Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

domingo, 28 de agosto de 2011

821.- JUAN PÉREZ CREUS


Juan Pérez Creus, (1909-1999).
Poeta español, nacido en La Carolina (Jaén) el 28 de abril de 1912 y fallecido en 1999. Su amistad con el poeta salmantino Pedro Garfias le acercó a la poesía vanguardista de los años treinta, y a los diversos foros y cenáculos en los que hallaban cauce de expresión las variadas corrientes culturales que fluían en dicho período. Así, colaboró en la revista Frente Literario, fundada en Madrid en 1934, hermanando allí su firma con la de Rafael Cansinos-Assens, Alejandro Casona, Ernesto Giménez Caballero y Jorge Guillén.

Intervino en la Guerra Civil como comisario político del gobierno republicano, cargo que le llevó al frente bélico en la provincia de Córdoba. Acabada la contienda fratricida, se instaló en Madrid, donde mantuvo el contacto con el mundo de las letras a través de algunas revistas literarias como la llamada Garcilaso. A lo largo de toda su vida literaria, se ocultó tras varios pseudónimos para publicar sátiras sociales en el diario Arriba (donde era "Maese Pérez"), y en los semanarios Interviú ("Satiricón"), Sábado Gráfico ("Pájaro Pinto") y Época ("El Diablo Cojuelo"); en la actualidad (1997), todavía clava la agudeza afilada de sus pullas en las páginas de esta última publicación. Como atinadamente ha recordado Meliano Peraile en el prólogo de los Versos perversos de Pérez Creus, el alcance de estas sátiras no se circunscribía a aspectos meramente literarios o morales, sino que llegaba a tocar a señalados próceres de la política franquista, como es el caso del ministro Solís:

"De norte a sur y de este a oeste era
del régimen franquista la sonrisa.
Sonreía mejor que Monna Lisa
que nunca sindicatos presidiera (...)".

Juan Pérez Creus alternó su dedicación profesional a la docencia -era Maestro Nacional y Licenciado en Filosofía y Letras- con el comercio con las Musas, principalmente en su vena satírico-burlesca, género en el que, merced al humor ingenioso y maledicente de su pluma, alcanzó las más altas cotas de perfección en la literatura española del siglo XX. Parroquiano habitual de algunas tertulias literarias de tanta enjundia como las de los cafés Gijón y Varela, en el lírico marco de este último intervino asiduamente en las famosas veladas conocidas como Versos a medianoche; y también fue un pertinaz e impagable animador de las sesiones poéticas llamadas Alforjas para la poesía, que se celebraban todos los domingos por la mañana, en el Teatro Lara, después de la preceptiva misa de doce.

Esta constante y agitada presencia en las tertulias poéticas de los años cuarenta basta para explicar que el grueso de su obra satírico-burlesca haya quedado disperso en servilletas de bar, facturas de consumiciones y otros papeles volanderos de naturaleza similar; de ahí que lo más agudo y mordaz de su original obra poética jocosa sólo permanezca en el recuerdo de algunos viejos amigos, compañeros de viaje en sus antiguas correrías literarias. Por fortuna, varios de estos amigos se han empeñado en conservar y difundir esta poesía humorística de Juan Pérez Creus. Así, v. gr., el Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela ha rescatado recientemente sus mejores sonetos erótico-burlescos, publicándolos en la revista Extramundi; y los periodistas Jaime Campmany y Alfonso Ussía han recordado en sendos libros de anécdotas, confesiones y memorias algunos de los mejores epigramas de Pérez Creus. Los Versos perversos arriba mencionados, que tienen su origen en los Quince sonetos muy réprobos que habían circulado profusa y clandestinamente por todos los corrillos literarios de Madrid, presentan hallazgos poéticos tan admirables como los siguientes:

"Eras ente en potencia, y ya el Destino,
crismando los testículos paternos,
puso una inmensa sucesión de cuernos
en quien contigo hiciera su camino.

No sabías leer y de contino
a tu clítoris iban, sempiternos,
todos tus dedos, los primeros yernos
que dio a tu madre tu caliente sino.

Llamarte fresca pobre sonaría,
llamarte zorra no dará tu talla,
pues por puta te saben las personas.

Y llamarte putísima sería
como llamarle cerro al Himalaya,
como llamarle arroyo al Amazonas.

(Sólo digo aquí, lector,
sol al sol, luna a la luna.
Yo te juro por mi honor
que el soneto anterior
no hay hipérbole ninguna)".

El resto del corpus poético del vate jiennense -que se ha servido de la lírica sonoridad de la lengua gallega para componer un par de libros de poemas- lo constituyen los siguientes títulos: Poemas del Sur (1932), As canciós d'ise amor que se diz olvido (1951), Las coplas de Maese Pérez (1973), Los Cantos de Montenegro (1981), Molino de viento (Molino de recuerdos) (1984), Los hilos del recuerdo (1987), As derradeiras pombas da serán (1988), Romancerillo de la 92 brigada (1989) y Sonetario del desván (1991). Además, recopiló en El poeta también va al fútbol las crónicas deportivas que había publicado en el diario Informaciones.

Gran aficionado a los viajes, Juan Pérez Creus se desplazó hasta lugares tan alejados como la India y Birmania, en donde llegó a asentarse durante un largo período de tiempo. Las depuraciones llevadas a cabo durante la posguerra contribuyeron también a alejarle de España. Aprovechando algunos de estos recuerdos, publicó un libro con las noticias de sus desplazamientos por el continente africano (África, 1960). Además, su constante dedicación a la enseñanza le ha movido a tomar la pluma para abordar esta disciplina desde el rigor del género ensayístico, que en su obra impresa queda sólidamente representado por los títulos Los intereses glósicos en la primera infancia y Orientación y selección profesional (1947). En prosa, ha publicado también Boletín del Parnaso, Cartas del tío Prudencio y El loto de mil pétalos (La India Milenaria), novela inscrita en el subgénero narrativo del realismo mágico.

J. R. Fernandéz de Cano.
http://mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=perez-creus-juan


EL POZO

Florece en mi recuerdo
el pozo de mi casa
en el centro del breve patinillo,
adornado de múltiples macetas
que cuidaba la mano de mi abuela.

Sobre el brocal cuadrado,
donde la cal gritaba su pureza,
cuántas veces alzaba mi edad niña
para adentrar mis ojos
en la profunda entraña
del agua misteriosa.

Iba vertiendo en precisión medida
la fresca agua del cubo, poco a poco,
con despacioso cálculo de artista,
para leer, ya el fondo en movimiento,
las ocultas metáforas del agua.

Las cambiantes luces sumergidas
despertaban, y abrían en mi alma
prodigiosas escenas,
cuadros que procedían del pasado,
altas cumbres nevadas,
hondas simas…

Allí tomaban realidad mis sueños,
mis deseos, mis ansias de viajero.
Afloraban las más amplias praderas,
oasis luminosos,
los ríos cristalinos
y las nubes,
las nubes descargando
sus odres poderosas
entre truenos gigantes,
relámpagos violáceos.

Y caían
sobre el agua del pozo
los más extraños pájaros pensados,
que alzaban en sus picos
imaginarios peces abisales.
No andaban los relojes de mi vida
cuando miraba el agua de aquel pozo.

Mis ojos buscaban
las tornadizas olas
del espejo profundo.
En el cristal surgían
galopadas ardientes de guerreros,
incendios, terremotos,
o flores, melodías,
canciones y trigales,
estrellas, soles, altos corredores,
cóncavos subterráneos,
dulces huertos.

Alguna vez las aguas semejaban
los rostros de los muertos conocidos,
que gritaban mi nombre o lo escribían
en letras como rayos quebradizos.
Entonces escapaba
con el terror pisando mis talones
de aquel calidoscopio
que siempre atrajo a mi niñez dorada.








PARAFRASEANDO A SAN JUAN DE LA CRUZ

El río, la piedra y el viento
Y la avecica y la flor
Van crecidos de este amor
Que ansía el labio sediento.
¡Agua viva, en qué momento
Calmarás mi calentura.
¡Agua nacida en la altura
De Dios, desciende hasta mí!
¡Cambio una gota de ti
Por toda la hermosura!







Espero tu lluvia y quiero,
Señor, que un agua sencilla
Transforme en flor la semilla
De esta tierra en la que espero.
¡Lluéveme, Dios, porque muero
En esta espera y no sé
Hasta cuándo, Dios, podré
De mi sequedad nutrirme!
Y no es por miedo a morirme
Sino por un no sé qué.



EPIGRAMAS

Mujer, ¿porqué no descubres
que el verso no es tu camino?
Si aplauden tu desatino
es porque tienes dos ubres
como la copa de un pino.







Desde Almería ha llegado
Diego Fernandez Collado
con unos versos muy flojos,
y para mayor dolor,
una buena parte cojos.
Lo mismito que su autor.








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