Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

domingo, 9 de enero de 2011

209.- PABLO MORENO PRIETO




Pablo Moreno Prieto (Sevilla, 1977). Es licenciado en Derecho por la Universidad Hispalense. Miembro del Consejo de Redacción de Númenor, ha colaborado en publicaciones literarias como "Renacimiento" y "Nadie parecía".

Calificado por alguno como "poeta de largo aliento" ha sido recogido en la Antología de Poesía Joven sevillana La búsqueda y la espera (Kronos, 2001) y en Los cuarenta principales (Renacimiento, 2002).

En el año 1999 publicó su primer Cuaderno de Poesía, De alguna manera , en Númenor, donde también publicó Clara contraseña (Accésit del Premio Luis Cernuda 2001), que puede considerarse su primer libro de poemas.
-Accésit Premio Adonais año 2007, por Discurso de la Ceniza
-Premio de Poesía Fundación Ecoem 2010, por Lauda





Nada que no temiera ningún hombre
ni la lluvia empapara en su declive.
Ningún escalofrío que otro pecho
no conociera con la luz temprana
tras una noche en vela y sudorosa.
Levántate. Tus miedos son los del mundo:
prepara el corazón para el invierno.

[Discurso de la ceniza]


Portada de Discurso de la ceniza






UNA IGLESIA ROMÁNICA



Alguien miró estas piedras camino de la muerte,
una noche de agosto, las estrellas punzantes:
el último paisaje antes de la partida,
del trueno y la metralla.
Es extraño pensar en este raro asunto
del tiempo que nos vive.
Cómo el mudo escenario fue testigo.
Y siempre los mismos
robles, las mismas rocas, quizás el mismo cielo
exacto en sus colores
silenciando el horror -a veces la hermosura-
del hombre que pasaba.
Es extraño también pensar ahora
en otros caminantes que vendrán
por raídos senderos, desde el norte,
a contemplar las mismas piedras
que levantó el románico.
Por eso dejo en el agreste tacto
yo también mi mirada
para que forme parte del paisaje,
y se convierta en piedra y así cruce los siglos.











PREGUNTAS A UNA FOTO

Enseñadme el mercado,
un racimo violeta al terminar agosto.
Las callejas, su leve bisbiseo
de intermitentes sombras, la hora de la siesta.
Mostradme los geranios que vistieron
esta reja llovida, los helechos que hacían de la casa
frontera inexpugnable.
Habladme del regreso terminada la tarde,
del desfile solemne de las bestias, los arrieros
que traían al pueblo
un aroma de pan recién ganado.
Decidme dónde fuisteis. No os quedéis en silencio,
testigos de mi vida, de este roto careo
conmigo y la memoria.
Abuelos, enseñandme dónde nace la estirpe,
la tierra que pisasteis y que os trajo a mi cuarto
esta tarde nublada
en que miro las fotos buscando una respuesta
mejor que este silencio.






208.- MARCO ANTONIO RAYA


Nacido en Montilla (Córdoba), en 1978. Cursa estudios de Ciencias Químicas en Granada y Terapia Ocupacional en Vic. En la actualidad vive y trabaja en Barcelona en el ámbito de la salud mental.
Su primera publicación fue el libro de poemas “Palimpsesto” (Editorial Monosabio, Málaga, 2003), a lo que han seguido apariciones de poemas en las antologías Andalucía Poesía Joven (Ed. Plurabelle, Córdoba, 2004) y Radio Varsovia (Ed. La Bella Varsovia, Córdoba, 2005), en revistas literarias (Ayvelar, Parnaso) y diferentes publicaciones electrónicas como literaturas.com, lenguas de fuego, vórtice en línea o revista oniria. Ha participado en distintos grupos y colectivos literarios (Editorial Parnaso, Chichimeca, La Bella Varsovia, Colectivo Paracelsus, etc.). Asimismo, publicó la plaquette de microrelatos “Carnivoría” en la editorial Musa Ebria (Granada), en el año 2005.
En la actualidad prepara el libro de poemas “El error del aprendiz de geisha” con La Bella Varsovia.

blog: http://www.gnomada.blogspot.com







el vértigo adjudicado (Humpty Dumpty’s song)

soy el que cae.

la sombra del que cae soy, la soledad
entra por las ventanas el ataúd es de la misma raza que yo,
el cuerpo del que cae, la soledad se derrama como la saliva
antes de que dijésemos basta, el llanto del que
cae soy, la terrible vibración de lo inevitable rompe los cristales
la porcelana las órbitas oculares de los autómatas desprevenidos,
el bosque del que cae, la muda de la serpiente que se relame bífida
sobre mi camisa abierta de par en par,
el que cae llanto abajo,
enseño el corazón distraído,
el que cae,
fuerza la implosión a llorar
entre ella y yo,
sólo saber,
sólo
mirar.

el que cae siempre, soy.

(de Andalucía Poesía Joven, a cargo de Guillermo Ruiz Villagordo, Ed.Plurabelle, Córdoba 2004)





púrpura.

el fantasma de la curva es una niña que se parece a una canción de king crimson.
viene cada noche y le dice que le ama.
él no tiene permiso de conducir, no tiene coche, no está en ninguna carretera, pero la niña se aparece cada noche, densa y púrpura, gimiendo con las manos.
no es, precisamente, un cuento para niños.







[del ataque del Fénix (piroquinesia)]

como el Fénix que aterriza,
incendiando alrededores
a despertar a los niños que pueblan mis oquedades
a dibujar y santificar las altas cumbres
y los nidos de águila de fibra de mármol

ruptura violenta del cerco lunar,
gira el carmín sobre tus labios
y sé
que dirigir un ejército de gemidos es comienzo
y despertar,
el final más honorable
como el Fénix que aterriza,
incendiando alrededores
así
querría verte








[ del ataque a la soledad minúscula ]

puedes cerrar la puerta
no es permiso
sino retórica
ya buscaré
otra linde otro mar otra causa
otro momento
otro espejo
otra boca
para sonreír
nos

(...y entonces, a mi espalda,
dejaba atrás un rastro de piel y de saliva
y eran sal las heridas y eran
sal
las heridas...).








phaeton.

para ti soy un monstruo. soy tan ancho como el asco de los ángeles.sangran mis manos porque sí. pero vigilo tus tobillos dormidosmientras subes y bajas la escalera y tus pechos se derraman y las larvas esperan desde su prisión a la noche.doy a luz bajo el barro. y no estás allí para pegar a nuestro hijo y el llora y yo le regalo hiel y me escondo tras la barba porque soy tan cobarde. sin embargo para ti no soy más que un monstruo.pero no es cierto.yo traigo el sol al concierto de los asesinos.


(aparecido en Vórtice en Línea número 9, de Ed. Parnaso)




sábado, 8 de enero de 2011

207.- JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE


Joaquín Pérez Azaústre es escritor. Nació en Córdoba (España) el 3 de julio de 1976.

Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, es autor de los libros de poemas Una interpretación, Delta, El jersey rojo y El precio de una cena en Chez Mourice, y de novelas como América, El gran Felton y La suite de Manolete. Es columnista diario en El Día de Córdoba, y semanal en el Grupo Joly. Empezó a publicar artículos de opinión en 1994, en el Diario Córdoba, donde permaneció hasta 2001. Entre 2001 y 2006, firmó una columna semanal en La Razón. En 2002 comenzó su colaboración con el Grupo Joly, mantenida hasta la actualidad, con una columna diaria en El Día de Córdoba y otra semanal en todo el Grupo. Desde marzo de 2010 escribe un artículo semanal en el periódico digital de información económica Diario Abierto. En 2003 recibió el Premio Meridiana, del Instituto Andaluz de la Mujer, por su defensa de la igualdad entre géneros en los medios de comunicación. También ha sido galardonado con el Premio Adonais de poesía, el Premio Loewe y el Premio Loewe a la Creación Joven, y el Premio Fernando Quiñones de novela, entre otros.
Desde 1998 vive en Madrid. Durante los cursos 2000-2001 y 2001-2002 obtuvo una beca de creación en la Residencia de Estudiantes, otorgada por el Ayuntamiento de Madrid. Colabora habitualmente en revistas literarias como Mercurio, Letra Internacional o Turia.
En 2003 coordinó la antología En pie de paz. Escritores contra la guerra, en oposición a la invasión de Irak.
Libros de poemas
Una interpretación (Premio Adonáis 2000; Madrid, Rialp, 2001).
Delta (accésit del XV Premio Jaime Gil de Biedma; Madrid, Editorial Visor, 2004).
El jersey rojo (XVIII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe de Creación Joven; Madrid, Editorial Visor, 2006).
El precio de una cena en Chez Mourice (II Certamen de Poesía Vicente Presa; Madrid, Algaida, 2007.





LAS OLLERÍAS

Aún es pronto para volver a casa:
me han curvado la espalda los enanos
que he venido cargando desde siempre,
los que duermen la siesta en mis bolsillos
para ralentizar mi digestión.
Aún es pronto para volver a casa,
aunque pisé los límites.
Pensé que nadie más podría reconocerme.
Escuché los ladridos, temí el polvo naranja.
Recordé la alcancía oculta bajo el mueble.
¿Qué ha sido del nervio, el escondite
bajo un muslo de reina y el metal de unas manos?
Ahora los disfraces son de piel
y miro la avenida desde lejos, ya muy lejos
del sol y de los otros,
que alguna vez volaron para aplacar mi fiebre.
Sé lo que estás pensando: aún es pronto,
y casi no he cumplido mis pactos con la vida.
Es muy pronto aún, pero qué esperas,
si tu voz se me clava en los tobillos
y me amansa la angustia, el temor de un insomnio.
Dentro, en mí, habitas aún la casa.
Otros vinieron antes, y ya la vaciaron
de ti, de tus vestidos grandes, de tus plantas vivaces
a las que siempre hablabas de mí, entre otras cosas.

Poema inédito recogido en EL CULTURAL
del Diario EL MUNDO el 26 de julio







LIMO

El agua, curso alto, cercano al nacimiento
se sabe montañoso en su erosión;
el limo es lo que queda.
El agua, curso medio, pendientes más suaves,
groseros abandonos, audaz canto rodado,
arenas que se agrandan y te engrosan;
el limo es el sustrato,
el limo es permanencia.
El limo se transporta por el agua, agota al sedimento,
aguarda desde el fondo;
el fondo de los ríos pantanosos,
el fondo de los lagos,
el agua que se duerme más tranquila.

Publicado por Bernardo Ríos, coordinador
del Proyecto Lector del IES "Maimónides"





LA GRAN GUERRA

Te he buscado
perdido por la lluvia
que arrasa la nación estas semanas.
El tráfico de gestos en las calles
húmedas y cargadas de silencio
me dice que tu rostro podría ser cualquiera.
Lejos quedaron ya los días del festejo,
tú admirada por mí, por mi uniforme,
repartidos tú y yo por las esquinas,
soñando en el café nuestros destinos,
el ambiente insensato de alborozo,
de tu mano el periódico doblado
con grandes titulares celebrando la guerra.
Nunca amamos, sin duda, como entonces.
Días de permiso, hoteles viejos.
Un fantasma de gas me espera en la ventana,
tú corres las cortinas y te tiendes,
no sabes qué podrá pasarnos luego.
No pides más que este lugar y este ahora,
un recodo de hotel
donde el amor habita en un instante.
Hoy he vuelto. La guerra la perdimos.
Perdimos la gran guerra; estamos muertos.
Alguien quedó dormido en los alambres,
mis amigos se enredan
en el frío de cada amanecer.
Visito cada tarde a sus familias.
Me miran como a un ser de tierra extraña.
Les pregunto por ti, si no te han visto.
Todas las chicas se parecen ahora,
llevan todas el mismo traje gris,
la misma sombra larga,
son espectros delgados
ocultos de la luz.
Te he buscado
perdido por la lluvia
que arrasó la nación esas semanas.
El tráfico de gestos en las calles
húmedas y cargadas de silencio
me dice que tu rostro podría ser cualquiera.
Es posible que tú me reconozcas.
Entonces yo me miro en los espejos,
en los ojos ausentes de soldados que vuelven.
Somos todos el hombre derrotado.
También tú,
si me estuvieras buscando,
podrías confundirme con cualquiera.





206.- LUIS MELGAREJO

LUIS MELGAREJO
Esta no es la foto de Luis, o quizás sí, es posible pero
no definitivo ni probable que lo sea cuando se trata
de Luis, pero lo importante es lo que Luis escribe,
tampoco os aseguro que os guste a todos, que más da,
a mi me gusta, y a muchos otros poetas y no poetas
amigos también, ¿es la nueva poesía andaluza,
o Luis es universal pese a su juventud?.
Yo tengo mi opinión y cada cual es libre de tener
la suya, lo que os prometo, es que cuando acabéis
de leer sus poemas, ni recordaréis estas disquisiciones
mías y jamás os dejará indiferentes.

[Fernando Sabido Sánchez].





Luis Melgarejo (La Zubia, Granada, 1977) ha publicado hasta la fecha los libros de poesía: Libro del cepo (Hiperión, Madrid, 2000), con el que obtuvo el XV Premio de Poesía Hiperión, y Los poemas del bloqueo (Granada Literaria, Ayuntamiento de Granada, Granada, 2005), actualizado y reeditado en 2009 en la editorial Cuadernos del Vigía, título merecedor del II Premio de Poesía Zaidín-Javier Egea. Sus poemas se han recogido en revistas y en antologías de poesía española contemporánea a ambos lados del Atlántico. Desarrolla proyectos creativos con el guitarrista argentino Esteban Jusid, con el artista plástico granadino Iván Izquierdo y con el colectivo La Palabra Itinerante, con el que investiga en diversos ámbitos como la poesía escénica, la pedagogía literaria y otros soportes de comunicación y acción cultural.






Loqués remansarse

Aparqué.
La luz, el odio, el agua, las almendras, todo
bien.

Le tiré poco a poco y para arriba
por justo el espaldar de la cantera.
El sol pegaba limpio y norte el aire.
Cernícalos y ortigas. Y alpechín.

Eché toda la tarde allí, bailando.

A la vuelta dos búhos
por los balates últimos al ras se me cruzaron
y un sapo justo en medio del carril ya bajandillo
vi.
Y eran ya muchos cruces, demasiados.
Después supe que sólo eran los justos, que
la vida en
fin, que ya está.

Le eché el freno de mano lento al coche,
abrí, bajé, la luz no sé si estaba
de brecha o si eran sólo
las cortas de los faros ni
por dónde supe yo que algo venía
pasándome en el cuerpo desde por la mañana, pero

la cosa es que de pronto

allí de pie
mientras yo le cantaba para que se cruzase a
la cuneta del lado de la acequia
ya era el sapo que yo supe al ralentí

y supe en otra forma de los pájaros,
del sol y de la luna, de tanto brote aún verde,
tan sin flor, de lluvias cuándo y cómo y
de las balsas de alpechín tan negras que

de noche ya y
camino de la casa serenándome al volante
los pulsos tan livianos de la vida
pude ver una vez más pero llegándole distinto a
las otras cosas esas de la ciencia y la razón
que no sé yo si son tan importantes ya.

Logré dormir tras cuatro noches huecas. Me lavé.









Un poema de encargo

la vez primera vez que algunos mozos
contamos orgullosos al detalle
pagamos por supuesto y por la calle
la vez que da bigote a los del bozo

la vez primera vez y enamorada
que a muchas nos dijeron era clave
acaba convirtiéndose en ya sabes
la vez que vino a ser como si nada

la vez primera vez contigo quiero
se dice el dependiente de la tienda
mirando a la lotera de la esquina y

risueña la lotera lo adivina y
le dice cuando pasa al de la tienda
la vez primera vez contigo quiero










Miseria de la filosofía de la miseria

odiados y asesinos mandatarios
del uno y grande imperio de este mundo

no traten nuevamente de embaucarnos con
de dónde venimos adónde vamos —ya basta pues

son otras las cuestiones pero —claro

cuestiones insidiosas
que a todo bicho humano
que se precie de tal por lo de bicho y
también por lo de humano
le pueden pero rápido los nervios
dejarle destrozados que se dice
si es que algo más de bicho
que de humano cabrón le late dentro y son las únicas

las únicas cuestiones posibles contra el miedo
que a todas nos habita y va minando

amadas y cadáveres del mundo

en qué quedamos qué vamos a hacer







FÍJESE USTED CÓMO ACABAN LAS COSAS

Pongamos un ejemplo de mi envidia —jajá:
Tu hermano es la repolla, gritan todos,
lo más.
Y él quiere serlo / señor patán amado
dolido condolido y respetado temido
por haches y por bes amante y tonto / de este pueblo
de esta nación de bobos billetosos
y mozas que se dejan preñar por ser esposas
rollizas, satisfechas. Con los maquis,
cuando a veces salimos —quiero decir que es cuando
sin más él se nos pega y
les hablo de mi hermano,
él es el puto blanco de estos versos—,
cuando a veces salimos, les decía, mi hermano
se porta como el sucio cabrón metomentodo
que viene a ser, aparte de un gran necio y
—tal vez me esté pasando de adjetivos
no menos ciertos por duros / y a ver,
que me ze va ya el rismo —¿por dónde yo meandab'ah, sí:
Aparte de un gran necio y
tal vez el amargado por ególatra
que pueda ser mañana, con los años
cruzados de traiciones
que nunca cicatrizan —si es que acaso comprende
por más viejo que diablo alguna tarde.
Y llega y
se acerca cauteloso cual tigre con espejos a las mozas
doquiera que se encuentren si le placen y, calmo,
les saca del bolsillo al corazón algunos versos
—profundos, con imágenes
inútiles, alquímicas
monedas de su espíritu— y entonces
la magia se sucede y se humedecen
los coños digo sexos de las vírgenes
bestiales. Las mujeres
lo adoran y agasajan —no todas las mujeres,
por supuesto; no todas son estúpidas y bobas
como él refatuo piensa
después de ya corrido y del monólogo
que aguantan o disfrutan
porque algo es algo en fin, las pobrecillas
—según pueda ser fama o no, no importa:
Son más, salud a todas, las que en cambio
lo calan a distancia; y estas últimas
son bellas y dispuestas a los golpes están
pues saben dar y dan también el dulce
salado de sus cuerpos a unos hombres
que suyos son como ellas son las nuestras
y son las que hacen falta en la trifulca
de apuros y putadas que a rachas es la vida que nos venden.
Lo adoran y agasajan,
les decía. Se nota,
se advierte en sus sonrisas; también en las de algunos,
no todos, por supuesto, tampoco, memos hombres
—y amigos embaucados hubo algunos
también durante un tiempo— se comprueba y
lo confirma después la matemática, la firme
compulsión a mentarlo y los elogios
que en derredor recibe por su astucia simplona y
su conjura falaz por democrática, poética
de ventas posmoderna y me repito.
Y así las cosas,
ya ven ustedes:
Yo tengo un hermano,
se nos pega a veces,
pero es él el poeta y
no es mi hermano del Sur ni mi hermano Isidoro.
——————————————————————–

Es el mismo de siempre. ¿Lo conocen ustedes? ¿No?

——————————————————————–—










NO OLVIDES RECORDÁRMELO MAÑANA
de aquella tarde juntos en granada
me viene esta otra tarde aquí de pronto
mirando igual chubasco porculero
y dándole el enjuague a los cacharros
que me he puesto a fregar de ayer con calma
clavando en el cristal de la cocina
los ojos sin salario y de repente
parado sí de pie como con hambre
de hamsun en la mesa junto a un vaso
con agua sí tratando de acordarme
yo estaba inútilmente aquí sin fósforos
del año en el que brecht satisfacciones
se puso y lo escribió cuando a la mente
me vino este recuerdo de la lluvia
los charcos los salpiques tus leotardos
tan húmedos al tacto de mis manos






Resistencias y olvidos

Linternas a lo lejos. Por las hazas
no queda sino el rastro de las mulas
mecánicas que entonces dicen mulas
y arados y hombres era de amenaza,

la sed, la mala hierba, poca traza,
la linde rencorosa de las dulas,
terrible el sol y el odio si calculas,
cabales, sí, los restos y las bazas.

Se han vuelto a repetir los mismos nombres,
los naipes emboscados, los estiércoles.
Y el padre aquí cadáver en un miércoles
ya jueves por los cerros. Eran hombres

iguales a estos tres que de la muerte
lo sacan y le cavan la gran noche.






MÁS MIERDA DE LA MISMA CALIDAD
A ver, a ver:

Poemas como
FÍJATE TÚ CÓMO ACABAN LAS COSAS, la gentuza,
EL POETA NO SUPO RESOLVER ESE PROBLEMA y
tal vez
alguno que otro más, he de afirmarlo:
No sé muy bien dónde me llevan.
O acaso es que me huelo qué suponen
del lado de los golpes y del otro,
más cutre, de los versos, y me achantan
a ratos las posibles consecuencias. No obstante:
Son malos, sí. Y qué. Muy malos.
Pero no menos pencos que esos miles
que se curran
con musas
y/o consignas
mil capullos
que aún siguen entendiendo la escritura
como algo en fin ya saben. También yo a veces pienso
que a qué ponerme en guardia y destrozarme
por dentro y dar mil hostias a aquellos que nos joden
sin tregua la marrana de la vida
si soy capaz de hacer y no es soberbia,
cien versos muy bonitos por jornada
de siete a diez —tres horas—
y luego un rato acaso
si hay ganas por la tarde y sin problema
100 versos, hala: puros, limpios, blandos.
Pero es que no son esos los versos que hacen falta
ni son estos tampoco, me temo, ni los de esos
poemas que ya he dicho. Ni los de esos
poetas tan tan suyos que se piensan
mayúsculos artífices de esencias
baratas y apestosas —si es que prenden.

(El poeta no supo resolver estos poemas), Gentuza
FÍJESE USTED CÓMO ACABAN LAS COSAS,
los azares del Paco, La canción
del parque tan ingenua y qué pezones
le voy a hacer si estimo necesaria
meterla aquí, la trampa ya oxidada
del puto y de otro libro /poema 17
,Bloqueo —siesqueasí le pongo finalmente
de título a ese arranque y putas pascuas
que tengo a medias, otros, EPITAFIO y seguro
que alguno nuevo más e incluso todos.
Y este que escribo aquí, sin mar, contigo
del otro lado siempre de la página
—poemas malos todos, sí. Y míos. Y qué.

En vísperas del mar. Allí, mañana, ya contigo,
vendrán cuando me siente las traiciones
de nuevo y nuevas dudas
mezcladas con las viejas
e indómitas certezas y más golpes
cabrones que nos tumban
vendrán.
No quiero corregir.
No quiero corregirme ya más según dictados
enquistados de Estado muy por dentro o
dados dados de azar manipulado en
—rimas tontas que las llaman. Igual
tan sólo es que me embullo de prisas por la gloria o
quizás que hasta el mismísimo ya estoy de tanto humano
que pide a gritos cobro por las teles,
por el balcón de enfrente,
desde página impar en colectiva
de versos antológica edición,
en andenes de trenes,
de metros y autobuses dando voces,
en palcos respetuosos maquinando,
en púlpitos,
en cuevas,
en tribunas,
por calles y por plazas
como idiota buscando a quién soltarle
los perros de la rabia y / sólo encuentro a felices
personas repitiendo las consignas
piadosas o las otras, las que sirven
de combustible fósil al bicho de la angustia
para que ceje nunca de jodernos
—la bestia o bicho viejo de la vida
lanzada por los buenos contra el odio
que nos mantiene vivas aunque ya
definitivamente
sin esperanzas casi,
solas,
casi sin miedo.

A ver, a ver:
MÁS MIERDA DE LA MISMA CALIDAD
puede ser un buen título. Pues venga.




Luis, encantado de haberte conocido.


205.- JUAN MANUEL ROMERO


Juan Manuel Romero (Sevilla, 1974) es un poeta español en lengua castellana.
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, donde también ha realizado estudios en Estética e Historia de la Filosofía, es profesor de Lengua castellana y Literatura en un instituto de Algeciras (Cádiz); también ha trabajado como profesor de español para extranjeros en Sevilla y como periodista en un diario local de Lérida. Ha publicado reseñas y artículos de crítica literaria en revistas como Clarín, Mercurio, El Maquinista de la Generación, Azul y Turia, además de en los suplementos culturales de los periódicos El Correo de Andalucía, El Diario de Andalucía y El Diario de Sevilla. Ha traducido poemas de Henri Cole y Thom Gunn. Ha sido incluido en las antologías Alzar el vuelo, de José Luna Borge (César Sastre, 2006) y en La inteligencia y el hacha (Un panorama de la Generación poética de 2000), de Luis Antonio de Villena (Visor, 2010), y poemas suyos aparecen también en recuentos de poesía española contemporánea como El origen del mundo (Hiperión, 2004), Palabras que se mojan (Diputación de Sevilla, 2007) y Sevilla: 24 poetas y 24 artistas (Imagoforum, 2004), entre otros.

Obra poética
Los ángeles confusos (Universidad de Sevilla, 1999).
Invitaciones sospechosas (Editorial Renacimiento, 2001).
Casa quemada (Editorial Regional de Murcia, 2004).
Las invasiones (DVD Ediciones, 2006).
Golpes (con imágenes del artista Javier Parrilla, César Sastre, 2007).
Hasta mañana (Pre-Textos, 2008).

Galardones
VI Premio de Poesía Surcos.
V Premio de Poesía Joven Radio 3, de Radio Nacional de España.
IX Premio de Poesía Emilio Prados.





ACCIDENTE

Respiro noche oscura
y el aire es otra forma de belleza.

Noto que te has dormido en el asiento
de al lado y pienso en ti,
en cuánto tiempo seguiremos juntos.

La ruta en la que insisto, ¿dónde va?

Sé que soy inseguro, y saberlo me expone
a un tránsito constante
de ida y vuelta hacia el miedo.

Todo está conectado.
El aire que respiro,
la luz que reverbera en las señales
y mi incapacidad de ser de otra manera.

Siento el futuro
igual que luces ciegas.

Ahora estamos juntos. ¿Eso basta?

La piedra de la luna
golpea de repente el parabrisas sucio
y lo que siento choca en lo que soy.

Todo vuelca:
la calma de tu sueño
y el aire de la noche,
cada cosa que en mí se salva o se destruye.










FARO

Hoy recuerdo la tarde
en la que fuimos a mirar el muelle.

En un brillo de grúas y de contenedores,
mi padre me enseñaba los trabajos del puerto.

La verdad no hace ruido:
su luz se vuelve un faro que encallara
los barcos contra el arrecife a posta.
Pero he oído el golpe
de lo que somos contra lo que somos.
Es como un hundimiento
que revienta los ejes del sentido.

Me lo enseñaste tú: el tiempo hace y deshace,
pero es precisamente en ese tránsito
en el que debo parecerme a ti.

Honestidad, respeto, aceptación.

Una flecha lanzada al centro de la edad
nos alcanza a los dos en este punto,
como la oscuridad que abraza a los ahogados.








PIEDRA

Llega la hora,
el cielo
es carbón derretido.

Mientras me voy,
ella se queda murmurando un nombre
equivocado. Intenta un pensamiento
pero dentro no queda quien lo piense.

La silla en la que está sentada está vacía.

Todo lo que se pierde
crece: una levadura en el olvido.

Presión de claridad
sobre la piel reciente;
a los seis años,
cuando jugaba con los aspersores,
ella tendía un brillo de sábanas fragantes.

Ahora he comprendido que es inútil:
no te puede doler lo que ya no recuerdas.

Ahora,
el tiempo es una piedra ennegrecida
que baja a un fondo limpio,
al que no llega el miedo o el dolor,

en comunión perfecta con lo oscuro.

[Tres poemas de Hasta mañana (Pre-textos, 2008)]







FRAGMENTOS

Tengo un vaso en las manos.

Tras comer en silencio, tú te has ido a dormir.

El vaso estalla.
Los trozos de cristal, hundidos en el agua
del fregadero, cortan.

Lo inesperado
se convierte en un vaso
que se quiebra en el agua.

Al fondo,
todo lo que se rompe antes de tiempo:
nosotros, esta noche.








SEQUÍA (Blanchot)

El arroyo se seca
y va quedando sólo un sendero deshecho
con restos de agua pútrida
en los recodos,

como a un cadáver que trasladan
de una cama a otra,
o como la carrera del viejo en el andén
con pasos de humo
igual que todo lo que ya no vuelve.

Soy una parte de lo que se agota,
maleza de mí mismo,
un ciego que, asustado, encendiese una lámpara.

los dos son [de Hasta Mañana, 2008]









Tres poemas del libro "Casa quemada":

CASA QUEMADA

Exprimimos al fondo de la noche
los cuerpos imponiéndoles
un pulso y una extrema resistencia
al viento oscuro que provoca
el demonio febril
que aquí nos tiene, esclavos. Queda todo
dicho en la lasitud y el vicio
que nos limpian de un modo impredecible,
como un verso llegado a la pura ignorancia,
como si nos volcase la ola del vencimiento.

Se hace carne el presente, frágil
y violenta a la vez, consciente del desastre
de esta agresión que no sucede
contra el tiempo, sucede sin indulto
sobre nosotros los culpables, los débiles.

Para la noche débiles, para el dolor osados.
¿Quiénes son los que queman
su casa contra el frío de la intemperie,
los que anegan la propia barca
en nombre de una costa que no existe?
Nosotros que mordemos sobre lo irreparable
y en la fiera alegría
del desamparo, por llegar más lejos,
por ser nosotros pero sin nosotros,
dejamos que la noche nos exprima
como seca naranja y le rendimos,
exhausto barro irremisible,
este homenaje atávico del cuerpo










LIBRO DE LEVÍTICO 10: 1,2

Servidora celosa de una turbia liturgia,
despreciando la luz que no provenga
de tus injustas brasas, la ruda claridad
que intentamos alzar destruyes implacable
y clavas tu pisada, como una fría púa
o un insano silencio, como feroz aceite
sobre el pecho indefenso, limpio,
de la derrota unánime que somos.

Haremos con palabras
un fuego extraño,
con nuestra juventud que no tolera
estar vivos sin más y necesita
a una llama apostar su vida inútil.

Pero tú bajas, muerte,
en nombre de qué dios
altivo,
y rompes cuanto alumbra nuestra noche.

No podrás evitar, sin embargo, este grito
que cifra una respuesta ingobernable:
no somos nada y en la nada ardemos.








MANZANAS

La mañana nos dice su luz desmadejada
como una flor abriéndose al rocío.
Tras la ventana espera ya
el brillo de las cosas que con su fin nos tientan.

Si no abro la ventana el asombro se duerme
bajo una manta que no cubre
sus pies entumecidos.
Si no abro la ventana no existirá el camino
que veo atravesar un bosque que me oculta.

Nos dice la mañana un nacimiento,
el sol urdiendo un mundo sin respuestas
para el hielo dolido de las vanas preguntas.
Es su trabajo terco ofrecer las manzanas
que en el deseo dulces se deshacen.
Negarlas es el terco oficio
de la derrota nuestra, tan podrida.

Sobre la piel marchita de las sombras
que somos rompe el sol y contra los visillos.
No hay transparencia
más alta que este ser en el temblor del día,
en la necesidad de las manzanas.

204.- JESÚS MALIA


Jesús Malia Gandiaga nace en Barbate (Cádiz) en 1978.
En 1996, comienza a estudiar Matemáticas en la Universidad Complutense de Madrid, apenas unos días después de hacer sus primeros versos.
Tiene publicado el poemario ‘la cinta de moebius’, Patrañas, 2007. En 2009, es incluído en la antología ‘Poesía Capital’, de Sial/Contrapunto, y participa del ciclo de poesía española e hispanoamericana ‘Madrid: una ciudad, muchas voces’.
En lo profesional, imparte clases de Matemáticas en Enseñanza Secundaria.
Mantiene el blog http://poesiaabierta.blogspot.com.




Los que siguen son poemas de ‘la cinta de moebius’.

1 o nadie

lucia

son sus ojos la traza de un segmento de recta
estrellas suficientes para alumbrar la vida
y asirla y apresarla
en un teorema

su boca
matriz de dientes blancos y risa destapada
la caja de un tambor que tiembla de alegria
truncada sucesion
de axiomas y cuadrados

parentesis de carne y de estrellas
blancas

sus ojos
su boca
sus ojos
constituyen la clase de todos los conjuntos
su boca
sus ojos
su boca






2 o eclipse

pensad en la penumbra de un eclipse solar
o tan solo en esferas puestas en linea
o en dos ojos sedientos y algun punto exacto en su mediana

y que un ojo es el sol la tierra el otro
y ese punto exacto en que esperamos sea la luna
o que son
con perdon por la violencia que sigue
y la tristeza anterior
de un lado venus
del otro marte
la tierra en medio








3 o leyes de kepler y malia

imitando a tu boca
dada a la risa
giraran los planetas del sistema solar
primera ley de kepler y de malia

en ese discurrir precipitado
orbital y celeste
que es tu carne
barreras siempre igual
y a cada instante
porciones semejantes de galaxia
segunda ley de kepler y de malia

y al fin comprenderas
ya casi cuarzo
que existe una razon que te recoge
del cuadrado del tiempo que es la vida
y el cubico segmento que la une al sol
tercera ley de kepler y de malia









sabes ya que bramar bien te vale de nada
ya me seas enano como un quinto de epsilon
o me seas egregio
como el numero e

y me sabes tambien que tampoco plañir
aunque sean tus lagrimas como grandes teoremas
aquellos mismos si
de godel o de cantor
que sabes son asiento de toda nuestra ciencia

no te vale bramar
no te vale plañir
no te vale implorar
que no tienes a quien
pues no eres casi mas que un hermoso juguete
divino si me apuras
como el triangulo
en manos de chalados que son
los matemáticos

no te vale gritar pobre hombre de munch
señorita escarlata
no le vale llorar

pobre hombre de munch sola escarlet ojara
nimio numero epsilon
nimio numero e





zenon de elea

no me quieras mentir zenon amigo
la flecha horadara mi corazon
por mas infinitud de infimos trayectos que ha de cubrir






primer respiradero o poesía

como el agua desnuda se desnuda mas y corre risueña
y de golpe para y mira sonriente
y se da la vuelta cubriendo sus senos
y se alza libre creando la espuma







segundo respiradero o poesía

torre del tajo barbate

como el mar insiste con fiereza a veces a la escarpa erguida
mientras que gaviotas que en ella se amparan le burlan los peces

oigo los graznidos de su voz burlona
y el leve batir de las olas blandas que hacen que sonria






y que ya no sea mas hoy deseas de nuevo
pero llevas destino de girar en cicloide
en la recta del tiempo que por dias maldices

y te veo ascender por la cinta de moebius pobre hormiga de escher
y te intuyo buscar el reves a la vida
y te niegas a ver su inexistencia

y que ya no sea mas hoy deseas de nuevo
ni cicloide ni cinta
desesperas y callas








quinto respiradero o poesia

como caen las hojas comenzando el otoño
que se mecen al sol bien sujetas al aire






leopoldo maria panero

es el color blanco
el color cadáver







sexto respiradero o poesía

como viene el frio que viste de nieve las cumbres del alma
que segun esparce la sal y el azucar por las duras rocas
nos hace sudar llenos de alegria hundiendo las manos








septimo respiradero o poesí
a

casa

como suave brisa que briza la copa frondosa del árbol
acaricia el rostro besando la frente
mesa los cabellos y despeina el alma






alli donde la alegria
principia la vida




sábado, 1 de enero de 2011

203.- JUAN JOSÉ CASTRO MARTÍN


JUAN JOSÉ CASTRO MARTÍN (Motril, Granada, 1977) es licenciado en Filología Hispánica y licenciado en Teoría de la Literatura por la Universidad de Granada. Actualmente ejerce la docencia en Enseñanza Secundaria. Como autor ha publicado No cesa el tiempo, VII Premio Genil de Literatura, 2002, Deriva de las islas, XXII Premio andaluz de poesía “Villa de Peligros”, 2007, y Margen de lo invisible, premio Florentino Pérez-Embid del año 2010.



Poemas

Todos los textos han sido extraídos del libro
“Margen de lo invisible”.



Irremediablemente,
sucede que se torna cruel el peso
del pájaro en la rama cuando
la luz prende en las hojas su canción de exterminio.
Desnudos o encendidos en los árboles
los días se desangran.
De qué manera tan callada extiende
su soledad la lluvia,
irremediablemente.
Acostumbra a estrecharse en la sequía
mi voz con cicatrices.
Memoria de los ríos esta savia
que en lo cerrado fluye y nunca cesa.
Hoy no sé mudo cauce si la nube
ha de ser sed o llanto.






TESTIMONIO DE HERMANN HESSE, LIBRERO
EN “J. J. HECKENHAUER”, TÜBINGEN

No los dormidos árboles,
mi alma fue la que cambió sus hojas
en el invierno de mi voz perdida
entre los muros y el suicidio,
entre el claustro y la furia.
Leí en la lentitud de su primera nieve
la vagabunda luz de las estepas
huyendo por las páginas del mundo.
Aguardando su aullido, se sucedieron enfermizas
estaciones y turbios signos arrancados a los tabiques
del cuarto mientras esperaba que aparecieran grietas.
Nada hubo para mí en los inmóviles recintos
de los dogmas y el orden salvo
la sospecha de tener que descubrir las rosas bajo el hielo.

Aquí, entre los estantes y los libros
a comprender comienzo
que otros eran mis dioses,
menos antiguos, más desesperados.
Con más ímpetu puede oírse ahora
desconsolado el grito de la estepa llamándome
con su timbre de lobo solitario
por el gélido margen de la vida tratando
de separar de mí a éste que ya no soy,
arrojado cadáver sobre un cuerpo.

Tras las estanterías merodea,
sigue mi rastro, husmea mis dudas
como carroña abandonada en lo profundo de los bosques.
Me va cercando pero aún no ataca; me fatiga
por mi desasosiego.
Nuevamente
nieva. Todo detiene su congoja y se calma.
No existe más retorno que el silencio, el arduo
viaje de las palabras al vacío,
persecución que sólo ensancha mi desierto.
Mi senda no termina sino donde mi aullido llega.










DAS ULMER MÜNSTER

I
Bajo la niebla los tranvías trazan
la sombría estrategia de lo ausente,
la demora de los nombres y lugares,
los árboles que son tan sólo sueño.
Diciembre encierra la ciudad al fondo
de los escasos transeúntes
que por las calles húmedas resbalan
hacia el breve artificio de la aurora
interna y no visible (rubios campos del trigo).

Sobre la plaza el agua es una fuerza
capaz de destruirnos.
Deformes centinelas gimiendo por la lluvia,
las gárgolas del Münster siempre supieron del dolor.
Después de siglos siguen arrojando
en un perpetuo espasmo la materia
incesante del tiempo.

El campanario es un temblor que el alma
se empeña en resonar por encima de los tejados
de casas doblemente antiguas
al verse en el Danubio, ser y pasar dos veces.
La catedral embosca su tiniebla,
se hace la piedra signo, mientras vamos
dejando atrás el Rathaus y una incierta fatiga
nos vulnera al mirar las altas torres.

En el pórtico un Hombre se hurga el dorso
de las manos y sonríe. Adentro del recinto
otro cuenta las flechas indolentes clavadas en su carne.
Pareciera que sólo los ángeles sufrieran
el vértigo terrible con sus alas
abiertas expulsando a la serpiente.
¿Serán también infatigables
viajeros del invierno sin otro paraíso
que el de lo azul desesperado?
Será por ellos que escalamos piedra,
y cielo para hacer nacer la luz.



II

Sube hasta ti. Difícil ha de ser la ascensión
ahora que preguntas hasta dónde
la materia persiste.


Llega arriba,
eleva por encima del latido
la arquitectura de las vértebras,
su resonante murmurar de escala.
Cada peldaño asciende a ti, se estrechan
nervios, ojivas, muros hasta hacerse
aventura del aire, dura transparencia.
La torre como un grito en su vuelo incontenible
dilatará en la piedra los espacios, la carne sobre el fémur.
Te faltará el resuello.

Tu agonía
será el término para el salto. Acaba.
Deja la gravidez del alma.

Afila
el terrible metal de su sonido,
has cruzado el umbral del cuerpo.
Clama, clama.

Sólo la luz ya te sostiene.









Te voy buscando,
con la furiosa música arrancada
de las cosas te busco,
salvaje melodía, por su sonido estrecho.
Detrás de ti, descalzo y fugitivo,
irá mi huella errante mas despierta
donde la sombra inicia su fisura.
En este grito inerte,
en la desesperada persecución de tu frontera,
en la herida que ha ido abriéndose
en las palabras,
ajeno te seguí al doler del mundo.
He aprendido a dormir en su letargo
la hojarasca del alma, su rüido
de lluvia que dejó mi cuerpo sordo,
implacable su deuda, cuanto calla.









Inscritos en la niebla del lenguaje
como en esa cesura de las horas
respiramos. Perdura la implacable certeza
de ser si las palabras, roto soplo
entre los huesos, se consumen.
Sin nada más que un vaho azul
alzado en los pulmones contra el mundo,
no he dejado de ser el sonido y el llanto.

Publicado por las afinidades electivas - España

202.- JOSÉ MARÍA HINOJOSA


José María Hinojosa Lasarte (Campillos, 1904 - Málaga, 22 de agosto de 1936) fue un poeta español de la Generación del 27, introductor en España de la poesía surrealista. Fue codirector, con Manuel Altolaguirre, de la celebérrima revista Litoral. Murió asesinado al comienzo de la Guerra Civil Española en la puerta del cementerio de San Rafael, de Málaga, víctima de la represión republicana.

Perteneciente a una rica familia de hacendados, mostró desde muy temprano su inclinación por las letras y la política, cursando con brillantez sus estudios de Derecho en la ciudad de Granada donde se licenció años más tarde. Empieza a escribir poesía en 1923, y sus primeros libros, Poema del campo (Madrid, 1925) y Poesía de perfil (París, 1926) poseen una índole arcádica y simbolista, influida por Juan Ramón Jiménez, en arte menor. Atraído por las vanguardias, pero también para estudiar francés en la Sorbona, viajó a Francia en 1925, trabando amistad con la joven generación de pintores (entre los españoles, los de la Escuela de París: Joaquín Peinado, Bores, Ángeles Ortiz, Benjamín Palencia...) y escritores de su época (el escritor cubano José María Chacón, el hispanista francés Jean Cassou) y asimilando las estéticas de vanguardia, entre ellas el Surrealismo. A su regreso a España Emilio Prados le presenta al grupo del 27 activo en la Residencia de Estudiantes (Salvador Dalí, Luis Buñuel, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luis Cernuda) y del Novecentismo (Juan Ramón Jiménez, José Bergamín) colaborando activamente en revistas en el grupo formado por los poetas del 27 de Málaga, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre; su primera aventura literaria fueron los cuatro números publicados de la revista malagueña Ambos (1923), realizada junto a Manuel Altolaguirre, José María Souvirón y Emilio Prados, resultando algo así como un ensayo precursor de la gran revista literaria del 27 en Málaga, Litoral. Publica su libro poético La rosa de los vientos (Málaga, 1927), donde es patente la huella del creacionismo y el ultraísmo. Los libros de Hinojosa aparecieron en bellas ediciones de autor con ilustraciones de Dalí, Bores, Benjamín Palencia o Moreno Villa. En 1928, tras una breve estancia en Londres, se traslada a la Unión Soviética con José Bergamín y vuelve desilusionado de los logros de la revolución. Él protegió a Dalí y a Gala cuando pasaron unas vacaciones en Torremolinos (1928) tras escaparse de Paul Éluard. Publica un libro de poesía surrealista, La flor de Californía (sic) (Madrid, abril de 1928). En el libro hay reminiscencias de Los cantos de Maldoror, de Isidore Ducasse, conde de Lautréamont, y chispazos poéticos humorísticos inspirados por Ramón Gómez de la Serna. En su segudna parte, "Textos oníricos", desaparece ahora la leve trama argumental de los capítulos iniciales y el relato se convierte en poema en prosa, en un ejercicio de escritura automática plenamente surrealista.
Poco a poco se distancia de sus compañeros del 27. Tras la publicación de su último libro, La sangre en libertad, en 1931, también surrealista, abandona la literatura. Un año antes había comenzado su relación, con muchas fluctuaciones sentimentales, con Ana Freüller Valls. En 1932 inicia una intensa actividad política en partidos conservadores. Esto motiva que sea encarcelado por las autoridades republicanas en julio de 1936; el 22 de agosto, tras un bombardeo de los sublevados, es asaltada la cárcel por un grupo de milicianos anarquistas y medio centenar de presos –el poeta, su padre y su hermano, también un hermano de Manuel Altolaguirre– serán fusilados como represalia ante las tapias del cementerio ese mismo día.
Obras
Poema del campo (Madrid, 1925)
Poesía de perfil (París, 1926)
La rosa de los vientos (Málaga, 1927).
Orillas de la luz (Málaga, 1928).
La flor de Californía (sic) (Madrid, 1928)
La sangre en libertad, (Málaga, 1931).
Poesías completas Málaga: Litoral, 1983.
Seis poemas inéditos. Málaga: Diputación Provincial, 1988.
Obra completa de José María Hinojosa (1923-1931), edición de Alfonso Sánchez. Fundación Genesian, 2004.






Calma

A Luis Buñuel

¿Dónde se acaba el mar?
¿Dónde comienza el cielo?
Los barcos van flotando.
o remontan el vuelo?

Se perdió el horizonte,
en el juego mimético
del cielo y de las aguas.

Se fundió el movimiento,
en un solo color
azul, el azul quieto.

Se funden los colores;
se apaga el movimiento.

Un solo color queda;
no existe barlovento.

¿Dónde se acaba el mar?
¿Dónde comienza el cielo?







Campo-estelas

Almendros en flor.

La primavera
se acerca.

Cerezos en flor.

La primavera
está plena.

Granados en flor.

Ya se aleja
la primavera.







Canción final

A Rafael Alberti

Y qué se me importa a mí,
que la helada se deshiele.

Y qué se me importa a mí,
que los pájaros no vuelen.

Y que los barcos mas barcos,
solo por la mar naveguen.

Si tengo en ciernes un campo
de margaritas de nieve.







Cuando nos miramos

Mi cabeza inclinada sobre el aire
miraba su cabeza hecha amor por mis ojos
cuando de sus cabellos
saltaban las abejas para dejar su miel
en los labios resecos y sin esperanzas
en los labios hundidos bajo las palabras
llenas de amor y sangre.

Nuestras cabezas acaban por perderse
envueltas en las nubes
la mía inclinada sobre el aire
la suya hecha amor por mis ojos.







El fuego calcina nuestras carnes

Este brazo de fuego
quemaba mi costado
recubierto de brotes
plenos de savia verde
cuando tu cabellera
fue de piedra en el viento
y mis sueños se abrían
en pétalos de carne.

Estos aires de fuego
derretirán la nieve
lejana de los polos
al cuajar en el árbol
nuestros dos corazones.







Erótica imprevista

Hundido entre juncales,
eludí la pasión
de la mujer sin carne.

Eludí la pasión,
dentro de mi ramaje
y sin quererlo yo.

Perdida entre arenales
la mujer, ya voló
mi carne con su carne.







Herido siempre, desangrado a veces...

Herido siempre, desangrado a veces
y ocultando mi sangre sin riberas
llevo mis pasos presos entre nieblas
y mis miradas van sobre cipreses.

Aún conservo en las uñas esta sangre
que me dejó la carne de un momento
empapado de lágrimas y miedo
cuando vino a perderse entre mi carne.

Era sólo mi sangre quien llamaba
en medio de aquel valle, de aquel bosque,
y era sólo mi sangre, eran mis voces
las que oían la lluvia sobre el agua.







Huyendo del destino

En medio de este hueco redondo y transparente
que me persigue siempre a través de la tierra
retumban los hachazos que separan las ramas
brotadas en el tronco de mármol patinado
por el humo de pólvora y la luz de la luna
filtrada entre los dedos de tus manos de nieve.

Tus brazos recogían en sus siete colores
la lluvia de mi frente y la espuma del agua
perdiéndose en las aguas tu cabellera rubia
mientras que tu cabeza flotaba entre las olas
verde entre verdes algas con los labios abiertos
por la caricia última de mis labios de fuego.







La rosa de los vientos

Para picotear sobre mi fría palma
bajan aleteando las estrellas
y la Osa Mayor no será nunca blanca
porque ha olvidado su pasión mimética.

Han puesto colgaduras encaladas
para borrar los huecos de mis huellas,
mujeres negras que habitan mi casa.
Sólo han brotado de mi barco velas.

Mientras oteo curvos horizontes
en el balcón de escarcha tempranera,
veo llegar el humo desde Londres,
que amarillo nació en las chimeneas
y, cano ya, me llama a grandes voces
y pregunta con gesto anacoreta
por la senda que lleva al Polo Norte.

Encogiendo mis hombros hechos niebla
yo le regalo un alfabeto Morse.






Mi alegría

Vino a mí en espiral,
con vuelo de mañana,
su voz hecha sonrisa
de lucero del alba.

Mi sangre baña el río
en aleteo de agallas;
queda el cuerpo sin sangre
y oye la voz del alba.

Está mi cuerpo frío
ya tendido en la playa,
y huyendo de la luz
desaparece el alba.

Su voz hecha sonrisa
vino a mí en espiral;
mi gesto sin aristas
fue a ella en espiral.







Mi cabeza inclinada sobre el aire...

Mi cabeza inclinada sobre el aire
miraba su cabeza hecha amor por mis ojos
cuando de sus cabellos
saltaban las abejas para dejar su miel
en los labios resecos y sin esperanzas
en los labios hundidos bajo las palabras
llenas de amor y sangre.

Nuestras cabezas acaban por perderse
envueltas en las nubes
la mía inclinada sobre el aire
la suya hecha amor por mis ojos.







Mi corazón perdido

En su cuerpo de espuma nacían las espigas
que en ráfagas de viento llenan con sus rumores
mi corazón perdido en el mar de su lengua
mi corazón hallado en medio del desierto
por cadenas de voces en oasis de sangre.

Mi corazón perdido busca entre sus encajes
la llama que devore las ansias de su sombra
y las nieves que bajen de las altas montañas.






Nuestro amor

Nuestros cabellos flotan en la curva del aire
y en la curva del agua flota un barco pirata
que lleva en su cubierta entre cercos de brea
tus miradas de ámbar y el ámbar de tus manos.

Nuestros cabellos flotan en aire enrojecido
mientras su cuerpo pende hecha color su carne
de los siete colores tendidos en un arco
sobre el cielo de hule herido por sus ojos.

¿Por qué siempre rehuyes el encerrar tu carne
en mi carne cuajada de flores y de heridas
abiertas con puñales en madrugadas blancas
llegadas del desierto entre nubes de polvo?

Nuestros cabellos flotan en la curva del aire
envueltos entre ráfagas de crímenes violentos
y manos inocentes quieren lavar la sangre
derramada en la tierra por el primer amor.







Pasión sin límites

Vuela mi corazón
unido con los pájaros
y deja entre los árboles
un invisible rastro
de alegría y de sangre.

Las gotas de rocío
se helaron en las manos
abiertas y floridas
de los enamorados
perdidos en la brisa.

Vuela mi corazón,
mi corazón atado
con cadenas de estrellas
a la sombra de un árbol
atado con cadenas
y con cantos de pájaros.







¿Por qué no?

Bañábase en la playa
sin corazón
y sin el velo de la desposada.

Y tenía su cuerpo,
sin corazón,
por la arena salada recubierto.

Tendida sobre el aire,
sin corazón,
comenzó a despojarse de su carne.

¿Y el corazón?
Los peces lo llevaban,
mar adentro, colgado de sus alas.






Sencillez

Los dedos de la nieve
repiquetearon
en el tamboril
del espacio.

Parábolas de nubes
forman un halo
de cristal,
sobre el monte nevado.

Una línea
y un plano.

Quiero poner mi vista
sólo en el espacio,
que es sencillo
y a la vez complicado.







Siempre bella

Precisamente porque estaba sola
tendida en una rama de la noche
no quise vadear el arco iris
para unir en un beso nuestras voces.

Ella guardaba dentro de sus ojos
una pareja de palomas blancas,
ella tenía dentro de sus párpados
la nieve derretida de sus lágrimas.

Esta noche de seda, cómo cruje
y se hace toda ecos, a mi paso,
ocultando en sus pliegues las palabras
que escapan sin querer de nuestros labios.

Precisamente porque estaba sola
yo me había disuelto con el aire,
dejó volar aquel par de palomas.

De "Orillas de la Luz"






Sueños

Embadúrnate el cuerpo,
de oscuridad
y de silencio,
y podrás levantar
la copa de los sueños.

Pasaron superpuestas
ráfagas de recuerdos,
y los nuevos clisés
sólo quedan impresos,
mientras hay luz de menta
dentro del pensamiento.

Una astilla de luz,
agujerea
los tulipanes negros.







Unidos por la luz

Bajo una misma luz
están nuestras cabezas.

Tu corazón y el mío
cantan sobre las piedras
cuando la noche oculta
los rugidos de fieras.

¿Tu corazón y el mío eran sólo de arena?

Por el desierto arrastran los camellos sus penas
y llevan en sus ojos oasis de palmeras.

¿Tú corazón y el mío
eran sólo de arena?

Por el desierto arrastran
los camellos sus penas
y llevan en sus ojos
oasis de palmeras.

¿Tu corazón y el mío
eran sólo de arena?

Nuestras sombras unidas
florecen en la tierra.







Ya no me besas

Un viento inesperado hizo vibrar las puertas
y nuestros labios eran de cristal en la noche
empapados en sangre dejada por los besos
de las bocas perdidas en medio de los bosques.

El fuego calcinaba nuestros labios de piedra
y su ceniza roja cegaba nuestros ojos
llenos de indiferencia entre cuatro murallas
amasadas con cráneos y arena de los trópicos.

Aquella fue la última vez que nos encontramos,
llevabas la cabeza de pájaros florida
y de flores de almendro las sienes recubiertas
entre lenguas de fuego y voces doloridas.

El rumbo de los barcos era desconocido
y el de las caravanas que van por el desierto
dejando sólo un rastro sobre el agua y la arena
de mástiles heridos y de huesos sangrientos.

Aquella fue la última noche que nuestros labios
de cristal y de sangre unieron nuestro aliento,
mientras la libertad desplegaba sus alas
de nuestra nuca herida por el último beso.


201.- JOSÉ MORENO VILLA


José Moreno Villa (Málaga, España, 16 de febrero de 1887 - Ciudad de México, México, 25 de abril de 1955) fue un archivero, bibliotecario, poeta, articulista, crítico, historiador de arte, documentalista, dibujante y pintor español. Fue una figura importante de la Generación del 27. Durante la Segunda República española fue director del Archivo del Palacio Nacional de España. Con la Guerra Civil española se exilió primero en Estados Unidos y posteriormente en México.

Nació en una familia malagueña acomodada dedicada al comercio de viñedos, por lo que su padre le envió a estudiar química en Alemania (1904-1908). A su vuelta fundó en su ciudad natal la revista Gibralfaro, única animadora del panorama cultural de la ciudad durante muchos años hasta la llegada de Litoral, editada por Manuel Altolaguirre. En Madrid tuvo una intensa participación en las actividades de la Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Estudiantes. Aunque es más conocido por su faceta literaria, participó en las Exposiciones de Artistas Ibéricos, y fue uno de los introductores en España de la Vanguardia artística, especialmente del Surrealismo.
Conocedor del alemán, tradujo un libro capital de Heinrich Wölfflin, Conceptos fundamentales en la Historia del Arte (Calpe, 1924), contribuyendo decisivamente a la historiografía artística.
Su compromiso con la República le llevará al exilio, primero en Estados Unidos y luego en México donde, como él mismo admite, su producción se mexicaniza. Sobre este país escribió su Cornucopia mexicana. Habitualmente, se le considera un "poeta de transición", ya que puede ser considerado en cierto sentido un precursor de la generación de 1927. Pero su obra de madurez pertenece de lleno a la poética del grupo. En cuanto a su obra artística, el Museo de Málaga conserva cuarenta y nueve de sus obras, realizadas en técnicas diferentes y que abarcan distintos estilos.
En 1944 publicó su importante autobiografía Vida en claro y publicada en México en El Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica, reeditada en 1976 en España y México por dicho Fondo, y hoy recuperada en 2006 por Visor Libros. Es reconocido hijo de la provincia de Málaga desde el 15 de junio de 1998. Es uno de los personajes reales de la última novela del escritor Antonio Muñoz Molina, La noche de los tiempos, éste le otorga un gran protagonismo, caracterizándolo como uno de los amigos del protagonista principal, Ignacio Abel, y reivindica su figura, dejando entrever que fue el precursor de ideas que no supo o no pudo rentabilizar y que otros las utilizaron como propias.
Juan Ramón Jiménez dejó dos retratos irónicos de él, en Españoles de tres mundos: "No sé qué tiene ese amigo que siempre que viene siempre viene bien", "es de madera escogida, desnuda, natural a trechos, o raramente estofada aquí y allá con sobriedad y rigor".

Poesía
Garba (1913)
El pasajero, prólogo de José Ortega y Gasset (1914)
Luchas de Pena y Alegría y su transfiguración (1915)
Evoluciones. Cuentos, Caprichos, Bestiario, Epitafios y Obras paralelas (1918)
Colección. Poesías (1924)
Jacinta la Pelirroja. Poema en poemas y dibujos (1929). Editorial Castalia, 2000 ISBN 978-84-7039-867-4
Carambas (1931), Ediciones Norba 10004, 1989 ISBN 978-84-87324-00-0
Puentes que no acaban. Poemas (1933)
Salón sin muros (1936)
Puerta severa (1941)
La noche del Verbo (1942)
Voz en vuelo a su cuna (Avance de ese libro inédito) Edición Ángel Caffarena Such (1961)
Voz en vuelo a su cuna prólogo León Felipe, epílogo Juan Rejano (1961)







Romance de la guerra civil, 1937

Botas fuertes, monta recia,
fusil, pistola: es el hombre.
Barba hirsuta, barbo intonsa,
salivas e imprecaciones;
pisar duro, mirar fijo,
dormir vestido: es el hombre.
Es el hombre de la hora .
No se ve más que este hombre
en calles, trenes, portales,
bajo lluvias, bajo soles,
entre sillas derrumbadas
y fenecidos faroles,
entre papeles mugrientos
que el cierzo invernizo corre.
Toda lo ciudad es suya
y nada le importa dónde
reclinará su cabeza
con fatiga de diez noches.
Parece que no ha tenido
ni piaras ni labores
ni familia que lo cuide
ni mujeres en que goce.
Bebe, canta, riñe y cae,
porque caer es de hombres.
No sabe de casi nada
(pero es casi es de hombres).
Sin embargo, quiere cosas
(que este querer es de hombres).
Quiere verse libre, sano
(como deben ser los hombres).
Quiere verse dueño y uno
con todos los demás hombres.
Quiere libro, pan, respeto,
coma, labor, diversiones
y todas las cosas buenas
que hace el hombre para el hombre,
o da la Naturaleza
para que el hombre las tome.
Bajo la lluvia inverniza
y entre los graves cañones,
le veo por la ciudad
devastada, serio y noble,
como un vástago que busca
su raíz. Este es el hombre.






YO DETESTO

Yo detesto las rosas;
una rosa me encanta.
Yo detesto los árboles;
pero un álamo, un chopo,
un níspero, un olivo
son como gente mía.

Yo detesto las piedras,
pero el agua-marina,
la esmeralda, el topacio
y el profundo zafiro
son almas misteriosas
que agrada sondear.

Yo detesto la música,
pero este cante jondo…
esta copla que es mía
desde todos los tiempos,
esta copla que llora
cantando y que se canta
gimiendo, es de mi sangre:
se llama Soledad.





COLOQUIO PATERNAL

La luna reina como pocas noches.
Camináis lentamente.
Llevas a tu mujer como si fuera
un ánfora sutil que el tacto rompe.
¿Cómo será?… ¿Será niñito el hijo?
¿Sus ojos serán grandes y expresivos?
¿Lo quieres ya sin verle?
Lo quiero ya porque eres tú conmigo;
porque no puede oler sino a nosotros;
porque tiene el color de nuestra carne,
por ser carne de entrambos.

En idilio paterno
camináis bajo el sueño de la luna
con otro amor que la pareja novia;
con un amor que pesa en las entrañas,
no aquel que vuela sin dejar prenderse.

Ya no es anhelo Amor, es fruta hecha.
Y os queréis como quiere
el escultor sus manos.
Hay gratitud en este nuevo amor.
¿Gracias a Dios? ¿decís?, pero pensáis
gracias a ti, además.
Y luego con inmensa y muda voz:
gracias a todo, a todo,
a la luz, al momento, a los jardines,
al cielo, a los volcanes, a los ríos,
al aire que mecía tus cabellos
y a la estrella que vimos en el aire?.
Luego, tú, el padre,
en un silencio breve, pero lleno,
dijiste para ti:
¿Viene del viejo mar, soy como un mito;
acaricié la vida
como un alma pagana;
pero viví también la oscura selva
que tortura a las almas religiosas;
y, al fin, cuando mi edad
es luna, tiempo y muerte,
hago esta flor sencilla
en un vaso muy joven. Soy un loco.?

La pareja siguió pensando al hijo.





DESPUÉS DE TODO ERAS TÚ LO QUE YO BUSCABA

En las letras de un cantoral,
entre la retama y el jacinto serrano,
en el ancho mar, en la taberna inquieta,
en el fondo de la copa verde,
después de todo eras tú lo que yo buscaba.
Preguné muchas veces a las guías turísticas
dónde suspira el lugarejo ignorado por la epopeya;
pregunté a los filósofos por la llave del secreto;
fuí devorando pregunta a pregunta mi vida,
y después de todo resultas tú lo que yo buscaba.
Pude leerlo en mil detalles:
verte y enmudecer,
verte y olvidarme del mundo,
verte y hablar luego por las calles solitarias,
verte y sentir el cuerpo,
verte y huir hacia los confines de mí mismo.
Desmadejado y alma en pena,
emaginé que lo mejor era llorar en los ocasos,
ler los libros místicos
y contribuir a la redención de los débiles.
Y, en todo, en todo, en absolutamente todo,
no había más qu ela busca de tu persona.
Sí, después de todo eras tú la búsqueda.
Y aquí declino ya todo examen y toda crítica.
Tú, con tus faltas y tus sobras;
tú, con tu maravilloso complemento rubio a mi color de bronce.






Vivo Y Sueño

Hunde la rama del sauce
en la alberca su fatiga;
levanta el ciprés su lanza
infatigable a los cielos.

Con el sauce, vivo.
Con el ciprés, sueño.

Lánguida rama de sauce
me cuelga entenebrecida.
Lanza de ciprés emerge
de mi piel hasta el misterio

Con el sauce, vivo.
Con el ciprés, sueño.

Un cansancio secular
baja, baja, baja a tierra.
Sube, sube, sube altivo
el secular pensamiento.

Con el sauce, vivo.
Con el ciprés, sueño.

Todo me cansa y me rinde
si no es mío, si es del mundo.
Todo me embelesa y lanza
si lo miro y lo penetro.

Nada vivo
si no lo sueño.






La Verdad

Un renglón hay en el cielo para mí. Lo veo,
lo estoy mirando;
no lo puedo traducir,
es cifrado.
Lo entiendo con todo el cuerpo;
no sé hablarlo.






Separación (I)

Ya no tocan los ángeles sus clarines
y los demonios de la carne se acurrucan medrosos.
Una gran sordera
recorre las galerías de mi alma sin ti.
Vanidosamente, pienso que mis gemidos
alcanzan alturas bíblicas,
y que mis brazos llenan en aspa el cielo azul, hoy turbio.

No gimo, no hablo. En el silencio sin fondo
se propaga mi angustia.
Mis ojos persiguen tu aroma
y mi olfato se ciega en tu desaparición.
¿Qué destino dar a estas manos que sostuvieron
la bengala de la felicidad?
¿Cómo volver a los asuntos vulgares
este pensar que vivía de tu presencia?
Desencajado y roto voy, miserable carrito,
al paso del asno de la melancolía,
por una cuesta sin vértice,
devorando las hojas del calendario vivido.
Hay un sábado rojo y un domingo de luz
que ya son carne y médula de mis días futuros.
Con ellos, y con la aurora de tus dientes inmaculados,
y con el secreto alentador de tus ojos,
seguirán mis pies más seguros hacia el oriente.
¿Por qué, por quién fué quitada la escalera
de mi departamento?

¿Por qué, por quién fueron tapiadas sus ventanas?
¿Por qué, por quién se ordenó mi soledad?
Sólo vosotros, los que camináis indefensos
y desnudos por la selva sin éxito,
comprenderéis este desgarrón inefable
que hace querer la vida por encima de todo.
El miserable carrito sin estabilidad
fué carroza y tren poderoso.
Bendita, vendita tú, ¡ay de mí!
¡Bendita tú por haberme querido!
Por haberme conducido a través de la felicidad,
camino de la desventura.





Separación (II)

Esta felicidad fugitiva,
esto que se me va de las manos,
esto que me devora los días
esto que se llama boca, ojos, pecho, piernas amadas,
corazón alígero, mente como la brisa del amanecer,
pretendo loca y tercamente
fijar de modo
que a tientas en la noche, si despierto,
lo encuentre vivo, intacto, invariable.
No dormir ni perderse en la neblina
podrán estas inmensas realidades,
lanzas del corazón, fuegos de humanidad
que levantaron la existencia de nuestras almas
a donde sólo hay música, sin tiempo ni medida.
Recordarás lanoche suprema
en la ciudad de la roca en pie:
faroles agónicos,
crucificados en las paredes,
bajo campanarios de muda escenografía,
nos esperaban siglos y siglos.
Nos aguardaban las piedras duras del suelo,
los recatados bancos de las plazuelas vacías,
los árboles que cobijaron a los moris y a las cristianas.
Por encima del suelo corrían oraciones y coplas
como en un imposible río de eternidad.
Derramábanse lentas existencias amantes
por los muros fuertes hacia el foso de los amores.
Estaba el cielo tan a la mano y tan desesperadamente lejos,
que nos parecía unas veces boca y, otras, alma.
Supimos entoncens, para nuestra desesperación,
que el cuerpo es algo más que una fruta;
que no basta morder;
que siempre queda lejos algo intacto.
Libres y enlazados por el destino,
subíamos y bajábamos,
sin peso, como pájaros,
rozando, sin herirnos, todo lo triste
y agorero de la existencia.

Después, en un olvido presente,
sin otra luz que la embriaguez de la aridad,
vimos venir el nuevo día,
con nuevos montes, árboles, ríos,
caritas humanas, borriquillos de infinita ternura,
torres, caminos, jardines cerrados
en donde hubiéramos querido vivir eternamente.