Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

miércoles, 5 de junio de 2013

1712.- JESÚS TRONCOSO GARCÍA


JESÚS TRONCOSO GARCÍA

          Jesús Troncoso García, nace en Ronda, MÁLAGA en 1950, desde los nueve años vive y realiza estudios en Sevilla, licenciándose en Filología Moderna en 1977. En un principio su actividad creadora se inclina hacia las artes plásticas, realizando como autodidacta algunas exposiciones de pintura (Salón de Otoño, 1972; VII Certamen Universitario de Pintura, 1973. Sevilla). En 1972 conoce al poeta José Matías Gil, que le estimula a publicar primerizos poemas de ingenua temática social (“Minero de Linares”) o de un juvenil ateismo amoroso (“Vuelcos de amor”), en la revista juvenil “Algo Nuestro”, germen de lo que más tarde será “Gallo de Vidrio”, y a cuyo consejo de edición pertenece desde 1974.
          La obra de Jesús Troncoso –nos dice A. Campos– hay que buscarla unida a “Gallo de Vidrio” y esparcida en cuantiosas antologías y revistas de España y el extranjero, suelen ser grupos de tres a diez poemas que a veces presentan una afinidad temática. Entre estas publicaciones colectivas hay que señalar las siguientes:
.-“La Granada”, col. Algo Nuestro, nº 2 (33-41), Sevilla 1974.
.-“Aljibe”, col. Algo Nuestro, nº 5 (25-26), Sevilla 1975.
.-“Nuevos Poetas de Andalucía” (Selección de nueve poetas realizada por Juan Cervera) Méjico 1976.
.-“Cántaro”, col. Algo Nuestro, nº 8 (77-81). Sevilla 1976.
.-“Revista Aula de Cultura” (Facultad de Filosofía). Sevilla 1974.
.-“Al aire el canto del Gallo” (bajo el subtítulo de “Versumlokio” págs. 37-51. Col. Algo Nuestro. Sevilla 1979.
.-“Lugdunum” (romances) Lyon. Francia 1980.
.-“Nuba para aurora andalusí” (bajo el subtítulo “El ciervo enamorado y otros romances”, 85-99) col. Algo Nuestro. Dos Hermanas 1980.
.-“Espoir” (romances del campo andaluz). Toulouse. Francia 1980.
          Actualmente y desde 1978, Jesús Troncoso se encuentra en Francia, su pasión itinerante le ha llevado por varios países de Europa en un proceso desmitificador de los bulos, que absurdamente aún perduran en la difícil España de los artistas. Su intermitente conexión con el Grupo “Gallo de Vidrio”, ha sido el cordón umbilical que le ha seguido uniendo a su pueblo y a su cultura.


Obra: “Pudiendo del olvido”
       Más allá de las salinas
3º Premio, I Certamen de Poesía Searus, año 1978.



                                                 A los veinte años de la
                                                           Muerte de Juan Ramón


          Junto a la orilla he dejado el ataúd
donde la espuma y arena lenta
mente
ha cubierto la madera
de algas salineras y caracolas
mensajeras de silencios y gritos
de marinos perdidos en alta
mar que no volvieron
a sus casas encaladas
ni a la taberna del muelle
ni a la plaza soleada, refugio
de palomas blanquísimas
que juegan a la paz.

Tu cuerpo vuelve al mar
y los tentáculos de las olas
lo aferran y enmudecen,
lo acogen en su seno líquido
y lo transportan al ocaso de la luz abisal
donde se encuentran los seres
que murieron con esperanzas,
con ideales no cumplidos y besos
                                                 insatisfechos
que vagaron por los aires buscando
unos labios sellados
sin testigos, ni chillidos de gaviotas
en el acan
                       ti
                              lado.

Tus ojos quedaron fijos y abiertos
en un retorno sin fin,
implorando una imagen
en el espejo solitario del declive.
La retina fue impasible
a los recuerdos infantiles
de anclas pagando su tributo al óxido
asfixiante
junto a timones y redes abandonadas.

Los dedos crispados es desorden
ya no pulsarán jamás el teclado de la vida
por eso tu paseo submarino
es un primer suicidio de invierno
en un continente de mil estaciones.





Obra: “KÁSIDAS DEL REY DON PEDRO
       A MARÍA PADILLA EN SU PALACIO”
1º Premio, V Certamen de Poesía Searus, 1982


“…E sus amores mudárosle de tal guisa,
que primeramente el su casamiento con la
excelsa reyna donna Blanca de Borbón el
anno de 1354 repudió, e la mesma donna
Juanna de Castro avandonó el anno de 1363,
por tomar ayuntamiento con la nommada
donna María de Padiya, muger fermosa e
plazentera, pequeña de hedat, de la que
conocimientos del anno 1352 ovopor
tercería del valido don Juan Alonsus de
Alvurquerque en la villa de Sahagún. Et
el rey por le fazer plazer, mandó le
fiziessen un palacio en una villa franca,
campesina et alfarera, cercana al Guadalquivir,
que del Alcazar de Sevilla cinco leguas
al sur distava.”

          (De las crónicas Utópicas del Rey Justiciero. Toledo, Siglo XIV)



-Alcazar de Sevilla. 1362-
(Un año después de la muerte
De su reina amante)


                    KASSIDA I

El Alcázar de Sevilla,
          y a sus palmeras
volaron mis recuerdos como alondras
buscando un refugio junto al cielo,
y a sus nubes cargadas de tristeza
escalaron aquellas emociones 
que hicieron palpitar mi corazón
con la veloz carrera de un ciervo enamorado.
         
          Hacia el Sur –en Villafranca–, ahora exámine,
tuvimos un Palacio hoy cubierto de ceniza,
donde las palomas yacen asfixiadas
y los nenúfares se han dormido para siempre
bajo el espejo donde un día se miraron nuestros ojos,
donde un día nuestros ojos se miraron
queriendo detener el tiempo
que cristalino nos vibraba
en un reloj musical de surtidores,
y donde cada otoño hojas tributarias
inundaron de caolín las alamedas
con un tapiz de oro crujiente
que cubrió la alveriza timidez de unas huellas
que juntos paso a paso marcamos,
y que hoja a hoja, luna a luna,
bajo la sombra de una pálida cripta
se fueron desdibujando.

          Con el viento se fueron una noche
las doncellas que teñían las violas,
los juglares y sus trovas de Provenza,
los bufones vestidos de escarlata,
los zéjeles que te hablaban del amado,
y las adelfas ya no se visten de novia
porque enlutadas en la ribera
anhelan aquella Dama de Castilla
que en la torre florecía cada tarde
con sus linos flotantes en la brisa
como femenina bandera de amorosas dimensiones.




“…Y en el pueblo hubo un Palacio,
y en el Palacio una Dama.”
ANDRÉS BERNÁLDEZ. Siglo XV


                    KASSIDA II

          ¿DÓNDE está aquel Palacio de juguete,
Palacio de cristal en el recuerdo
que alarifes moriscos levantaron
acariciando las piedras más hermosas,
las sedas transparentes de Lyon
entre vidrios de Bohemia y de Murano,
los alcatifes granadinos
cubriendo las gélidas vetas de Carrera
que a tu tacto fueron presagio de nieve
que apagó la llama encendida en nuestros pechos?

          ¿Dónde los muros que hacia el norte
Vigilantes espiaron mi ausencia
añorando un anuncio de polvo en las veredas
o una estela en el río
sobre la que navegara tu esperanza,
aquellos muros que a la tarde
cubrían su rubor de madreselvas,
de níveos jazmines que deseosos escalaron
a tu alcoba, y en las saeteras
dejaron el viento de mensajes
que llegaron hacia mí como un negro alazán
de celos desbocado,
como una noche en que febril
te buscaron en las estrellas
como en un lirial prendido de recuerdos,
ansiando en las corolas tus pupilas
y en las ramas repletas de insomnio tus cabellos
que se deshilaron como una cascada
en las brillantes sábanas de Palmyra,
como un jardín de narcisos deshojado
por una lluvia violenta
que con sus pétalos escribió nuestros nombres,
señalando el “tempos fugit”
de nuestro cruel destino?



“Quién besa los labios de esta diosa
indolente, ya nunca más puede huir
de la seducción de sus encantos.”
JOAQUÍN ROMERO MURUBE (A “Sevilla)


                    KASSIDA III

Alfanje de plata
          la luna de Ixbilia,
lúbrica se estremece y en el Guadalquivir
descuartiza mis deseos imposibles,
mis lejanos recuerdos que se van a la deriva
buscando un mar de tristezas.

          Ya aquel Palacio es sólo un espejismo,
un éxtasis de barca,
una ilusión flotando en las marismas
que a Villafranca se lleva en la corriente
con mis lamentos presos en sus yedras.

          Mi cuerpo, Villafranca, aquel Palacio…
divagan buscando tu áurea perdida,
y como las gaviotas  del Estrecho se alzan
a un cielo más luminoso
pretendiendo los salinos heliotropos que giran
en las astadas dunas, y liberan nuestro besos
de una mazmorra plagada de múrices y espinos,
de sérpulas que en Montiel
apuñalarían de mi pecho,
derramando su tiempo sangre en mi erial
que la primavera  vestía de amapolas
mientras mi vista se nublaba en el recuerdo
de aquel Palacio lejano, lejano y prohibido
donde las auroras eran más limpias
y más intenso nuestro amor.

          En un blanco y alado corcel te seguiré buscando,
persiguiéndote en el cielo
como Isis al Sol, sin encontrarte.


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martes, 4 de junio de 2013

1711.- IBN SHAKIL AL-SHARISHI


Ibn Shakil al-Sharishi
(Jerez, CÁDIZ 578=1182-3—Jerez, 605=1208-9), renombrado poeta sufí y cadí jerezano, conocido como Ibn Shakīl, nació en Jerez el año 578 (=1182-3) y es, junto a sus paisanos Ibn Lubbal (m. 583=1187-8) e Ibn Giyat (m. 619 ó 620=1223), uno de los poetas más sobresalientes de Jerez durante la época almohade. Sin embargo, a pesar de la trascendencia de su poesía, son escasos los datos que conservamos sobre él. Es Ibn al-Abbar el que ofrece más pormenores, por ejemplo, su nasab o genealogía completa y los nombres de sus maestros en Jerez. En esta ciudad inició y completó su formación de la mano de su padre, Abū l-Hakam (m. 603=mayo 1207) e, igualmente, del valenciano Abu Abd Allah Ibn Maqasayr (m. 603=1206-7), a la sazón juez de Jerez, de quien aprendió lengua árabe, y de otro reputado personaje del momento, Abu Bakr Ibn Jalil de Niebla (m. 626 ó 627=1229-31), también al frente de la judicatura jerezana en vida de Ibn Shakil, del que recibió los fundamentos de la teología dogmática (ilm al-kalam). En la vecina Sevilla oyó hadiz de Abu l-Husayn Ibn Zarqun (m. 621=1224), hijo del destacado tradicionista jerezano afincado en Triana Abu Abd Allah Ibn Zarqun (m. 586=1190). En la misma Sevilla Ibn Shakil trabó amistad con el cadí Abu Hafs Ibn Umar al-Sulami (m. 603 ó 604=1206-8), quien lo introdujo en el arte de la poesía y, al mismo tiempo, le encomendó el cadiazgo de diversos distritos, de los cuales las fuentes no aportan el nombre. Ibn Shakil debía de reunir cualidades apropiadas para el cargo, pues según Ibn al-Abbar, era hombre recto e imparcial. Poco más sabemos de nuestro biografiado, pues las fuentes nada dicen acerca de sus posibles viajes al Magreb u Oriente, ni de los discípulos que pudo tener en su ciudad natal o en otras partes de al-Andalus. Ibn Shakil apenas llegaba a los 30 años [lunares] cuando murió, en Jerez, el año 605 (=1208-9).

Ibn al-Abbar afirma que conoció y llegó a manejar el Diwan de Ibn Shakil, del que seleccionó los mejores versos en su Tuhfa. Aunque los poemas de Ibn Shakil nos han llegado incompletos y dispersos en fuentes y antologías diversas, la profesora Hayat Qara los ha recogido en su monografía acerca de este personaje (pp. 31-89), reuniendo veintiséis piezas ordenadas por su letra de rima y entre las que abundan las casidas –quince en concreto– procedentes del Kanz al-kuttab (El tesoro de los secretarios), del jerezano Abu Ishaq al-Bunasi (m. 651=1253-4). El total de las composiciones de Ibn Shakil podría agruparse de la siguiente forma:

a) Panegíricos, entre los que se podrían mencionar las elegías a la muerte de su padre, su abuela materna y su hermano.

b) Casidas eróticas. Este grupo es el menos numeroso y algunos de sus poemas podrían incluirse en el apartado anterior, ya que en ellos, la descripción de una boca o una manzana sirve de excusa para introducir el tema erótico o amoroso.

c) Poemas descriptivos y de circunstancias, como éstos dedicados a unos baños:


Regalo para los ojos son sus ornamentos,
pues de finos brocados parecen revestirse sus salas.
En ellas contemplas un encuentro entre contrarios:
la tórrida llama y el intenso aguacero.
El baño derrama sus lágrimas con pasión,
como hace el loco enamorado.
La superficie de su suelo está cubierta de mármol,
y por él fluye un cristal que se eleva haciéndose vapor.
Su techo se asemeja al firmamento,
pero en lugar de estrellas tiene lucernas de vidrio.
Es una bóveda que se alza sobre columnas similares a las novias,
pues ahí las ves, coronadas en la altura.



BORREGO SOTO, “Ibn ³ak÷l”, Biblioteca de al-Andalus, 5, 187-8 (nº 1081)

http://donnablanca.blogspot.com.es/2010/01/ibn-shakil-al-sharishi.html




1710.- IBN LUBBAL AL-SHARISHI


Ibn Lubbāl al-Šharīšhī
(Jerez de la Frontera, CÁDIZ 1114 – Jerez de la Frontera, 1188) en la provincia de Cádiz (Andalucía, España). Gramático y poeta jerezano de ascendencia omeya. Junto con Abu Ishaq al-Bunasi, Ibn Malik, Ibn Abd al-Mu’min e Ibn Shakil, forma parte de los sabios intelectuales durante la época de esplendor del Jerez islámico.
Biografía [editar]
Murió en Jerez de la Frontera el 5 de enero de 1188, en un entierro multitudinario.
importante gramático y poeta jerezano de ascendencia omeya, según Ibn Abd al-Malik e Ibn Dihya. Nació en Jerez en 508 (=1114-5) en una familia venida a menos y con antecedentes literarios. En esta ciudad comenzó sus estudios, completándolos luego en Sevilla, donde se especializaría en lecturas coránicas y en las ciencias del lenguaje (gramática y lexicografía). Sabemos que tras finalizar su formación, volvió a Jerez hacia el año 540 (=1145-6), donde se dedicó a la enseñanza y a la judicatura, cargo que le impusieron y que aceptó de mal grado, como muestra en algunos de sus versos [wāfir]:

               


Me empujaron a la judicatura, aunque no la quería,
y sobre mí cayó el peso de una enorme desgracia.
Mas cuando fui destituido, comencé a declamar:
¡De un gran mal, en verdad, me he librado!




Tras el abandono de esta función, retornó a su labor docente, en la que impartía bellas letras, lexicografía y derecho islámico. Entre sus discípulos sobresalen Ibn ‛Abd al-Mu’min al-Šarīšī, ‛Alī b. AÊmad al-Samātī –jerezano afincado en Algeciras, al que concedió i¥×za y que era experto en lecturas coránicas (qirā’āt)–, Ibn al-Fajjār, Ibn al-Gazzāl o Ibn Giyāð.

Como hecho anecdótico, se cuenta que su forma de vida era muy modesta, descuidaba su vestuario, carecía de servidores y rechazaba cualquier tipo de ostentación o distracción mundana. Además, parece que fabricaba el pan con sus propias manos y lo llevaba él mismo a la tahona más cercana para hornearlo.

Murió en su ciudad natal, en fecha en la que no se ponen muy de acuerdo sus biógrafos. Según Ibn al-Zubayr, fue el 3 de ²ý l-qaþda del 582 (=15 de enero de 1187), pero dice Ibn al-Abb×r que la muerte le sobrevino el 2 de ²ý l-¬i¥¥a del 583 (=2 de febrero de 1188). Quizás el dato más preciso lo aporte Abý Is¬ªq al-Býnas÷, quien afirma que Ibn Lubb×l falleció el 3 de ²ý l-qaþda del año 583 (=5 enero 1188). Este autor puntualiza que tuvo un entierro multitudinario, en el que gentes de la más diversa condición derramaron lágrimas por su muerte. Aunque no tenemos constancia de ningún diván de Ibn Lubb×l, sus versos son abundantes. El profesor Ramírez del Río clasifica su poesía en los siguientes grupos:

 a) Panegíricos dedicados a los califas y gobernadores almohades. Es un hecho contrastado que Ibn Lubb×l estuvo presente en la recepción al califa almohade þAbd al-Muÿmin en Gibraltar, el año 555 (=1160). No obstante, carecemos de poemas relacionados con este acto de homenaje. Lo que sí se conservan son algunos versos dedicados al califa Yýsuf, hijo de þAbd al-Muÿmin.

  b) Poesía ascética, de las cuales dos de ellas revelan su anhelo por visitar la tumba del Profeta.

  c) Poemas de circunstancia, que forman la mayor parte de su obra poética y que se dirigen a amigos y compañeros.

  d) Poemas descriptivos, de los que destacamos un par de casidas dedicadas a su tierra de origen que ya hemos tenido ocasión de presentar en el blog anteriormente, una dedicada a la tierra de Sidueña, y otra a la alameda de El Llano.



Oh cuán agradable es El Llano (Iyyana), en primavera o en otoño.
Los arroyos de agua parecen plata sobre guijarros, que se esparcen en el fondo como perlas relucientes.
Cuando su arena no está empapada de agua, nos gusta ir allí y prescindir del ámbar y los aromas.
Y hay unos higos que parecen pezones; pechos de vírgenes negras en sus pecheras.
Diríase que hay allí alcobas fulgurantes con novias reposando sobre estrados de seda.

http://donnablanca.blogspot.com.es/





Del poeta y cadí jerezano Ibn Lubbāl (m. 583=1187-8):

Cuando el que está afligido contempla el bello rostro
de la tierra de Sidueña, olvida su pena.
Parece que la mano de la lluvia hubiera cubierto 
de verdes brocados sus valles y majadas.
Como un aladar por las mejillas del hermoso,
discurren los arroyos por sus marjales.

(Traducción de Miguel Ángel Borrego Soto)
http://donnablanca.blogspot.com.es/2009_03_01_archive.html








IBN AL-YAYYAB [1.709]


Ibn al-Yayyab
Ibn al-Yayyab (1274 - 1349) fue un poeta y político durante la dinastía Nazarí del Reino de Granada. Fue el antecesor de Ibn al-Khatib como visir en la corte de Granada. Escribió qasidas neoclásicas, series de versos monorrimos en metro uniforme. Algunos de sus poemas aun decoran las paredes del Generalife, el palacio de verano de los sultanes.


Los poemas en la Alhambra
de Ibn al-Yayyâb

Ibn Zamrak se atribuyó en un muy conocido pasaje todos los poemas epigráficos de los palacios nasríes de Granada. Cosa poco probable y veraz debido a la leve conducta moral de Ibn Zamrak que quedó al aire la venganza póstuma, de su víctima, Ibn al-Jatîb en al Dîwân, en el que recogió la poesía de su propio maestro y protector Ibn al-Yayyâb, y que fue, autor de varios poemas que aun perduran en la “más lujosa edición del mundo”, en las paredes de la Alhambra.

Abû l-Hasan, ‘Ali ibn Muhammad ibn `Ali ibn Sulaymân ibn Hasan, conocido como Ibn al-Yayyâb había sido estudiado, más que por su poesía, por su relación con Ibn al-jatib o como wazir del sultán nasrí Yusuf I. Su diwân nos lo muestra como un prolífico poeta y su biografía como un perso­naje de insólita trayectoria vital en el contexto histórico del emi­rato nasrí.

En efecto, Ibn al-Yayyâb, nacido en Granada en 1274, fue durante más de cincuenta años kâtib del Diwân al-Inshâ' (trein­ta de ellos como arráez del mismo) y nueve de Dzû 1-Wizáratayn. Murió desempeñando sus cargos, de muerte natural: la peste ne­gra de 1348. Biografía realmente rara en el emirato nasrí, donde las conspiraciones, el veneno y el puñal acababan con todas las carreras políticas.

Durante su larga trayectoria como kâtib, su actividad parece centrarse en la composición de poemas panegíricos, es decir, casidas sultániyyas. Creemos que precisamente componer estos poemas era una de las funciones de los kuttáb nasríes, pues así parece probarlo la actividad literaria de los personajes que ocu­paron este cargo, ya como arráeces del Diwân al-Inshâ', como Ibn al-Yayyáb, Ibn al-Jâtib e Ibn Zamrak, o como simples kuttâb del mismo, como Ibn Sabrin o Ibn Safwân, a lo que hay que añadir que Ibn Zamrak consideraba como servicio el haber compuesto setenta y siete de estas casidas. Ibn al-Yayyáb será el kâtib-poeta de los emires Muhammad II, Muhammad III, Nasr, Ismâ'il I, Muhammad IV y Yúsuf I. Desde su primera casida que celebra las algaras de Muhammad II contra Jaén, cuando aun era un kâtib bisoño, hasta la última dedicada a Yúsuf I y fechada en 1334, cuando ya era Dzû 1-Wizarâtayn, lbn al-Yayyâb recogerá toda la agitada existencia «oficial» del emirato en sus casidas que celebran fiestas musulmanas, victorias, alar­des, etc.

Testigo de crisis políticas, guerras y cambios dinásticos, Ibn al-Yayyâb permanece imperturbable y celebra con las mismas pa­labras a los vencedores de hoy, que a los que lo fueron ayer. Su habilidad para sobrevivir a todas las tormentas se refleja igual­mente en el momento en que le llega el visirato, tras la batalla de Tarifa. Suya es la prudente política del emirato tras la derro­ta, pues el emir Yûsuf continuaba siendo considerado como me­nor, sin poder decidir más que sobre los alimentos de su mesa, según palabras de Ibn al-Jatîb.

Solamente un hecho afecta la imperturbable serenidad de Ibn al- Yayyâb: la muerte de su hijo Abû l-Qâsim al que llora en dos desconsolados poemas. En el corazón desgarrado del padre, ocupa el lugar del hijo muerto, el discípulo: Ibn al- Jatîb, al que enseña y protege como a un heredero espiritual que le sucederá en sus cargos. E Ibn al-Jatîb guardará siempre afecto y agradeci­miento a su maestro, al que dedicará largas referencias biográficas y poéticas en sus obras, además de reunir cuidadosamente su poesía en un diwân, después de haberle pedido, sin resultado, que lo hiciese el mismo.

Ibn al- Jatîb nos da a conocer a Ibn al- Yayyâb como un pro­lífico poeta cuya producción en verso, no se agota con el panegírico. Su poesía abarca muy variados asuntos, que van desde una serie de adivinanzas hasta los temas místicos. En este campo, la poesía de Ibn al- Yayyâb ofrece rasgos peculiares.

Es, sin embargo, el panegírico el que ocupa la mayor parte de su obra, y en este tema se incluyen los poemas epigráficos, que no son otra cosa que breves composiciones a la mayor gloria de los emires y que celebran sus construcciones, lo mismo que en otros poemas sus hazañas, o los acompañan hasta la sepultura, pues suyos son también algunos de los epitafios poéticos de las tumbas reales nasríes.

Actividad poética que no es excepcional, como sabemos, ya que coincide con la de Ibn Zamrak e Ibn al-Jatîb. Pero frente a los poemas epigráficos de este último, hoy desaparecidos, los de Ibn al- Yayyâb han tenido mejor fortuna y aún podemos leer dos series de ellos en la Torre de la Cautiva y en las hornacinas del Generalife.

 El problema de la identidad de estilo de los poemas de la Alhambra, debido a la identidad de estilo de los poemas epigráficos anónimos de la Alhambra y los de Ibn Zamrak, estaría ya explicada en la identidad estilística entre la poesía de Ibn al­- Jatîb e Ibn Zamrak, tan manifiesta que era susceptible de ser in­terpretada como plagio.

La explicación se encuentra pues en las relaciones de los miembros del Diwân al-Inshâ' que creemos se parecería mucho a un taller donde los kuttâb, a modo de artesanos de la poesía y de la prosa rimada, trabajaban el sutil material de la lengua árabe bajo la dirección del arráez, que corregía y pulía los trabajos torpes de los aprendices y leía sus propias obras, destinadas a ser recitadas en los momentos solemnes. Esta clase de enseñanza recibió Ibn al-Yayyâb de Ibn al-Hakîm de Ronda, arráez del Diwân al-Inshâ' cuando él ingresó como kâtib, y que perfeccionó durante cincuenta años de funcionario-poeta, siem­pre en busca de una fórmula feliz que pudiera aplicarse en di­versas ocasiones como el modelo de una instancia; fórmulas que enseñaría a su discípulo Ibn al-Jatîb y éste a Ibn Zamrak. Cade­na casi artesanal, concebible en una poesía de versificadores, no de poetas. Veamos un ejemplo significativo: Ibn al-Yayyâb uti­liza una figura poética: el itrâd, que casi se da espontáneamente en los ansâb de Muhammad III, hijo de Muhammad II, nieto de Muhammad I y tercer emir de la dinastía:

¡Oh Muhammad hijo de Muhammad, hijo de Muham­mad, sus apellidos hacen que se eclipsen la luna y el sol!
Es el Imám, hijo del Imám, hijo del Imám, el vencedor excelso, el importante.

Este verso nos trae inmediatamente a la memoria el de Ibn Zamrak, que se refiere a Muhammad V:
¡Oh hijo del Imám, hijo del Imám, hijo del Imám, hijo del Imám, dinastía cuya gloria no se oculta!

Si no conociésemos que corresponden a autor distinto, creeríamoss que son obra de un mismo poeta.

Pero esta semejanza hace inviable cualquier identificación por medio del estilo de los poemas aun anónimos de la Alham­bra, aun cuando las coincidencias sean sorprendentes. Así nos encontramos que las inscripciones de las hornacinas del salón de Comares, cuyo autor ignoramos, dicen:
Aventajo a los más hermosos con mis adornos y mi coro­na y se inclinan hacia mí las estrellas.
Los dedos de mi artífice labraron el brocado, después de ordenar las joyas de mi corona.

Y guardan una gran semejanza con algunos versos epigráficos do Ibn al-Yayyâb como:
Torre grandiosa entre las torres, corona de la que se enorgullece la Alhambra.
Encanto de los ojos es la belleza de esta corona que se parece al brocado dorado.

Pero de la misma forma que de Ibn al-Yayyâb podrían ser de Ibn Zamrak o tal vez de Ibn al-Jatîb, autor también de poe­millas epigráficos sobre hornacinas y arcos.

En el diwán, los poemas correspondientes a la Torre de la Cautiva aparecen bajo el siguiente epigrafe cada uno: « Dijo lo que se escribió en el rincón de la calahorra nueva de la Alhambra » . En efecto, la Torre contiene cuatro poemas epigrá­ficos dispuestos en forma de rectángulos en sus cuatro rincones, escritos en letra magribi con vocales. El diwân nos permite co­nocer algunos fragmentos que no se han podido leer con el solo auxilio de la epigrafía, así como reconstruir los textos desapare­cidos y hoy erróneamente restaurados.






Los poemas de la torre de la cautiva

El diwán nos da el texto correcto y nos permite corregir la lectura:


I

1. - Torre grandiosa entre las torres,
corona de la que se enorgullece la Alhambra.
2. - Calahorra que se nos muestra y aparece,
como un alcázar que brilla con su luz ardiente.
3. - En ella hay obras primorosas en las que armonizan
y combinan las piezas únicas y las emparejadas.
4. - Hay en sus paredes labores de azulejo
y su suelo parece un maravilloso bordado.
5. - Le basta la fuerza del Islam
que humilla en ella a los miserables infieles.
6. - Se cubre de un tapiz de gloria cuando aparece
en ella el nombre de nuestro señor Abú 1-Haÿÿâÿ.
7. - Poseedor de la grandeza, de la bravura y de la generosidad,
auxilio del que implora, benéfica lluvia del que espera.
8. - De la estirpe de Sa'd, de los Banú Nasr, de los que
ayudaron y dieron hospitalidad al Señor de la Escala
¡Allah le bendiga y salve!


II

1. - Nada hay semejante a esta excelsa obra,
cuya fama se divulga por todas las comarcas.
2. - ¡Por Allah! Es una torre que a un león se asemeja,
celadora y vigilante. ¡Cuidado, que acomete!
3. - Tan adornada está la Alhambra con ella,
que se pavonea con sus bellos adornos como embriagada.
4.- Calahorra que sostiene a las estrellas del firmamento
y que cruzan las constelaciones.
5.- En cuanto a su construcción y sus amplios sillares,
su factura causa toda la admiración que se ha querido.
6: - Del rostro de Yûsuf surge para nosotros un sol,
que no se oculta en el ocaso.
7. - Por él gustamos de todo el bien que nos regocija,
y por él nos defendemos de todo mal que, nos sorprende.
8. - De la estirpe de Nasr. ¡Continúe victorioso y feliz
y construya lo que quiera como quiera!


III

1. - Esta obra ha adornado la Alhambra;
es una morada para el guerrero y para el pacífico.
2.- Calahorra que defiende a un alcázar, te preguntarás
si es una fortaleza o un lugar de recreo.
3. - Un alcázar, cuyo techo, suelo y cuatro paredes
se reparten el esplendor.
4.- En el estuco y en los azulejos hay maravillas,
pero aun más extraordinario es su artesonado.
5. - Ha reunido todas estas maravillas y las ha levantado
donde tienen el más elevado lugar.
6.- Parecen figuras poéticas: paranomasias,
aliteraciones y estrofas alternadas.
7. - Nos muestra el rostro de Yúsuf como una señal
donde se reúnen todas las perfecciones.
8. - Su gloria es de la tribu de Jazraÿ, cuyas obras
en pro del Islam son una aurora que esparce luz.


IV

1. - Ha ennoblecido la Alhambra una noble torre
que en el espacio ha colocado el más noble Imâm,
2. - Calahorra que contiene un alcázar: te preguntarás
si es una fortaleza o una morada de recreo.
3. - En sus paredes hay inscripciones que sobrepasan los límites
de la elocuencia, pues su' belleza es indescriptible.
4. - ¡Mira y observa! Cada figura está proporcionada,
las hay en dobles hileras y separadas por clases.
5. - Siempre que mires, verás dibujos que parecen
que han sido bordados con oro y sobredorados.
6. - Obra maravillosa que fue producida por una sabiduría
que no es sobrepasada sino por el califa Yûsuf.
7. - Rey vencedor de reyes, cuya gloria merecería
consignarse en el Libro Sagrado.
8. - De la estirpe de los Ansâr ¡Continúe para él su reino
la victoria y avance en su esfuerzo en pro del Islam!




Las poemas de la hornacinas del Generalife

Estos poemas se encuentran rodeando las hornacinas del pórtico norte del llamado «patio de la Alberca» del Generalife. La única lectura realizada sobre ellos es la de A. R. Nykl, pues estuvieron cubiertos de cal durante mucho tiempo.


I

1. - Arco en la puerta del salón más feliz,
para servir a la Majestad como mirador.
2. - Por Allah, qué bello es, levantado
a la derecha del rey incomparable
3.- Cuando los vasos de agua aparecen en él,
son como doncellas subidas a lo alto.
4. - Regocíjate con Ismâ’il porque por él
Allah te honró y te hizo feliz.
5. - Perdure con él, el Islam con una fortaleza,
alta de poder que es la mano del trono.


II

1. - ¡Oh arco de la puerta del salón más grande,
alégrate y regocíjate con Ismâ'il
2. - Porque el Misericordioso honró tu morada,
cuando sirves la casa del rey más puro.
3. - Tú, en su servicio, estás levantado
en un mirador en el lado izquierdo.
4. - Son jarros de agua que parecen
5. - ¡Perdure por él, el Islam con una fortaleza
alta de poder, que es la mano de los tiempos.




Otros poemas epigráficos de Ibn al-Yayyáâb

Además de los que se conservan en la Torre de la Cautiva y en el Generalife, Ibn al-Yayyâb compuso otros poemas para ser grabados en los palacios, edificios y objetos de los emires nasríes, de los que nos limitaremos a dar noticia porque no se han conservado: Dos poemas que forman pareja y que se escri­bieron en los arcos (táq), derecho e izquierdo de un maÿlis de la casa real, dedicados a Ismâ`íl I; un poema grabado en un jarrón, dedicado a Ismá'il I; un poema dedicado a Yusuf I y destinado a escribirse en una qubba,; un poema dedi­cado a Yúsuf 1 y destinado a escribirse sobre el arco de la casa de la tinaja (al-jâbiya); un poema destinado a escribirse sobre un tirâç que fue regalado al sultán meriní Abû l-Hasan; dos poemas destinados a escribirse sobre el trono de una novia; y un poema destinado a escribirse sobre la puerta de la madrasa nasrí de Granada.

Los epitafios

Ibn al-Yayyáâb compuso otra serie de poemas epigráficos: los epitafios poéticos de las tumbas de los emires Muhammad II, Muhammad III, e Ismâ’il I y también del arráez Abû Sa'îd Faraÿ ibn Ismâ'il ibn Nasr y de un príncipe desconocido.

La mayor parte de las inscripciones de las lápidas funerarias han sido estudiadas hace tiempo especialmente a través de los textos de Ibn al-Jatîb, ya que éste se cuidó de recoger los dobles epitafios de los emires, uno en prosa y otro en verso, en sus respectivas biografías de la Ihâta y de la Lamha. Pero atribuyó erróneamente a Muhammad III la doble inscripción correspon­diente a la lápida de Muhammad II. El texto del Diwân co­rrige este error al atribuir a cada uno de los sultanes un epitafio poético distinto, a Muhammad II el ya conocido y a Muham­mad III, otro distinto e inédito:





- Este es el lugar de la justicia y el bien,
la tumba del Imâm, califa del Misericordioso.
- Morada del héroe, vencedor excelso,
cuyas buenas obras están en todas las bocas.
- Enseña de la buena dirección, ponzoña para el enemigo,
lluvia de la generosidad, noble rey, defensor del Islam.
- El que extrajo de la mina de la gloria
lo que anudó los lazos de la corona.
- No era sino la luz clara de la justicia,
que ilumina con sus rayos todo lugar.
- No era sino un mar pleno de generosidad,
que cubre a la humanidad con su profundidad.
- No era sino un león valeroso, encerrado en su cubil
al que arrojó al mundo la mano de la obediencia.
- ¡Qué maravilla! Una montaña de clemencia que se ha ocul­tado
en la tierra después de haberse elevado a las alturas de Saturno.
- ¡Oh tumba!, en cuyo interior está la buena
dirección de la virtud y la excelencia del poder.
- ¡Oh noble señor, que procede
de la estirpe real de Qahtáni.
- ¡Oh heredero de los Ansâr en la sincera firmeza,
de la elite escogida de `Udnân!
- ¡Oh hijo de los dos Imâm. ........
que fueron refugio del desarraigado y reposo del afligido.
- Ellos fundaron con lanzas y espadas
un reino alto y de elevados fundamentos.
- Con su dirección y su luz renacieron
los caminos para el pecador descarriado.
- Muhammad, hijo de Muhammad, hijo de Muhammad,
sus apellidos eclipsan la luna y el sol.
- De la estirpe de Nasr, de los que ayudaron a la revelación
verdadera, en los límites del Yemen, al que protege la felicidad.
 - Te lloran los monumentos islámicos
y los esclarecidos edificios que construiste.
- Te lloran los ejércitos victoriosos
que tú enviaste contra las cruces.
- Te llora el que esperaba la gracia que colmase sus deseos.
y el que recogía las abundantes cosechas de tu generosidad.
- Te llora el temeroso al que habías dado seguridad
y aquél al que habías recompensado por marchar contra el enemigo.
 - Te lloran amigos y parientes
que rivalizan en la apasionada tristeza.
 - Si fuese posible rescatarte, lo harían los rehenes
de la pena, prisioneros desde tu pérdida.
 - ¡Oh mundo! Cuando vivimos en paz, nos traes
la pena de esta pérdida, como una guerra.
 - Te han olvidado pero la mano de la lluvia generosa
siempre volverá a este lugar.
 - Te has rodeado de la compañía de palacios, cuya belleza
es morada de lo extraño, de lejano origen.
 - Pero Allah tiene su parte y nos basta,
pues es parte justa la de Allahumma, el Juez.





Este poema nos ha hecho pensar que una lápida reciente­mente aparecida en Torrijos, pueda ser precisamente la corres­pondiente a la tumba de Muhammad III, hipótesis que se basa en los siguientes puntos:
1. - Se cree que la grafía y motivos ornamen­tales de esta lápida son semejantes a los de la Alhambra correspondientes a la primera mitad del siglo XIV, y es la lápida de Muhammad III la única de esta época cuyo texto no se conoce debido al error de lbn al-Jatîb mencionado antes, teniendo en cuenta que los fragmentos de la inscripción de Torrijos no co­rresponden a ninguno de los textos conocidos.

2. - Las pocas palabras legibles de esta lápida nos permiten asegurar que corresponden al texto en prosa del posible doble epitafio. Una comparación con las inscripciones que se conservan en los textos de Ibn al-Jatîb indica que los epitafios en prosa y verso, que iban respectivamente por las caras anterior y poste­rior de cada lápida tenían proporciones semejantes en extensión. La de Torrijos tiene exactamente 28 líneas, el mismo número de versos que el poema funerario que acabamos de dar a conocer.

3. - Las líneas 26 y 27 de la lápida de Torrijos por su posición estructural en el texto y su contenido parecen las dedicadas a las fe­chas de nacimiento, proclamación, etc. En la línea 27 creemos que podría ser la fecha de destitución de Muhammad III, ocurrida en el `Id al-Fitr del año 708 (14 de mayo de 1309).

Hemos mencionado también la existencia de un poema para el epitafio de un príncipe que aparece en el Diwân bajo el epí­grafe: «Dijo unos versos para ser escritos sobre la tumba del sultán wâli l-`ahd ....... ¡Allah tenga misericordia de él! » . No conocemos ningún personaje nasri que llevase este doble título opuesto: sultán y wáli l-`ahd, soberano y príncipe here­dero, ni siquiera tenemos noticia de ningún wáli l-`ahd en esta época que muriese antes de llegar al emirato. Una posible explicación sería que se tratase del epitafio de la tumba de Abû 1-Malik, el hijo del sultán meriní Abû l-Hasan, muerto en al-­Andalus y seguramente allí enterrado y que era señor de las fortalezas andalusíes cedidas a los meriníes y wâli l-`ahd de su padre.

En el poema del epitafio no se menciona la genealogía nasri y se le llama muÿâhid :



 - Este es el lugar de la nobleza más plena,
la tumba del Imâm, el puro y el más justo.
- Islam y mundo están contenidos en el
interior de esta excelente tumba.
- Lugar de la misericordia, morada de la satisfacción,
 que ha ennoblecido éste que mora en ella.
- ¿Qué es lo que reúne nobleza esclarecida
- Lápidas superpuestas sobre una montaña de prudencia
que daba firmeza a quien se tambaleaba.
- Mar de generosidad en cuya agua dulce
bebían continuamente todos los hombres.
- Aunque el sol de las alturas se oculte en el polvo,
no desaparece su luz fulgente.
- Sus obras se han divulgado entre la gente,
con un testimonio verídico que es incuestionable.
- Su conducta fue de tal modo,
que él abrió la puerta de la buena dirección.
- Combatiente en el ÿihâd por su Señor,
que extendió con una luz brillante.
- ¡Allah le envuelva con los ropajes de la satisfacción,
y le conceda sus abundantes dones!
- ¡Siga en la proximidad del Profeta de la sunna,
el mejor de los hombres, el más puro, el enviado!



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