Los poetas Fernando Sabido Sánchez, Mariano Rivera Cross, Carlos Guerrero, Domingo Faílde y Dolors Alberola en Jerez de La Frontera (Cádiz), Primavera 2013

domingo, 10 de julio de 2011

486.- GUILLERMO LÓPEZ LACOMBA


GUILLERMO LÓPEZ LACOMBA
Nací en Granada el 5 de Junio del 49. Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y en Farmacia por la universidad de Sevilla, resido desde hace más de veinticinco años en Huelva donde me dedico a impartir clases de Física en un I.E.S. En los finales de los 60 formé parte del grupo Tragaluz, colaborando en la última edición de su revista. En aquella época obtuve el VII premio de poesía “Litoral” con el poema “Oda a la mujer extensísima” que permanece inédito. Desde entonces he mantenido silencio literario hasta el 2002 en que publiqué mi primer libro en la Editorial Vitruvio, Los oráculos. En el año 2003, publiqué sendos poemarios: Al corazón que venza y Bestiario, en la editorial Renacimiento, y en el 2004 un paquete de libros de poesía agrupados bajo el título general de Al fin enfrente, editado también por Vitruvio. Tengo inéditos tres poemarios más y una novela.

Publicaciones
"Historia de Arcadio o Tratado sobre el saber". Narrativa. 2007.
"Los oráculos". Poesía. 2002.
"Al corazón que venza". Poesía. 2003.
"Bestiario". Poesía. 2003.
"Al fin enfrente". Poesía. 2004.
"Podrás amor". Poesía. 2009.

Premios
Premio Litoral de Poesía. . Poesía. SEU y Revista Litoral.




Clepsidra

Más allá de la ira,
mas allá del amor,
el tacto de tu frente arruga el aire.

Como la mar, en tus ojos
se riza ya el azul...

Clepsidra de légamo y papel.

En cárcel de cristal se cansa el tiempo...

(de Los Oráculos)










Ishtar

Con densas lianas de saliva
y vientres tumultuosos
pudiera comunicarse...

Con pasos presurosos
bajar de su morada.

Pudiera,
¡oh dulce Ishtar!
por trazados caminos, allá donde los hombres.









Los nombres

Y bien pudiera ser
que tras esta larga noche inacabable,
nada hubiera.
Detrás
de estas sombras imprecisas,
de este fuego, de estas ascuas,
de esta luna
y estos astros encendidos,
nada,
más allá de los nombres...

(de Los oráculos)










Moloch

Eran las largas noches,
la entrelargas penumbras, la herida
que ya bosteza tedio,
y Moloch,
el ojo viejo triste de Moloch, y ya
para tantos y tan largos años de tristeza,
y ya para tantas imposibles alternativas.
Y Moloch, el viejo loco de Moloch que exige la diaria sinecura:
porque Moloch ya es viejo y le es dulce la sangre del hombre,
porque Moloch ha enloquecido,
y le es dulce la sangre que espesa en su vientre,
más dulce que el seno de nieve y el lecho de Ishtar,
más dulce que Tanit la sangre a los dioses caducos.

(Los oráculos)









Sísifo

Y raptado por Hermes, devuelto a los infiernos,
fundido a la piedra con amorosos brazos,
divisas, allá distante, allá donde las nubes,
allá donde de las nieves, la cima donde expiran
tus esfuerzos y tus esperanzas.
Y te afanas empujando la piedra con tu pecho,
con tu médula ósea, tu frente mineral,
con tu sangre embarrada, tus zarpas de lignito.

(Los oráculos)










Minotauro

¿En qué mares?
¿Qué ciénagas? ¿Qué islas?
¿Por qué dédalo confuso tu memoria?...

Dulces ofrendas eran, en verdad, aquellas vírgenes,
aquellos lomos blancos donde pacer los belfos,
aquel fiero desmayo creciéndose a las espigas,
(conforme tu vigor a tu voraz espera...)
Y no cábalas, mitos,
y no fútiles historias:
la mar, apenas comprendida en los relatos,
en blandas oleadas al tacto de sus vientres.
Unido por el vientre,
humanamente humano
¡qué mares!
¡Qué ciénagas!
¡Qué islas!
¡Qué vertiginosos ayes evoca tu memoria!
(De los oráculos)












Encuentro

Como caudalosa nostalgia de ti,
como flor en el umbral, como voz detenida.

Como sabia enredadera de mano
poblándose en mano.

Un estallido de luz,
un suave contacto
y luego, nada...
¡sino en el aire la libélula creciente del asombro!

(De “al corazón que venza”)










Las hojas

Y aquí te espero, amor, entre las cosas,
la silla, el taburete, el lapicero,
que guardan celosos tu presencia.

Reviso, con cuidado,
la exacta luz de las ventanas,
los números, los verbos, los adjetivos.

Las hojas marcadas con tu nombre...

(De “al corazón que venza”)











Con dedos diminutos

Y apartas, cuando ríes,
la fiebre, la migraña,
mi noche más oscura.

Con dedos diminutos,
el velo amarillento de mis fotos

(de “Al corazón que venza”)










Llegaste a mí

Llegaste a mí ligera y pensativa,
como la mar, como la llama, como el consuelo,
como la dicha, como la alondra,
con el alba apretada entre los dientes.

Poblada de trinos, gimiendo primaveras.

Y el agua, en la crecida, se desbordó en mis cauces

(de “Al corazón ...)









Soplo

E, inmerso en mis quehaceres,
levanto, al oírte, la mirada

Y sonríes.
Y con dulce soplo me separas
los trinos de la voz,
los afrechos de las espigas.
(de “Al corazón que venza”)










Para saber...

Y todas las criaturas se te acercan.

Los peces, los reptiles,
las aves y el ciempiés.

Para saber tus manos.
Para saber su nombre.

(De “al corazón...”)









¿Cómo la lluvia?

Y, dónde, amiga,
¿dónde nos conocimos?
¿Qué noche alumbraste?
¿Cómo la lluvia devino corazón?
¿Cuándo tus brazos, dulcísimas cadenas?.
(De “Al corazón. .. ” )

No hay comentarios:

Publicar un comentario