Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

jueves, 15 de enero de 2015

JUAN JOSÉ ARGUDO GARCÍA [2.056]


Juan José Argudo García 

Linares (Jaén), Febrero de 1975. Es Ingeniero Técnico de Minas y escritor. Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales (en las tres especialidades) y Auditor en Sistemas de Gestión de la Prevención de Riesgos Laborales. 

Ha colaborado como reportero y articulista en prensa escrita en Granada y Linares, en medios como ADARO, periódico linarense fundado por el periodista Juan Rubio Fernández, (1992-1994), en la revista granadina decana de la Prensa Universitaria Española, CAMPUS (1993-1995) y en el periódico LINARES INFORMACION (2000), publicando reportajes, entrevistas, artículos sobre medio ambiente, ciencia, medicina, sociedad, voluntariado social, etc. 

El Instituto Geológico y Minero de España publica su ponencia “Un parque geominero integral como fomento del desarrollo turístico de Linares” dentro del libro de Actas del Congreso Internacional sobre Patrimonio Geominero en el marco del desarrollo sostenible (2000). Asimismo ha publicado artículos técnicos en las revistas técnicas del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Técnicos de Minas de España, “Minería y Siderurgia” y “Energía y Minas”, debido a su experiencia profesional en la gestión del agua.

En pleno proceso de estudio si el Distrito Minero Linares-La Carolina es considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, va a publicar el artículo técnico “La gestión del agua en la minería del Distrito Linares-La Carolina en los siglos XIX-XX”, en la revista “De Re Metallica” (13/2009) que edita la Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero, en colaboración con el Instituto Geológico y Minero de España.

Próxima publicación del artículo-tribuna “Las energías renovables al servicio de la arquitectura comprometida del siglo XXI”, en la revista andaluza e-nova. Energías limpias de Andalucía. Nº4/2009

El 8 de febrero de 2009, XL SEMANAL, suplemento dominical del Grupo Correo que se distribuye simultáneamente con 25 diarios españoles, publica una Carta al Director, titulada “A los padres del siglo XX”, donde agradece a sus padres el esfuerzo por sacar adelante a sus hijos.

Ha escrito los libros de poesía “Si no te hubiera conocido” (2007), donde se recogen poemas con temas tan variados como el amor verdadero, el desengaño amoroso, la soledad, la muerte, el futuro, la mujer, la amistad, la familia, la separación, etc. y “Enamorando”(2009), sobre el amor en sus distintas facetas.

Y tiene escritos los relatos “La fuerza del amor” (1999) y “Una noche en el Central” (2007), “El compromiso. Unas memorias cofrades” (2009), “La jugada maestra” (2009), “La aguja del dolor” (2009), “El rey de la mina” (2009), con temas circunscritos en el ambiente minero, y “El último brindis” (2009), un relato de amor músico-teatral.

Primer Premio del VI Concurso Internacional de Microrrelatos Mineros Manuel Nevado Madrid, convocado por la Fundación Juan Muñiz Zapico de Asturias, por el relato “El rey de la mina”(4/12/2009).

Desde el año 2001 es Jefe de Servicio en el Consorcio de Aguas de La Loma de Úbeda (Jaén), perteneciente a la Sociedad Mixta Aguas Jaén, S.A., sociedad mixta entre la Diputación Provincial de Jaén y AQUALIA, y desde noviembre de 2007 en la Sociedad Mixta del Agua-Jaén, S.A. (somajasa), empresa mixta entre la Diputación Provincial de Jaén y Acciona Agua, del Grupo ACCIONA. 

Miembro de la Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero de España.

Miembro del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos de Minas de Andalucía Oriental (Linares- Jaén- Granada-Málaga).

Miembro de la Asociación de Especialistas en Prevención y Salud Laboral de España (AEPSAL).

Miembro de la Asociación Española de Ergonomía (AEE).




Arquitectura del amor

Pilares levantados con pasión,
forja henchida de tu mirar,
dulces ventanas tus ojos son,
grandes estructuras de felicidad.

Cariño que sostiene nuestro caminar,
lazos soportados de amistad,
con risueño guiño el mar,
salpica nuestra terraza de lealtad.

Base erguida frente al viento,
a pesar de todo y del tiempo,
de la distancia aprendimos,
a mirarnos, a querernos, cariño.

Estructura diseñada con amor,
techos engalanados de tu sonrisa,
con tu calor y comprensión,
cuando quería crecer tan deprisa.

Amor fraguado lento, armonioso,
con firme gesto crecemos erguidos,
con un sello de calidad precioso,
mirando al cielo comprometidos.

Cubierta de cristal y pasta sincera,
futuro de nuestro amor cercano,
amiga, serás siempre la primera,
en saber cuánto te admiro y te amo.

Calor de hogar de tu chimenea preferida,
abrazarte a mi pecho, dormida
caldera que siempre funciona,
este grado de confort me emociona.

Cariño no perdamos la esbelta forma,
de ver crecer cada día este amor,
de ir subiendo peldaños de vida,
para llegar al sueño evocador.

Construido quedó nuestro nido,
hace algunos años de ilusión,
qué hogar hemos definido,
si me faltaras perdería la razón.

Sigamos edificando sueños,
que la vida nos regala proyectos,
que con trabajo y tesón obtendremos,
realizados juntos, soñados correctos.

Y como construyes mi vida,
quiero pedirte, querida arquitecta,
no dejes de rehabilitar mi alma,
levanta una casa frente al mar, perfecta



Bello atardecer de playa

Bello atardecer de playa,
donde la vida se hace en soledad,
y surge de la blanca espuma
un susurro de libertad.

Crucero de ágiles gaviotas,
juguetero de reflejos de luz,
de un sol que radiante está,
ante los ojos que lo ven manchar.

Pero la ira del rugido,
del bramido de la rota mar,
rotos armoniosos lazos de paz,
donde me hallaba sumido.

Vuelve gaviota, vuelve a volar
que necesito tu vuelo, tu volar,
como los corazones de par en par,
te esperan en la orilla del mar.

Y solo queda ya el silencio,
de un estado de serenidad,
de un vacío que se queda,
cuando tú no estás.



Fuiste tierra minera universal

Fuiste tierra minera universal,
soñaste con entrar en la historia,
te sacaron con sudor el mineral
de tus entrañas con memoria.
Memoria a menudo anestesiada,
debido a la barbarie capitalista,
hoy eres tierra en libros referenciada,
esperemos para la Unesco ser mundialista.
Vasto patrimonio de lealtades,
a esta tierra torera y ajedrecista,
una guitarra ‘segoviana’ solista
anima tus rincones y tus verdades.
Que fuiste hermosa y luchadora,
que serás reina de la valentía,
conquistando al viajero, evocadora,
enamorando siempre el alma mía.”




Lazo de nubes

Un lazo de nubes,
quisiera regalarte de vuelta,
un lazo de nubes,
robado al cielo tras la puerta.

Un regalo de altura quisiera,
obsequiarte para siempre,
cuando el vuelo saliera
pensar que voy a tenerte.

A mi lado, agarrados,
fundidos en un solo respiro,
pegados en una sola mano,
otear el horizonte unidos.

Escucho tu latido sincero,
cuando el avión acelera,
entono mi dulce espera,
de verte lejos, mi lucero.

Ya toma pista el pájaro frío,
cuando gotea fuera, anhela,
no tener contratiempos, sumiso,
que me lleve a tu vera de vuelta.

Asomarme a su ventana coqueta,
verte en mi corazón, “cierren puertas”
saludarte como un comandante sincero,
mañana deseo ser el primero.

En tomar pista de pena,
en luchar contra triste bandada,
de aleteos en mi cabeza,
volar junto a mi enamorada.



A Alicia

(Avión Barcelona- Granada 27-XI-2009)

¿Qué me pides?
¿Qué me pides? , mi feliz aventurera,
cuando mi corazón sufre sortilegio,
no verte es mi condena,
pasear a tu lado, mi gran privilegio.

¿Qué me pides?, mi bella enfermera,
¿pastillas para el verdadero amor,
anestésicos para el cruel dolor,
o cariño recetado de amistad sincera?

¿Qué me pides?, mi gran amante,
una verdad que no escatime en gastos,
una pasión soñada de gigante,
abrazarte sin superfluos fastos.

¿Qué le pides?, a este humilde trovador,
una oda maquillada de entrega,
una trova tarareada y amena,
quiero dedicarte, mi canción mejor.

¿Qué le pides?, a quién todo te debe,
el que te quiere felicitar con ilusión,
aquel que recogiste y hoy bebe
por ti, los vientos del amor.

¿Qué me pides?, en tu gran día, cariño,
qué necesitas que no pudiera darte,
si convertirme en tu amigo,
me hizo fuerte, mi gran baluarte.

¿Qué me pides?, mi bella esposa,
¿Te vale un ramillete de versos?,
¿Quieres que te compre una rosa?,
O por el contrario, anhelas un beso.

Aquí te lo entrego, hoy que festejamos,
con gran emoción, el día de tu cumpleaños.







RAFAEL RUIZ SERRANO [2.055]


Rafael Ruiz Serrano 

Nace en Cabra (Córdoba) en 1955. A los 5 años se traslada con su familia a Madrid, donde cursa la enseñanza primaria en el ya desaparecido colegio de los Escolapios situado en la calle Donoso Cortés. Tras la muerte de su padre, regresa a su pueblo natal. Cursa el Bachillerato en diversas localidades de la provincia de Córdoba. Realiza estudios de Filología Románica en las Facultades de Filosofía y Letras de Córdoba y Valladolid. Es, desde 1980, profesor de Lengua y Literatura. Ha impartido clases de esta especialidad en diversos centros educativos de Andalucía. Actualmente tiene su destino en el Instituto de Secundaria Luis de Góngora de Córdoba.
Es autor del poemario titulado Los amores y las vidas, publicado en 2013 por Detorres Editores. Con anterioridad, había publicado parte de su obra poética en antologías y revistas. Es autor de artículos y colaboraciones en revistas literarias, entre los que pueden citarse El olivo en la literatura, Elogio de la lectura, Un paseo literario por Córdoba, Prensa y Literatura, y Guía de lectura de La Feria de los discretos de Pío Baroja. Ha impartido cursos de formación para el profesorado sobre didáctica de la Lengua y la Literatura, publicado materiales para el curriculum de Lengua y Literatura Españolas
del Bachillerato, y colaborado en los cursos de Verano de la Universidad de Córdoba.



A la niña del espejo

A veces veo el rostro de una niña,
dormida al otro lado del espejo.
Tal vez sea aquella niña que tú fuiste,
que espera tu regreso.
Y sé que cuando vuelves, y te mira
desordenarte con cuidado el pelo,
sonríe con ternura y te pregunta
qué ha sido de sus sueños.
Dile cuando la veas que no se vaya,
que ella y tú formáis parte de mi vida,
que algunos de esos sueños se cumplieron.
Que sueñas todavía.
Que no soy el príncipe ni el dentista,
que según la canción te merecías,
pero en cambio, te he dedicado enteros,
mis noches y mis días.




A las orillas del Duero

A Pablo Vizcaíno Ruiz
(Para releer el 24 de febrero de 2029)


Por si al llegar ese día
ya no estoy, o estoy muy lejos,
por si mi memoria entonces
se ha extraviado en el tiempo,
por si mis ojos ya son,
en los tuyos, un recuerdo
impreciso y fugitivo,
en esta tarde de invierno,
para que te duermas pronto,
te voy a contar un cuento:
Érase una vez un rey
(en realidad, era abuelo,
pero por nada del mundo
se cambiaría el empleo).
Con el rey había un niño,
tan pequeño, tan pequeño,
que a hombros aquella tarde
lo llevaba de paseo;
y mientras se paseaban
como antiguos caballeros,
no por un parque temático,
sino a la orilla del Duero,
el niño, poquito a poco,
entre el calor y los cuentos
que el viejo rey le contaba,
se fue quedando durmiendo.
Su abuelo no se atrevía
a respirar; pero al verlo,
tan inocente y feliz,
quiso detener el tiempo.
Y se sentó junto al río
a contemplar a su nieto;
el río apenas corría;
el aire se quedó quieto;
y hasta el sol de agosto quiso
templar un poco su celo.
Mientras el niño dormía,
-Dios sabe si en aquel sueño
montaba el Cid una moto,
para conquistar un pueblo;
o san Saturio guardaba
su tractor en el convento;
o el pirata Sisebuto,
escapado de otro cuento,
navegaba río arriba
espantando a los conejos;
o aquella niña tan guapa
venía a darle otro beso
por cederle su columpio,
como todo un caballero;
o las campanas de Soria,
que sonaban a lo lejos,
eran la sirena antigua
del carro de los bomberos-.
Bueno, pues como decía,
el niño estaba durmiendo;
y su abuelo, conmovido,
recordó a un hombre bueno,
que por allí paseaba,
hacía mucho, mucho tiempo,
que se llamaba Machado,
que era poeta, y maestro,
y que al escribir ponía
el corazón en sus versos,
que cantaban a la vida,
y que al ver de un olmo viejo
brotar una nueva rama,
tomó nota en su cuaderno,
sabiendo, como poeta,
la explicación del misterio:
la vida es el tenue lazo
entre lo viejo y lo nuevo.
El abuelo, emocionado,
volvió a mirar a su nieto,
y sintió la dulce pena
de ser como el olmo viejo.
Y él también quiso anotar,
imitando a su maestro,
lo que sus ojos veían,
para salvarlo del tiempo:
la belleza de la tarde,
el azul limpio del cielo,
el sol tibio entre los pinos,
el aire puro y sereno
de un paisaje castellano
con trigales de oro y fuego...
…Y la cara de aquel niño,
que al escuchar otro cuento,
de princesas y dragones,
de piratas y guerreros,
como hoy, se quedó dormido,
y soñaba, sonriendo.
Como no tengo otra forma,
para explicar lo que quiero,
envuelto, como un regalo,
te dedico este recuerdo.
En Soria, agosto del doce.
A las orillas del Duero.





Confidencia

...agnosco veteris vestigia flammae
( Eneida, IV)

Lo sé, lo sé, pero mi rostro finge
oír una noticia inesperada;
Lo sé, lo sé, porque tus ojos brillan
otra vez al llegar cada mañana.
Pensabas, me dices, con ese miedo
que se parece tanto a la esperanza,
estar a salvo ya de la tormenta
y el naufragio, en aburrida calma,
si no feliz, al menos protegida
de aquel dolor que destrozó tu alma.
Pero el tibio refugio que de olvido,
soledad y renuncias levantaste,
para ocultar al mundo tus heridas,
se te antoja de nuevo insoportable;
y vuelves a reír, y tu sonrisa
ilumina tu rostro por la calle;
y a veces también lloras, pero el llanto
tiene algo de dulzura inexplicable;
y vistes otra vez de mil colores,
y esperas impaciente cada tarde.
Reconoces aquella vieja llama,
que pensaste extinguida por el tiempo,
y adviertes cómo crecen sin medida,
uno a uno los vestigios del incendio.
Regresas a la súbita alegría,
A la risa, al temor, al desaliento,
y sientes que otra vez cada mañana
te sonríen los cómplices espejos;
y disfrutas de nuevo de estar viva,
de par en par el corazón abierto.




Derribo

No es posible pasear por estas calles,
sin encontrar su seca dentellada:
el doloroso hueco de una ausencia,
en lo que fue una casa.
Con la vana tenacidad de un náufrago,
viejas huellas se aferran a la vida:
papel pintado lleno de tristeza,
donde durmió una niña…
Absurdos azulejos en el muro,
verdes, ocres, añiles desteñidos,
rememoran espacios habitados,
que hoy son puro vacío…
Nostálgicas, vacías alacenas,
que guardaron tal vez en otro tiempo,
cartas de amor, alhajas familiares,
domésticos secretos…
Cables cortados, reptan impasibles,
en busca de unas lámparas ya muertas,
roídas losas cercadas por la hierba,
muñones de escaleras…
¿Quién habitó estos patios desolados?
¿Qué fue de su futuro y sus proyectos?
¿En qué escombreras vagan, insepultos,
fantasmas de sus sueños?





Desconocido

¿Quién eres tú, que cada vez más viejo,
a veces aburrido, otras huraño,
miras mi rostro como el de un extraño,
cada día al otro lado del espejo?
¿Qué quieres de mí, lánguido reflejo,
que en mis ojos se apaga año a año,
y no sé si es verdad o puro engaño
ese gesto entre curioso y perplejo?
Eres distinto y a la vez el mismo,
que aquel niño de ojos asombrados,
que te creyó salido del abismo.
¿Qué mágico y preciso mecanismo
uno a otro nos tiene encadenados?
¿Cuál de los dos es un tenue espejismo?





Madrid, octubre de 1963

...la voz deseada
de mi padre que vuelve y que no ha muerto.
J.L. Borges


Es el tiempo de entonces como un río,
de lejanas orillas
y mansas aguas, casi detenido,
del que apenas emergen los recuerdos
un instante fugaz,
para hundirse de nuevo en el olvido.
Busco tu rostro y sé que me traiciona
la memoria de fotos familiares,
de bordes troquelados y amarillos,
que mi madre guardaba como prueba
de otro tiempo dichoso, ya perdido,
y que a veces nos mostraba en silencio,
con la emoción de un rito.
Pero conservo intacto
el eco de tu voz,
y el firme y tibio tacto de tu mano
sujetando la mía,
guiándome por la ciudad inmensa,
como a través de un hosco laberinto,
esquivo y cotidiano,
padre, como si hubiese sido ayer,
y hace ya… cincuenta años.
Vuelvo a Madrid, a visitar tu tumba,
y es de nuevo un octubre del pasado,
y el día es triste y gris,
y aquel niño que yo era,
las ilusiones y el cabello canos,
soñando todavía que regresas,
vaga perdido en busca de tu mano.





Miradas y sonrisas

El desconocido de vino triste,
que en la barra de un bar está contando,
con voz entrecortada y cavernosa,
su historia de fracasos.
Y un instante, sus ojos se iluminan,
al mostrar con orgullo unos retratos.
La mujer fatigada y silenciosa,
la mirada perdida,
que regresa en el metro del trabajo.
Y de pronto parece pensativa,
como si hubiera recordado algo,
y esboza una sonrisa.
El africano que arriesgó su vida,
y en el semáforo, cada mañana,
ofrece en vano humildes mercancías,
por todos ignoradas.
Y a pesar de todo, mantiene el gesto
sonriente en su mirada.
La anciana solitaria,
que una tarde soleada y apacible,
en un banco de un parque,
tal vez añora tiempos más felices,
mientras oye unas voces juveniles.
Y sin embargo, ríe.
Y yo voy anotando en mi cuaderno,
como un coleccionista,
esos instantes llenos de ternura,
rescoldos de una vida fugitiva,
antes de que se apaguen para siempre:
Miradas y sonrisas.




Mortal y hermosa

Que a las leyes de flor está sujeta
(Francisco de Quevedo)


Es verdad que la muerte nos avisa
de su triunfo final en cada cosa
que miramos, desde la pobre rosa,
manoseada en mil versos, que una brisa
puede secar, a la fugaz sonrisa
complaciente de una mujer hermosa.
Y que por todas partes nos acosa
la arena de un reloj que cae deprisa.
Que casi sin vivir la primavera,
se nos va acabando la edad madura.
Que la vida no es más que una quimera.
Es cierto, don Francisco, la hermosura
es vana, es fugaz, es pasajera,
¡Pero nada la iguala mientras dura!




Para ir tirando

Conversar por teléfono con Pablo.
Ver cómo se va quedando dormida
muy lentamente, Blanca entre mis brazos,
al escuchar la misma melodía
con la que dormía a su madre hace años.
Salir de vacaciones con mis hijas,
y aceptar que se hayan ido marchando,
con orgullo y con melancolía.
Despertar y saber que está a mi lado;
compartir su tristeza con la mía;
pasear juntos cogidos de la mano,
y ver pasar mansamente los días.
Una cerveza fría en el verano,
con mis amigos de toda la vida.
Perderme a veces solo por el campo.
Mis libros, mis recuerdos, mis heridas,
Las cosas sin valor que quiero tanto,
que me esperan calladas y tranquilas,
en un rincón secreto de mi cuarto.
Como veis, solo son cosas sencillas.
Pero a mí me bastan para ir tirando.






Poesía

Igual que una vestal pisoteada,
permanece escondida y silenciosa.
Pero a veces, renace inmaculada,
y de nuevo, como una antigua diosa,
por sus secretos fieles invocada,
se yergue intacta, fatal, majestuosa,
y en el milagro súbito de un verso,
de pronto, nos descifra el universo.




miércoles, 7 de enero de 2015

MANUEL GARCÍA VIÑÓ [2.054]


MANUEL GARCÍA VIÑÓ

Nació en Sevilla en 1928 y murió en Madrid en 2013. 
Novelista, poeta, crítico de arte y de literatura, Manuel García Viñó fue dueño de un estilo cuidado y personal. En las décadas de 1960 y 1970, contribuyó a introducir en España las corrientes experimentales en novela y se convirtió en uno de sus mayores cultivadores. Autor de más de cincuenta libros, entre sus obras destacan las novelas La pérdida del centro o El puente de los siglos, sus estudios sobre Bécquer y los ensayos El soborno de Caronte y El mito de Fedra en la literatura, entre otros títulos. Junto a su obra creativa y ensayística, desempeñó en diversas épocas una intensa actividad de polemista, tanto al frente de la redacción de La Estafeta Literaria (1960-1963) como, sobre todo, de La Fiera Literaria (1995-2010). 





CANCIÓN PARA EL FUTURO

Y pasarán los hombres y pasarán las cosas:
las flores en un día y en mil siglos las piedras,
y brotará la hierba sobre  las tumbas rotas
y será ayer lejano lo que es aún mañana.

Apagarán cien lluvias el sol de cien veranos
y cambiarán de sitio las estrellas:
se estirará la Osa Mayor como un caballo
y yo la habré cantado como un carro de luz.

Pero yo ya habré muerto y allí donde repose
bostezará un lagarto cansado al mediodía,
y en el árbol que cubra mi última morada
se arrullarán sus trinos dos pájaros sin nombre.

Mi voz se habrá dormido y mi sitio en la tierra
habrá sido cubierto por una flor pequeña
que temblará al empuje de la brisa amorosa
que traiga el eco oculto de lo que ya no exista.

Y se hundirá la torre donde mis ilusiones
habrán brillado ciertas como un faro continuo,
y todo será sombra en la ignorada playa
donde yo habré jugado, pobre niño poeta,
a vaciar el océano con una concha blanca.

Todo, amor, pasará, como pasan las nubes
sin dejar ni una estela sobre el azul intacto.
El polvo y las marañas ocultarán las huellas
de mi paso cansado por el camino antiguo.

Pasarán los recuerdos y pasará la historia
que los dos escribimos con nuestra propia sangre,
y quedará el oasis donde yo te he amado
como esta misteriosa ciudad abandonada.






ESCORPIÓN

Yo nací con los labios tendidos hacia el beso,
llevando en la garganta
este tremendo grito involuntario
y, en el pecho, la curva de un abrazo.

Yo no agité los vientos de mis acantilados
ni levanté clamores en mis mares de sangre;
yo no inventé tormentas ni oleajes
ni puse en el rugido tu nombre y mi llamada.

En mis manos ya estaban las furias retratadas
y mi llanto de niño
fue un llanto de inocente condenado.

Si lastimé tu pecho, no me culpes.
Yo no pedí estas garras
que sin querer afilo entre mis piernas.

He llegado empujado,
vestido con el traje que me dieron.

Yo no crucé tu ruta con la mía.






SUEÑO

Corazón de mi sueño, nieve pura
—tan dulcemente blanca te soñaba—,
como una flor de espuma tiritaba
tu luz al borde de mi fuente oscura.

Mi boca, abeja o duende, en derechura
a tu espiral corola te buscaba.
Todo el paisaje de  mi amor sangraba
un himno inmenso en torno a tu clausura.

Bajo un cielo de líquidos cobaltos,
te vi, durmiente de mis bosques altos,
me alcé a tu trono y descorrí tu velo.

Y, trampolín de labios, por el aire,
mi beso o flor rendida a tu donaire
tembló en el pico de una alondra en vuelo.





LA CABELLERA DE BERENICE

A mi mujer

No, no fue en esta vida,
en los primeros tramos,
en la infancia de esta vida
cuya pleamar navego ahora. 
Ni en la anterior. 
Ni en la anterior a la anterior… 

No,
no fue en aquélla en que,
mago, brujo o dragón de siete colas,
descubrí Antares en el broche de Scorpio. 
Ni en aquella otra,
cuando tocaba la guzla
en las fiestas de Knossos,
al pie de la pirámide.

Fue mucho antes,
en un jardín,
tal vez en Samarcanda;
en un jardín 
junto al estanque de los lotos,
ceñido de arrayanes y azulejos
de reflejos metálicos…

Bajabas lenta por la escalinata.
Los leones, absortos,
exhalaban, 
por sus fauces marmóreas,
la envidia de los siglos venideros.

Bajabas lenta,
cuando te vi por vez primera,
yo,
esclavo de tus juegos de garza fugitiva,
de reina prisionera.

Avanzabas,
infantil y solemne,
el camino de albero.

Reflejaban las lunas milenarias
los topacios
cambiantes de tus ojos,
la miel de tu saliva,
el organdí,
la seda de tu clámide.

Llegaste junto a mí, 
junto al estanque de los lotos,
ceñido de arrayanes y azulejos, 
bajo la sombra azul del tamarindo.
Olías a flor de cinamomo.

Te miré con mi risa de entonces,
con mi pena de ahora,
y tú me diste tu primera orden.






LLEGADA DE LA MUERTE …

…de mi padre

Primero fue el temblor,
la vibración del aire en la llamada,
la noticia sabida desde siempre,
el resplandor del grito llameante;
después el penetrar el nuevo surco,
desconocido surco aunque no extraño,
el encontrar la cáscara en la sima
de sinrazón que el eco no difunde.

Primero todo es claro,
como verso al oído de la novia;
luego la luz va desapareciendo
tragada por el pasmo y la impotencia.

Y el hombre queda intacto en la frontera
de la implacable noche y el silencio.

(4-IV-76)





INVOCACIÓN DE LA MAGDALENA

 Béseme con besos de su boca!
Son tus amores más suaves que el vino, etc.
El Cantar de los Cantares


Que venga a mí el amado
y béseme con besos de su boca
y al pecho confiado
y a la purpúrea roca
libere del ardor que los provoca.

Que llegue hasta mi huerto, 
jardín de los diversos manantiales, 
por la escarcha cubierto
y lágrimas caudales
con que el cielo bendice mis umbrales.

Penetre en mi aposento
con su cantar alegre no aprendido
y con su dulce ungüento,
que es fruto a mi sentido,
embalsame la flor que le he ofrecido.

A mi aposento umbrío,
donde un lecho de palmas verdeguea,
llegue el amado mío;
aquí el aire sestea
y entre mimbres y cañas pastorea.

Mi amado, tan suave,
que con razón le aman las doncellas;
su voz surca la nave
de las palabras bellas,
su mirada el fulgor de las estrellas.

Llegue hasta mí y apague
esta pasión que mana a borbotones
de mi seno y halague
con sus frutales dones
los tormentos de mi alma y aflicciones.

No frustraré su espera
de mi escondido néctar no saciada
ni el ansia lisonjera
con que su mano alada
apacigüe mi carne enamorada

Que son mis pechos nardos
y son mis ojos como dos palomas,
y mis dedos son dardos,
y mis muslos, las lomas
donde el amor incendia sus aromas.

Que es mi cantar suave
y mis labios cual frutos del granado;
como plumón de ave
mi cutis nacarado,
mensajero del goce anticipado.

Mis cabellos son oros
espejos de los trigos de las eras,
y mis brazos, tesoros
ceñidos de pulseras,
ramilletes de mirto y balsameras.

Mi cuello, entre collares,
es un rayo de luna y mis mejillas
son narcisos iguales;
graciosas cervatillas
que triscan por los valles, mis rodillas.

Mellizo de gacela
es mi vientre apresado en el gemido
y, a través de la tela,
es mi plantel el nido
donde se aquieta un viento estremecido.

Son dulces mis caricias
como la miel arabia y la ambrosía,
dormirá en sus delicias
mi amado si confía
su ternura a mis besos algún día.

El día que le enamore,
que clavará su luz en mi memoria;
las lágrimas que llore
reflejarán la gloria
del rostro de mi amado y su victoria.

[Poemas publicados en el poemario La cabellera de Berenice, Sevilla, La Isla de Siltolá, 2014, 1ª edición, (colección "Tierra", nº 15), 70 páginas]