisco Mazuelo y Fajardo"

Esta antigua imagen es propiedad de Cabra y durante muchos años ha venido perteneciendo a ilustres hijos de esta ciudad.
A mediados del siglo XIV, allá por los años de 1340,fundose en esta Ciudad un edificio de religiosas Dominicanas de San Martín.Ocupaba este templo la planicie que hoy corresponde a la Plaza de Abastos.

En 1500 se reedificó esta la Iglesia por el Ilmo. Sr. Obispo de Córdoba,D.Francisco Pacheco,según una lápida que había a la entrada y que decía así:

D.O.M.
HANC DIVI MARTINI AEDEM QUE
TEMPORIS
Angustia correrat D.D.Franciscus Pac
cicus a Corduba Episcopus Cordubensis
in parochialis ecclessie autitorium
reedidificanda curavit.
AÑO MD

A principios del siglo XVII fue erigido en convento por D.Gabriel y doña Maria y Dª Francisca Merino ,hijos del Corregidor D. Antonio Merino;siendo por esa época según se cree,cuando se nombró este santo lugar, residencia de la sagrada imagen de nuestro Nazareno.Allí permaneció durante años, así como también el Sano Sepulcro que hoy guarda el oratorio de D. Domingo Mazuelo.

En 1836, pasaron las religiosas de San Martín a lasAgustinas Descalzas, sirviendo solamente el local para las viudas de los militares.

Y en 1849 se instalaron en este edificio,bajo os auspicios del Ayuntamiento,una Escuela Normal.Entonces fue cuando pasó Jesús Nazareno a la iglesia donde hoy se venera o sea,San Juan de Dios, que fue fundada por fray Baltasar de la Miseria, primogénito de los marqueses de Camarasa,a fines del siglo XVI.
Y pues he trazado, a la ligera,unos perfiles históricos enclenques y mal hilvanados,ya que por desgracia mía soy mal estilista y peor erudito,voy a formar algo en concreto, de este juicio mio,sobre la poesía,sobre la profunda observacion del Nazareno.

Al mirar a esta imagen, fijos los ojos en el suelo, el rostro acardenalado y sudoroso, el cuerpo encorbado,los ojos tristes y llenos de una piadosa resignacion, Jesús Nazareno es como un deliquio pasional;como ese milagro de éxtasis que rota en las pupilas
hebreas e las hijas de Siria en el bajalato de Acre, de las vírgenes de Nazareth.

La frente de nuestro Nazareno es una huella de la verdarera pasión,una huella divina, ensangrentada,bajo l tersura color lirio.Es un poema,todo tristeza y espiritualidad,el encanto azul y piadoso,el misterio suave, cálido y sentimental que tiempla en su pupilas nazarenas.

El que es egabrense y siente el arte, el artista que sienta este epiritu de agabrensidad que flota en el ambiente de mi pueblo el Viernes Santo, no tiene por menos que sentirse niño,mientras palpita en su corazón un nerviosismo tan humano, como divina fue la causa que lo produjo.

Para sentir de hombres este recogimiento,esta devoción,es necesario criarse,crecer vivir desde niños este ambiente esencialmente andaluz,eternamente cordobés y puramente egabrense.

Yo recuerdo de pequeño, cuando he visto la procesion de Jesús Nazareno,haber sentido mucha pena,mucha devoción y una extraña anomalía espiritual que no comprendía entonces y que hoy traduzco en poesia religiosa;poesía mucho mas honda que aquella que cantó San Juan de la Cruz,porque la poesía, y sobre todo esta de Jesús,es mas grande y más honda,cuanto mas niño y más inocente fúe el corazón que la sintió.

Sol mucho sol.Una mañana de Viernes Santo llena de sol;una mañana cálida,casi vernal.Siendo yo muy pequeño,vi un Viernes así.Se derretía la cera. Mientras el bullicio nos aplastaba,mientras se oía una saeta sevillana que cantó una morena;mientras la calle olía a incienso bajo el sol ardiente y abrileño,yo vi en brazos de mi padre , de mi pobrecito padre,pasar Jesús Nazareno por la calle de D.Diego Avis.Bajo el sol,confieso que sudaba,que verdaderamente sudaba la frente del Nazareno...
Yo no se que fue;sentí una opresión tristisima en el pecho,una infinita pena en el alma,y,sin saber lo que hacía rompí a llorar...

Mi padre me consoló:

- No te asustes;es Jesús.Rezale un credo...
Creo en Dio padre
todo poderoso...

...Pasión:eterna palabra y eterno yugo de los hombres.Todo el argumento sofistico para nublar la verdadera doctrina de Cristo,del mas grande socialista de la tierra.Fuertes acicates para promover la pasión,la verdadera pasión de Jesús;que todo fue ley absurda reconcentrada bajo el duro peso de la Cruz...

Yo no pude concebir este santo misterio;hoy lo entiendo a medias,después de leer viejos librotes y folios antiguos.¿Para que explicar esta tragedia.? Mejor que yo lo ha dicho ya otro amigo.

"Es que la Ley del santo sacrificio
solo pudo existir,bajo el silicio
de tu pesada cruz?"

Semana Santa.Pasión.Hora de almas.

Pedro Iglesias Caballero

Marzo 1915



HOJA POEMA.AÑO 1934.CABRA.PEDRO IGLESIAS CABALLERO.EL ROSAL DE LAS CINCO ROSAS.POESIA.POEMA. (Papel - Revistas y Periódicos Antiguos (hasta 1.939))








883.- ALBERTO ÁLVAREZ DE CIENFUEGOS



Alberto Álvarez de Cienfuegos Cobos 

(Martos, Jaén 15 de agosto de 1885 - Puertollano, Ciudad Real, 18 de noviembre de 1957), escritor, periodista, poeta y dramaturgo español.
Poeta, dramaturgo, aventurero modernista de la palabra, amante de los jardines y leyendas de Granada, España, Alberto Álvarez de Cienfuegos Cobos fue quien llevó al Sacromonte a la escena madrileña en el mes de julio de 1936. Su posición progresista y republicana, su negativa a colaborar con el régimen de Francisco Franco, le valió años de olvido y una muerte en el exilio de las letras. Hoy ve la luz en algunas semblanzas de autores modernistas andaluces. No obstante sus obras siguen cubiertas por el polvo del tiempo, a la espera de una necesaria reedición y recuperación.
Nacido en el seno de una familia granadina, pero en una finca de la localidad jienense de Martos ante la epidemia de cólera desatada ese año en Granada. Pasada la epidemia, la familia retorna a su domicilio granadino del número 18 de la Plaza de Santa Cruz, hoy sede del Colegio de Abogados. Fueron un total de once hermanos, todos varones, de los que sólo sobrevivieron siete.
El apellido familiar paterno, proviene de los Álvarez, oriundos de Asturias, que emigraron sobre el siglo XVIII a Cuba, donde se instalaron en la ciudad de Cienfuegos. A su regreso a España su apellido queda unido definitivamente a esta ciudad cubana como Álvarez de Cienfuegos. La rama granadina está emparentada con el conocido y estudiado poeta del siglo XVIII, Nicasio Álvarez de Cienfuegos.
Fue formado en un ambiente de gran actividad cultural desde su infancia. Su padre era catedrático de alemán en el único instituto de la época en Granada y su abuelo materno, Francisco Javier Cobos Rodríguez, fue uno de los fundadores, junto a Pedro Antonio de Alarcón, de la célebre tertulia y grupo intelectual de la Cuerda Granadina y creador del periódico El Progreso.
Alberto cursó estudios en el colegio de los escolapios y posteriormente Ciencias y Derecho en la Universidad de Granada, donde coincide con su gran amigo Blas Infante, padre del Nacionalismo andaluz. Su verdadera vocación finalmente se manifestaría en el terreno de las Letras. En esta época universitaria empieza a cultivar intensamente su actividad literaria con colaboraciones poéticas en revistas como Alhambra, dirigida por Paula Valladar. Primando desde esta época en sus composiciones la musicalidad del verso, el principio rítmico del poema, sus preferencias literarias se inclinan hacia el ya consolidado modernismo, del que será uno de sus últimos representantes y cultivadores. Francisco Villaespesa, al que dedica su primer libro, constituirá su punto de referencia en la búsqueda de ese lenguaje poético nuevo y musical.
Su opera prima, Andantes (1910), constituye un reconocimiento y homenaje a su amigo Francisco Villaespesa, si bien, una vez superada esta influencia, desarrolla una original y armoniosa voz poética propia. Las dedicatorias de este poemario ofrecen un escaparate de las relaciones literarias de Alberto Álvarez de Cienfuegos con autores modernistas de su misma generación como Luis Huertos e Isaac Muñoz.
La vida del escritor transcurre entre Madrid y Granada. Casado con Leonor Torres Molina, aún existe en el Albaicín el carmen con el nombre de su esposa Leonor, domicilio familiar al terminar la Guerra Civil. Tuvo tres hijos: Alberto Álvarez de Cienfuegos Torres, que siguió sus pasos literarios pero en novela policíaca, Carmen y Cristian.
Alberto, persona muy culta, a la cual contribuyó la gran biblioteca familiar, dominaba varios idiomas. Por su carácter emprendedor, desempeñó todo tipo de trabajos y se embarcó en empresas de dudoso éxito. Llegó a ser uno de los primeros productores de cine español y traductores de rótulos de cine mudo.
La Guerra Civil le sorprende en Madrid, donde permanece hasta el final de la contienda. De talante progresista y de ideología republicana, tuvo la suerte de no haberse significado políticamente tanto en sus colaboraciones como públicamente. No obstante, una vez instaurada la dictadura militar y al ser requerido a colaborar por el Movimiento Nacional y negarse a ello cayó en el olvido y el desprecio de su obra por parte de las autoridades franquistas.
Alberto fallece en Puertollano el 18 de noviembre de 1957, en casa de su hija Carmen, donde había residido los últimos años de su vida.
Sin reediciones de sus obras, los libros de Alberto Álvarez de Cienfuegos sólo se encuentran ya en algunas bibliotecas, en ese exilio amarillo de las estanterías.

Obra
Sus poemas, nostálgicos, melancólicos y sombríos, reflejan el carácter del autor. Uno de los símbolos más característicos es el jardín, concretamente referidos a los alhambreños. Precisamente, la última parte de Andante, título que continúa el Andantes y allegros (1877) del poeta andaluz Manuel Reina, está dedicada a los jardines y paisajes granadinos pintados por el catalán Santiago Rusiñol. En su poesía predomina la sugerencia, el anhelo espiritual sobre la materia, todo ello con un tono de pesimismo melancólico, propio de la incertidumbre existencial de su época. Sintió en lo más profundo de su ser la tristeza de las cosas, tristeza a la que Francisco Villaespesa había dedicado su libro “Tristitiae rerum” (1906). El poeta granadino Manuel de Góngora (Granada, 1889 - Buenos Aires 1953) también haría notar esa tristeza de su amigo Alberto en el poema que le dedicó.
Tras este primer libro, la obra del granadino adquiere un nuevo rumbo al pasar de una poesía muy estética y culta a una veta más regionalista y de canto a Andalucía. En esta línea quedan clasificadas obras como “Tragedias pasionales” (1915), “Generalife”, “Los dos Alcazares, Alhambra y Generalife”, aparecidos en 1916 y unificados por el mismo motivo. Después vendrán, a lo largo de seis años, “Solar andaluz”, “Cármenes de Granada”, “Cuando el Douro canta”, “Escuchando las fuentes”, “Glosario Andaluz” y “Sol de España”.
«¡Quiero vivir la vida de montaña, tener mi hogar junto al azul del cielo, ser fuerte como roca de granito y libre como el viento! Poder hundir mis ojos en los anchos horizontes de límites inciertos, que, como las humanas ambiciones, aumentan a medida que ascendemos. Quiero olvidar cuanto en el mundo supe, aprender el lenguaje del silencio y conversar a solas con los astros que pueblan la amplitud del firmamento...».
Alberto Álvarez de Cienfuegos Cobos: La Vega, la ciudad y la sierra
Además de la poesía, Álvarez de Cienfuegos se dedicó también al teatro poético. Estrenó varios dramas con notable éxito, entre ellos una versión de la conocida leyenda sobre el Palacio de Castril, titulada “Esperándola del cielo” (1920). La llevó a cabo, con presentación en Granada, la compañía de Ricardo Calvo, uno de los actores más famosos de la época. A esta obra siguen “La venganza de mar” y “Una mujer y un cantar”, ésta última en colaboración con Miguel la Chica.
El granadino escribió algunas obras de teatro de rango menor como la zarzuela “La reina del barrio chino” y la ópera bufa en dos actos “La corte del rey Jati”.
Mientras se dedicaba a la poesía y al teatro colaboró en publicaciones locales y nacionales como El Defensor de Granada y El Noticiero Granadino; y revistas como Granada, Reflejos, La Esfera y Blanco y Negro. En el Defensor de Granada coincidió con su hermano Valentín, amigos ambos de Constantino Ruiz Carnero y Federico García Lorca.

Bibliografía
Andantes. Ediciones Puello. 1910.
Generalife. El Defensor de Granada. 1912.
Tragedias pasionales. Editor no conocido. 1915.
Los dos Alcazeres. Alambra y Generalife. Editor no conocido. 1916.
Solar Andaluz. Editor no conocido. 1917..25.
Carmenes de Granada. Ediciones Ventura. 1925.
Poetas Andaluces en la Orbita del Modernismo. Ediciones Alfar. 2000.
José Ortega, Celia del Moral (1999). Diccionario de escritores granadinos. Ed. Universidad de Granada.
Tapia, Juan Luis (10 de diciembre de 2001). Alberto Álvarez de Cienfuegos. El Poeta de la Melancolía. Diario El Ideal. Granada. VivirCultura.





A TALAVERA

Como un rico bordado del tapiz de Castilla
donde acaba en hoguera lo que fue tornasol,
al extraño te muestras orgullosa y sencilla
con la noble arrogancia de un hidalgo español.

La corriente del Tajo para honrarte se humilla,
y en su cauce de bronce convertido en crisol,
cada gota de espuma que cautiva la orilla
es un ramo de rosas a los besos del sol.

Y fragancias de glorias legendarias respiras.

Y embriagada de estrellas, a la noche suspiras,
y te duermes llorando por el muerto esplendor.

Y al brillar de la aurora la guirnalda primera,
como el cauce del río, tú también, Talavera,
cada gota de llanto lo conviertes en flor.






LA TORRE DE LA VELA

Fue fortaleza inexpugnable un día
y luego mirador de tal belleza,
que, siendo sin rival la fortaleza,
rival tampoco el mirador tenía.
Entonces era torre que se erguía
retando al invasor con su firmeza.
Es hoy balcón de la naturaleza
y el lago inmenso del paisaje espía.
Los árboles del bosque la aprisionan.
Los oros del crepúsculo coronan
su espadaña, tiñéndola de grana.
Y cuando queda la ciudad dormida,   
la arrulla entre las frondas escondida
la metálica voz de su campana.

(De La Vega, la Ciudad y la Sierra)







A UNA MUERTA

Ante el sepulcro en que tu cuerpo yace,
mi planta temerosa se detiene,
mientras mi mano trémula deshace
líricas flores que a ofrendarte viene.
El tesoro sin fin de tu cariño,
sobre mí derramaste sin medida.
Para ti he sido, siempre, incauto niño
cuyos pasos guiabas por la vida.
Más bienes de tu amor he recibido,
que lágrimas mis ojos han vertido
llorando la amargura de perderte…
¡Y eras tan buena, me quisiste tanto,
que pienso que en las puertas de la muerte
solo te hizo llorar mi propio llanto!

(De Generalife)








NOCTURNO INTERIOR

(Fragmento)

Sendero de plata,
camino de ensueño
que marcas un surco
de paz en el huerto,
junto a tus rosales
y a tus jazmineros
trocose su llanto 
dulzura de besos.
Nos diste reposo, 
nos diste silencio,
y por tus arenas
de luna y de incienso,
vagamos perdidos
en alas de un vértigo. 
Tú fuiste testigo
de aquel amor nuestro,
de aquella ventura,
de aquel sentimiento
bendito, que era
más dulce y más tierno
que el fruto que pican
los pájaros nuevos.
¿Te acuerdas camino,
camino de ensueño
que marcas un surco
de paz en el huerto? 

(De La Vega, la Ciudad y la Sierra)






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jueves, 27 de octubre de 2011

882.- ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ




ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ

Filósofo y pensador, pero también poeta, Adolfo Sánchez Vázquez (Algeciras, CÁDIZ, 1915 - México 2011) es uno de los españoles "del éxodo y del llanto" que hubieron de hacer su obra fuera de España, de donde salieron tras la victoria de las tropas franquistas. Como para tantos otros desterrados españoles, México fue la acogedora patria de adopción, en la que desarrolló una fructífera tarea de investigación y de cátedra, que ha hecho de él uno de los pensadores marxistas más relevantes del siglo XX.
En los años anteriores a la Guerra Civil, Sánchez Vázquez cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid. Ingresó en FUE y en las Juventudes Socialistas Unificadas, y colaboró en la sección literaria de Mundo Obrero, además de dirigir periódicos de compromiso marxista como Ahora, órgano central de las JSU. Su orientación y su activismo ideológicos no le impidieron iniciar una andadura creativa, en la línea estética de otros autores de la Generación del 36 -entre las propuestas de las vanguardias y la toma de conciencia social favorecida por la situación española en los años treinta-, que estéticamente estuvo marcada por el magisterio de los poetas del 27, en los inicios, y más tarde por el de Antonio Machado y Unamuno. La influencia de estos últimos, y el propio devenir de los acontecimientos políticos en España, propiciaron una poesía rehumanizada que acentuaba el compromiso del poeta ante las circunstancias históricas del momento, en línea con el realismo socialista. A este respecto, la poesía de Adolfo Sánchez Vázquez es un ejemplo magnífico de las zozobras estéticas de ese tiempo dominado por la contienda fratricida. Amigo en su primera juventud de los poetas del 27 -entre ellos Emilio Prados o Rafael Alberti-, colaboró en la revista Octubre, y, junto a Enrique Rebolledo, fundó y dirigió la malagueña revista Sur (1935-1936). Su libro El pulso ardiendo recoge poemas de los años anteriores a la guerra civil. Su publicación estaba prevista para el verano de 1936 en las prensas de Manuel Altolaguirre, pero el inicio de la guerra impidió que viera la luz hasta 1942, cuando el autor estaba ya en el exilio mexicano.

En México emprendió una intensa labor cultural y docente. Reanudó los estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de la que posteriormente sería profesor hasta su jubilación, tras la que fue nombrado emérito. Participó además en la fundación y redacción de revistas del exilio como Romance, Ultramar y Boletín de la Unión de Intelectuales en México. Sánchez Vázquez ha repensado críticamente el marxismo frente a su codificación dogmática. Su obra es dilatadísima en títulos, entre los que destacan Las ideas estéticas de Marx (1965), Filosofía de la praxis (1967), Ética (1969), Rousseau en México (1969), Estética y marxismo (1970), Ciencia y revolución (El marxismo de Althusser) (1978), Filosofía y economía en el joven Marx (1982), Ensayos sobre arte y marxismo (1984), Escritos de política y filosofía (1987), Filosofía y circunstancias (1990), Invitación a la Estética (1992), Cuestiones estéticas y artísticas contemporáneas (1996), Entre la realidad y la utopía (1999), De Marx al marxismo en América Latina (1999), El valor del socialismo (2000), A tiempo y destiempo (2003) y De la estética de la recepción a una estética de la participación (2005). Importante es también su labor memorialística, en libros como Del exilio en México (1991) o Recuerdos y reflexiones del exilio (1997). Su labor filosófica le ha hecho acreedor a numerosos galardones y reconocimientos, entre los cuales se cuentan el Premio Nacional de Ciencias y Artes (México) o la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio (España), y más recientemente el Premio María Zambrano de la Junta de Andalucía. A ello hay que sumar numerosos doctorados honoris causa (Puebla, Nuevo León, UNAM, Micoacana, Guadalajara, Cádiz, Complutense de Madrid, Buenos Aires o La Habana).

En 2005 reunió su obra lírica, oscurecida tanto tiempo por su producción filosófica, en el volumen Poesía, que se divide en tres apartados correspondientes a otros tantos momentos de su trayectoria vital. El primero, "Poesía en vela", recoge sus composiciones iniciales, marcadas por el vanguardismo y el compromiso político. El segundo, "Poesía en guerra", es un compendio de la lírica de trincheras. Por fin, "Poesía en exilio", escrita en su destierro mexicano, presenta una conciencia crítica erigida contra la injusticia y la indiferencia humanas: al cabo, una manifestación moral de la memoria en lucha contra el olvido.
Francisco Ruiz Soriano








Poesía en vela
(1933-1936)



Siempre tu voz…

Siempre tu voz
como un río de esperanzas.
Fuerte su eco
cuando el silencio acampa.
Mástil sonoro
cuando las gargantas callan.
Faro de luz
cuando naufraga la alegría
en un mar de tristezas.

Sólo vientos que desgajan
las ramas inocentes,
que secan las flores
y congelan el trigo.
Sólo puñados de arena
que tapan los oídos.
Sólo el vidrio que acecha
la mano de un niño.
Sólo el muladar que espera enterrar
a la rosa más pura
ante tu voz,
clara, firme, encendida,
permanecen impasibles,
como estatuas de sal,
mudos como piedras,
o escuchándola airados,
sólo, sólo
para maldecirla.







Esta voz que nos convoca

Oigo esta voz que nos convoca
por hondos precipicios de gangrena
mientras nadan los peces homicidas
y la espuma se vuelve cómplice del crimen.

Sólo el viento que se bebe esa espuma,
sólo aires que congelan los trigos,
sólo estepas que calcinan las plantas,
sólo nieblas que aniquilan los sueños,
sólo tumbas que impacientes esperan
no escuchan esa voz
que entre presagios de espanto
insistente nos convoca.





El pulso ardiendo
(1935-1936; 1942)





Soledad adentro, II

¡Oh tronco adolescente, sin sabores,
navegante de nortes inflexibles,
prisionero de ramas impasibles,
lamiendo sangre y gangrenando flores!

Agua amarga desnuda tus dolores
hundidos entre escollos invisibles,
mientras nada en alientos imposibles
tu lengua moribunda y sin olores.

¡Oh, tronco, navegando sin ramales,
nacido del dolor —oscura suerte—
y empapado de enfermos ventanales!

¿Cómo olvidar tu pulso sin latido,
descendiendo del brazo de la muerte
cuando tengo yo el pulso bien mordido?







Soledad adentro, VII

¡Oh, corazón rodando sin esquinas
sobre blandas lagunas deshonradas,
buscando claridad en hondonadas
que sepultan las luces entre espinas!

¿Quién te esconde esa luz que tú adivinas
bajo trigos de espigas agostadas?
¿Por dónde van tus manos desveladas
si te niegan el sol cuando caminas?

¿Hacia dónde esa lumbre que se enciende
rondadora de un mar de soledades?
Pero mi duro pecho te defiende

y un tierno aletear en tu espesura
con rumbo a sumergidas claridades
levanta un nuevo sol por tu llanura.










Entrada a la esperanza

El huracán se acerca a nuestra mano
perezosa la luz de mi alegría.
Yo estoy de pie, clavado sobre un llano,
para igualar su muerte con la mía.

Una sed infinita me apresura
un temor impaciente en mis oídos.
Me persigue su oscura dentadura
y acuchillan mi espera sus latidos.

Ya conozco la piel de ese tormento
de morir esperando nueva aurora,
anclado sobre un mar de desaliento,
sin que apaguen la sed que me devora.

Ya no puedo esperar. Este silencio
huele a sangre y dolor sobre mis venas.
Sobre un campo inocente yo presencio
la muerte de inocentes azucenas.

Yo no puedo esperar, que ya los ríos
no conocen el mar que más venero.
Si unos ojos se clavan, ya vacíos,
ser ventana de luz es lo que quiero.

No me conformo, no, con una hoguera
cuando hay pulsos helados todavía:
¡un volcán siempre vivo! Y de bandera:
¡una llama lamiendo la agonía!








Poesía en guerra
(1936-1938)



Proclama

¡Camaradas!
Las antenas de todo el mundo radian vuestro heroísmo
mientras los fusiles desclavan la bandera del hambre!
¡Adelante!
Contra el fascismo,
contra su vientre,
contra su sangre,
contra los que dejaron un fulgor de vidrio
en la mirada de nuestros hermanos presos,
contra los que abrieron un canal de fiebre en los oídos
cuando el paro acuchillaba vuestras sienes,
contra los que desvelaron la risa de vuestros hijos
hasta convertirla en gritos.

¡Adelante hacia Córdoba y Granada!
Que el fascismo cierra los ojos de nuestros camaradas
y ametralla para siempre sus pupilas
y en cada gar ganta levanta
un muro de voces torturadas.

¡Adelante!
Que los disparos cerquen los silencios
mientras los palacios vomitan el lujo por ventanas turbias.
Que se despierten los cuerpos prisioneros
que la victoria aceler a sus latidos.

¡Adelante, camaradas,
que el hambre no dominará por vuestras venas
ni el paro acuchillará vuestras sienes,
ni iluminará vuestros ojos la luz dolorosa de la comisaría!

¡Adelante!
Que el fascismo se esconde en su agonía
tras un muro de pulsos derrotados,
mientras entre nosotros crece la nueva vida.







Poesía en exilio
(1940-1954)

Elegía a una tarde de julio, II

Y ahora sí;
ahora que el silencio
ya no puede perdurar sobre el grito;
ahora que la muerte se pone un uniforme,
ávida de recoger su ansiada cosecha,
olvidad vuestras dudas,
vuestros pasos inciertos.
De las tinieblas más viejas de la historia
va a nacer un río de sangre
que arrasará los campos y jardines,
soberbias torres y humildes monumentos,
altivos árboles y pobres matorrales.

Todas las lágrimas del mundo,
todo el odio que empuja
a las fieras dentelladas
va a reunirse de pronto
en esta tersa piel de toro.
Gritad, llamad,
hombres del campo y las ciudades
antes de que los prados se calcinen
y las casas se desplomen en llamas.
Pronto, pronto,
antes de que el huracán del odio
derribe en las ciudades
las primeras paredes
y quiebre en el campo las primeras ramas
de los temblorosos árboles.








Elegía a una tarde de julio, IV

Si la verdad en muertes sucesivas
allí donde el tiempo se detiene
y al amor, la alegría y la ternura
se le cavan ya sus tempraneras tumbas;
si voces incansables ya vienen denunciando
esa turbia hermanada de la cruz y la espada
y hasta los ciegos pueden ver
los mapas de sangre
que en los cuarteles se levantan;
si ya hay ojos que en la lenta madrugada
clavan impacientes sus miradas
en el reloj que marcará la hora
del asalto a la vida,
del rejón de la muerte
y si un sueño se puebla de sanguinarias aves
de picos y garras insaciables;
si el tambor del crimen redobla tenazmente
y la planta del dolor ya está madura
para ofrecer su indeseable fruto,
¿quién detendrá esa orgía de sangre,
quién apagará el incendio de este bosque
de lutos, de penas y de llantos
que entre rezos y arengas
ya está plantado?